sábado, enero 10

"A pesar de la catástrofe, hay salvación" Ernesto Sábato, Antes del fin

Ernesto Sabato, antes del fin 



(Sabato falleció en 2011 a los 99 años)

BLANCA BERASÁTEGUI

Ni siquiera ahora se concede una tregua. Ochenta y siete años, y su ánimo continúa erguido y furioso. Ernesto Sabato lleva diez puliendo su testamento desgarrado y triste. “Antes del fín” se llama, y el título ya ilustra bien el sentir y la zozobra enhiesta del escritor, que se irá de la vida, dice, con el auxilio de la fuerza pública, pero que confiesa sentir nostalgia de casi todo y padecer crisis aguda de trascendencia.

Estos días, sin embargo, lo que le tiene postrado es una ciática brava que le impide morir de éxito, públicamente al menos. Su “Antes del fin” se lee en todos los santos lugares de Argentina y a partir del lunes se pondrá a la venta en España. Sabato ha escrito su memoria, que es selectiva, inteligente y trágica. Con diversas palabras, desde distintos tiempos y situaciones, Ernesto Sabato llega siempre al mismo punto: al fracaso del hombre. “Todo esto es una catástrofe, comenta, pero hay salvación”.

La salvación está en la utopía, dice grave y rotundo Ernesto Sabato. Luego, al menos, hay salvación...
-Sí. Ahora creo que hay salvación. Yo confío en la gente joven, y no es una frase de compromiso. Por eso me dirijo a ellos al final del libro. Tengo fe en ellos. Respecto a las utopías le aseguro que sí, que siempre las habrá. Puede haber crisis de ideologías, pero no de ideales.

-¿La escritura de “Antes del fin” le ha servido de bálsamo a esa furia tan suya, o, por el contrario, le ha llevado a hurgar en el drama, también tan frecuentado por usted?
-No ha sido bálsamo, no. Ha surgido de la necesidad profunda de expresar lo que se me revela, a esta edad tan avanzada, como el sentido profundo de la vida, la trama en la que quedan narrados los hechos decisivos, aquellos que construyen nuestro destino. Hace años que lo vengo escribiendo, quizá como ocho o nueve, pero fue en los tres últimos meses cuando le di forma final y escribí las Palabras Preliminares y el Epílogo.

El escritor ha partido en cuatro su memoria. No sigue orden cronológico, ni temático. Es más bien vital y compulsiva la división de los capítulos del libro: “Primeros Tiempos” y “Grandes Decisiones” narra el origen de su vida. Todo lo que sucedió después estaba allí, como germen, como presentimiento, como destino, dice Sabato. La segunda parte, “Quizá sea el fin”, está dedicada a la situación, trágica para él, por la que atraviesa el mundo. “El Dolor rompe el Tiempo” es la experiencia que quebró su vida y la que, “paradójicamente, me entregó su sentido final. El epílogo es la carta, un pedido a los jóvenes, el 'Pacto entre derrotados'”.
No son, pues, memorias al uso, sino reflexiones acerca de las cosas en determinados momentos de su vida. Así que desde su infancia argentina al desastre ecológico, desde la muerte de su hijo Jorge al romance de Juan Lavalle no hay más que un paso. Pero manda la fatalidad, el desasosiego por los “hechos irreversibles”, la advertencia.

Hechos irreversibles
-Sí, he dudado en publicarlo o no. Durante largo tiempo lo dejé de lado, porque creí que la visión de lo que está sucediendo en el mundo, la fatalidad de hechos irreversibles, podría dañar a la gente joven. Pero finalmente lo publiqué porque creo que aún la humanidad está a tiempo de convertir su camino.

-¿A qué hechos irreversibles se refiere?
-Los hombres quieren ignorar que han dañado a la vida, irreversiblemente, para poder seguir ganando fortunas al precio de la destrucción, y de ese modo no sentir el peso de la culpa que cae sobre todo criminal. El hombre ha puesto la tierra en un estado desolador. Si no se toman medidas urgentes, va a ser inhabitable en tres o cuatro décadas. Mire cómo están talando el Amazonas, que es una de las últimas grandes reservas, y el África. El oxígeno está disminuyendo peligrosamente por el ácido carbónico de autos y fábricas. Y qué me dice de los reactores nucleares arrojados a los mares, del agujero de ozono. Y la aniquilación de las especies animales. ¿Es que el hombre piensa que puede sobrevivir sin plantas ni animales? Mire la desertización de África, ¡el hambre de esos hombres cuyas tierras fueron fértiles praderas...!

-¿Qué se puede hacer ante tanta catástrofe? ¿Da usted en su libro soluciones, alguna esperanza?

