Entrevista a Minerva de Cocco en El Caribe

Una personalidad versátil, aguerrida, firme, unas veces controversial y otras conciliadora, genera las vivencias suficientes como para desbordar con sus símbolos y recuerdos los espacios de un museo y los corazones de su familia.
Pero ordenar todos los objetos personales que reunían valor sentimental e intelectual para Miguel Cocco, así como sus obras de arte, sólo se logra con los desvelos, el esmero y el amor de una esposa que atesora con celo y pasión cada pieza.
Aura Minerva González, esposa del fenecido político y empresario, ha reunido y organizado los más emblemáticos objetos de su compañero en una colección museográfica que cobró forma en la sede de la editora Alfa & Omega, propiedad familiar.
La exposición se inicia con un mural en la fachada de la editora, en donde el artista Cristian Tiburcio reproduce el rostro de Cocco sin que los trocitos de cerámica pierdan la expresividad captada por la fotografía de origen.
Las paredes y espacios interiores muestran sus ropas y objetos de uso diario y los cientos de reconocimientos, así como documentos que certifican sus acciones en los organismos políticos e instituciones estatales en los que participó.
“Es una manera de decir a las presentes y futuras generaciones que se pueden hacer las cosas bien hechas desempeñando una función pública. Esta es una de las cosas más grandes, cuando usted siente que él ha sido valorado en la sociedad, cuando uno sabe que hizo las cosas correctamente y que eso se está valorando”, testimonia González de Cocco.
El sociólogo y funcionario público recibió la mayoría de los homenajes, en placas y en objetos de colección, durante su gestión al frente de la Dirección General de Aduanas, que abarcó desde 1996 a 2000 y desde 2004 hasta el año pasado.
Miguel Salvador Cocco Guerrero nació el 21 de agosto de 1946 y el 20 de mayo de 2009 “se ausentó”, como prefiere decir su esposa.  Un año le llevó a Conzález de Cocco enmarcar, agrupar y colocar cada objeto, muchos de los cuales reviven al Cocco político, ex dirigente del izquierdista Comité Revolucionario Camilo Torres (Corecato) y líder de los comandos de resistencia al régimen de los 12 años del ex presidente Joaquín Balaguer.
Hay también documentos que registran la participación mediadora de este estratega político, miembro del Comité Central del Partido de la Liberación Dominicana, en las gestiones para juntar en un pacto electoral al entonces presidente del partido, Juan Bosch, y a su candidato, el hoy presidente Leonel Fernández, con el caudillo reformista Joaquín Balaguer. El resultado: “El Frente Patriótico” que llevó a Fernández al poder en 1996.
Muestran también al Cocco humano, en los momentos más emotivos junto a su esposa, sus cuatro hijas y sus nietas, cuya compañía arrancaba en él su peculiar sonrisa tímida, hasta en los momentos en que la enfermedad lo castigaba.
Las obras completas de Vladimir Lennin, de Sor Juana Inés de la Cruz, de Fedor Dostoievski, León Trosky y otros clásicos testifican la profundidad de la orientación intelectual de este hombre que también fue amante de las armas.

“Él me esculpió a su manera”
Aura Minerva González habla en todo momento como una esposa enamorada y se hace rodear de cada recuerdo de su amado.
Ella fue la primera novia de Cocco y él también lo fue para ella. Tuvieron siete años de amores y 37 de casados.
Lo recuerda como un hombre enérgico, que “tronaba” cuando las cosas no se hacían de manera correcta, pero también cariñoso y solidario.
“El me esculpió a su manera”, declara, y luego cuenta que en sus primeros días de noviazgo él le dejaba libros para que a su regreso ella le hiciera un resumen de lo leído.

Amante del arte
Miguel Cocco era amante de las artes, ya fuera pintura, dibujo, caricatura, escultura, fotografía, y su colección así lo refleja. Muchas de las piezas fueron obras que el ex director de Aduanas atesoró, y en otras fue el objeto central.
“Era un hombre de gran sensibilidad por la belleza”, resalta Aura González.

En la oficina de recepción de Alfa & Omega, un marco protege una foto de Amaury Germán Aristy junto a dos fragmentos de balas y uno de roca, aparentemente procedentes del lugar donde cayó abatido junto a sus compañeros de lucha en la autopista de las Américas el 12 de enero del año 1972.

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