domingo, junio 19

Presentación en Santo Domingo de la novela "El gran ginecólogo de la Patagonia" de Mónica Volonteri


Diseño: Julieta Sánchez. Ilustración: Milena Ferder Volonteri

Mónica Volonteri nació en la Patagonia, Argentina, en 1964, y ahora vive en el Caribe, República Dominicana. Entre un sitio y otro habitó en Buenos Aires y Nueva York. Fue seleccionada en la Bienal de Arte Joven del 89 en el renglón poesía. Al inicio de los 90 fue discípula de Néstor Sánchez.
Su primera novela, titulada Su ahora viuda (crimen y premio), la escribió mientras participaba en los talleres literarios de Sánchez. En este —se podría decir género— publicó dos trabajos más: Sandro (una historia clínica), editorial Isla Negra y Quisiera ser un pez, Ediciones Bangó. Tiene dos libros de cuentos: Las increíbles visiones del mosquito fisgón y Álbum de familia. Se ha atrevido a la poesía con Máximogomezbajando.
Como amante enloquecida del teatro ha escrito varias piezas que se llevaron a escena, entre las que se cuentan: Tragedia para tres y un observador, Ruleta rusa y La guerra me tiene harto. Ese mismo amor le proporcionó una larga trayectoria como crítica de teatro. Sus trabajos aparecieron en los principales diarios dominicanos y en la revista cubana Conjunto, de Casa de las Américas. Además, fundó con Claudio Rivera la revista El monstruo del entremés, publicación dedicada a las artes escénicas.
En la actualidad se desempeña como encargada de Literatura infantil y juvenil en SM Dominicana y diseña y coordina en la misma institución el programa Creadores en las aulas.
LA COMARCA LIBROS


Las hijas de Mónica: Preciosas y solidarias♥


La autora Mónica Volonteri lee fragmentos de su novela.


Sólo pude captar el perfil del gran Pedro Antonio Valdez



 
El gran escritor y poeta Tony Raful y su esposa Grace

Dr. Manuel García Cartagena, presentó la novela en Argentina y en Santo Domingo. Aquí en el link de su blog:

https://manuelgarciacartagena.com/2016/05/03/monica-volonteri-y-la-resignificacion-de-la-resignacion/

Poeta Frank Báez, una forma fresca y novedosa de comentar: sin ínfulas pero
con conocimiento de causa. Invitó a leer la novela por su calidad y originalidad.

Novela: El Gran Ginecólogo de la Patagonia
Autora: Mónica Volonteri
Editorial: La Comarca Libros
Páginas: 102
Impreso en Buenos Aires

jueves, junio 9

Memorial de Lídice LOS NIÑOS PERDIDOS DE LIDICE






Para Jonathan Alwars
que me enseñó el camino de Lidice

¿Qué podemos hacer frente al delirio?
¿Caminar por las sombras buscando la esperanza,
los cuadernos bañados de lágrimas y ausencias,
el país de la nieve y de la bruma,
las pisadas del frío?
¿Qué decir de la muerte si tiene ojos de niño?
Cuando los niños mueren,
mueren todas las cosas,
el agua y los colores se oscurecen,
y se agolpa en el pecho y en la herida
la terrible cadencia del columpio vacío,
el tintero de sangre del pupitre vacío,
el secante de lágrimas de las cuencas vacías.
Si mañana florecen el limón y la espiga
y brotan por el mundo los rosales de Lidice,
¿a quién entregaremos el dibujo y la espada?
¿quién pondrá risas sobre el alfabeto?
¿quién va a acallar los gritos de la casa?
¿quién va a dejar dormirse los tambores del bosque?
¿quién llevará juguetes a la tumba aterida?
Nacerá de los cuerpos gaseados,
y vendrá de la brasa y de la ira.
¿Por qué cuando murieron,
la poesía no murió con ellos?
Estela de la luz frente al olvido,
hay sal en las rodillas de los niños,
y sal hay en las trenzas de las niñas,
para llevar,
del amor al puñal, a la poesía.
Si nosotros no fuimos,
¿quién firmó entonces las consignas del crimen?
¿quién no detuvo a tiempo la mano y la ignominia?
¿A cuántos Heydrich es preciso matar,
para vengar cada lirio de Lidice?

NACHO GONZÁLEZ

https://www.facebook.com/nacho.gonzalez.524934?fref=ts

domingo, abril 24

JUEGO DE NAIPES



Todos teníamos adentro
el sol
la sombra

un sol distinto para cada uno
una sombra idéntica

todos teníamos razón
cartas que dar que recibir
la mesa no era grande
la casa era de todo

Señales de vida, poemas 1948/1961

Raúl Gustavo Aguirre. Argentina 1927

ELLA VINO




Ella vino y tras ella
vino todo el dolor
luciérnagas y ruinas
sálvame dijo existe
mi secreto es grave
en mi cuerpo hay amor

viña de madrugada
corales del olvido
en sus ojos temibles
su cuello azul como el fondo del mar.

Señales de vida, poemas 1949/1961
Raúl Gustavo Aguirre, Argentina 1927

miércoles, diciembre 16

Miguel Ángel Fornerín en Mediaisla hace homenaje a Pedro Peix

PEDRO PEIX [mediaisla] El lugar que ocupa Pedro Peix en la literatura dominicana es controvertible y provocará muchas discusiones. La grandeza de su obra está en la búsqueda constante de formas para hacer que su arte fuera admirable. Tres cuentos puedo seleccionar de Peix, “Pormenores de una servidumbre”,  “Los hitos” y “Los muchachos del Memphis”; “Los muchachos del Memphis” es un cuento que plantea la presencia de un discurso en que aparece la juventud capitalina, en una actividad lúdica no intervenida por la lucha política, pero con la presencia de una metáfora de la historia contemporánea. MIGUEL ÁNGEL FORNERÍN



Los muchachos del Memphis

Polanco, el Ciguapo, primera base

Estábamos jugando pelota frente al mar cuando de pronto vimos un barco entrando en tierra, enfilando hacia nosotros como un fantasma monumental y gris. Yo, que corro igual de espalda que de frente, me quedé con el madero al hombro, boquiabierto, sin sentir siquiera el pelotazo en la cabeza. El barco venía por encima de las aguas y casi lo vimos deslizarse hasta el campo de juego. Nadie corrió ni se movio de su posición. A lo lejos el mar estaba poblándose de náufragos, mientras nosotros permanecíamos con los guantes en las manos, buscando otro cielo donde jugar.

Cansen, el Niño Manco, jardinero central

Había sido su idea, o más bien su audacia la que nos impulsó a ir todas las noches al Memphis, encallado a cien pies de la costa. Para no llegar a nuestras casas todos mojados, nos desnudábamos y guardábamos la ropa entre las piedras de los acantilados. Nos íbamos a nado, de tres en fondo, susurrando nuestros nombres a cada brazada. Adelante iba el Niño Manco, nadando con su único brazo, haciendo espumas con su muñón, más velos que todos nosotros en el agua y en el terreno. Él decía que un tiburón, pero todos sabíamos que había perdido el brazo en las muelas de un trapiche. Aun así era el cuarto bate y el capitán del equipo. Los infantes de marina le habían enseñado a jugar béisbol en el patio de la Fortaleza Ozama. Los conocía bien y entendía su idioma. Quizás por eso fue el único que no se alarmó la primera noche que nos aventuramos en el Memphis, cuando vimos flotando a nuestro lado el antebrazo de un marino, tatuado con un ancla enorme y morada. El antebrazo iba en dirección contraria a la nuestra y se esforzaba por llegar a la costa: “Ese es McKenzie Blue… no lo toquen –dijo el Niño-… Vive en el horizonte”.

Ravelo, la Plaga, tercera base

Desde el sarampión hasta las paperas, incluyendo los dolores de muelas y los catarros, todas las enfermedades nos las había transmitido sin contemplaciones y con la misma intensidad y virulencia con que él mismo las había sufrido. Nadie quería caminar a su lado ni pasar por su calle, pero desgraciadamente casi todos vivíamos en un mismo barrio, y a cada vuelta de esquina nos topábamos con sus erupciones, su flema y su fiebre. No hubo manera de expulsarlo del equipo: cuando jugábamos sin él, alguno de nosotros se rompía una pierna o un brazo, o se perdía nuestra única pelota o caía un aguacero que nos enlodaba hasta los sueños: “Que venga el azaroso ése de Ravelo”, decíamos, y volvía a salir el sol. Al principio nadie quería llevarlo al Memphis, pero un buen día se presentó afirmando que había ido solo y que había visto una sirena en los camarotes.

