lunes, agosto 2

HAROLD PRIEGO ¡ME CAE BIEN!

José Del Castillo | diariolibre.com | 31-07-2010 | 

Harold Priego -quien acumula una amplia experiencia como director artístico de las más reputadas agencias publicitarias del país- es hijo de artista. Su padre, el muy querido don Joaquín Priego vecino por décadas de mi hermana Miriam, destacó en la escultura. Con énfasis en la temática histórica colonial y nacional, así como en los motivos y diseños surgidos del rico arte taíno. Fue, a su vez, uno de los artífices del desarrollo artesanal promovido desde el Estado a través del Centro Nacional de Artesanía (Cenadarte) que dirigió en varias oportunidades, a cuyo consejo estuve ligado junto a Manuel García Arévalo, Federico Fondeur, Alina Mera y Said Musa. Su labor magisterial fue intensa, multiplicada en centros técnico vocacionales y en la conducción de la Escuela Nacional de Bellas Artes.

Uno de sus conjuntos escultóricos nuclea la Plaza de la Democracia, monumento de la modernidad destinado a honrar la memoria de doce figuras emblemáticas de la civilidad dominicana. Bustos de Mella y Sánchez en la Puerta de la Misericordia, Pedro Henríquez Ureña frente al Banco Central. Una formidable cabeza del cacique Caonabo. Bartolomé Colón en la sede del Ayuntamiento del Distrito Nacional en el Centro de los Héroes. Imbert y Valerio junto a otros soldados restauradores en Santiago, su lar natal. Nuestro Enriquillo en la Plaza Indoamericana en Quito, Ecuador. Arturo Pellerano Alfau a la entrada del Listín Diario, decano de la prensa nacional. Educadoras como Ercilia Pepín, entre otras, en la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña. La geografía urbana debe mucho a ese bueno y laborioso Priego, duartista y patriota a toda prueba que se esmeró en su práctica cotidiana a formar artistas y artesanos, a sembrar arte verdadero en los espacios públicos de una ciudad que le acogió como uno de los suyos. De penetrante mirada observadora, poco y sopesado hablar, don Joaquín nos legó su obra Cultura Taína como testimonio de su apasionada admiración por el talento creativo de nuestros pobladores precolombinos.

Otro antepasado de Harold, padre de su madre Raquel, es el pintor y diplomático Enrique García Godoy, uno de los pioneros de la plástica nacional, caracterizada su obra en óleo y pastel por un limpio dominio técnico del dibujo lineal y el estudio anatómico evidenciado en sus delicados desnudos. Rasgos que destacan en sus retratos y en la representación de episodios históricos, como el que captura para saber de la posteridad el encuentro el 25 de marzo de 1895 del prócer José Martí y el general Máximo Gómez para suscribir el famoso Manifiesto de Montecristi -pieza pictórica que hoy forma la excelente colección del Banco Central- o el retorno de Duarte a la patria en la goleta La Leonor.

Este abuelo de nuestro caricaturista fue acertado analista de política internacional del Listín Diario, cónsul en Caracas y Génova, fundador de una escuela de pintura en La Vega, presidente del Ayuntamiento de la ciudad olímpica, escultor de una pieza dedicada a su padre Federico en el parque central de su rincón natal. En efecto, el pintor era hijo de Federico García Godoy, el célebre educador, periodista, crítico literario y escritor autor de Rufinito, Alma dominicana, Guanuma y El Derrumbe, textos claves en la forja de una conciencia de identidad nacional. Por demás, una de las vocaciones de Enrique García Godoy fue la ilustración de revistas literarias y gráficas, tanto locales como extranjeras, género que dominó con gracia.

