lunes, junio 16

Grisel Lerebours describe el paso del virus chikungunya por su cuerpo


Esperando espero... Que pase ya el ciclo del virus. Después del embotamiento inducido, entonces la sensación de estar acostada sobre la misma bala de cañón que me atraviesa. Cada respiro me hace revivir a Artemio Cruz en la memoria de mis células, cuya batalla me puebla de dolorosas pero necesarias heridas. La cabeza que estalla, la fiebre que sube y baja y vuelve; la tortura del mínimo movimiento, obligatoria postración, invalidez forzada. La rigidez de las falanges, palmas y plantas hipersensibles, toda la piel enrojecida y el escozor sin tregua. Duele la raíz del cabello, la lengua y todos los dientes, mis piernas no me obedecen, atravesadas por calambres, se niegan a incorporarme aunque me quiero de pie. Pienso en la gente con enfermedades terminales, que vive en este estado siempre, sin esperanza de mejorar. Será eso lo que nos vino a enseñar la Chikungunya? Entonces, como todo, más que peligro es una oportunidad. © Grisel Lerebours.