De Bienvenidos a la Fiesta. Sin desperdicio.


LUIS DANIEL GONZÁLEZ
domingo, 20 de septiembre de 2009
Pienso que tiene razón Allan Bloom (a quien cito casi literalmente hasta el final) cuando sostiene que hoy, desacreditado el machismo, abundan los moralistas que se han propuesto la tarea positiva de que los hombres sean cariñosos y sensibles —y para eso invaden las escuelas, la psicología popular, la televisión y el cine—, intentando reeducarlos para que acepten los elementos «femeninos» de su naturaleza. Los hombres tienden a soportar esa reeducación con cierta hosquedad, pero aplicadamente, para conservar la paz con sus esposas y amigas y para evitar el oprobio de ser etiquetados como poco sensibles o lo que sea.
Pero este planteamiento termina fracasando porque, en un mundo individualista, no se puede forzar a nadie a ser altruista, y menos aún pueden hacerlo aquellos cuyo altruismo es menor; y porque, sobre todo, la tarea de cuidar a otros y de preocuparse por otros es una virtud y no una «sensibilidad». Aquí conviene recordar que las virtudes controlan a las pasiones, como la templanza controla a la concupiscencia o el valor controla el miedo; y que, aunque se puede desear un antídoto contra el egoísmo natural, los deseos no obran imposibles, por mucho que lo exija el moralismo abstracto. El viejo orden moral, por imperfecto que fuera, al menos apuntaba hacia conseguir virtudes; por el contrario, el moralismo abstracto de hoy condena el arco de medio punto, lo quita, y culpa luego a la calidad de los materiales cuando la estructura se derrumba.
Allan Bloom. El cierre de la mente moderna (The Closing of the American Mind, 1987). Barcelona: Plaza & Janés, 1989; 395 pp.; col. Hombre y Sociedad; prólogos de Saul Bellow y Salvador Giner; trad. de Adolfo Martín; ISBN: 840123008X.

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