Con estas raíces halándole los pies por tres generaciones antecesoras, nada fortuito un fruto tan fructífero. Harold Priego es hoy un verdadero fenómeno sociológico de la comunicación de masas. Tras años de incursiones en revistas y suplementos humorísticos, alimenta actualmente con sus creaciones el espacio reservado a la caricatura de opinión de los diarios Hoy (Eloy en el Hoy), Listín Diario (Doña Mármara y su inofensivo marido don Chichí), El Caribe (Matías y Berroa) y Diario Libre. En este último medio de distribución gratuita, sus personajes Diógenes y Boquechivo -"muñecos" les llama él con marcada modestia- han revolucionado los índices de lectoría. Muchos designan a esta tira "el editorial" del periódico, en alusión a la fuerza de penetración que tienen sus mensajes. En comparación con los no menos agudos y bien escritos editoriales de Adriano Miguel Tejada e Inés Aizpún, en señal de aventajada eficacia del lenguaje gráfico acompañado de texto que comporta como recurso la caricatura.

En los últimos tiempos el aprovechado Tulio Turpén y su adorable novia, la voluptuosa y apetecible Yuleidy -símbolos golosos y triunfantes de la nueva dominicanidad globalizada-, compiten en popularidad con los anfitriones del cartón. Amenazados por la presencia avasallante de esta dinámica pareja, Diógenes y Boquechivo, con sus diálogos agudos y mordaces que procesan la cotidianidad ironizada, batallan por preservar una sociedad aldeana, asida a valores, que se resiste a morir. Como profesional de las ciencias sociales, el célebre C. Wright Mills de seguro se habría sentido satisfecho con el ejercicio de imaginación sociológica que realiza Harold Priego a través de las viñetas de estos apreciados "muñecos", dotados de una criticidad funcional demoledora. Parlantes coloquiales que pasan por su criba inclemente el mundo dominicano, atenazado por la concurrencia compleja de fenómenos de todos los pelajes. Desde los simplemente estimulantes y benéficos hasta los más siniestros y espeluznantes, "que horripilan y meten miedo de verdad" como rezaba aquella cancioncita del ratoncito Miguel.

Diógenes y Boquechivo llevan ocho volúmenes editados en versión impresa, al mejor estilo de las tiras Mafalda del argentino Quino o los Agachados y los Supermachos del mexicano Rius. Sus historietas han sido seriadas y animadas bajo el patrocinio de la supertienda La Sirena para disfrute de los televidentes. Mientras que los internautas pueden acceder a un blog muy visitado que Harold mantiene en el portal de Diario Libre, pletórico de imaginación y democratismo. Estos dos héroes de una sociedad sana que quiere seguir guiándose por ciertos principios éticos han prestado sus respectivos talentos para campañas de educación ciudadana, como la que despliega la CEDEE sobre el pago de la energía eléctrica.

Pero lo que muchos de sus admiradores ignoran es que Harold Priego -aparte de fungir como creativo y director de arte publicitario en agencias altamente prestigiadas y en la suya propia, a la par de ser un caricaturista de clase mundial-, es un artista provocador e imaginativo que emplea los recursos tecnológicos informatizados como herramienta de trabajo. En lugar del pincel, el carbón, la plumilla o el lápiz, para dar forma a los temas que le persiguen, algunos como una obsesión. Asistido por el mouse óptico manejado diestramente, traza líneas, dibuja figuras, da volumen, emplea tramas, mezcla colores, puebla los espacios con imágenes y personajes salidos de su laboratorio computarizado. Cual alquimista de un arte que se piensa vanguardista e irreverente, pero que nos lleva al tríptico Jardín de las Delicias de Hieronymus Bosch (El Bosco) cargado de imaginería onírica, bestiario, sarcasmo apocalíptico y seres de todos los calibres. Una tradición flamenca continuada por Pieter Brueghel el Viejo, patentizada en El triunfo de la muerte y La Torre de Babel.

Harold ha nutrido sus raíces de savia surrealista a lo René Magritte en la limpieza de las formas dotadas de realismo mágico. Ha bebido -¡claro que ha bebido este bohemio consumado!- del mejor destilado Pop, de Andy Warhol en adelante, tan caro al arte del diseño publicitario. Se ha dejado seducir -con bastante frecuencia- por la multifacética tradición de ilustradores de todo tipo, de comics, libros, revistas, films. Y por supuesto, por el mundo del diseño. Por eso, entre las medias tramadas que se ajustan a las piernas de sus damas suculentas y el gato de Cheshire de Alicia en el País de las Maravillas de la versión original de Walt Disney hay una maravillosa semejanza.

