domingo, julio 5

El historiador Roberto Cassá expone sus consideraciones sobre la inmigración haitiana



POR YULENDYS JORGE •  

Grupos empresariales y los gestores de la corrupción contribuyen al envilecimiento de la sociedad dominicana, con el tráfico ilegal de haitianos.
Este país no aguanta una sociedad binacional.
Los ciudadanos haitianos en el país tienen que definirse si son haitianos o son dominicanos.
Los hijos de haitianos que nacieron en este país deben ser plenamente reconocidos en igualdad de condición con cualquier otro dominicano. Nacieron aquí. Por derecho son dominicanos.

El doctor Cassá sostiene que la migración haitiana hacia República Dominicana es un problema mayor hoy día, porque se ha perdido el control. “Antes era una migración, y no digo que eso fuera bueno, en función de necesidades precisas; eso se dio hasta el gobierno de Antonio Guzmán y quizá se extendió un poco durante el de Jorge Blanco. De ahí en adelante, entró en otra faceta. Aunque no estoy muy seguro de ese proceso de cómo se terminaron los convenios de braceros anuales donde todavía en Estado tenía un cierto control sobre la frontera”.

“Hoy día, la corrupción lo ha permeado todo”. El destacado historiador dominicano sostiene que no hay convenios y el gobierno haitiano es irresponsable en términos de cualquier tipo de compromiso; “no lo quieren asumir, pero además, no pueden”.

Lo que sí ha asumido el Estado haitiano es la jefatura de la campaña internacional, junto a otros sectores como intelectuales, organizaciones no gubernamentales, así como grupos de presión en los Estados Unidos y en otros países. “Hay una campaña internacional que cuestiona casi a priori cualquier decisión que tome el Estado dominicano para regular la situación”, insiste Cassá.

“En los haitianos hay un problema emocional sumamente grave de igualar la percepción de todos los dominicanos como racistas, como explotadores; es decir, todos los dominicanos somos casi nazistas sin distinción. Eso es el sentir de muchos publicistas haitianos que proyectan imágenes en el resto del mundo”.

El historiador destaca que “los trabajadores haitianos son el sector más pobre y explotado de la sociedad dominicana, pero, al mismo tiempo, la situación de ellos en las últimas décadas ha ido experimentando mejorías. No reconocer eso”, dice, “como hacen los publicistas haitianos, es una mezquindad y una irresponsabilidad moral. Y yo no digo que se haya llegado ni mucho menos a lo deseable, pero la situación no es la de hace 30 años; eso es categórico. Yo he tratado con ellos y tengo conocimiento de cómo viven los trabajadores haitianos; no es que me lo cuentan”.

Sobre la política migratoria

“El Estado dominicano -al margen de presiones- tiene que establecer su propia política migratoria, de acuerdo a conceptos de la equidad, de la justicia y de la defensa de los intereses del país. Esto incluye, a mi modo de ver: detener la migración desordenada, reducir la migración a su mínima expresión”, dice.

Cassá enfatiza: “en un país, donde hay un desempleo, aproximadamente de 25%, tasa aproximada que tiene la sociedad dominicana, lo cual es algo terrible; en los jóvenes llega a casi 50%, no hay derecho de que los grupos empresariales y los gestores de la corrupción, porque es la corrupción lo que pauta todo este problema del tráfico de haitiano y la forma en que lo dejan entrar; no hay derecho a que estos señores que se enriquecen a costa del trabajo de los haitianos contribuyan al empobrecimiento de los trabajadores dominicanos y de la población dominicana en general, sobre la base de que cogen comisiones, hacen una serie de negocios de truculencias y someten a los haitianos a abusos, lo cual es indiscutible. Es una situación desgraciada, que no debe seguir porque está contribuyendo al envilecimiento de la sociedad dominicana, lo cual debe ser una demanda de la misma sociedad”.

“Hay que vencer intereses. Nosotros nos encontramos con hechos de que todos los que venden helados en las calles en triciclos son haitianos, todos los que venden cocos, todos los que venden frutas, en unos triciclos que están en las esquinas son haitianos. Hay que preguntarse por qué no hay un dominicano en esos grupos de personas, evidentemente les pagan mucho menos. Yo no sé quiénes son los dueños de esas cadenas, pero hay hoteles extranjeros en el Este donde no hay un solo dominicano. No, eso no se puede permitir. Esta comunidad tiene que proteger ante todo a los dominicanos, no en desmedro de los haitianos pero sí favorecer los nacidos aquí, incluyendo los hijos de haitianos, sostiene Cassá.

Sobre la sentencia del Tribunal Constitucional (TC/0123/13)

“Yo discrepo de todas las interpretaciones que hay a partir del dictamen del Tribunal Constitucional: nacieron aquí y esta sociedad tiene que asumir las consecuencias de esto, aunque fueran producto de un desorden, de una explotación social, y de todo lo que sabemos, pero nacieron aquí, y esta sociedad está obligada a protegerlos e integrarlos en igualdad de condiciones con todos los restantes dominicanos”, acentúa el doctor Cassá.

