lunes, septiembre 7

Raymundo González sobre el libro de 6to.

Historiador Raymundo González
Santo Domingo 6 de septiembre de 2015.
Señor
Miguel Franjul,
Director
Listin Diario,
Ciudad.
Señor Director del Listín Diario:
He leído en ese prestigioso diario, en la parte superior de la primera plana del día viernes 5 de los corrientes, una noticia firmada por el periodista Néstor Medrano, titulada: “Experto considera hay distorsión de la verdad. Rechazan libro historia de 6to. Ensayista Manuel Núñez dice texto sugiere que en RD se practica racismo y apartheid”. Medrano cita el peritaje practicado por Manuel Núñez sobre el texto de 6to. Grado, de la autoría de Juan Ricardo Hernández y Alejandro Hernández, publicado en 2006. El “informe” o peritaje hecho por Núñez se reproduce en la página 7 A. He querido refutar dicho “informe”, a la espera que pueda dispensarle un espacio similar, pues estimo que carece de méritos históricos y pedagógicos, como se mostrará sucintamente en las líneas que siguen.
Antes de pasar al examen de dicho “informe” conviene señalar que el mismo contiene observaciones puntuales sobre un libro texto en las que omite su temática y estructuración y hace caso omiso del diseño curricular al que debe responder. Nadie sabe que el libro sometido al peritaje no trata de la historia dominicana sino de la expansión colonial del occidente europeo en las épocas moderna y contemporánea en América, África y Asia y de los procesos de independencia y descolonización que le siguieron. Tampoco considera que el sexto curso en el diseño curricular vigente contemple la introducción de los estudiantes en el mundo colonial provocado por el expansionismo europeo desde mediados del siglo XV, después de haber visto desde el tercer curso de primaria solo historia dominicana.
Esto es importante porque la enseñanza en las escuelas dominicanas se rige por el diseño curricular vigente para cada uno de los niveles en que está estructurado el sistema educativo dominicano (público y privado), en el marco de la Ley General de Educación. En tal sentido, el currículo es el primer referente del maestro y la maestra dominicanos para el desarrollo curricular que se realiza en el aula con las y los estudiantes como protagonistas y a través de estrategias de enseñanza-aprendizaje. Dichos estudiantes y docentes tienen varios recursos de los que pueden servirse para la implementación de estrategias para el desarrollo curricular, uno de estos recursos es el libro de texto (para el 6to. Grado hay por lo menos cinco aprobados), al que se adicionan otros libros de consulta, enciclopedias, mapas, videos, etc. Los libros de texto deben ajustarse al diseño del grado en el área curricular, en este caso de Ciencias Sociales, sin que esto signifique que el autor o autora del libro pueda expresar sus puntos de vista sobre los temas que trata siempre en un marco de prudencia y respeto a la ciencia y a sus procedimientos. Por su parte, la maestra y el maestro, quien dirige el proceso de enseñanza y orienta los aprendizajes de los estudiantes, acude al libro como un recurso más para el desarrollo curricular, por lo que también puede decidir utilizarlo de manera crítica o buscar otro recurso que considere más provechoso para sus estudiantes.
Ya puestos frente al texto del “informe”, me detengo en las observaciones de contenido histórico:
Contra lo que afirma el “informe”, los aborígenes que habitaban nuestra isla a la llegada de Colón en 1492 la llamaban Haití. Así lo consigna don Cristóbal Colón en su Diario del primer viaje y los primitivos cronistas de las Indias. Entre los notables se halla Francisco López de Gómara, ilustre clérigo sevillano que realizó estudios en la Universidad de Alcalá de Henares, famosa entonces por las reformas que introdujo en ella el Cardenal Cisneros, en su obra de Hispania Victrix. Historia General de las Indias, dedicada “A don Carlos, Emperador de Romanos, Rey de España, Señor de las Indias y Nuevo-Mundo”, obra que se publicó en Zaragoza en 1552 y tuvo numerosas reimpresiones; dice este autor al hablar del descubrimiento de la isla Española: “De Guanahaní fueron a Barucoa, puerto de Cuba, donde tomaron ciertos indios; y tornando atrás a la isla de Haití, echaron áncoras en el puerto que llamó Colón Real.” Para no hablar de Gonzalo Fernández de Oviedo, cronista de Indias nombrado por el Emperador, quien señala este nombre en varios lugares.