Una exposición de su trabajo artístico fue recientemente exhibida en la galería de la publicitaria Pagés BBDO. Allí sus figuras estilizadas remedaban las del gran Fernand Léger, menos geometrizadas y más sueltas. En su estética merodea la semántica sórdida de bares y cabarets a lo Toulousse Lautrec, gozador de los ambientes de la noche. Desfilan los emparejados en danza voluptuosa, el músico de jazz soplando el saxo solitario, mujeres aproximándose en marejada lésbica. Sus seres -gente, bestias y máquinas disparatarias como diría Federico Henríquez Gratereaux- se deslizan en bicicletas polivalentes, como si los aros rodantes fuesen extensiones de sus extremidades, quizá en homenaje a los dibujos del maestro Domingo Liz.

Un bestiario diverso -que habría encantado a Borges y a Cortázar, y obvio que a Kafka- se nos muestra en esta selección de pequeñas pesadillas y sueños recurrentes que asedian su mundo creativo. El circo, el bachateo, las maquinitronas que vienen desde Julio Verne pasando por Soucy Pellerano, el sexo sin saxo, las "mierderías" (como él les llama) consistentes en figurillas a lo Clara Ledesma y la expresión de melancolía con embocadura mulata, forman esta colección que nos acerca al universo Priego, en versión Harold.

Como castigo nuestro artista procreó otro artista, para dar continuidad a la maldición de los elegidos. Inescapable ante tanto arte ancestral, Samuel Priego es la garantía de que la dinastía se alarga y no cesará con su progenitor. Así, los Priego forman un verdadero pliego de ofertas plásticas con diversidad de técnicas, destrezas y enfoques. Por qué no decirlo, de estéticas. Alejado del mouse óptico, Samuel se formó profesionalmente en la Escuela de Diseño de Altos de Chavón, afiliada a la Parsons School de New York. Manejando el diseño de la ilustración también ha reivindicado la vieja paleta de colores de su bisabuelo Enrique García Godoy para trabajar óleos y formular sus propuestas, de cara a definir su propia identidad en la plástica dominicana y universal. Y lo que se ve es de una calidad impecable. No sólo promisorio. Por eso creo que a pesar de todos los pesares, habrá Priego para rato.

Entrevista por Por Fernando Casanova | Fotos: Ricardo Rojas
Entrevista 

Harold Priego se llama Harold Priego García-Godoy a veces. Además de uno de los mejores caricaturistas dominicanos de todos los tiempos, es un gran artista y, sobre todo, un gran pintor. Debe su fama a Boquechivo, personaje que junto a Diógenes, su alter ego, conforman una de las representaciones gráficas de ideas, personas y acontecimientos nacionales más trascendentes en los últimos años.
La caricatura, que muchas veces se confunde con el pasquín o el libelo, tiene su fuerza en que caracteriza y da forma a un sentir colectivo, pero caracterizar y dar forma a ese sentir se le niega a quien en el fondo no sea un verdadero artista. Harold es hijo de un gran escultor, Joaquín Priego, autor de obras que ya forman parte de la cotidinanidad dominicana, y nieto del gran pintor Enrique García Godoy quien se destacó en la plástica dominicana por sus desnudos y sus retratos de pequeño formato. Con Harold Priego hemos conversado en su casa-taller sobre caricaturas, caricaturistas, arte y artistas y, sobre sus trabajos en pintura. Ver su trabajo pictórico y su entusiasmo hablando de la pintura no dejaninguna duda de que Harold es un gran artista.
Más Información

FC: Nos gustaría hablar de tu trabajo, no centrados en las caricaturas si no enfocados en tus otras producciones artísticas. Claro, tendremos que hablar un poco de caricaturas tanto de las tuyas como de la caricatura en general, de las gentes que las han trabajado. Y además se te asocia mucho con las artes graficas y las publicitarias, ¿cuál es tu formación académica y artística?
HP: Desde que yo abrí los ojos... fui viendo cuadros, pinturas, esculturas, talleres y barro, pues nací en una familia que básicamente es artista. Me crié en el taller de mi papá, viéndolo trabajar. Cuando vienes de una genealogía artística y terminas el colegio se te presenta el dilema, tienes que decidir qué vas a hacer a partir de ahí, si seguir en el arte o desentenderte de eso.