Tancredo Rondón, el Ñoño, jardinero izquierdo

La verdad era que está muy nervioso. Mi papá acababa de comprar un Ford-T, último modelo, 1916, y había decidido llevarme al farallón para iluminar con los faroles el lugar del siniestro. Había muchos carros estacionados en la playa incluso por los acantilados, proyectando sus luces hacia el barco en busca de algún náufrago o sobreviviente. Todavía una semana después de haberse varado el Memphis, mi papá seguía prestando sus luces a la tragedia. Los primeros días yo creía que él estaba realmente condolido con la desaparición de más de cuarenta marinos, pero una noche oí a mamá decirle que estaba bueno de exhibir el carrito, que ya todo el mundo lo había visto y sabía que era el primer Ford-T que rodaba por las calles de Santo Domingo. No eran sin embargo las jornadas de rescate lo que me preocupaba, sino el temor de que fueran a sorprender a los muchachos yendo del Memphis, en unos abordajes impúdicos y vandálicos de los cuales yo también era cómplice.

Mustafá Rancel, el Turco Midas, paracorto

La tentación del saqueo salió de él, no había duda, aunque lo llamara “sobras de Rey”, fue Mustafá Rancel el que nos propuso que nos lleváramos todo lo humanamente transportable del barco: “Hasta la chatarra se vende”, nos dijo, mirando con avidez el inmenso casco cuarteado del Memphis. Para empezar abrió baúles y maletas abandonados, seleccionó uniformes y polainas, y nos sugirió que recogiéramos todos los chalecos salvavidas que encontráramos en el crucero de guerra: “Cualquier descamisado los comprará”, aventuró a decir, presumiendo que los chalecos salvavidas eran más prácticos y duraderos que cualquier vestimenta convencional. Luego se le ocurrió desmantelar todos los camarotes, eligiendo las mejores sábanas y colchones para venderlos en los hoteles chinos. No satisfecho entró en la cabina de proa y se apropió del telégrafo, el cual cambio por dos bates y seis guantes de béisbol. Después lo vimos cargando las herramientas de avería, apuntando y borrando en el libro de bitácora cálculos insospechados. Finalmente, cuando le mostramos un pesado vargueño donde había varias banderas norteamericanas, nos dijo, casi desdeñando la mercancía: “Enróllenlas… las venderemos como alfombras”.

Lupo Navarro, el Soñador, lanzador

A nuestro barrio le llamaban El Mondongo, quizás porque se había formado al lado del El Matadero, cerca del terreno donde jugábamos pelota. Nuestros padres eran carniceros, matarifes, desolladores, traficantes de vísceras y despojos. No todos, porque había dos o tres del equipo que vivían en la avenida Independencia. Eran los riquitos del grupo. Sus papás tenían carros, casas con balcones, jardines que llegaban hasta el mar, y no cagaban en letrina sino en inodoros portátiles, que, según ellos, se los habían comprado a los infantes de marina. No era un secreto para nadie que los niños de familia jamás pasaban por El Matadero. Si venían a jugar pelota con nosotros era porque se escapaban de sus estancias. Después la tentación de la sirena fue más grande que cualquier castigo. Ella era todavía para nosotros un limbo de placeres, un musgo ajeno a la ciudad. Sólo la oímos cantar, pero no sabíamos de dónde venía su voz que parecía escondida en el silencio del Memphis. Cantaba como si estuviera enamorada, sin música, a capella con el oleaje. Nosotros recorríamos el barco de punta a punta sin encontrarla: buceábamos desperdigados por los arrecifes, buscando su nombre en los labios de los ahogados; organizábamos serenatas de mar y le preguntábamos a los pájaros si ella había donado su cuerpo al resplandor. Sólo para honrarla, educamos una multitud de peces en nuestras manos, y aunque la presentíamos comprometida en la oscuridad, aguardábamos a que subiera con la mañana. Una tarde le escribí un largo poema en la arena, pero una bandada de golondrinas lo alzó en su vuelo.

Celso Pumarol, el Guayo, segunda base

Pedro Peix muchachosYa lo habíamos vendido casi todo, “a domicilio y sin regateo”, tal como nos lo había ordenado Mustafá Rangel; hasta teníamos una flotilla de botes salvavidas para alquilarlos en las mañanas y llevar a algunos curiosos hasta el Memphis. Pero al caer la tarde los sacábamos de servicio porque la noche se había convertido para nosotros en un reducto privado, en un solar flotante donde sólo había espacio para el amor. Aunque Ravelo, la Plaga, sostenía que él había sido el único en ver a la sirena, lo cierto fue que un sereno de la Capitanía del Puerto terminó siendo el primero en presentárnosla. Aquella noche, abriendo y cerrando escotillas, nos condujo hasta donde nunca habíamos llegado, hasta el rocalloso corazón del Memphis. Nos la enseñó tendida sobre los corales y los sargazos que habían penetrado en el fondo del casco. Estaba desnuda y sonriente, y su piel parecía lavada por el limo de muchos insomnios. Casi sin darnos cuenta, Ponciano nos incitó a poseerla de uno en uno y cuantas veces quisiéramos. Esa noche yo fui el primero en desdoblar su fragancia y el último en abandonarla.

Negro Benítez, el Plebe, jardinero derecho

“¿Cuándo es que va a zozó-zozobrar la vaina ésta?”, solía siempre tartamudear el Negro Benítez. Era el único que le irritaba la figura espectral del Memphis. Podía decirse que lo odiaba desde el primer día que lo había visto en el terreno de juego. Y no sólo al Memphis sino también a toda la tripulación que había sobrevivido. Todos nos hicimos de la vista gorda el día que lo vimos desnudando el cadáver de un marino. Fue la primera noche que exploramos el Memphis, cuando todavía la gente trataba de rescatar a los infantes de marina. Luego de despojarlo de la ropa, empezó a patearlo y a abofetearlo, farfullando: “Nonó nosotros tenemos que salvarlos… mienmién-mientras ustedes vienen a jodernos”. Por eso, tal vez, era el que con menos frecuencia subía al barco; la noche que conocimos a la sirena, fue el único que la repudió antes de tocarla: “A esta la conozco yo –exclamó con sorna-. Es una puta de El Matadero… y está momó-mojada de vicio”.

Benjamín Ogando, la Guinea, receptor

Después de varias semanas de haber guardado en secreto el hallazgo de nuestra sirena, Ponciano, el sereno de la Capitanía del Puerto, empezó a subir a bordo a los muchachos de otros barrios: “Las sirenas como los tesoros –nos dijo-, hay que compartirlos”. Pero nosotros no estábamos conformes, porque ya no sólo pasábamos noches enteras haciendo fila en la cubierta, sino que, cuando nos llegaba el turno, había que pagarle a Ponciano cinco centavos para ver a la sirena y diez para acostarse con ella. Ahora la contemplábamos más resuelta y carnal, aun desnuda pero cubiertos los senos con un chaleco salvavidas, rendida sobre una lona de campamento, fumando cigarrillos Lucky Strike. Más tarde nos fue imposible volver a verla, ni siquiera de lejos, porque ya los adultos que trabajaban en las inmediaciones del Puerto también habían fila para conocerla. Cuando Ponciano subió la tarifa “aceptando sólo dólares”, los infantes de marina, que ya habían invadido la ciudad y todo el país, desplazaron a los criollos de su lasciva curiosidad. Fue una noche de navidad cuando nos enteramos de que la sirena había aparecido muerta en los arrecifes. Ponciano fue el primero en decírmelo, quizás porque soy el más viejo del grupo. Yo les transmití la noticia inmediatamente a los muchachos. Esa noche fuimos todos juntos a los arrecifes. Más que el cadáver, una de las cosas que recordamos cuando vimos la silueta de la sirena embalsamada en su lecho de corales, fue el comentario que hizo el Negro Benítez, quien por primera vez en su vida dejó de ser plebe: “Mumú-murió en sus aguas… de por sí… ¿nonó-no decían ustedes que era una sirena?”.

