lunes, diciembre 1

TAMBIÉN EL DIEZ DE DICIEMBRE

Profesor ROBERTO RÍMOLI publica obra


El texto Drácula suele ser puntual, una investigación pionera en la República Dominicana, acerca de la relación entre el alumnado y las matemáticas, cómo éste las percibe y cómo las integra a su proceso de aprendizaje y a su vida profesional, está circulando en las librerías La Trinitaria e Internacional, además de poder encargarse por internet visitando el homepage del autor: www.rimoli.galeon.com.

La pesquisa se fundamenta en una encuesta aplicada a los estudiantes de psicología del Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC), y pretende dar cuenta de las repercusiones y efectos que produce el cálculo, una asignatura considerada dura, durísima en el rendimiento de los estudiantes de la licenciatura en psicología de ese centro de estudios considerado de Excelencia Académica.

El cálculo no tiene aplicación en la vida diaria en opinión de un 61.4 % de los estudiantes de la carrera de psicología, según revela el estudio hecho por Roberto Rímoli, un esdrújulo investigador que se abre paso rápidamente en el amplio campo de la psicología de la comunicación.

Roberto Rímoli, periodista, grafólogo y psicólogo de carrera y quien ha sido profesor de la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña (UNPHU), Central del Este (UCE), Católica de Santo Domingo (UCSD) y otras-- y quien de paso ha trabajado en casi todas las alternativas de comunicación y se ha desempeñado como Evaluador Clínico en Puerto Rico-- a pesar de residir distante de su país ha demostrado tener grandes preocupaciones por los procesos de calidad en la formación profesional, lo que le motivó a realizar una investigación sobre la realidad de la enseñanza del cálculo universitario. Precisa que para llevar a cabo la investigación se hizo un levantamiento de información de 44 casos de una población de 113 estudiantes de la carrera de psicología del INTEC, a fin de conocer la realidad, beneficios o desventajas de la aplicación del cálculo a la psicología, ya que para poder egresar de esa universidad cada estudiante tiene que enfrentarse a tres matemáticas, de las cuales una es el Cálculo Diferencial y la otra el Cálculo Integral, ciertamente difíciles de roer.

Refiere que, siguiendo un proceso científico, el levantamiento de la información se hizo a través de un cuestionario, lo que facilitó la recolección de datos de manera objetiva.

Entre los resultados de la indagación, por ejemplo, un 50.0% de la población en estudio consideró que el cálculo tiene escasa o ninguna aplicación en el ejercicio de la profesión, mientras un 31.8% se abstuvo de opinar al respecto.

También fueron señaladas dificultades para estudiar matemáticas respecto a la actitud del profesorado al que estiman arrogante, con falta de claridad pedagógica y poca tolerancia.

Drácula suele ser puntual (El cálculo aplicado a la psicología) recoge diferentes aspectos de la experiencia de las matemáticas en el aula universitaria y formula diversas recomendaciones que podrían contribuir al mejoramiento de la enseñanza en esta área.

La presentación de la obra, de 109 páginas atestadas de contundentes y efectivos análisis, tablas y gráficos de pasteles sumamente explicativos y con un lenguaje asequible a todos, en la presentación de la misma a cargo del doctor Onofre de la Rosa, se señala que "la riqueza del estudio reside no sólo en la identificación de un eje de aprendizaje en el que existen niveles de resistencia, dudas y prejuicios, sino esencialmente en procurar respuestas considerando a los principales protagonistas del proceso de enseñanza-aprendizaje."

De la Rosa refiere que "el esfuerzo del profesor Roberto Rímoli es loable y está desarrollado con el debido rigor para dar cuenta de una realidad que el autor vivió en su experiencia universitaria y que ahora analiza para contribuir, como cientista social con una reflexión profunda y provocadora."

Rímoli tiene listo además Addendum sobre trastornos por déficit de atención e Hiperactividad y motivación-aprendizaje en niños (Aproximación a una nueva metodología de análisis), fruto de su intenso batallar con niños con el referido trastorno durante su estadía en el Hato Rey Psychiatric Hospital, obra que él ha catalogado como "un ejercicio y a la vez un trabajo de turno."

Actualmente escribe de manera exclusiva la Columna Retrato sin retoque para el periódico Primicias y labora en el área de salud mental de un hospital psiquiátrico de Nuevo México como Evaluador Clínico.