FC: Tu papá era un gran escultor.
HP: Sí, mi papá era escultor y pintor. Era un escultor de estatuaria, o sea de monumentos, esculturas y esas cosas.

FC: ¿El diseño del Caonabo de Oro es de él?
HP: Sí, el Caonabo de Oro es de él. Siguiendo con lo anterior, entonces ¿qué hago yo cuando salgo del colegio? Pues irme a lo que está más cerca del arte. Me metí en Arquitectura, que es la forma más fácil para seguir trabajando con los lápices, pinceles, y el diseño; pero me daba cuenta que como diseño funcionaba muy bien, pero como arquitecto no tanto. Con los cálculos, estructuras y cosas de esas... más nunca en la vida.

FC: Pero yo he visto artículos tuyos en Archivos antillanos de arquitectura, la revista de Cuquito Moré.
HP: Sí, pero sólo por que fuimos compañeros de promoción y él me aprecia mucho. Como te decía, me meto entonces en diseño de decoración, porque estaba más cerca todavía del arte, y empecé a trabajar haciendo perspectivas del arte y cosas así; pero en aquel momento veía que la publicidad era como un nicho que había. Faltaba gente que dibujara, entonces me metí de lleno en publicidad. Eso empezó en el año 77 y ahí fue que hice mi carrera como publicista básicamente, aplicando mis conocimientos de arte al comercio, a la creatividad.


FC: Se tiene la idea sobre los creativos que trabajan en agencias de publicidad y en los departamentos de Diseño de los periódicos, de que son artistas frustrados. O que son gente que se dedican a trabajar publicidad creyéndose artistas y como no trascienden en el ambiente artístico comienzan a cogerle odio al diseño, a la publicidad y al comercio. ¿Existe esa dualidad entre el arte por el arte y el arte aplicado al comercio?

HP: Sí existe el problema, pero hay algunos que pudieron romper ese trauma como lo hizo Ramón Oviedo, o como lo hizo Hilario, que fueron dibujantes publicitarios toda la vida y luego continuaron siendo pintores. Lo que pasa, es que en aquella época había que vivir y comer de algo, y la cosa más fácil que había era meterse en un departamento de Arte de una publicitaria. En el caso mío, te diré que uno siente una pequeña frustración cuando está creando en agencias, pero es que en eso estás sometido a lo que te diga el ejecutivo de cuenta. O sea, es un arte sometido, un arte que está comercializado totalmente, que no es puro arte. No es, podemos decir una artesanía, porque es repetir cosas día a día. Imagínate estar haciendo arte todos los días para hacer páginas de supermercados o de detergentes. Hoy en día no, hoy es al revés. Ahora son tipos que conceptualizan las cosas en base a diseño, en base a diagramación y una serie de elementos. La ilustración y el arte están separados ahora, los hacen otras gentes, ya esta dividido eso, pero antes tenías que hacerlo todo. Pero quiero dejar claro que para hacer buena publicidad hay que ser artista y en muchas agencias hay muy buenos artistas, de eso te doy fe.


FC: ¿Cómo te sientes tú? ¿Pintor, caricaturista, o un artista grafico? ¿Cómo te gustaría que te recuerden?

HP: Lo mío ha sido por etapas. La etapa de la publicidad ya la dejé, ni quiero saber de eso. Ahora estoy en la etapa de los muñecos, esa etapa de los muñecos yo quisiera ir bajándola en un par de años para dedicarme entonces a pintar. Para mí la gran pintura es la gran trascendencia, porque los muñecos pueden permanecer en revistas o periódicos viejos, pero la gran trascendencia se logra en la pintura. Es lo que me gusta. Yo soy pintor.