Espíritu religioso
-Yo soy un hombre por momentos pesimista y por momentos creyente y utópico; pero soy poco abatido. Siempre he luchado en la vida. Ahora bien, no se puede llegar a los ochenta y siete años y no sentir nostalgia de la vida, de las personas que ya no están aquí, aún de los grandes desencuentros. Pero no estoy abatido, no, porque siempre he sentido una enorme pasión por la vida. Creo, como dijo Camus, que “no hay amor de vivir sin desesperación de vivir”.

Ernesto Sabato hinca sus palabras en lo más profundo. Atraviesa el escritor momentos especialmente espirituales y confiesa sentirse hoy, tal vez hoy más que nunca, un espíritu religioso pero con graves contradicciones.
-Creo que es muy difícil sostener en la vida una fe absoluta y permanente. Una fe auténtica. Hasta los grandes místicos tuvieron momentos de duda. A lo largo de la vida he entrevisto al Absoluto en las obras de los grandes artistas, ¡tantas veces durante mis prolongados abatimientos, alguna coral, una trompa en una sinfonía, han aliviado esta existencia atormentada! Pero también durante este último año en que he viajado por el interior del país, he podido ver cómo la gente más pobre mantiene la confianza en la vida en medio de grandes precariedades; lo mismo me sorprendió en un país tan desvalido como Albania. El fervor religioso con que viven me inclina a creer en un Dios oculto detrás del sufrimiento. Gandhi decía que no habría podido alcanzar a Dios sin el hombre, quizá hoy yo puedo afirmar lo mismo.

Del cerebro para abajo
“Si por un momento -concluye Sabato- tenemos la certeza de que el hombre, como dijo Nietzsche, es el animal más perverso de la creación, ¿por qué no creer que estos seres bondadosos y pobres son la reserva de la humanidad? Si, el amor es una utopía, por la que vale la pena vivir y morir”.

-Me ha dicho en alguna ocasión que el ensayo se escribe con la mente, y la novela con el alma. Que la novela, en contra de lo que le sucede a la mayoría de los escritores, ha dado cobijo a lo más trascendente que ha escrito usted nunca. ¿Y “Antes del fin”?
-Durante estos últimos siglos todo se ha subordinado a la razón, a tal punto que la mayoría de las personas cree que los grandes problemas existenciales se resuelven con razonamientos. Nada de eso, los temas fundamentales del hombre suceden de la corteza cerebral para abajo. En todo caso, para este libro me he apoyado fundamentalmente en las “razones del corazón” de las que hablaba Pascal. He volcado, desde luego, algunas ideas, he narrado pasajes de mi vida con datos objetivos, pero pocos. “Antes del fin” está escrito con el corazón, a través de intuiciones poéticas, desde una necesidad visceral de darle un sentido a la existencia y al terrible dolor de estos últimos años.

Los grandes misterios
Prosigue Sabato: “El corazón del hombre es el que acusa los grandes misterios, el amor, la amistad, el bien, el mal, y esa soledad en la que finalmente todos nos encontramos. ¡Qué inválida parece la inteligencia ante estas condiciones fundamentales! Si hay alguna apertura posible sin duda se encuentra en el paradójico mundo de nuestras almas, donde percibimos la condición trágica de la existencia, como lo señaló el genial Unamuno. ¿Cómo quiere que un hombre que se va acercando a la muerte pueda buscar un sentido de la vida con los precarios alcances de la inteligencia?

-Dígame: ¿cómo compensa ese sentido trágico de la realidad? ¿Cuál ha sido el motor de su vida?
-Me es difícil contestar, siempre me he encontrado resurgiendo. Es inexplicable para mí, cómo, después de las más grandes amarguras, he vuelto siempre a recomenzar. Y donde hubo un abatimiento ha surgido luego una gran pasión. Creo que la creación ha sido la salvación para mí, y también esta manera apasionada de ser que, si bien me ha traído grandes problemas, de ella he recibido el impulso para resistir.

-Acabamos el siglo sin apenas referencias morales. No parece que hoy los intelectuales del mundo desempeñen su papel histórico, ¿cuál es, a su juicio, la razón? ¿Qué tendrían que hacer?
-Quizá no sean los intelectuales, sino la simple gente de pueblo, quienes posean una reserva de sentido que nos encamina hacia otra manera de vivir, que es la única puerta que nos queda.

Al final, el gran misterio radica según Sabato en saber si el hombre camina inexorablemente por su tendencia hacia el mal.
-Ése es un gran misterio, la esperanza volviendo a nacer una y otra vez de los escombros de la historia. Si sólo existiese el mal, como es lo que nos transmiten las noticias, si todo estuviese perdido, en rigor nos dejaríamos morir en las indiferencias. Y por el contrario, a pesar de los desastres y las frustraciones la gente sigue esperando. Es muy conmovedor sentir la magnitud de la esperanza que alberga el corazón del hombre.

