jueves, junio 9

Memorial de Lídice LOS NIÑOS PERDIDOS DE LIDICE






Para Jonathan Alwars
que me enseñó el camino de Lidice

¿Qué podemos hacer frente al delirio?
¿Caminar por las sombras buscando la esperanza,
los cuadernos bañados de lágrimas y ausencias,
el país de la nieve y de la bruma,
las pisadas del frío?
¿Qué decir de la muerte si tiene ojos de niño?
Cuando los niños mueren,
mueren todas las cosas,
el agua y los colores se oscurecen,
y se agolpa en el pecho y en la herida
la terrible cadencia del columpio vacío,
el tintero de sangre del pupitre vacío,
el secante de lágrimas de las cuencas vacías.
Si mañana florecen el limón y la espiga
y brotan por el mundo los rosales de Lidice,
¿a quién entregaremos el dibujo y la espada?
¿quién pondrá risas sobre el alfabeto?
¿quién va a acallar los gritos de la casa?
¿quién va a dejar dormirse los tambores del bosque?
¿quién llevará juguetes a la tumba aterida?
Nacerá de los cuerpos gaseados,
y vendrá de la brasa y de la ira.
¿Por qué cuando murieron,
la poesía no murió con ellos?
Estela de la luz frente al olvido,
hay sal en las rodillas de los niños,
y sal hay en las trenzas de las niñas,
para llevar,
del amor al puñal, a la poesía.
Si nosotros no fuimos,
¿quién firmó entonces las consignas del crimen?
¿quién no detuvo a tiempo la mano y la ignominia?
¿A cuántos Heydrich es preciso matar,
para vengar cada lirio de Lidice?

NACHO GONZÁLEZ

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