FC: Pero esos “muñecos” como tú dices, son casi estudios sociológicos del acontecer diario, y me da la impresión que, a veces, se sobreponen el artista. En el caso de Boquechivo ¿has pensado alguna vez “matar” a Boquechivo?

HP: A veces me cansa, y me cansa porque es un trabajo arduo, donde tú tienes que ser el director del teatro, tengo que poner a trabajar ese actor que está ahí. Tengo que decirle lo que él tiene que decir, tengo que someterme a su forma de pensar, igual que a Diógenes y los demás personajes. Es un trabajo duro.

FC: ¿O sea, que el personaje a veces te domina, se te sobrepone?

HP: Sí, a veces se me sobrepone, sí. Hay momentos difíciles, porque tengo siempre que mantenerlo con el mismo lenguaje, con la misma forma de pensar, equilibrado y coherente, simple ¿entiendes?


FC: ¿Y en tu producción artística libre, en tus momentos de libertad creativa, se te aparecen eso personajes por detrás, de contrabando, y te interfieren en tu creación?

HP: No, por ningún lado. Creo que no se ve ninguna de esas manifestaciones, no. Yo sé dividir mucho las cosas. En el arte yo percibo el realismo, cuando tú pones algo de ti. No soy el copista que agarra la fotografía de una modelo y la copia con todos los pelos y señales, eso tiene gente que lo hace. A mi, particularmente, no me gusta ese tipo de arte. Me gusta más la obra de arte donde tú agarras la forma humana y la elaboras, la cambias. Pones de ti, haces abstracciones.

FC: Volviendo a las caricaturas, Goya tiene en muchos de sus dibujos, y en otras obras pueden verse caricaturas. Goya trabajaba personajes de la época y los elaboraba en forma de caricaturas. Ha sido propio de los pintores, siempre, el hacer caricaturas.

HP: Sí, es cierto. El mismo Bosco también hizo una serie de figuritas rarísimas en el Jardín de las delicias que recuerdan a personajes de la época y que los trataba en función a sus intereses del momento. Pero son gentes que superaron a su época, o sea que iban por delante. Ahora lo que hay que hacer es trabajar bien, y esperar a que a la gente le guste tu trabajo.

FC: Veo que también haces esculturas en hierro. Estaba viendo una verja que hiciste aquí, es un trabajo importante. También has diseñado una silla hermosísima. ¿Trabajas la escultura?

HP: Hay personas que dicen “sólo pinte, y no haga nada más”. Yo no lo veo así, creo que el arte se manifiesta siempre, por vías diversas. Cuando el arte está dentro de ti se manifiesta en muchas formas, depende del momento. No entiendo a un pintor que pinte y no le guste la música. El artista está abierto a toda manifestación, es alguien muy sensible. Por eso se expresa en muchas formas.

FC: ¿Y cuáles medios utilizas más?

HP: Óleo sobre tela.

FC: ¿Y sobre las tendencias artísticas que hablabas antes, me decías algo sobre el realismo, sobre el realismo mágico?

HP: El realismo mágico no, me gusta mucho lo folclórico, lo autóctono. Pero me gusta manejarlo sin clichés, con cierto nivel, por ejemplo, mira este cuadro (nos enseña una de sus obras) es un guineo, le doy Caribe, pero también lo dejo en un ambiente clásico.

FC: Veo muchas mujeres en tu producción pictórica, ¿prefieres a las mujeres? Quiero decir, si prefieres dibujar mujeres.

HP: Sí, pintar hombres desnudos como que no me sale.

FC: Sin embargo, en tus caricaturas sólo sale en forma protagónica Doña Mármara, pero si salen muchos hombres como figuras principales ¿No?