OPINIÓN LECTORES DE PRIMICIAS
QUISIERA SABER DONDE LOCALIZO AL SR. ROBERTO RIMOLI
Un trabajo bastante bien logrado y sorprendente
William Soto Droz de Ponce (Puerto Rico) ()
Tuve la oportunidad de conocer al autor de este libro, un hombre que en sus tiempos libres casi siempre está en Borders o la Librería La Tertulia. Tuve el placer de recibir la donación de su libro. Conversamos abiertamente sobre el tema, y siempre tiene un desenlace lógico respecto al tema de la Psicología y las Matemáticas. Es sorprendente y escrupuloso en sus enfoques. Creo que el libro DRACULA SUELE SER PUNTUAL nos traza las pautas a la hora de trabajar las estadísticas y nos enseña cómo se hacen los análisis, los cuales por lo general en casi todas las tesis universitarias que he visto, más que nada son sosos y desnutridos en cuanto a elementos de juicio de refiere. Se trata de un tema llevado de la mano como un niño por su autor, donde a veces éste trata de zapatearse pero la maestría y el conocimiento de su autor dominan todo el trayecto. Es un libro técnico y muy diferente a todos los que he visto a lo largo de años.
Un libro que retrata la realidad
José Nieves de Santo Domingo Norte ()
Si, compré el libro Drácula suele ser puntual, de Roberto Rímoli. Lo que él plantea en el mismo es la verdadera realidad. Todos los que confrontamos problemas con los números nos vemos retratados en esta obra. Es un trabajo muy interesante y creo que el único en este híbrido género.
LA ARROGANCIA DE LOS PROFS. DE MATEMATICAS
Allan R. de Santo Domingo, DN ()
El común denominador entre quienes imparten las asignaturas de matemáticas es su TERRIBLE arrogancia. Se sienten seres superiores a los demás. Carecen del más mínimo sentido de la humildad. Don imprescindible para quien ejerce la noble labor de enseñar. Y de la tolerancia NI HABLAR. Carecen completamente de ella. Profesores como Máximo Campusano (de INTEC) son muestras INEQUIVOCAS de lo que he planteado aquí. Y si miento, por favor que me desmientan los demás que hayan pasado por sus manos.

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El Catecismo era una "Diplomatura"

 

Bendito el don de Evaristo Laguna, quien describe con tal fluidez cualquier asunto cotidiano que pareciera vivir de incógnito entre los normales de un pueblo llamado Genil. Me ha causado mucha gracia su comparación del Catecismo como estudios "extraOrdinarios y Pre requisitos" de otros cursos. Me parece estupendo su verbo.

El colegio era un edifico muy pequeño en mitad de un patio inmenso; tres aulas solo; aunque yo inauguré, cursé y clausuré la Cuarta Clase, que abrieron -es un decir- exclusivamente para mí. En aquellas aulas uno cursaba sólo Primera y Segunda Clase. Alguna vez, algún hermano marista de paso, convocaba la Tercera Clase donde se preparaba a algunos alumnos para el curso de Ingreso que daba paso a los años de Bachiller. Eran alumnos aventajados, esporádicos y pocos ciertamente, a los que se aconsejaba seguir estudiando; los demás, tras pasar tres o cuatro años aprendiendo lo que asimilaran sus cabezas, a trabajar, que el sistema ni alimentaba ni permitía ociosos ni vagos.
En la Primera Clase se aprendía a leer y a escribir, se memorizaba el Catecismo y te preparaban para la Primera Comunión, que era como una diplomatura. Se entraba con seis años cumplidos, pero no se sabía bien cuando uno iba a promocionar. Había niños allí de toda condición y de todas las edades, desde los que aún se meaban en los calzones a los que ya se afeitaban el bozo. Enseguida sabrás por qué me acuerdo ahora de estas cosas y porque que me ha venido la imagen del hermano Benito con la botella de tinta rellenando con tacañería los tinteros de porcelana incrustados en agujeros en las bancas. Recuerdo también a los mayores migando la plumilla, guarreando las planas. Me entusiasmaba la idea de hacer lo mismo, de usar aquella técnica tan atractiva. Pero pasaron largos días de lápiz y palotes, ondas, olas y rayas con la promesa de que, cuando supiera escribir bien con el lapicero, vendría la tinta, china, por cierto. Nunca llegó. Por aquellos días empezaba a popularizarse los bolígrafos, aunque todavía eran muy raros y caros. El hermano Benito convenció a mi madre para que me consiguiera uno, mi caligrafía era tan buena, decía, que merecía la pena el esfuerzo económico (diez pesetas costó). Fui el primer niño con bolígrafo, con todo lo que eso significaba (envidias, peticiones constantes de préstamo, intentos continuos de robo, robo y rescate...). Eran llamativas mis planas, ejemplares y expuestas en el tablón como modelo de la cursiva británica y, sobre todo, por la limpieza y pulcritud: "Orellana navegó el Amazonas", "Hernán Cortés conquistó el Perú", cosas así escribía doce veces por cuartilla. Sobresaliente en caligrafía, siempre.
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SOLEA DEL AMOR DESPRENDIO


Mira si soy desprendío
que ayer, al pasar el puente,
tiré tu cariño al río.