El “informe experto” además confunde el nombre de los cacicazgos (jurisdicción territorial de gobierno autóctono cuyo jefe era un cacique o cacica) con el nombre de la isla (estos fueron, además de Haití: Babeque, Bohío, Quisqueya, siendo Haití el más extendido o difundido por todo el territorio). Los nombres de Marién, Maguá, Maguana, Jaragua o Xaragua e Higüey fueron reconocidos como cacicazgos (a los que hay que agregar otros treinta nombres), provincias le llamaban los españoles, pero jamás nombres de la isla. Le garantizo, señor director, que esta especie es un invento novísimo del “informe” y que no tiene sustentación alguna directa ni indirecta en documentos ni en tradición historiográfica alguna como pretende su autor. Ciertamente, los historiadores contemporáneos no están todos de acuerdo en que sea cinco el número de los cacicazgos y algunos especialistas han planteado la hipótesis de que podría tratarse de cinco federaciones de cacicazgos al momento de la invasión europea. Pero en ningún caso los hacen pasar por nombres de la Isla.
Que el nombre de Haití se utilizó en los siglos XV a XVIII consta también documentalmente. Pruebas al canto:
-Siglo XV: El propio don Cristóbal Colón, primer Virrey y primer Almirante de las Indias, Descubridor y primer Gobernador de la Isla Española y de las Indias, en uno de los documentos más solemnes que le otorgaron los Reyes Católicos que fue la Institución de su mayorazgo, escribe: “E plugo a nuestro Señor Todopoderoso que en el año de noventa y dos descubriese la tierra firme de las Indias y muchas islas, entre las cuales es la Española, que los indios de ella llaman Haytí y los monicongos de Cipango.”
Fray Juan de Trasierra, quien vino a La Española en el segundo viaje de Colón, firmaba sus cartas dirigidas a los Reyes Católicos, monarcas de España, anteponiendo la datación tópica y crónica: “De Haití a XII de octubre, vuestro obediente hijo”, etc.
-Siglo XVI: Son innumerables los ejemplos, puesto que se cuentan entre ellos los grandes cronistas de Indias. Escojo dos autores que no se hallan en este último grupo:
Alejandro Geraldini, humanista italiano y amigo de Pedro Mártir de Anglería, Obispo de Santo Domingo y quien dispuso la construcción del edificio de la Catedral Primada que desde hace casi cinco siglos es cabeza del gobierno eclesiástico en nuestro país, en su obra Periplo hasta las regiones situadas al sur del Equinoccio, escrito en 1522 en la lengua del lacio, en el capítulo decimocuarto expresa del primer viaje colombino: “Y de ese modo llegó durante una prolongada navegación primero hasta las islas de los caníbales, luego hasta la isla Beriqueria –que denominó San Juan Bautista-, de ahí a Haití, a Jamaica, a Cuba,” etc. Aún añade: …“al comprobar que la isla de Haití tenía gran abundancia de oro, de poblaciones, de feracidad y de bienes característicos de su tierra de origen, le dio el nombre de La Española por España.”
Bachiller Francisco Thamara, Catedrático de Cádiz, publicó en 1556 El libro de las costumbres de todas las gentes del mundo i de las Indias, en el capítulo 7 de su obra se refiere a la isla Española y escribe: “La isla Española que por otro nombre se dice también la Isabella, o la isla de Santo Domingo i antes que fuese descubierta por los Españoles se llamava Haytí i Quisqueya, que es aspereza i tierra grande”.
-Siglo XVII: De nuevo se multiplican las referencias ya que se impone el interés de las potencias comerciales europeas por las colonias americanas y crecen las ediciones extranjeras de historias del Nuevo Mundo y otros libros basados en los cronistas españoles, de los cuales surgió la llamada “Leyenda negra” de la conquista española; por abreviar, paso solo a mencionar dos que no despiertan ninguna sospecha: don Antonio de Herrera y Tordesillas, historiador y cronista mayor de Indias, a quien debemos una obra monumental titulada: Historia general de los hechos de los Castellanos en las islas y tierra firme del mar oceano., popularmente conocida como las Décadas, escribió sobre esta isla: “A la Isla Española llamaron los naturales Aiti, i Quisqueia, que significa Aspereca, i Tierra grande”. Me ahorro copiar a don Juan de Solórzano Pereira, en su obra Política Indiana, también publicada en el siglo XVII, quien retoma a Herrera.