Lepe Lizardo, la Flecha, taponero

Pedro Peix muchachos 3Realmente ya estábamos por devolvernos, cuando vimos de pronto, en medio de la noche, el antebrazo de aquel marino nadando ahora mar adentro: “¡Ése es McKenzie Blue!”, exclamamos todos. A pesar del oleaje, el antebrazo esquivó los arrecifes, palpitando entre la lluvia, emergiendo más musculoso y ágil que nunca, enorme y brillante, mostrando en cada brazada el tatuaje, con nuestra sirena aferrada a su ancla.

Camarena Son, el Bayby, entrenador

El Memphis pasó veinte años varado en el mar. Nunca terminó de hundirse ni nadie se ocupó de desencallarlo; ni siquiera el día que se fueron los infantes de marina se molestaron en removerlo. La gente que pasaba por el malecón lo veía emproado y desnudo como un negro cascarón semoviente. Muchos lo contemplaban con indiferencia, otros con desprecio, incluso algunos con indignación y asco, sobre todo los que ya sabían que el Memphis, con el paso de los años, se había convertido en una madriguera de rateros, en un escondrijo de chulos y proxenetas que se daban cita en la madrugada para violar y pervertir menores, para repartir la mercancía robada, para secuestra y torturar a los adversarios del régimen: “En el Memphis sentó residencia la escoria”, fue lo último que oí a mis espaldas.

Salcedo de Jesús, Zicote, cargabates

Cada día más un olor envenenado, sulfuroso, nauseabundo invada al Memphis. Las ratas cruzan por las bordas desvencijadas, por la sala de calderas, por el cuarto de máquinas, bajan y suben por las escotillas. En noches de luna llena se ilumina la nueva podredumbre de sus inquilinos: mendigos dementes, soplones y calieses de tugurios, riferas crapulosas y prostitutas fétidas que aguardan su turno para abortar antes del amanecer: “¡El Memphis es una cloaca seca por donde se arrastran los delincuentes más sádicos y depravados, el hampa de la ciudad!”… Así nos llaman ahora, hace mucho tiempo ya, antes que asaltaran nuestro cielo, cuando éramos muchachos y jugábamos pelota frente al mar. (Cuentos premiados de Casa de Teatro, 1986)

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PEDRO PEIX (Santo Domingo, RD, 1952-2015) Narrador, obtuvo importantes premios y menciones honoríficas en los concursos de cuento de Casa de Teatro; también, el Premio Nacional de Cuentos en 1977. Entre sus títulos sobresalen Las locas de la Plaza de los Almendros (1978), La narrativa yugulada (1981), Los despojos del cóndor (1985), Pormenores de una servidumbre (1985), El amor es el placer de la maldad (2006).-

http://mediaisla.net/revista/2015/12/los-muchachos-del-memphis/

domingo, diciembre 13

HOMENAJE A PEDRO FERNÁNDEZ PEIX PELLERANO, PEDRO PEIX

"A Tony Raful Tejada y a los parias Andrés L. Mateo y Carlos Sangiovanni

"Cuando muera, lleven mi cadáver
a la cima donde se talla el dosel del viento,
y desde allí, empújenlo con fuerza
para que ruede nuevamente hacia la vida".

Dedicatoria de Pedro Peix en LA NOCHE DE LOS BUZONES BLANCOS


El escritor y narrador dominicano Pedro Fernández Peix falleció la mañana de este sábado. La familia aún no ha ofrecido detalles de las circunstancias en que murió el intelectual.

Pedro Fernández Peix formó parte de la llamada nueva narrativa dominicana, que integraron escritores de la generación posterior a 1965. Fue muy activo en los debates intelectuales, y trabajó en diversos genero, incluyendo la novela, el cuento y la poesía, en los que se destacó.

Su biografía y bibliografía

Nació en Santo Domingo el 20 de marzo de 1952. Cuentista, novelista y poeta. Se graduó de Licenciado en 1976 en la Universidad  Nacional Pedro Henríquez Ureña. En 1982 se desempeñó como director interino de la Biblioteca Nacional y, posteriormente, como subdirector de cultura de la Secretaría de Estado de Educación. Fue columnista del periódico Listín Diario. Ha recibido varios galardones en el concurso de cuentos de Casa de Teatro, entre ellos: segundo lugar con “La despedida” (1977), mención de honor con “Responso para un cadáver sin flores” (1978), segundo lugar con “Los hitos” (1979) y el primer lugar con “La quimera de la muerte” en  1992.

También obtuvo el Premio Nacional de Cuentos en 1977, con el libro “Las locas de la Plaza de los Almendros”. En 1981 publicó la antología de cuentos dominicanos “La narrativa yugulada”, considerada uno de los compendios más completos del género en el país. Articulista polémico, y al final se dedicó a escribir  una columna que circulaba fotocopiada por diversos puntos de la ciudad. La indiscutible calidad de su estilo lo convirtió en uno de los principales cuentistas dominicanos de las últimas décadas.

También publicó los libros “El placer está en el último piso” (novela, 1974); “Las locas de la Plaza de los Almendros” (cuentos, 1978); “La noche de los buzones blancos”, (cuentos, 1980); “El brigadier o la fábula del lobo y el sargento”, (novela, 1981); “Los despojos del cóndor” (novela, 1985); “Pormenores de una servidumbre” (cuento, 1985); “El parnaso de la memoria” (poesía, 1985); “La narrativa yugulada” (antología, 1981).

Fernando Ureña Rib, pintor e intelectual fallecido, escribió sobre la narrativa de Pedro Fernández Peix lo siguiente:

La escritura de Pedro Peix se inscribe (con las dificultades y riesgos propios de cualquier clasificación) dentro de lo que ha sido llamado la “nueva narrativa latinoamericana”.

Sin embargo, la diversidad de influencias asimiladas, rumiadas y regurgitadas en las páginas de Pedro Peix, si bien no son mínimas, son cuidadosamente entretejidas y artesonadas en la estructura y el desarrollo de sus obras, como si se tratara del delgado hilo de un recuerdo, o de un sueño donde se mezclan lo plausible y lo inimaginable.

Las obras de Peix, generalmente relatos, poseen lo que podríamos llamar dinámica del asombro. Esa dinámica que es la fuerza secreta tras la narrativa de Pedro Peix, quien subyuga al lector con rebeldías, sutilezas eróticas y los discretos encantos de un intelecto que inyecta e insufla todo lo que toca con una sabia dosis de sensualidad y de ironía.

Sensualidad asumida dentro de una cierta fatalidad inexorable, al borde mismo de un precipicio de locura o de miedo, de militares que aparecen de pronto en busca del guerrillero amante, en iguales y superlativos grados, de su mujer y de su patria.

El fin trágico es con frecuencia un elemento de choque, donde el verdadero protagonista es un destino subversivo que atrapa irremisiblemente a los personajes y no les da respiro hasta que huyen o mueren en una sociedad cruel e injusta. Lo que permanece en la obra de Peix es lo auténtico y rico de sus relatos que tratan con profundidad el tema de las relaciones del hombre solitario en una sociedad moldeada al gusto de unos cuantos.

En 2012, al recibir el premio Caonabo de Oro, Pedro Peix recibió un homenaje, en el que Andrés L. Mateo, su amigo, dijo las siguiente semblanza:

Palabras leídas por Andrés L. Mateo en la entrega del Premio “Caonabo de oro”

Me resulta muy agradable presentar esta brevísima semblanza del escritor Pedro Peix. Primero por la gran amistad que hace ya muchos años nos une, y segundo por una afinidad espiritual que hemos compartido en numerosas ocasiones hablando de nuestra pasión común: la literatura.

Pedro Peix es un escritor de una ya larga producción creativa, que incluye libros de poesía como “El paraíso de la memoria”; libros de cuentos como “Las locas de la plaza de los almendros”, “La noche de los buzones blancos”, “Pormenores de una servidumbre”, “Los despojos del cóndor”, “El fantasma de la calle El Conde”,  “El amor es el placer de la maldad”, etc.  Y novelas como “El placer está en el último piso”, “El brigadier o la fábula del Lobo y el sargento”, “El clan de los bólidos pesados”;   así como su estudio “La narrativa yugulada”; y muchos otros cuentos y novelas, premiados incluso y no publicados, como su novela “La tumbadora”, o “Contracanto para insurgentes y retadores “.