HP: Sí, mira es una observación importante que me estás haciendo. Cuando hago pintura hago mujeres, y cuando hago muñecos lo que hago son hombres. No se porqué, pero me sale así. Creo que si hago humor con las mujeres podría herirles su sensibilidad y, ya sabes, las mujeres son muy susceptibles.
  
FC: ¿Ellas son muy susceptibles, o tú eres muy sensible hacia ellas?

HP: Quizás sea muy sensible, pero es que cada vez que hago una caricatura con mujeres tengo problemas. Quizás por eso la única figura femenina principal que tengo es a Doña Mármara, porque es una figura importante, es un doñota grandota con un marido chiquitico vuelto una porquería, que ella domina.

FC: En tu pintura veo que hay cierta influencia de Vela Zanetti, evidentemente algo de García Godoy, ¿significaron algo para ti estos dos pintores?

HP: E. García Godoy era mi abuelo, a quien no conocí físicamente, pero imagínate desde que abrí los ojos lo primero que vi fueron cuadros de él, necesariamente tengo que tener influencias de él.

FC: Hace unos días, cuando estaba preparando el trabajo sobre Puerto Rico, tú te me acercaste y estuvimos viendo algunos trabajos de artistas puertorriqueños. Recuerdo que me dijiste que en Puerto Rico hay muchos pintores que trabajan mucho sus pinturas, que no dejaban los trabajos a medias, como habían muchos lo hacían aquí, ¿crees que los pintores nuestros se desesperan mucho para vender lo que pintan, y por lo tanto no hacen un trabajo más terminado?

HP: Creo que aquí existe una tendencia que se llama “el facilismo”, si el pintor se dio cuenta de que lo que está “pegao” es hacer equis cosa, para no caer en detalles específicos, si lo que funciona es una cara redonda con dos ojitos, pues el pintor se fue por ahí. Óyeme, es como un sello gomígrafo. Para mi eso no es arte, para mi es artesanía comercial. Cuando haces una muñequita, un artesano que hace un muñequita sesenta veces al día y lo único que le sale es eso, óyeme eso no es arte. Si conseguiste ese filón y progresaste, y todo el mundo te compra, te hiciste famoso; bueno pues tú eres un hombre de éxito, vamos a decirlo así, pero creativamente hablando ya es otra cosa.

FC: Pero todo los pintores tienen sus etapas ¿no?

HP: Lo que pasa es que hay algunos que siguen en lo mismo, como con una camisa de fuerza toda su vida, porque eso es lo que “le está dejando cuartos”. Hay algunos que ya no tienen ni que firmarlo, porque ya saben quiénes son.

FC: Antonio Martorell, el pintor puertorriqueño, me comentaba que en la República Dominicana, se define mucho la pintura por el uso del óleo sobre tela, mientras que en Puerto Rico ha habido siempre un contacto con las artes gráficas, y sobre todo con el dibujo ¿crees que el dibujo ha faltado en el país y eso afecta la producción más terminada?

HP: Mira, el buen dibujo creo que es fundamental en cualquier pintor. No te estoy diciendo que tenga que ser un dibujo académico, realista totalmente, como lo hacía un Miguel Ángel, no, pero en el dibujo, debes conocerlo, esa es la partida, no puedes ser cirujano plástico sin ser médico. Tienes que comenzar de la base, por eso es que ves a un Oviedo magistral, pero es que Oviedo tuvo una base, es un dibujante tremendo, entonces sabe hacer abstracciones. Pero es verdad que hay un carencia de eso, por eso es que le llamo “facilismo”. Ahora cualquiera se mete a pintar, cualquiera hace un garabato, un “tollo” y se hace llamar “Maestro”.

FC: ¿Hay demasiados pintores ahora?

HP: Hay muchos, hay demasiados como dices. Y a veces aparece un galerista o un crítico de arte y le monta un espectáculo y lo ponen a un nivel estrastoférico, a alguien sin valor alguno.


FC: ¿Quién los lleva? ¿Los galeristas o la prensa?

HP: Hay de todo. Los galeristas, la prensa, la sociedad, los críticos. Es un conjunto un poco complicado.

FC: ¿Los galeristas están haciendo un daño al arte con eso?