-Siglo XVIII: En esta centuria son los autores de la Ilustración los que se ocuparán de las copiosas referencias a la isla de Haití o de Santo Domingo, ya este último apelativo más corriente que el nombre de isla Española que entra en desuso. Pero el nombre de Haití no quedó en el olvido. Dos autores hispano-dominicanos con visiones muy distintas de la historia de la colonia española de Santo Domingo lo refieren. El primero, el hatero e historiador banilejo Luis José Peguero, en su obra de 1762 que circuló manuscrita en dos tomos, Historia de la Conquista, de la Isla Española de Santo Domingo, la cual según fray Vicente Rubio, O.P., constituye “una muestra de lo que era la literatura popular en nuestros medios rurales del siglo XVIII”. Peguero, puso en versos este diálogo sobre la batalla de la Vega Real:
Del Almirante:
Toca al Arma, toca guerra
A ellos españoles míos
Abrasad toda la tierra
Pues que provo con la guerra
Prueben d’España los bríos.
De Guarionex:
No tememos tus proesas
Los indios que beis aquí,
Primero arderá en pavesas
Toda la tierra de Aytí,
Que tú Colón la agas presa.
El público culto bien pudo leer la obra del más destacado ilustrado nacido en esta isla, Antonio Sánchez Valverde, racionero de la catedral dominicopolitana, quien en su muy conocida obra Idea del valor de la Isla Española, escribió sobre la isla objeto de estudio: “Sus antiguos Pobladores la daban los nombres, verdaderamente epítetos, de Haití o Tierra alta, y Quisqueya o Madre de las tierras. Esta fue la primera en que fijó el pie nuestra Nación baxo de la conducta del inmortal Almirante Don Chistóbal Colón en el felicísimo Reynado de los Católicos Reyes don Fernando y doña Isabel por los años de JesuChristo de 1492”.
De lo anterior se deduce clara y distintamente que el nombre de la isla, anterior a la llegada de los españoles, era Haití, como lo declara el propio Descubridor, quien fue informado directamente por los indígenas y por personas de conciencia que él mismo envió al interior de la isla a aprender la lengua de los aborígenes, como fue el padre ermitaño fray Ramón Pané, entre otros. También refieren el nombre aborigen de Haití para toda la isla Gonzalo Fernández de Oviedo y Bartolomé de las Casas. Por tanto, es también falsa la afirmación del “informe” cuando dice: “El nombre de Haití aparece en algunos cronistas españoles llegados mucho tiempo después. Nunca se llamó así a toda la Isla. Durante varios siglos nunca se designó a ninguna porción en los documentos historiográficos con ese nombre, ni en los siglos XV, XVI, XVII y XVIII.” Difícilmente pueda decirse que Colón llegó mucho tiempo después o que estuviera mal informado sobre el nombre que daban los autóctonos a la isla que tomó para asiento de su gobierno en las tierras descubiertas por él. Asombra como alguien puede escribir lo contrario e inventar nuevos nombres de nuestra isla en un “informe experto” y aun que muchas personas lo acepten como verdad revelada. Un procedimiento totalmente ajeno a la enseñanza y aprendizaje de la historia en el área de las Ciencias Sociales.
Si como se ha visto el nombre de Haití aparece en los documentos y escritos de Cristóbal Colón, en otros documentos y escritos de historiadores de los siglos XV, XVI, XVII y XVIII, y se sigue usando en los siglos XIX, XX y XXI para referirse al nombre de la isla antes de la llegada de los españoles, entonces, tan falsa como desafortunada es la afirmación que hace el “informe” cuando dice de este nombre que: “Apareció en 1804, con la proclamación de la Independencia.”
El “informe” pretende que “Dessalines no fue electo Presidente, Haití no fundó una República de hombres libres, sino una Monarquía absoluta de súbditos”. Ya sabemos que en medio de una guerra como la que supuso la Independencia de Haití no era el momento apropiado para levantar padrones electorales y llamar a las urnas. Las elecciones en momento aciagos los hacen los líderes, cuando estos no se imponen, dadas las circunstancias. Tampoco fue una elección democrática que hizo a Bobadilla el primer Presidente de la República Dominicana, pero fue la persona que eligieron los representantes de los grupos liberales y conservadores aliados para dar el golpe que produjo la Independencia, por la que venían trabajando desde 1838 los jóvenes de la sociedad secreta la Trinitaria, cuyo líder, Juan Pablo Duarte, se encontraba en exilio forzoso. Pero contraponer hombres libres a súbditos, como si en la Monarquía absoluta no hubiera hombres libres aunque fueran súbditos es una barrabasada. No hay que haberse leído a Montesquieu para saber que en las monarquías y las repúblicas puede haber hombres libres y otros no libres, en efecto, la república romana los tuvo y todas las monarquías absolutas modernas; pero también los tuvieron algunas repúblicas hispanoamericanas durante sus primeros años (incluido el fallido estado de Haití Español pronunciado por Núñez de Cáceres en diciembre de 1821) y la gran república de los Estados Unidos de América, aunque desapareció pronto en el norte y permaneció en el Sur hasta la guerra de Secesión. De estas observaciones, una es absolutamente cierta: Dessalines murió asesinado en 1806 y no en 1807. A decir verdad, este es el único error en términos históricos que enmienda el citado “informe”.