Estamos hablando, pues, de un escritor consagrado, de un sólido nombre de la literatura dominicana contemporánea, cuya obra ha trascendido nuestra frontera. Y quisiera señalar un aspecto que es necesario aclarar en la literatura dominicana contemporánea: Pedro Peix no es solo un gran escritor por la calidad de su prosa, el magnetismo de su ritmo narrativo, su dominio de la lengua, y esa capacidad asombrosa de construir mundos imaginarios; sino también por que él encarna el narrador dominicano de los últimos años cuyas propuestas formales significan una transformación de la práctica de la escritura. Nadie como él ha arriesgado con éxito tantos planos formales en la narrativa, y es por ello que su influencia se despliega potente entre muchos otros escritores.

Hace ya poco más de treinta años, yo tuve la suerte de escribir un prólogo para su libro de cuentos “Las locas de la plaza de los almendros”. Yo conozco sus pasiones por la literatura, sé de su amplia cultura y de su conocimiento de la literatura universal, son muchos los que se sorprenderían del número de libros de su biblioteca y de su pasión por la lectura;  pero sobre todo su perfil de escritor y de intelectual dedicado, como  signo emblemático de su vida. A quien la Asociación Dominicana de Periodista y Escritores reconoce  hoy es a un verdadero intelectual, a un escritor de estirpe, a una figura imprescindible de la literatura nacional: al escritor Pedro Peix.

El siguiente es un cuento de Pedro Peix

EL FANTASMA DE LA CALLE EL CONDE


Un lunes por la tarde vieron a un hombre con armadura por la calle ‘El Conde’, con el yelmo cerrado, arrastrando un pesado baúl y espada en mano, y luego lo sintieron subir por las escaleras de un alto edificio y encerrarse de un sólo portazo en su habitación.

Esa noche lo vieron con un traje de novia bajo el brazo, recorriendo la calle de “Las Damas”, tocando puertas y rompiendo cristales, hollando paredes con su mazo de justas, excavando patios y cimientos, derrumbando piedra por piedra cornisas y balcones en busca de la única mujer que lo había amado y que lo había esperado durante 500 años para casarse.

Ya sonámbulo, lo vieron en la madrugada deambulando por el patio de la Fortaleza y subir a la Torre y hurgar en cada celda con una vela temblorosa en la mano y una espada gris en la otra, estocando la noche.

El martes, ya bien entrada la mañana, casi todo el mundo lo vio atravesar el Parque y lanzar improperios frente a la estatua del Almirante Cristóbal Colón, y luego lo oyeron mascullar una blasfemia innombrable cuando contempló su mausoleo en la Catedral.

Atravesaba las calles a grandes zancadas, con una serenidad temeraria, impertérrito a las bocinas de los carros, sordo a los pregones de los venduteros de dólares y de los predicadores bíblicos, desdeñoso de los letreros foráneos y las siglas impersonales que aparecían en las fachadas, completamente ajeno a la multitud que lo seguía a cierta distancia y ahora a lo largo de todo el malecón, oyéndolo despotricar contra los hoteles, los turistas, los carteles políticos y contra las mujeres sin pundonor que encontraba a su paso.

Así, arrojando imprecaciones y esputos, llegó al Castillo de San Jerónimo, y al encontrar solamente sus escombros, empezó a golpear las piedras mohosas con su guantelete, encolerizado al comprobar que otro imperio había tomado la ciudad.

Entonces, desquiciado y fúrico, viendo en lontananza galeones con enseñas desconocidas, y desconsolado porque jamás volvería a encontrar a su novia, invocó el nombre de una morgana hambreada para que le consiguiera un corcel y nuevas armas de honores y torneos.

Sólo tuvo que esperar segundos para verse montado en potro de caballero, y lanza en ristre arremeter contra los altos y desnudos postes de concreto armado que servían de tendido al alumbrado eléctrico, vociferando obcecadamente que esos eran los enemigos de la ciudad.

Después de lancear cuatro o cinco columnas, se derrumbó con un estruendo metálico y polvoriento, cayendo de bruces al asfalto con todo y rocín. Inmediatamente lo rodearon, le quitaron el yelmo y la armadura, pero no encontraron su cuerpo.

No lo pensaron dos veces para ir a su habitación de la calle “El Conde #15”. Forzaron la puerta de su domicilio aparente, y vieron sobre una mesa de caoba sus borrosas credenciales: Generoso Balmoral, contrabandista de rocíos en tierras de ultramar. Al lado de varios planos y cartografías, encontraron y leyeron las cartas de amor que se había intercambiado con su novia a lo largo de cinco siglos. En la primera, fechada en 1498, ella le exponía la codicia y los desafueros de los colonizadores, y en la última, fechada en 1987, le confiaba el acoso sórdido que seguía manteniéndole el imbatible Caballero de La Moneda.

Fue debajo de la mesa que encontraron el pesado baúl. Sólo después de una hora, arrancando cadenas y desportillando cerrojos, lograron levantar la tapa y hallaron en el fondo, una isla recién cortada y de engendrada pureza, fragante de silbos. Pensaron que ese era el regalo nupcial que traía el hombre de la armadura. Pero, decepcionado al no encontrar vellocinos ni joyas ni talegos, decidieron arrojar el baúl al mar.

De repente, antes de dar media vuelta, escucharon la voz de la novia que parecía venir de su osario de musgo: “Ahora estoy cubierta por los despojos de una estirpe indeseable, sepultada por los héroes de la usura, conjurada en mis idilios por los cofres negros del poder, tiranizada en mis sueños por haber trasegado a mi pecho la púrpura armada de aquella foresta aladina que no pudo pulir sus venablos, aún embebida de la dote de mis banderas y corales, ya baldada de tantas gestas, desahuciada en mis limos profundos”.

Nadie volvió a ver jamás al hombre de la armadura. Pero todos comprendieron que ella, su novia, era la ciudad.

http://acento.com.do/2015/actualidad/8307878-fallecio-en-la-manana-de-este-sabado-el-escritor-e-intelectual-pedro-fernandez-peix/


Muere de infarto escritor Pedro Peix

Por: EFE: diciembre 12, 2015

Santo Domingo, 12 dic (EFE).- El escritor dominicano Pedro Peix murió este sábado a causa de un infarto cardíaco, según informaron fuentes cercanas al novelista y articulista.

“La vida es un mar que arroja sorpresas encantadoras, y también, desdichadamente, desagradables noticias. No bien acababa de traspasar el umbral de la Cafetera, cuando me notifican la muerte fulminante de un ataque al corazón, de mi compadre, amigo y hermano, el gran intelectual y escritor dominicano de alto vuelo literario Pedro Peix Pelleran”, escribió en la red social Facebook Carlos Sangiovanni, uno de los amigos del escritor.

El allegado agregó, que Peix fue el “último de los escritores nihilistas de verbo combativo y aguerrido. Intelectual que nunca dio su brazo a torcer en defensa de sus ideas. Ganador de numerosos premios y reconocimientos por su fecunda obra intelectual, le sorprende la inmisericorde Guadaña. Paz a sus restos, el parnaso esta de luto!”.

El escritor obtuvo el Premio Nacional de Cuentos en 1977, con el libro “Las locas de la Plaza de los Almendros”. En 1981 publicó la antología de cuentos dominicanos. “La narrativa yugulada”, considerada uno de los compendios más completos del género en el país.

Entre sus publicaciones, figuran “El placer está en el último piso” (novela, 1974); “Las locas de la Plaza de los Almendros” (cuentos, 1978); “La noche de los buzones blancos”, (cuentos, 1980); “El brigadier o la fábula del lobo y el sargento”, (novela, 1981); “Los despojos del cóndor” (novela, 1985); “Pormenores de una servidumbre” (cuento, 1985); “El parnaso de la memoria? (poesía, 1985); La narrativa yugulada” (antología, 1981).EFE
http://almomento.net/muere-el-escritor-pedro-peix-de-un-infarto-al-corazon/162764

"PEDRO PEIX: Capo Imaginante, liquidador de quimeras y del manto microbiano de las religiones. Fue iniciado por los "Paradoxer" entre los labios de sus visiones, y fue Radio-escucha de la trémula equación del silencio. Desde sus observatorios de sonámbulos estelares en las grandes azoteas urbanas del Medio Cielo, se le atribuye haber reprogramado al auge del Caos, y de haber corregido la historia de la amnesia cósmica. Ya a temprana edad, buscando linderos mayores que la Providencia y la Astrología, descubrió que todos los mundos eran improbables, y decidió para siempre laborar como cartógrafo de ciudades insospechadas, inéditas o a la deriva de algún rumor.
Toxicómano y pro-adicto a todas las pasiones ilícitas. En Nueva York iba y venía rastreando un listado de tesoros metafísicos, de Inmortales perdidos, de lampedusas insólitas. Vivió un romance feroz con "Mami Pestillo Largo", una amante informática que podía en una misma noche, almacenar todo el calentamiento global entre sus piernas. Bien digitada en su erotomanía virtual, se cree que todavía sostienen una extraña y macabra intimidad computarizada. Al parecer, Pedro Peix desarrolló una necrofilia iconográfica por las rubias contemporáneas". Contraportada de EL CLAN DE LOS BÓLIDOS PESADOS. Cuando lo adquirí, en Centro Cuesta del Libro, Pedro Peix me vio y me dijo: "No compres esa vaina", ¡y se fue! No logré que me lo firmara. ¡Te quiero, Pedro, para siempre! Leibi Ng

viernes, diciembre 4

¿CÓMO Y POR QUÉ SE INVOLUCRÓ GALINDEZ CON EL FBI Y CON LA CIA?