HP: Lo que pasa es que hay galeristas que siempre piensan con los mismos patrones, y hay pintores que no trascienden por que los galeristas no pueden entenderlos. Lo mismo pasa con los críticos.

FC: Pero es que el trabajo del galerista es vender, ése es su negocio. No hacerlo sería suicidarse.

HP: Claro que ese es su negocio, pero deberían de trabajar otro tipo de arte, no sólo el arte de vanguardia o contemporáneo que vende todo el mundo. El galerista quiere vender lo que el otro vende, sin mucha imaginación. Quizás si tuvieran más imaginación venderían más, pues venderían valores nuevos y enriquecerían el medio. Cuando te dicen: yo tengo un Ulloa 20x40 lo ven como metros, no como un Ulloa. Lo que están vendiendo es yardas de tela. No, eso no puede ser así. Un Yoryi no importa de qué tamaño sea, es por ser un Yoryi bien trabajado que tiene su trascendencia.

FC: En nuestro país existe un grupo de clásicos, digamos Leopoldo Navarro, Sisito Desangles, Celeste Woss, Clara Ledesma, Bidó, Yoryi, Ada Balcácer, Guillo, ¿con cuáles te sientes a gusto?

HP: Te digo la verdad me gustan mucho las pinturas de Bidó. Porque para mi Bidó es el símbolo de la pintura dominicana.

FC: ¿Por qué?
HP: Porque donde quiera que tú pongas un cuadro de Bidó se sabe que es él, y que es dominicano. Tiene personalidad. Es grandioso.

FC: ¿Y Oviedo?
HP: Oviedo es otro gran pintor, pero sus temas son más universales, nuestro pintor universal. Habría que ver si en Argentina conocen a Oviedo, pero Bidó es más de aquí, no sé si por sus tonos, sus colores, por ese mamey que utiliza, es que lo siento que es de aquí.

FC: ¿Y Yoryi?
HP: Yoryi es un típico dominicano, es un costumbrista. Pero tú no puedes decir el cuadro tal, no tiene un gran cuadro que lo represente. Yoryi no dejó ese trabajo que uno siempre recuerda cuando habla de un
pintor.

FC: ¿Un artista tiene una gran obra que lo define?
HP: No necesariamente. Pero es que también tiene que tener gente que lo lleve, un gobierno que lo ayude, que le den más trascendencia, y el pobre Yoryi no lo tuvo. Se acostumbró a hacer el paisajito, la mujeres en el campo; muy bonito porque hay que decir la verdad, tremendo pincel. Pero no tiene esa gran obra, quizás el retrato del campesino, pero no sé... como que le falta algo.

FC: Cuando tu hablas de que Bidó es el que más representa a la República Dominicana, ¿lo dices porque entiendes que lo que Bidó hace, la pintura que Bidó hace, los colores que usa, realmente representan más a la República Dominicana que cualquier otro pintor?

HP: Más que eso, te podría decir que es el icono de la pintura dominicana.

FC: ¿Para ti sería el Pintor Nacional?
HP: Yo diría lo que te acabo de decir, que es el pintor icono de la República Dominicana, sin temor a equivocarme. Su forma de combinar los colores, su forma de hacer los gráficos, porque es un grafista, tremendo grafista, para mi es primero grafista y después pintor. Yo me acuerdo en una exposición de historia dominicana, en la Galería de Arte Moderno creo que fue, yo hice un trabajo de la conquista, los españoles, los indios, etc., y Bidó hizo la dominación haitiana. Cuando tu ves ese cuadro, te dices, ¡ese es Bidó!, y es una dominación haitiana, o sea que el tipo sabe trabajar.

FC: Hace un momentito comentaste que a Yoryi Morel el Gobierno no le ayudó, de que no tenía recursos, que casi hasta para comeer necesitaba pintar y vender, ¿crees que los gobiernos deben de ayudar?
HP: Claro que sí hay que apoyar a las academias, a los museos. Hay que hacer bienales, aunque últimamente las bienales se han dedicado sólo a premiar arte contemporáneo de escaso valor, parece que la consigna es “mientras más raro, mejor”.