A juicio del historiador luego de “detenido el tráfico ilegal, lograda la minimización de los trabajadores haitianos, entonces, se debe proceder a un reconocimiento de derechos morales. Los haitianos que tengan un tiempo deben ser reconocido aquí en una residencia estable en plena legalidad con sus relaciones contractuales con los patronos o con quien sea. Plena legalidad y pleno reconocimiento de igualdad de condiciones respecto a la población dominicana”.

“El imperativo moral que tiene esta sociedad es acabar con esa situación ignominiosa de gente que son objeto de abusos. No es el infierno que cuentan, porque también hay un mito sobre esto, pero indudablemente eso no es moralmente aceptable. Y, desde luego, los hijos de haitianos que nacieron en este país deben ser plenamente reconocidos en igualdad de condición con cualquier otro dominicano. Nacieron aquí. Por derecho son dominicanos”, expone Cassá.
 
Guetto

“Sería ignominioso para esta sociedad pretender establecer un “guetto” sobre la base del principio del jus sanguinis que crearía entonces una porción inferior de personas nacidas en el país sin derechos ciudadanos. Eso sería horrible, eso no es lo justo. Lo justo es integrarlos, hacerlos partícipes de los problemas de la nación dominicana y que ellos mismos definan su estatus legal y nacional: si prefieren ser haitianos pueden ser residentes haitianos aquí, ese es su problema”, explica el historiador, a la vez que advierte que a partir de esa decisión el gobierno haitiano tiene que asumir también sus consecuencias.

¿Dominicanos o haitianos?

“El gobierno haitiano tiene un discurso esquizofrénico. Ellos reclaman que este país tiene que reconocer la ciudadanía dominicana a los hijos de haitianos, pero los protegen desde su discurso como si fueran haitianos. Entonces, defínanse, son haitianos o son dominicanos. Entonces si son dominicanos, ese es un problema que no atañe al gobierno de Haití, sería un problema exclusivo de la comunidad dominicana”.

Cassá planeta que esta discusión hay que sacarla del entorno internacional y asumirla la sociedad dominicana. “Es algo que nosotros los dominicanos estamos obligados a solucionar: cómo integrar a esa población producto del desorden de la explotación, de la corrupción que se ha formado con vistas a editar, a crear, a mi juicio y esto es fundamental, la creación binacional”.

“Este país no aguanta una sociedad binacional. No la aguanta por razones históricas, a mi juicio, pero en segundo lugar porque tenemos un Estado enemigo que usaría la condición nacional de una minoría haitiana para hacer daño a la comunidad dominicana”, argumenta.

Los ciudadanos haitianos en el país tienen que definirse si son haitianos o son dominicanos. “Si son dominicanos si se registran como dominicanos, sean que nacieron aquí, o que se les otorga la nacionalidad tienen que tener fidelidad a la nación dominicana. Eso es una discusión que hay que llevar en el interior de nuestro país. Si eso no se acepta, tenemos un nuevo reto; un nuevo problema: una comunidad nacional interna hostil al resto de la comunidad dominicana”, expresa.
Roberto Cassá expone que “si los haitianos en el país se constituyen en una minoría nacional hostil al resto de los dominicanos, hay que enfrentarlo y buscarle soluciones democráticas. En ningún caso, a mi juicio, la solución estribaría en el reconocimiento de constitucional de derechos específicos de una minoría nacional. Yo me opongo. Al igual que subrayo que hay que darle los derechos de todo ciudadanos en igualdad de condiciones absolutas y proceder a integrarlos, mediante los mecanismos de acceso a la educación, servicios sociales… todo lo que deba hacerse de una manera ordenada, humana, social, democrática”.

“Ahora, si vamos a tener una minoría nacional organizada con apoyo externo hostil entonces estamos en vísperas de una balcanización, de un problema muy grave, al grado de que hoy día ya hay publicistas haitianos que están planteando crear un tercer país que agrupe a las supuestas mayorías haitianas en las provincias fronterizas. Eso ya se está escribiendo en Haití. Este país no puede aceptar eso, porque sería el inicio de su desmembración”, recalca.

“El mérito del Tribunal Constitucional es haber abierto el problema, a pesar de que la respuesta no fue la adecuada, y el gobierno, yo tengo que reconocer, está tratando de dar pasos adecuados por lo menos en la formulación, aunque los resultados, vemos son muy limitados”, dicho esto, el historiador considera que no hay que derrotarse, sino trabajar en que haya una “agenda política” para detener la migración.


En la entrevista concedida a Retina, el doctor Cassá manifestó que “el gobierno está tratando de dar pasos, y eso es auspicioso, pero esto ya no es un problema de gobierno, es un problema de comunidad nacional”.