Por Aquiles Julián

Para entender lo que le sucedió a Jesús de Galíndez es importante saber qué lo llevó a involucrarse como informante del FBI y la CIA.
Para empezar, esa  no fue una decisión individual de Galíndez, sino el cumplimiento de una directriz del Gobierno Vasco en el Exilio y su Lehendakari (presidente) José Antonio Aguirre. Y esa decisión obedecía a una estrategia y unas esperanzas que finalmente fueron ilusorias, pero que en el momento parecían lógicas y justificadas, pues fueron astutamente alimentadas por funcionarios del Departamento de Estado norteamericano y de la incipiente inteligencia norteamericana para asegurar la colaboración total del Partido Nacionalista Vasco y sus servicios de información en la lucha contra las potencias del Eje y luego contra el comunismo.
Inicialmente, la dirigencia vasca orientó sus gestiones de acuerdo de colaboración y apoyo hacia las potencias europeas más conocidas: Gran Bretaña y Francia. El ofrecimiento vasco fue manejado con delicadeza por los dirigentes de Inglaterra y la Francia Libre (De Gaulle) por tres razones: Primero: para no encender la ira de Franco al punto de que lo empujara a hacer causa común con las Potencias del Eje: Alemania, Italia y Japón. Segundo: para evitar que las ideas separatistas vascas alimentaran las aspiraciones separatistas en sus propios países (Francia, sobre todo, tiene tres provincias de población vasca).  Tercero: por no poder financieramente suvenir las aspiraciones de apoyo económico de los dirigentes vascos.
Ante la propuesta vasca y las ventajas que podían derivarse de su colaboración, y ante el fracaso de los intentos de reclutar a los vascos independientemente de sus dirigentes del Gobierno Vasco en el Exilio, algo que los ingleses probaron a lograr sin éxito, es precisamente la inteligencia británica la que relaciona a los dirigentes vascos con la naciente inteligencia norteamericana y su cabeza, el entonces coronel William J. Donovan, hombre de confianza del presidente Franklin Delano Roosevelt.
Conviene que repasemos lo que sucedió.

¿CÓMO LLEGÓ GALÍNDEZ A REPÚBLICA DOMINICANA?

Jesús de Galíndez, de quien el 12 de octubre del 2015, se celebró el centenario de su nacimiento,  y que el próximo 12 de marzo del 2016 se conmemorará el 60 aniversario de su secuestro,  nació en Madrid y desde adolescente, en 1932, a los 17 años de edad, se vinculó al Partido Nacionalista Vasco, PNV.
Durante la cruenta guerra civil que asoló a España,  Galíndez fue entre otras funciones y responsabilidades, asesor de la Dirección General de Prisiones y también fue nombrado jefe de la Guardia del Partido Nacionalista de Madrid, PNM.
Durante esos años tormentosos,  conoce y trata al embajador dominicano en Madrid, César Tolentino Rojas, quien le recomienda que, en caso de necesidad, emigre a República Dominicana.
Tras combatir a las fuerzas capitaneadas por Franco como miembro de la 142 Brigada Mixta Vasco-Pirenaica, se exilia al ser derrotada la República por los falangistas de Franco. Cruza el 10 de febrero de 1939 la frontera con Francia, donde es recluido en un campo de concentración.
A los siete meses se escapa y llega a Burdeos donde entra en contacto con el cónsul dominicano, Narciso Félix, quien le facilita la documentación para  arribar al país.
¿Qué lo llevó a elegir República Dominicana como lugar de exilio, en vez de México u otro país de mayor desarrollo y libertad? En su artículo “Un reportaje sobre Santo Domingo”, publicado en la revista Cuadernos Americanos en 1955, Galíndez mismo confiesa:
 “La mayoría de nuestros refugiados se dirigían a México; pero yo tenía tan sólo 24 años, me sobraban ilusiones, y me resistía a ser uno más de la masa innominada. Necesitaba un país pequeño a donde nadie fuera, sólo así tendría oportunidades de abrirme paso en el Nuevo Mundo. (…) Lo que no esperaba entonces es que tras mí cayeran en la República Dominicana entre 4,000 y 5,000 refugiados más” (1)
Los planes de principalía, de sobresalir, se dificultaron por la brillantez de aquel exilio en que lo más granado y prestigioso de España se desparramó por el mundo, algo que nos benefició muchísimo a los dominicanos. Sin embargo, la capacidad de trabajo de Galíndez, su proactividad, le hicieron ganar un renombre y un puesto pese al masivo flujo de refugiados que arribó al país.
De Francia viajó a Nueva York “justo en el último barco norteamericano” (2) y de allí en el vapor Borinquen , donde coincide con César Tolentino Rojas que también viaja de regreso al país, llega el 28 de noviembre de 1939 a República Dominicana, a los 24 años de edad.
Recién llegado,  se hospeda provisionalmente en la residencia de Alfredo Matilla, el que había sido su profesor en la Universidad Central de Madrid, quien lo acoge.
Casi de inmediato empieza a impartir docencia en el Instituto de Segunda Enseñanza Cristóbal Colón, fundado por emigrados españoles en las proximidades del balneario capitaleño de Güibia, como profesor de las materias de Historia y Lenguaje.
Hombre recursivo, Galíndez, quien era taquígrafo, empezó a transcribir los cursos de los profesores en la Universidad de Santo Domingo y los vendía luego a los estudiantes.  Más tarde, cuando se ennovió con la joven Rosa Báez López-Penha, puso con ella un negocio de venta de arbolitos de Navidad y de distribución de caramelos a domicilio, que Galíndez personalmente entregaba.
Antes de un año, en octubre de 1940, es nombrado catedrático de Ciencias Jurídicas en la Escuela de Derecho Diplomático y Consular de la Secretaría de Estado de Relaciones Exteriores, donde devengaba un sueldo de RD$100.00 pesos. (3)

