miércoles, septiembre 23

¡A LEER!



Es necesario estimular la lectura directa de obras literarias trascendentes. Evitar que toda la información sobre los autores de cualquier época sea los brevísimos y sesgados comentarios de algún libro de texto.

Consumir cuentos, novelas, obras teatro, poemas desarrolla la capacidad reflexiva, la imaginación, la creatividad, organiza el pensamiento y fortalece el razonamiento lógico.

Contrario a lo que suponen muchos y difunden algunos, leer e intentar escribir poemas o cuentos facilita el aprendizaje de las matemáticas, la física, la química, la biología, la filosofía, la historia y otros componentes de los programas escolares.

La imaginación creativa y la capacidad de fabular es imprescindible para el pensamiento lógico-científico, tanto como el conocimiento y manejo adecuado del lenguaje que sólo se desarrolla con el contacto permanente con creaciones literarias de calidad.

Uno de los indicadores necesarios para medir el avance del sistema educativo es el consumo de bienes y servicios de la cultura, fundamentalmente los libros.

Debemos hacer todo el esfuerzo posible (y un chin más) para que la población adquiera los libros de poesía que descansan en anaqueles de las escasas librerías que han sobrevivido. Que los clásicos, los autores reconocidos y los noveles creadores puedan entrar en el imaginario de las generaciones que se están formando en el sistema escolar y de la población que ve el libro y su contenido como algo ajeno y lejano.

Hay que estimular las tendencias a crear y compartir productos literarios y acompañar a los creadores con la crítica aguda, certera, válida y estimulante.

Promover la lectura de los grandes autores, de los clásicos, sin desestimular los intercambios horizontales entre los autores y lectores actuales y de los nuevos escritores.

En los jóvenes creadores hay una cantera de calidad indiscutible.

La crítica debe ser cincel que, sin destruir las obras ni a los creadores, ayude a pulir, a eliminar excesos y protuberancias innecesarias, a delinear perfiles y a revelar el genio oculto en el ruido o la ampulosidad sin imponer los propios prejuicios o visiones.

La posibilidad de discriminar lo que se lee y de ponderar desde la criticidad desarrollada al contacto del conocimiento de la diversidad de estilos, visiones y concepciones depende del contacto directo con lo creado.

Convirtamos en una meta la lectura.

Que los anaqueles de las librerías alimenten nuestros anaqueles.

Vamos a comprar, regalar, promover los libros.

A leer a los clásicos, a los grandes autores nuestros y de otras latitudes, a nuestros coetáneos que se atreven a crear y publicar.

Que los libros no sean un adorno en nuestros anaqueles ni una inversión inmovilizada en alguna librería.

A leer para crecer, a leer para ser, a leer para dejar de ser, a leer para reconstruirnos y transformar el presente y el futuro.

¡A leer para crear, para crearnos!

¡A leer!

Luis Carvajal.

domingo, septiembre 20


   
   

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lunes, septiembre 14

Segunda carta de Raymundo González al Listín Diario sobre libro de 6to. y "el informe" de Manuel Núñez







Santo Domingo, 10 de septiembre de 2015.

Señor
Miguel Franjul,
Director del Listín Diario.
Ciudad.

Asunto: Refutación al “informe” publicado en el Listín Diario del viernes 4 de los corrientes (conclusión).

Distinguido señor Director:

Antes que nada, me excuso por el error que se deslizó en mi primera carta -del domingo 6 de los corrientes- en la fecha de ese prestigioso diario referida en el asunto. Como anuncié en la citada carta para esta segunda parte, copio los párrafos de don Vetilio Alfau Durán:

Juan Pablo Duarte, el Padre de la Patria y Fundador de la República, trazó la pauta: “Yo admiro al pueblo haitiano desde el momento en que, recorriendo las páginas de su historia, lo encuentro luchando desesperadamente contra poderes excesivamente superiores, y veo como los vence y como sale de su triste condición de esclavo para constituirse en nación libre e independiente. Le reconozco poseedor de dos virtudes eminentes, el amor a la libertad y el valor”.

En cuanto a las razas pobladoras de la isla, especialmente de la parte del Este, el patricio, desprovisto de todo prejuicio, se expresó así:

“Los blancos, morenos,
cobrizos, cruzados,
marchando serenos,
unidos y osados,
la Patria salvemos
de viles tiranos,
y al mundo mostremos
que somos hermanos”.

