MANLIO ARGUETA, EL SALVADOR


A pesar de que el taller anunciado por la Secretaría de Estado de Cultura, curso de dos días sobre novela con el afamado novelista salvadoreño Manlio Argueta tiene un cupo limitadísimo (claro, si no, no sería un Taller: "La novela, teoría y práctica", el martes 24 y miércoles 25 de marzo de 9AM a 4PM en la Sala Ramón Oviedo de la SEC, recojo la información para tener memoria de las cosas buenas e interesantes que suceden a mi alrededor y que me alegran (aunque no me beneficien directamente, esto es grande para mi país y su historia).


El martes 24 también, pero a las 7:30 de la noche, se realizará en el Museo de las Casas Reales la conferencia magistral “Literatura centroamericana y marginalidad literaria”, a cargo del novelista salvadoreño Manlio Argueta. Por lo pronto, unos poemas del escritor salvadoreño que me gustan. Además, quiero escribir el nombre de Roque Dalton, en esta nota. Me parece un pequeño homenaje. Y si de expresar se trata, la música de fondo es el jingle (deformación profesional del conocidísimo ron: "Y somos uno: en alma y cuerpo juntos", que creo es de José Antonio Rodríguez (ya no me acuerdo), pero que encierra lo que son todos los países de habla hispana en mi alma.

Promesa


de Manlio Argueta

Juro no alzar la voz. No sublevarme.
No decir la verdad cuando nos duela.
Ofrecer la mejilla cada vez
que me ofendan. A los pobres
daré limosnas. Comeré pan duro
para ser bueno con todos.
Sólo dinero (pues no tengo nada)
no habré de repartir… Después morir
tranquilamente libre de pecados,
de bronconeumonía o de un callo
en el pie
o de un catarro en el alma.



1966.

Como Las Cartas De Los Niños

Qué lindo sería poder escribir
y que me saliera espuma. O que la noche
tiritase a lo lejos. Ladridos de perros
a lo lejos. Que alguien cantara.
Como los animales que florecen
el amor crece de noche.

Qué lindo desahogar el nudo en la garganta.
A escondidas.
Para que nadie advierta nuestros corazones.
Alguna vez sentirse inconmovible. Encontrarse
bebiendo leche bajo el sol, en atardeceres
de rosa de los vientos.
Te verías muy linda dentro de un cuarto oscuro
donde sólo estuvieras vos y mis circunstancias.
O acariciar tu pelo suelto
como manadas de lobos de ojos negros.
Y hacer dormir
sobre mis hombros el movimiento del mar.
Oscuridad en la puerta del odio.
Agua que siempre deja de correr,
cuando cerramos los ojos.

Y que nuestros pasos fueran abriendo
casa por casa las paredes.
Y que detrás de cada vidrio,
de cada cortina en la ventana del mundo,
estuvieran las ideas del poeta maldito
que le resulta terrible hacer una maldad.

O el vuelo de mi sangre. O una mañana
de canciones bellas.

¡Ah la felicidad como las cartas de los niños
que van y vienen y nadie las detiene!
O como los pericos que pasan volando.
Todo sera fuego aquí
donde caes despertándote.

Me encantaría beber el agua que canta
la misma canción, el invariable río.
Repartir la cosecha de flores
que producen las manos cuando dicen
adiós, nos vemos, hasta luego.

Me agradaría encontrar de nuevo y mirar
como tejes tus telarañas de araña benigna
al escribir poemas de amor con gotitas
de odio. O mejor
sin ir tan lejos
acopiar los papeles perfumados y verdes
llenos de mala ortografía y de recuerdos.
Quien canta como si nada.
Es la vida que fluye
o los hombres que despiertan.
Y afuera hay un frío inerte.

Pero no pasa nada. No pasa nada
en esta vida, mientras camino
mirando atrás, por las calles floridas
de la Colonia Centroamérica. Y suena
un ruido de fusiles.
Como si estuvieran tocando violentamente
las puertas de la vida.
O las catacumbas de la muerte.


