lunes, julio 29

Han profanado la tumba de mis Padres... Yi-yoh Robles

Han profanado la tumba de mis Padres, me han profanado a mí, a mi familia y sobre todo han profanado ese dulce y sutil tesoro que es el amor de quienes en verdad amamos y guardamos como cajita de recuerdo el premio más hermoso de quienes nos dieron tanto amor para darnos la vida , bajo la triste lluvia de esta simple lagrima que me suda en los ojos y que no hay remedio , ni existe precio para compensar este dolor de ver a mis padres morir dos veces; seco mis lagrimas y luego vuelven a brotar, porque esto que escribo son gotas de letras rotas en el espacio más sensible de mi interior, pues nunca podre borrar este doble dolor, que me han provocado unos seres inhumanos, que rompen y destruyen sin saber esta impotencia que provocan. (Han profanado la tumba de mis padres en el Cementerio de la Avenida Máximo Gómez y eso me duele y no voy a callar… En este cementerio hay más de MIL tumbas profanadas solo en este año y un País que no cuida su espacio santo está destinado al caos).
Cementerio es “Camposanto” un espacio o lugar para depósito de los restos de cuerpos o cadáveres en proceso - destino hacia la inhumación, sepulcro, nicho o cremación entre otros.
El origen del término cementerio se acredita a la cultura griega bajo el nombre de “Koimetérion” que significa dormitorio o lugar de reposo, el cementerio es un espacio de estadio- trance hacia un nivel diferente al mundo cotidiano. Cada cultura procesa el sentido o continuidad de la vida o existencia más allá del plano meramente humano. Existieron culturas que sepultaban sus muertos con las pertenencias pensando que con la muerte comenzaba otra parte de la vida irradiada en existencia eterna. Hay otras culturas que tienen como norma la eternidad predeterminada para la llegada del castigo o premio mediante un distanciamiento entre el bien y el mal; también está la reencarnación, cada una de ellas representan siempre un resultado o pago al comportamiento de la humanidad y la natural consecuencia de sus actos en vida. Para los vedas uno es lo último que vio, habitó o practico. El cristianismo nos ofrece otra vida diferente a esta y que es eterna, allí llegan solo los justos según sus concepciones.
El cementerio es un símbolo de respecto, remembranza y apego al recuerdo de quienes quisimos (difuntos) y que aunque no estén ahí le asimilamos, y sentimos que cada espacio habitado por ellas y ellos no importa que sea en naturaleza viva o muerta es parte nuestra, bajo el amparo del amor depositado en nuestras almas.
Podrá uno ser ateo, creyente y analista, pero nunca insensible, hasta los practicantes de la filosofía existencialista respetan, valoran este acercamiento entre el ser vivo y los espacios concedidos a sus difuntos. No hay nada más que osamenta en los cementerios, pero en esos lugares se encuentra el parque o museo de quienes estuvieron entre nosotros y con la sola nostalgia del amor, los recuerdos asoman y eso no se mutila, quien no quisiera tener entre sus manos las sandalias del Cristo. Quien no quisiera respirar de forma tranquila en la lapida de un difunto cercano y en una tierna oración provocar el sentir humano que nos separa o hace distancia de lo irracional, toda vez que tenemos un lugar donde ir y remembrar las imágenes como ensueños de quienes quisimos , algo nos toca en el alma, porque nada hay más importante que llegar a un lugar en donde llevamos por última ocasión en una despedida a alguien a quien amamos, por que destruir lo hemos construido; la destrucción o desnaturalización de las cosas que nos asimilan como humanidad sensible, no es más que pecado en este plano raro de la “deshumanización de los sentidos”. Profanar no es solo hurtar lo ajeno, profanar es contaminar y disolver lo ordenado y lo sagrado.
Yi-yoh Robles