HACIÉNDOSE UN NOMBRE EN REPÚBLICA DOMINICANA

El 14 de marzo de 1940, a menos de seis meses de Galíndez estar en el país,  se constituyó la Delegación Vasca en la República Dominicana, Eusebio María de Irujo es electo delegado y a Galíndez lo eligen secretario de la misma.
El propósito de sobresalir y destacar que estaba en el ánimo de Jesús de Galíndez al arribar al país lo canalizó mediante una intensa actividad periodística y literaria, así como social y profesional, que lo comenzó a proyectar y a abrirle espacios y puestos.
Artículos y libros, conferencias y activa vida pública le fueron granjeando amigos y destacando su presencia.
Metódico, organizado, trabajador incansable, recursivo, disciplinado, Galíndez fue conquistando un lugar propio en la vida social dominicana. Vicente Llorens, en sus “Memorias de una Emigración” dice de Galíndez que sobresalía por “puntual y no faltaba a su palabra” (4)
El 4 de noviembre de 1941, el lehendakari Aguirre, escapado de Europa, llega por vía aérea a San Pedro de Macorís, desde donde envía un saludo a Trujillo, “agradeciéndole la ayuda que le habían prestado los diplomáticos dominicanos (especialmente,  el doctor Despradel y Andrés Pastoriza) en su odisea” (5)
Galíndez y la Delegación Vasca agasajan al lehendakari y se organiza un acto en que Galíndez es quien dirige la palabra en nombre de la colectividad vasca en el país, lo que le permite llamar la atención y ganar méritos frente al ilustre huésped.
El embajador español en un despacho al Ministerio de Asuntos Exteriores describe el evento en estos términos:
“Después se organizó una comida en la noche del día 6 del actual en el restaurante Hollywood. Pasé por la entrada del restaurant a la hora de haber comenzado el acto y pude comprobar que había sido un fracaso a juzgar por el aspecto del local. Además según mis informaciones asistieron los vascos separatistas y algunos refugiados pero no en el número de personas que esperaban; los vascos de la colonia no concurrieron. En resumen, no hubo ambiente. Don Jesús de Galíndez del grupo de separatistas vascos y una de las personas cuyo nombre figura más por las conferencias que da y por pertenecer al centro de estudios diplomáticos y consulares que con carácter casi oficial existe en esta República, dirigió la palabra en la comida a que me refiero.” (6)
Aguirre partiría a Miami, pero casi un año después volvería al país luego del acuerdo con la OSS de Donovan y el Departamento de Estado.
En efecto, en octubre de 1942,  Galíndez  y la Delegación Vasca reciben la visita nueva vez del Lehendakari José Antonio Aguirre, quien viaja por América para instruir a los organismos del Gobierno Vasco en el Exilio que él preside, en puesta en práctica de los acuerdos de colaboración acordados entre el PNV y el Departamento de Estado de Norteamérica,  a proporcionar servicio de información al  FBI y a la Inteligencia Militar norteamericana (no la CIA, que no existía).
Aguirre ratifica el puesto de Galíndez en la Delegación Vasca dominicana y posteriormente le asigna la posición de tesorero para la región latinoamericana del Gobierno Vasco en el Exilio (7)
En su artículo “Los vascos en Santo Domingo”, Galíndez refiere las posiciones públicas que alcanzó a ostentar en el país:
“…tuve oportunidad de ocupar los cargos de Catedrático de la Escuela Diplomática y Consular, Secretario del Instituto de Legislación Americana Comparada de la Universidad de Santo Domingo, y Ayudante Técnico del Director General de Trabajo.” (8)
A Galíndez  se le veía en todas partes, asistía a todos los convites, se desplazaba por aquí y por allá, montado en una motocicleta que había adquirido.
La exiliada Lily de Cassá en una entrevista sobre la inmigración española republicana  rememora, hablando de Galíndez, quien fuera gran amigo de su esposo:
 “Tenía un motor, que eso era en aquella época un lujo muy grande para nosotros. Y ya le digo, uno notaba que adonde usted fuera, él estaba allí.” (9)
Y como era buen taquígrafo, siempre se le veía tomando notas. Sus informes al FBI y a la Inteligencia Naval norteamericana eran minuciosos, precisos. Esa acuciosidad le sería reconocida y recompensada.

EL INTENTO DEL PNV POR COMPROMETER  A BRITÁNICOS Y FRANCESES CON LA CAUSA VASCA

Los líderes vascos buscaron siempre generar un compromiso, sea de los gobernantes británicos o de los franceses, frente a las aspiraciones de independencia y soberanía vasca, tras la derrota de la República, el triunfo del falangismo y de Franco, y el inicio de la segunda guerra mundial.
Los británicos pretendieron que los vascos se integraran a un “servicio de inteligencia español” bajo la tutela del servicio de inteligencia británico. Los representantes vascos residentes en Gran Bretaña, agrupados en el Consejo Nacional Vasco, CNV, que encabezaba Manuel de Irujo, no aprobaron este plan, pese a que en agosto de 1940 el Foreign Office inglés pidió a los vascos que colaborasen con este servicio de información.
El rechazo provenía de que el gobierno inglés
 “no se mostraba dispuestos a reconocer las reivindicaciones que los nacionalistas vascos les presentaban” (10)
En noviembre de 1940 los líderes del Consejo Nacional Vasco, CNV, inician contactos con las Fuerzas de la Francia Libre, FFL, del general Charles de Gaulle. 
“El CNV pedía una política que satisfaciese las aspiraciones de soberanía vasca; y ofrecía poner a su disposición (del FFL, AJ) su servicio de información, con ramificaciones en el Sur de Francia, en España, en las colonias españolas del África Ecuatorial, en países hispanoamericanos,  e incluso en Australia” (11)
  La FFL no quiso dar garantías políticas por escrito, sino verbalmente. El 17 de mayo de 1941 se firmó un “acuerdo de amistad” entre el Consejo de Defensa francés y el CNV que condujo a que el gobierno de Franco presionara a los británicos que hicieron abortar el acuerdo. Sin embargo, el servicio vasco de información brindó su colaboración a franceses, británicos y norteamericanos en su búsqueda de apoyo y simpatías para la causa vasca en la eventual situación de que Franco se sumara a las fuerzas del Eje, entrara en la guerra  y los aliados invadieran España, depusieran a Franco y la situación política interna cambiara.
Un ejemplo de esa colaboración fue el hecho de que
 “las fuerzas norteamericanas que combatían en las islas del Pacífico contra los japoneses, utilizaban a vascohablantes para el sistema de códigos y transmisiones. La idea dio tan buenos resultados  que Estados Unidos también empleó a indios navajos  y hablantes de otras lenguas amerindias minoritarias con la misma finalidad” (12)
  El asunto era que tanto franceses como británicos vivían sus propios desafíos con el separatismo nacionalista: Los británicos con los irlandeses,  y los franceses  sabían que alimentar las pretensiones de independencia y autonomía vasca con respecto a España repercutiría en las provincias vascas francesas. El embajador de Franco en Francia, José Félix de Lequerica, quien antes había sido alcalde de Bilbao, alimentó en los franceses el recelo de que el independentismo vasco español se extendiera a la región vasca francesa. (13)  De ahí que los franceses afines a De Gaulle se arriesgaran solamente a promesas verbales, pero no escritas, porque las que no se registran es fácil desconocerlas y tildarlas de malentendidos. Las escritas funcionarían como un pagaré.
La causa vasca no era, por lo tanto, viable con británicos y franceses, aunque la situación de guerra aconsejara sumar aliados. Las potencias europeas de entonces, Alemania, Francia y Gran Bretaña, no eran suficientemente favorables a la causa vasca.
Otra cosa serían los norteamericanos.