El “informe” hace un apartado para tratar “dos desinformaciones”, que casualmente se refieren a la historia de Haití: a) quiere que se amplíe la información sobre la Constitución de Haití de 1805, en particular su art. 12; b) que se corrija el error de que “Toussaint fue designado gobernador de Saint Domingue” y que se diga que este gobernó durante diez años y “nunca proclamó la Independencia de Saint Domingue”. Ya uno no sabe qué hacer, un gobernador no designado que gobierna diez años: Napoleón Bonaparte, años después preso en Santa Elena, decía al respecto: “Tengo que reprocharme una tentativa sobre una colonia durante el Consulado, era una grave falta querer someterla por la fuerza; debía contentarme de gobernarla por mediación de Toussaint Louverture.” ¿A quién creerle? ¿Al “informe” o a Napoleón?
El último apartado del “informe” trata de la Unidad 4 donde pretende encontrar fundamento para su imputación de que los dominicanos practicamos masivamente el racismo y el apartheid. El libro de texto presenta el Apartheid como una realidad de Sudáfrica, un país del continente africano. Además propone que la lucha contra el racismo está presente hoy día en todo el mundo, incluso en nuestro continente. Los ejemplos por la Independencia dominicana incluye a los luchadores de las dos más importantes jornadas de nuestra historia decimonónica, la de 1844 y la de 1863, ¿acaso no fueron independencias, acaso no participó Duarte en ambas contiendas? ¿No lo consagran así las Constituciones dominicanas y es obligatorio recordar ambas fechas en todos los documentos legislativos?
En conclusión, el “informe” falsea, yerra o confunde en cada uno de los puntos que se refieren a historia dominicana, siendo que el único donde no desbarra es el pertinente a la historia haitiana. Si para muestra basta un botón, este dice que el “informe” conoce mejor la historia haitiana que la dominicana. El resultado de aplicar las propuestas contenidas en dicho “informe” no sería otro que el de extraviar la enseñanza de la historia dominicana. Dejo para una segunda entrega de esta refutación los aspectos pedagógicos cuya respuesta exige un espacio que ya va siendo prolijo.
Señor Director, en general los textos dominicanos de Ciencias Sociales adolecen de muchas fallas de forma y de fondo, resultado de la falta de preparación y de experiencia de sus autores, no de la mala fe ni de fines espurios, pero el “informe” las fue a buscar donde no las había en lo que respecta a la historia dominicana. En consecuencia, el “informe” no se sostiene en lo que a historia dominicana se refiere, como se acaba de ver. Y no porque los textos dominicanos de historia sean buenos o muy buenos, que no lo son; más bien tienen serias deficiencias, como han indicado evaluaciones anteriores realizadas por personas entendidas en la materia. Esos yerros resultan de una realidad cultural que debemos superar mejorando la calidad de la educación dominicana. Pero el “informe” no procede honradamente: le sobran mentiras y le falta verdad. Por eso la frase de José Martí cargada de humanismo se cae del “informe”, pues no cabe en él.
El patriotismo sano y constructivo, el que nos enseñaron los fundadores de la Patria Dominicana, así como los fundadores de la historiografía nacional, no se fundamenta en la contraposición de dominicanos y haitianos, sino en la libertad de la patria dominicana y de todas las patrias del continente: Duarte, Sánchez y Mella, no fueron antihaitianos aunque lucharon por la libertad de su patria de la República de Haití; tampoco lo fueron los héroes de la Restauración de la República. Así lo expresa el historiador Vetilio Alfau Durán, con cuyas palabras iniciaré la segunda parte de esta refutación ya que constituyen toda una lección de patriotismo.
Queda de usted, atentamente,

Raymundo González,
Miembro de número de la Academia Dominicana de la Historia.