Y tú bien sabes por qué
tiré tu cariño al río:
porque era hebilla de esparto
de un cinturón de cuchillos;
porque era anillo de barro
mal tasao y mal vendío,

y porque era flor sin alma
de un abril en compromiso,
que puso, en zarzas y espinas,
un fingimiento de lirios.

Tiré tu cariño al río,
porque era una planta amarga
dentro de mi huerto lírico.

Nació en Granada el 1 de diciembre de 1922 en pleno corazón del barrio del Albayzín, en la placeta del Salvador a la que tantas veces recitará y en el seno de una familia muy religiosa. Pasó los primeros años de su infancia entre la colegiata albaicinera donde su tío Manuel Benítez Martínez era el coadjutor, la ermita de San Miguel Alto donde su padre ejercía de carpintero y vivía con su familia y las escuelas del Ave María, donde, como él mismo decía, aprendió las primeras letras. Así, dada la ubicación de su cuna no es de extrañar que el poeta haya traducido desde sus primeros escritos la belleza de Granada que sus ojos contemplaban desde los altos del cerro del Aceituno y por los requiebros de las callejuelas de su Albayzín natal.

Manuel Benítez Carrasco inició su carrera literaria colaborando en la revista poética "Colección Vientos del Sur". Muy joven, en 1943, obtuvo su primer premio de relevancia, el Premio Nacional de Teatro de Escuadra con la obra "Luz de Amanecer", comenzando desde este momento una trayectoria literaria jalonada de galardones. En 1947 marcha a Madrid. donde despliega una gran actividad literaria y escénica y desde 1955 su figura es totalmente inseparable de Hispanoamérica: viaja a Cuba y en la isla caribeña permanece durante todo un año. A partir de este momento la figura de Manuel Benítez Carrasco es totalmente inseparable de hispano américa. Argentina, Chile, Uruguay, Perú, Colombia, Ecuador, Puerto Rico, Estados Unidos y muy especialmente con México, donde pasa gran parte de su vida.

En 1998 fue nombrado hijo predilecto de la ciudad de Granada, año en que también se le dedicó una importante avenida en el barrio de la Oliva en Sevilla. (Publicado originalmente en EL IDEAL de Granada.
Aquí va el poema completo:


Soleá del amor desprendío
de Manuel Benítez Carrasco


Mira si soy desprendío
que ayer, al pasar el puente,
tiré tu cariño al río.

Y tú bien sabes por qué
tiré tu cariño al río:
porque era hebilla de esparto
de un cinturón de cuchillos;
porque era anillo de barro
mal tasao y mal vendío,

y porque era flor sin alma
de un abril en compromiso,
que puso, en zarzas y espinas,
un fingimiento de lirios.

Tiré tu cariño al río,
porque era una planta amarga
dentro de mi huerto lírico.

Tiré tu cariño al agua,
porque era una mancha negra
sobre mi fachada blanca.

Tiré tu cariño al río
porque era mala cizaña
quitando savia a mi trigo;

y tiré todo tu amor,
porque era muerte en mi carne
y era agonía en mi voz.

Tú fuiste flor de verano,
sol de un beso, luz de un día;
yo te cuidaba en mi mano,
y en mi mano te acunaba,
y tu, por pagarme, herías
la mano que te cuidaba.

Pero al hacerlo, olvidabas
(tal vez por ingenuidad),
que te di mis sentimientos
no por tus merecimientos
sino por mi voluntad.

Yo no puse en compraventa
mi corazón encendío;
y has de tener muy en cuenta

que mi cariño no fue
ni comprao ni vendío,
sino que lo regalé.

Porque yo soy desprendío;
por eso te dí mi rosa
sin habérmela pedío.

Porque yo soy desprendío
y doy las cosas sin ver
si se las han merecío.

Por eso te di mi vela,
te di el vino de mi jarro,
las llaves de mi cancela
y el látigo de mi carro.

Ya ves si soy desprendío
que ayer, al pasar el puente,
tiré tu cariño al río.

Una boca pálida, por Farah Hallal

Una mano sangrante se me funde en el pecho. La perfección del pétalo tiene este charco de sangre. Una  boca muere gozosa y poseída, ...