EL ACUERDO ENTRE EL PNV Y LOS NORTEAMERICANOS

Ya en los Estados Unidos, tras un escape de Europa lleno de peripecias,  que lo llevó de Berlín a Nueva York, título de uno de sus libros, Aguirre había realizado a petición del Departamento de Estado un informe de 80 páginas sobre la situación política española, que le fue entregado a Carlton Hayes, embajador norteamericano en Madrid (14)
El 23 de enero de 1942, el lehendakari es recibido por  Lawrence Duggan, consejero político de Cordel Hull para asuntos de América Latina, a quien entrega un informe adicional.
Y dos días después, el 25 de enero,  Aguirre se reúne con Max Acoli, judío italiano naturalizado norteamericano, director de la Coordination of Panamerican Affairs, patrocinado por Nelson Rockefeller,  “que financia actividades de propaganda en aquella parte del mundo” (15)  quien le pidió abiertamente que cifrase en dólares la ayuda que el servicio vasco de información podía proporcionar a los Estados Unidos.
Antón de Irala, dirigente del PNV y su delegado en los Estados Unidos, en un testimonio dado en Bilbao en 1986 informó que los británicos fueron los que pusieron en contacto a José Antonio Aguirre con el coronel William J. Donovan, apotado Wild Bill, responsable del Comité de Coordinación de Información, COI, antecesor de la Office of Strategic Services, OSS, en una reunión celebrada en las oficinas de la COI en el Rockefeller Center de Nueva York. Donovan llega a sugerir que Aguirre podría ser recibido por el presidente Roosevelt (sería recibido por Wallace, el vicepresidente) (16)
Donovan, quien había buscado entre sus amigos información sobre los vascos, inicia una relación estrecha con ellos, tanto que en un memorándum a Cordell Hull, secretario de Estado, del 3 de julio de 1942, le informa:
 “El presidente de la República vasca me cuenta que mantiene una organización propia de inteligencia. También está dispuesto a poner su organización a nuestro servicio, ya que cree que la victoria de nuestra causa les beneficiará en el futuro.
Determinada información puede realizarse a través de Latinoamérica, aprovechando la libertad de comunicación que permitirá que algunos de estos agentes viajaran por el continente. A menos que esta maquinaria se ponga en marcha, me temo que no podremos obtener otra ventajosa oportunidad”. (17)
A finales de marzo de 1942, el vicepresidente Wallace, de los Estados Unidos, en vez de Roosevelt, recibe formalmente al lehendakari José Antonio de Aguirre, algo que expresa un grado de reconocimiento oficial informal por parte del gobierno norteamericano hacia el gobierno vasco en el exilio y además es parte de las acciones de seducción para conseguir la aquiescencia de Aguirre a los propósitos norteamericanos de reclutar y poner bajo su control el servicio de información vasco.
 Menos de dos meses después, el 5 de mayo de 1942,  Donovan pone en contacto a Aguirre con Allen Welsh Dulles, lugarteniente de Donovan en la OSS, encargado por entonces de la oficina en Rockefeller Center.
Tras vacilar entre llegar a acuerdos con la inteligencia británica o la norteamericana, el 22 de mayo de 1942 el lehendakari se decidió por la norteamericana:
Nos anuncian los americanos que nuestro trabajo debe comenzar inmediatamente. Que se abrirá una cuenta en un banco para que no nos falten medios para nuestros desplazamientos y para nuestros amigos.  Esto parece que va en serio. Con elementos y apoyo, la acción de los vascos en América puede ser de singular importancia. Al fin lo han entendido,  el Comité Donovan del presidente Roosevelt es la organización que hemos visto trabajar con mayor eficacia hasta hoy. Vamos a ver si comienza nuestra actuación en regla y con acierto”. (18)
Un memorándum de Donovan del 14 de julio de 1942, remitido al almirante E.J. King, al mando de la armada norteamericana, muestra los primeros frutos de ese acuerdo: el marino vasco Echave Dorronsoro se las ingenia para obtener las instrucciones que el ministro de Marina español envió a todos los capitanes de la marina mercante española en caso de que España se viese forzada a entrar en la segunda guerra mundial al lado de las potencias del Eje. Dorronsoro le hizo llegar esas instrucciones a Aguirre quien, a su vez, las suministró a Donovan. Y Donovan le informa al almirante King:
He dado instrucciones a nuestros agentes del Servicio Vasco de Información en estos barcos para abrir las cajas fuertes y cambiar los sobres, alterando su contenido”. (19)
Es claro, en esta redacción, que Donovan consideraba a los agentes del Servicio Vasco de Información como agentes propios.
¿A qué apostaba Aguirre? A que la suerte de la guerra, de favorecer a los Aliados, permitiera, como sucedió tras la primera guerra mundial, una reestructuración política en Europa, facilitando el surgimiento de nuevos estados nucleados alrededor de la lengua, la cultura y la etnia, entre ellos el anhelado Estado vasco, del que titularmente era el presidente. Sólo que los acontecimientos, al aflorar la guerra fría, tomaron otro rumbo.
Es el mismo Aguirre quien promueve esa visión esperanzadora. En la biografía del lehendakari: “El profeta pragmático”, su autor Ludger Mees cita a Aguirre:
Sin hablar en términos de propaganda, se puede decir que de la guerra anterior (la primera guerra mundial, AJ), salieron muchos pueblos pequeños con su independencia. Y ahora sucede igual. En mi opinión, los pueblos que levantarán cabeza al fin de la guerra serán muchos. Los muertos, los holgazanes o los que han vivido callados, estarán perdidos para siempre. Tened esto muy en cuenta” (20)
Como explica Mikel Rodríguez en su libro “Espías Vascos”:
“Aguirre había sondeado en Washington las posibilidades de soberanía vasca en un nuevo espacio político que abarcase España y Portugal y nadie había expresado un no rotundo. Sometidas todas las fuerzas políticas de Euskadi a su dirección, parecía posible lograr este fin siempre y cuando una gran potencia avalase esa opción. Para un católico, esa potencia no podía ser la URSS. Parecía difícil que lo apoyara Gran Bretaña e imposible Francia. Luego, sólo quedaban los Estados Unidos. Aguirre optó por Norteamérica como potencia emergente sin las hipotecas históricas de los viejos estados europeos. Fue su decisión y su responsabilidad histórica resultaría total de no ser por un punto. Pese a las habituales apelaciones a la generosidad de la diáspora vasca, en los años cuarenta y primeros cincuenta en palabras de Aguirre, “nadie soltaba un duro”. Si el gobierno de Euskadi tenía que sobrevivir, necesitaba un generoso patrocinador. En esto, Washington fue también el mejor postor”. (21)
De inmediato, el Departamento de Estado le financió al lehendakari vasco una “jira cultural” por varios países de América Latina donde estaban constituidos organizaciones vascas afines al PNV para instruir a los dirigentes vascos a colaborar con la inteligencia norteamericana, en el predicamento de que la caída de Hitler y Mussolini arrastraba a Franco y abría una puerta a las aspiraciones de soberanía vasca.
Como explica Koldo San Sebastián  en su libro: “Exilio Vasco en América”, tras el acuerdo PNV-EE.UU.,
 “el Departamento de Estado comunicó a los embajadores americanos destacados en diversos países sudamericanos que apoyasen al lehendakari  durante la gira que este iba a realizar por su subcontinente” (22)
El 16 de agosto de 1942, partiendo desde Nueva York, el lehendakari José Antonio de Aguirre parte en su primer viaje oficial por América Latina que se prolongó hasta el 24 de octubre de ese año. El presidente vasco visitó 11 países.
En la primera quincena de octubre de 1942, Galíndez escribe en el periódico Por la República:
 “El presidente vasco, Dr. José Antonio de Aguirre Lekube, ha aprovechado las vacaciones veraniegas, para realizar una intensa jira cultural por los principales países americanos. Antes de llegar a la República Dominicana ha pasado por México, Panamá, Colombia, Perú, Chile, Argentina, Uruguay, Venezuela y Puerto Rico; siguiendo después a Cuba y Nueva York”. (23)
Los diplomáticos de la España de Franco sabían cómo se financiaba el lehendakari. El embajador español en República Dominicana envió a Madrid un despacho donde escribe:
 “Como he manifestado en mi anterior despacho sobre el mismo asunto, el señor Aguirre tiene la ayuda económica y política de los Estados Unidos y del elemento judío internacional” (24)
La alusión tanto al Departamento de Estado como a Max Ascoli muestra el grado de información fidedigna con que contaban los diplomáticos de Franco.