Una parte sustancial de “Antes del fin” la escribió Sabato a raíz de la muerte de su hijo Jorge. El dolor por su muerte rompió brutalmente, así que es imposible referirse a ello sin que el escritor ponga en sus palabras, y en su gesto, y en sus silencios, todavía mayor gravedad de la acostumbrada. Ha sido otro Sabato desde entonces.

La desmedida frivolidad
-La muerte de Jorgito fue terrible para mí. Toda experiencia de dolor, de gran dolor, nos cuestiona enteramente la vida, hasta la misma existencia de Dios. Pero los grandes sufrimientos nos llevan a contemplar la vida con mayor hondura. Es un gran misterio, y por eso no lo podemos explicar. La razón logra abarcar el absurdo pero no alcanza a penetrar los misterios. No quiero decir que estoy en contra del placer, no; lo que detesto es la desmedida frivolidad de nuestros días. Sin duda el dolor, a través de la historia, ha sido la fuente de grandes creaciones.

-¿Usted cree, entonces, que el arte verdadero es siempre trágico?
-Creo que cuando el arte revela lo esencial del ser humano es trágico. Porque la vida es trágica. Y cuando digo trágica también estoy diciendo poesía.

-¿Es tan grave la situación?
-Usted conoce las noticias, ¿acaso podemos permanecer indiferentes? El desastre ecológico es irreversible, y lo peor es la ausencia de medidas reales para impedir que esta situación siga adelante. Si mal no recuerdo, en la Cumbre Ecológica de hace dos años, las áreas en las que se había notado un marcado empeoramiento eran las mismas en que las grandes potencias se habían comprometido a mejorar en la Cumbre del año anterior. Las especies siguen extinguiéndose de modo alarmante, y varios países continúan con sus “ensayos atómicos”. Por otra parte, el descreimiento que hay en las generaciones jóvenes de poder llevar adelante un cambio me preocupa. Aunque también, hay cantidades de personas, de jóvenes, que luchan por los demás. Y éste es un hecho absoluto.

-En el último capítulo, “Pacto de derrotados” hay un resquicio de esperanza. Se dirige a los jóvenes a veces incluso con entusiasmo. ¿Cree que son ahora sus mejores lectores?
-No podría decirle con certeza quiénes son mis mejores lectores. Hay gente grande que por pudor no se atreve a expresarme lo que siente, las mujeres lo hacen a través de cartas muy conmovedoras.
Lo que ocurre con los jóvenes es otra cosa, ellos son los que más sufren, los que necesitan creer en los valores y hoy no encuentran quienes los apoyen en sus ideales, en esa fe a menudo candorosa pero siempre auténtica. Hablo de pacto entre derrotados porque es una frase que pertenece a la cantata “El romance de Juan Lavalle”, y porque expresa ese sentimiento que viven los hombres de hoy, desconcertados ante el fracaso de lo que Occidente impulsó como proyecto, basado, como le dije en la técnica, la razón y el dinero. Ahora el mundo es un caos. Mi esperanza es que apostemos a una historia que no relegue al ser humano. Cuando tuvo que emprender su doloroso exilio, León Felipe dijo “mientras exista el llanto el hombre estará aquí de pie”.

- Al final hablamos de política. Las ideas políticas de Sábato, que ha antepuesto siempre su sentido de la justicia a sus preferencias estéticas, le ha acarreado la amistad y la enemistad con otros escritores. No podía no hablar de Borges en este libro, ni de la revista Sur, ni de José Bianco, de Victoria Ocampo, de Leopoldo Marechal y, de ahí, de sus escritores más cercanos: Camus Huxley, Michaux, Faulkner o Tagore. De Borges cuenta cómo, lamentablemente, “en 1956 nos separaron ásperas discrepancias políticas para siempre y comprendí que en ocasiones los seres humanos llegan a separarse, no por las cosas que les diferencian, como decía Aristóteles, sino por lo mismo que aman”.

El coraje de Garzón
-Señor Sabato: ¿Le hubiera gustado un juez Garzón para los generales argentinos?
-No hay fronteras cuando el horror que padece un pueblo llega a violar a tal punto la sacralidad del ser humano. En este sentido considero fundamental las actitudes de coraje que en este último tiempo han demostrado hombres como el juez Garzón. En nuestro país también hubo un juicio ejemplar, cuyas sentencias fueron luego anuladas por decreto. En un mundo como éste, tan evidentemente injusto la lucha de Garzón es esencial y heroica.

http://www.elcultural.es/revista/letras/Ernesto-Sabato-antes-del-fin/13091

2 comentarios:

Laura M López-Murillo dijo...

Excelente y delicioso. Felicitaciones. Un abrazo

Leibi NG dijo...

¡Muchas gracias! Abrazo!