Declaración De Amor

Porque te cansas de estar sola,
de encontrar en tu cama
la sombra de la noche anterior.
Porque te mueres de mirar
las parejas d casados
que de alguna parte vienen.
Porque te desmayas de soledad.
Porque la casa está vacía.
Porque tienes jaqueca.
Porque los sueños luctuosos.
Porque los gatos del vecino.
Porque los niños con cabeza
de pajarito.
Porque lloras al despertar.
Porque eres del sexo débil.
Porque crees ser hermosa
(y lo eres)
como una puesta de sol.
Porque los ojos negros te vuelven
loca de remate.
Por eso quieres que sea tu marido.

1966.

Como Los Meteoros

Así como los meteoros celestes abren
pétalo tras pétalo para descubrir el polen
y la miel
así buscan mis dedos y abrazos
donde poner sus huesecillos de vida.

Infancia 1942

La infancia era la noche especialmente,
y pensar en el día que vendría mañana,
mamás enfermas, papás que no llegaban nunca,
hermanos que se iban olvidando
a medida que ya no regresaban.

Y era la muerte la mátalascallando,
como si se enojara todo el tiempo.
Iba y venía perra de los atardeceres
llevándonos amargas cicatrices y gritos
y angustias y dolores y lágrimas y mares.

La infancia era la muerte cagándose de risa.
Se nos quedaba viendo de a poquito
desde las uñas de los pies
hasta la punta de los pelos parados.
Comenzaba a escoger como si nada.
Recorría los barrios,
se llevaba a los niños más hermosos y pobres
dejándonos dolor y sacrosanta herida.
El aire entonces con sus manos aves
jugaba con nosotros para que no temiéramos.

Sin embargo moríamos de miedo,
mirándola implacable
con sus terribles dientes de caballo.
De uno en uno se acaba hasta la raza,
decían los papás y las mamás temblando.

La infancia es esta muerte satisfecha,
sus monedas de plata, sus corbatas,
cuchillo de oro, bala envenenada.
Y nos dejaba penas, desconsolados siempre.
Porque si algo dolía en estos barrios,
era la dura muerte, la inflexible,
que además se burlaba de nosotros
porque no éramos aptos para absorber horrores.

Y quedábamos solos, hijos de Dios,
niños abandonados al temor de la noche.

Preguntamos por qué tanta desgracia.
Por qué la muerte infame
se llevaba a los buenos y a los malos,
pero siempre a los pobres, eso sí.
Y se echaban los padres, los abuelos y tíos
un trago. Más que trago era copa de lágrimas.
Mientras tanto los niños debajo de las sábanas
oíamos retumbos
que venían del fondo del volcán.


Los Garrobos

Los garrobos crecían en los árboles
pero llegaron los venenos.
Las hojas amarillas
comenzaron a morir.
Cuelgan los frutos secos
suspendidos en las ramas altas.
Ríos sin agua. Tierra desolada.

Los garrobos crecían en los árboles
pero llegaron los venenos
a destruirlo todo. Llegaron
con ganas de matar. Los aviones
vuelan sobre los árboles.

De los garrobos sólo quedan
sus dientes,
sus huesecillos de madera.

1966.

Cárcel

¿Dónde estarán los otros? Dijeron que vendrían
pero nadie aparece. Nuestros ojos amarran
los últimos recuerdos pero nadie aparece.
Escribimos un nombre (las paredes son grises):
aquí estuvieron hombres como fieras en selva,
aquí se amaron otros como nunca se amaron.

¿Cuándo vendrán los otros para hablar,
para mirar a alguien, para sonreír
con las personas? A veces digo
que estoy triste y recuerdo las voces que recuerdo.

¿Dónde estarán los otros? Dijeron que vendrían.
Salgo a buscar a mis amigos
y me encuentran cercado por los muros.

1960

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