miércoles, mayo 8

TRAMPA




Hay todo tipo de trampa; las que capturan, las que atrapan, las que alteran, las que ocultan, las que esconden, las que confunden, las que desvían, las que disimulan, las que seducen y hasta las que liberan. El escritor estadounidense, John Steinbeck, dijo que “el hombre es el único zorro que instala una trampa, le pone una carnada y luego mete la pata”. Jugando con este concepto y usando perspectivas inconfundibles, estos cuatro artistas, Adela Dore, Gustavo Fermín, Jesús Jiménez y Leudy Jiménez, identifican, le dan forma y entran a su propia ‘trampa’ y nos invitan a todos a acompañarlos. Todos siendo egresados de La Escuela de Diseño de Altos de Chavón y todos viviendo en el extranjero en tres continentes diferentes, se unen con un cuerpo de obras que cumple con la primera trampa auto impuesta por ellos mismos de elaborar todas las piezas sobre papel dándole una fuerza a la exhibición que viene de la delicadeza y fragilidad de los materiales.

Ya sea reconociendo la naturaleza de uno mismo, cuestionando la selección natural de la vida, evaluando los códigos que manejan nuestros organismos u observando que necesitamos del uno al otro para poder existir, esta muestra de trampas ha servido para iluminar reflexiones y contemplar diversas suposiciones.

Por medio de su sensualidad, los dibujos de Adela hablan del proceso de descubrimiento de la identidad. Sus imágenes provocativas nos enfrentan con la sinceridad que solo puede venir de una auténtica confesión de intimidad que como trampa, pide pasar por un rito de paso incómodo que a la vez llega a ser liberadora.

Con sus líneas inquietas y agitadas que describen un mundo de descomposición y regeneración, Leudy logra crear una atmósfera de desespero y de energía en búsqueda de alguna respuesta que aclare el misterio con que nos deja la gran trampa; para vivir hay que morir.

En su formato de cuadrícula y síntesis y su proceso matemático y orgánico, Jesús nos lleva por un laberinto de enigmas disfrazados de lógica. Dependiendo de la distancia que uno tenga a su obra, las risas pueden sentirse expuestas igual que escondidas. Las imágenes de las neuronas forman una pausa o interruptor que hacen cuestionar el tipo de risa o el origen de la risa. ¿Se ríen con uno o de uno? ¿Es genuina o falsa? ¿Todas se ríen de lo mismo en unísono o cada cual se ríe por su cuenta? ¿La trampa radica de la misma risa o está escondida detrás de la risa?

En el universo azul y eléctrico que Gustavo ha creado para Laika, ella es héroe de la humanidad y víctima de nuestras ambiciones. Antes de cualquier ser humano, ella fue disparada al espacio y pudo observar la tierra desde el cosmos y admirar el infinito, pero condenada a la trampa de su cápsula. Excavando y grabando la historia tallada meticulosamente sobre el papel plateado cubierto con el azul del firmamento, Gustavo nos transporta a esa nave para acompañar a Laika en su último viaje.

Por medio de unos ricos y variados lenguajes misteriosos, sensuales, cerebrales y emotivos, la función de estas trampas no es de atrapar ni de engañar, al contrario, despiertan la curiosidad a querer leer y descifrar sus mensajes a través de los códigos elegidos por cada artista y en fin logran liberar la imaginación.

Raúl Miyar
Jefe del departamento de Bellas Artes/Ilustración

La Escuela de Diseño de Altos de Chavón