LA MALA VOLUNTAD DE HOOVER FRENTE A DONOVAN Y LA OSS

Otro asunto que repercutiría perjudicialmente a la postre para Galíndez es el hecho de que la aparición de la OSS y posteriormente de la CIA fue visto siempre como una amenaza a su poder, por J. Edgar Hoover, el todopoderoso jefe del FBI.
Frente a una realidad preñada de vientos de guerra, con Hitler y Mussolini tonitronantes, el presidente norteamericano Franklin Delano Roosevelt fue aconsejado por el militar y jefe del espionaje inglés William Stephenson por instrucciones de Churchill, para crear un servicio de información para Estados Unidos.
Hasta entonces, la información dependía de los informes diplomáticos y de la labor que realizaban los agregados militares y agentes del FBI en las embajadas, y cada institución manejaba de forma compartimentada y sin compartir mayormente la información de inteligencia que cada organismo reunía. De hecho, rivalizaban entre sí.
 Estados Unidos carecía de una institución que centralizara la información para la toma de decisión del presidente, en tiempos borrascosos como aquellos años.
Roosevelt hizo comparecer ante él al coronel retirado William J. Donovan, abogado y héroe de la primera guerra mundial,  y le pidió ocuparse de organizar ese servicio, lo que Donovan aceptó.
Roosevelt envía a Donovan a Europa y Oriente Medio a empaparse de la situación. Entre los países que visita y los gobernantes con los que se entrevista Donovan está el general Francisco Franco. Los términos de la conversación hicieron que Franco, esa misma tarde del 26 de febrero de 1941, informara a Hitler la decisión de su gobierno de mantener a España fuera de la guerra.
Donovan es devuelto al servicio activo por Roosevelt con su rango de coronel (en 1943 lo ascendería a general y noviembre de 1944 a mayor general), y en  julio de 1941 se crea la Oficina de Coordinación de Información (COI) con Donovan como “Coordinador de Información”. 
Donovan de inmediato instaló la sede del COI en el Rockefeller Center, local 3603, en octubre de 1941, y solicitó a un abogado amigo, Allen Welsh Dulles,  que encabezara la oficina.
Tras el ataque a Pearl Harbor y la irrupción de Estados Unidos en la segunda guerra mundial, el 13 de junio de 1942 la COI se rebautizó como Oficina de Servicios Estratégicos, OSS.
La creación del COI y luego de la OSS fue visto por Hoover como un desafío a su poder y una intromisión en su territorio, algo que él no iba a tolerar.  Hoover insistió infructuosamente en obtener para el FBI el monopolio de la inteligencia. Roosevelt , aconsejado por los británicos, tenía una opinión distinta.
Las personalidades y temperamentos distintos de Donovan y Hoover colisionaron. Cada servicio abrió un expediente sobre el cabeza del otro. El FBI sobre Donovan por “mujeriego”, y la OSS sobre Hoover por “homosexual”.
Y Roosevelt, que gustaba de enfrentar a sus colaboradores, le asignó a Donovan las zonas de Europa y Asia y al FBI le reservó América Latina (25).
Una muestra del grado de tensión existente entre ambas organizaciones, la OSS y el FBI, Donovan y Hoover,  fue la incursión en 1942 de agentes de la OSS en la embajada de España en Washington para fotografiar sus libros de claves. Hoover se puso rabioso por lo que consideró “una invasión a su territorio operacional”. Esperó que se repitiera una incursión, y mientras los hombres de Donovan fotografiaban los libros de claves, dos agentes del FBI apostados afuera hicieron sonar las sirenas de sus vehículos, espantando y haciendo huir a los agentes de la OSS. Donovan protestó ante Roosevelt por el incidente, pero Roosevelt, en vez de dar una reprimenda a Hoover por su sabotaje, ordenó que la infiltración de embajadas quedara a cargo del FBI. (26)
En la Enciclopedia del FBI, su autor, Michael Newton, destaca que:
“No hay límites para la persecución vengativa de Hoover hacia la OSS. Durante meses, sus amigos del Departamento de Estado, colocan el sello de "OSS" en los pasaportes a los agentes de  Donovan, poniendo así en peligro sus vidas, hasta que el presidente Roosevelt intervino para detener este acoso. Hoover entonces les abrió expedientes a los  empleados de Donovan y sus familiares, en busca de cualquier información negativa que pudiera encontrar. Cada vez que se percibía un desliz de miembros de la OSS o sus parientes, Hoover remitía múltiples quejas a la Casa Blanca, el Departamento de Estado y a la Justicia”. (27)

LOS INICIOS DE GALÍNDEZ COMO INFORMANTE DE LOS NORTEAMERICANOS

Instruido por Aguirre, que recluta informantes para los norteamericanos en cada país al que llega, dentro de la colonia vasca,  Galíndez entra en contacto con la legación norteamericana en el país. De inmediato fue aceptado como informante del FBI en República Dominicana., dentro de los acuerdos entre el PNV y el Departamento de Estado norteamericano, con el nombre en clave DR-10.
Jesús de Galíndez desarrolló una red de cuatro informantes que recolectaban información para él, la cual a su vez compartía con Clement J. Driscoll, oficial del FBI bajo la cobertura de “Consejero Legal” de la Embajada de los Estados Unidos. Por igual, proporcionaba información al agregado naval quien era el responsable de la inteligencia militar de Estados Unidos en República Dominicana.
Bernardo Vega, en su libro sobre la migración española en República Dominicana, escribe que Galíndez
tenía cuatro “sub-agentes” quienes recolectaban información para él: Uno en Santo Domingo, especializado en información sobre los españoles de la vieja migración, es decir, los falangistas; otro en San Pedro de Macorís quien era oficial del ejército dominicano; otro en Sabana de la Mar, quien reportaba sobre los españoles de esa región y el cuarto en Montecristi, quien reportó que los contactos con Galíndez no eran frecuentes, para evitar que el servicio de inteligencia de Trujillo se diera cuenta de sus contactos con el FBI” (28)
Driscoll, el agente del FBI, contraería matrimonio con una sobrina de Alfredo Mantilla, hija de Aurelio Mantilla, su hermano. En la casa de Alfredo Mantilla, vivía Galíndez. (29)
La valoración de Driscoll sobre el trabajo de Galíndez es encomiosa. Según el agente del FBI, Galíndez “ha suministrado información de valor y confiable relativa a todos los diferentes tipos de refugiados españoles, incluyendo comunistas, así como sobre los falangistas y no titubea en dar la información que tuviera relativa a actividades comunistas. Se le considera una fuente valiosa de información con referencia al Partido Comunista” (30)
Con el flujo de dinero que empezó a manar para apoyar la colaboración del servicio de información vasco, Galíndez empezó a percibir ingresos.
Las cosas parecían pintarle bien.

NOTAS

1.      Constancio Cassá Bernaldo de Quirós: “Jesús de Galíndez. Escritos desde Santo Domingo y artículos contra el régimen de Trujillo en el exterior”, Comisión Permanente de Efemérides Patrias, Archivo General de la Nación, Volumen CXI, Santo Domingo, 2010, Pág. 101

2.     Constancio Cassá Bernaldo de Quirós: obra citada, Pág. 101

3.     Manuel de Dios Unanue (compilador): “Expediente Vasco. CIA y FBI en Euskal Herria”, Editorial Txalaparta s.l.  Tafalla, España. Segunda edición, 2004. Pág. 11

4.     Vicente Llorens: “Memorias de una emigración. Santo Domingo, 1939-1945”  Biblioteca del Exilio, Editorial Renacimiento, España, 2006. Pág. 200

5.     Koldo San Sebastián: “Exilio vasco en América” Servicio Central de Publicaciones del Gobierno Vasco, Vitoria-Gazteiz, España, 2014. Pág. 204

6.     Koldo San Sebastián: obra citada, Pág. 204

7.     Constancio Cassá Bernaldo de Quirós: “Jesús de Galíndez. Escritos desde Santo Domingo y artículos contra el régimen de Trujillo en el exterior”, Comisión Permanente de Efemérides Patrias, Archivo General de la Nación, Volumen CXI, Santo Domingo, 2010, Pág. 22


9.     Carmen Cañete Quesada: “Para Mi España Y La Republica Dominicana Van De La Mano”. Entrevista a Lily de Cassá,  en Migraciones y Exilios, Pag. 169. Dialnet.

10.  Luis Monferrer Catalán: “Odisea en Albión: Los republicanos españoles exiliados en Gran Bretaña, 1936-1977” , Ediciones de la Torre, Madrid, España, 2007  Pág. 92

11.   Luis Monferrer Catalán: obra citada, Pág. 92

12.  Luis Monferrer Catalán: obra citada, Pág. 93

13.  Koldo San Sebastián: “Exilio vasco en América” Servicio Central de Publicaciones del Gobierno Vasco, Vitoria-Gazteiz, España, 2014. Pág. 79

14.  Mikel Rodríguez: “Espías vascos” Editorial Txalaparta, Tafalla, España, 2004, Pág. 109

15.  Koldo San Sebastián: obra citada, Pág. 296

16.  Koldo San Sebastián: obra citada, Pág. 333

17.  Koldo San Sebastián: obra citada, Pág. 331

18.  Mikel Rodríguez: obra citada, Pág. 109

19.  Koldo San Sebastián: obra citada, Pág. 332

20. Ludger Mees: “El profeta pragmático. Aguirre, el primer lehendakari” . Alga, Memoria Pág. 64

21.  Mikel Rodríguez: obra citada, Pág. 110

22. Koldo San Sebastián: obra citada, Pág. 297

23. Constancio Cassá Bernaldo de Quirós: obra citada, Pág. 83

24.  Koldo San Sebastián: obra citada, Pág. 313

25. Stephen E. Ambrose: “Ike´s spyes: Eisenhower and the Espionage Stablishment” University Press of Missisippi, USA, 1999, Pág. 162

26. Stephen E. Ambrose: obra citada, Pág. 163

27.   Michael Newton: “The FBI Encyclopedia” McFarland & Company, Inc., Publishers, USA, 2003, Pág. 252

28.  Bernardo Vega: “Almoina, Galíndez y otros crímenes de Trujillo en el extranjero”. Fundación Cultural Dominicana, Santo Domingo, Rep. Dominicana, 2001, Pág. 59

29. Bernardo Vega: “La Migración Española de 1939 y los inicios del marxismo-leninismo en la República Dominicana”. Fundación Cultural Dominicana, Santo Domingo, 1984. Pág. 47

30.  Bernardo Vega: “La Migración…”,  Pág. 47