FC: ¿Qué piensas sobre el arte contemporáneo?
HP: El arte contemporáneo es bueno, cuando es bueno, pero es que no todo esos montajes absurdos son buenos. Hay gente que hace cosas buenas e interesantes, no se puede uno encerrar con etiquetas de que el arte contemporáneo es bueno o es malo, hay de todo.

FC: ¿La mayoría es buena o la mayoría es mala?
HP: La mayoría es mala. Por ejemplo esas vainas que hacen ahora que son como instalaciones, ¿cuál es la trascendencia de eso?, o sea tú pones 40 latas y 40 piedras encima y te dices ¿qué es eso? ¿Cómo vendes eso, dónde lo colocas? Creo que lo más trascendental es la pintura, es más fácil de venderla, más fácil de colgarla, más fácil en todo, todo son ventajas.

FC: Háblame de la inspiración, evidentemente tu tienes mucho trabajo, pero ¿cuándo te llegan las ideas qué haces con ellas?
HP: Las dibujo, hago bocetos, formas para luego trabajarlas en detalle. Muchas veces tengo la vagancia del pintor y se me van, porque quizás no me haya puesto a trabajar de inmediato.

FC: ¿Y no temes que tu trabajo de publicitarias, de caricaturas haga que la gente te etiquete?
HP: Me van a etiquetar como sea, me van a decir eso lo hizo Boquechivo, que ya es el apodo mío. En estos días me sucedió algo gracioso, yo hice un trabajo para las Fuerzas Armadas, un Luperón con su caballo, y un ex secretario dijo: “Pero ven acá este Boquechivo sí jode, ¿fue él quien pintó ese cuadro ahí atrás? ¡Cómo va a ser!”, y le dijeron “Sí, fue él mira la firmita allá abajo”.

FC: De todos los caricaturistas ¿cuál tu crees que sea el mejor?
HP: De los que llegue a ver y vivir está, Miche Medina, que trabajaba en la revista Cachafú. ¿Qué es un caricaturista?, es un representante humorístico de una situación social, un sociólogo grafico, pero tiene que tener humor porque si no, no sirve, entonces ¿qué es la caricatura? Dos cosas, gráfica y concepto, los dominicanos se olvidan del concepto y se enfocan sólo en el dibujito.

FC: ¿Qué crees que sea más importante el mensaje o el dibujito?
HP: Son dos escuelas, en Estados Unidos la revista Max, que es una revista de humor, ahí todo esos ilustradores, y son tremendos dibujantes, y es un éxito esa revista, pero sin embargo, tú agarras un Rius, de España, que el dibujito es un porquería, y es todo un éxito, o sea que depende de muchas cosas y de las circunstancias. En Argentina, ahora, no dominan tanto el dibujo o no le ponen tanta escuela, ni tanta terminación lo hacen muy superficial, pero lo que están diciendo es fuerte y llega.
Por Fernando Casanova/ Harold Priego | Fotos: Ricardo Rojas

FC: ¿O sea que lo importante es el mensaje?
HP: Lo que se recuerda, porque eso es lo relevante, porque después tu no te vas a recordar que los zapaticos estaban bien pintados o no, eso no importa, lo que queda es el residuo conceptual.

FC: ¿En la pintura es lo mismo?
HP: La pintura es un conjunto. Recoge las formas y la aplicación de las técnicas, porque a veces tú sientes que quieres hacer un gran trabajo, por ejemplo, en el realismo, no todo el mundo sabe pintar la carne. Entonces cuando no lo saben, tratan de hacer un supuesto arte moderno y lo que están haciendo es tapando las deficiencias con una serie de cosas por encima, y si se ve agradable, se vende.

FC: ¿Cuándo se considera una obra terminada?
HP: Cuando te satisfaga a ti.

FC: Gracias Harold.
HP: ¡Miriam dámele un mangú con huevos a esta gente tan simpática!




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