(…) El principio de fusión racial, tan arraigado en la nación dominicana, fue ponderado con el más firme entusiasmo por la familia trinitaria frente a los blancos criollos de Santo Domingo y a los negros criollos de Haití. De ahí que aún en medio del ardimiento de los conflictos encendidos entre las dos Repúblicas que se comparten el dominio de la Isla a causa de sus diferencias fronterizas, el insospechable y noble nacionalista don Américo Lugo, esgrimió su rutilante pluma para decirle a sus conciudadanos, con acento apostólico: “Nuestros conflictos con Haití no deben resolverse por la guerra, sino por la paz.

Las dificultades que surgen por razón de frontera deben mirarse, si es posible, con la misma calma que si surgiesen sobre la línea divisoria de dos provincias dominicanas… Ante el código de la naturaleza, Haití y Santo Domingo son dos grandes provincias hermanas, estrechamente unidas, aunque tratasen de devorarse mutuamente; íntimamente ligadas por lazos topográficos, geográficos, etnográficos, agrícolas, industriales, comerciales; forzosamente encaminadas a un destino común, a un objetivo idéntico de conservación, desarrollo y organización por medios a ambas peculiares, por medios tan ineludibles para ambas como lo son para todas y cada una de las regiones de la antilla entera. No sé que haya de cierto en la creencia de que la política haitiana es perpetua favorecedora de la invasión pacífica del territorio dominicano; más para mí creo que en este punto la política haitiana está tan exenta de propósitos calculados como la nuestra; y que la invasión pacífica es obra exclusiva de la actividad individual de los haitianos.

La única manera positiva y buena de evitar este fenómeno que nos preocupa, es extinguir las causas que lo producen, no menguando la fuerza expansiva de aquel pueblo, sino creando dentro de nosotros mismos fuerzas de suficiente contrarresto. La fuerza expansiva que los pueblos desarrollan por medio de la paz y del trabajo es siempre digna de respeto; y las gotas que se deslizan del vaso rebosado que una nación levanta en el banquete de la vida, fecundan el suelo extraño que en su seno las recibe. Tratemos de levantar tan alto y tan colmada la copa de nuestra civilización, que un río de ventura y prosperidad corra del uno al otro extremo de la isla. Toda guerra con Haití debe evitarse, porque no se pelea entre hermanos, y Haití es hermano nuestro.

Tampoco cabría exigirle satisfacciones y reparaciones que estamos, por lo demás, muy lejos de exigir a las grandes potencias. El día que surja un gran estadista en cualquiera de las dos Repúblicas, hará de la confederación de ellas un objetivo político de máxima trascendencia. Si en alguna parte la naturaleza llama a dos pueblos a confederarse, es en el bello seno de esta isla; y cuanto se tarde en oír la voz de la naturaleza, tanto tardará el equilibrio interior de cada Estado en producirse… Porque la paz y la prosperidad de ambos Estados, séame permitido insistir en ello, tienen que ser la resultante de una confederación”. Palabras de profundo sabor bíblico, cuyo resplandor ilumina el camino recto y seguro de la felicidad insular.

Esas son las palabras de don Vetilio, historiador y maestro venerando. Teniendo presente esa línea de pensamiento, paso enseguida a demostrar que el texto de 6to. grado escrito por Juan Ricardo Hernández (historiador fallecido) y el señor Alejandro Hernández Grullón, geógrafo, ni es antidominicano ni “lleva a la deducción de que practicamos masivamente el racismo y el apartheid”, como viene ya de la carta anterior. Introduzcámonos, pues, a la materia pedagógica:

En su introito el “informe” habla de que el libro de 6to. grado de Ciencias Sociales ha sido distribuido a más de 4 millones de estudiantes del sector público. Como se ve, tampoco le va bien con las estadísticas. De acuerdo con informaciones del Minerd la suma de la población estudiantil del 6to. grado del sector público de todo el país fue en el año 2014-2015 de 150,508 estudiantes. Corrijo este dato aportado por el “informe” del señor Núñez, pues cualquier persona que no sepa que la República Dominicana tiene unos 10 millones de habitantes, podría pensar que la población estudiantil es superior a la población total y eso está fuera de toda lógica.

Los libros de texto no son un elemento aislado ni andan sueltos como una especie de radicales libres del sistema educativo. Un libro de texto, cualquiera que este sea, tiene como referente el diseño curricular, pues este le da carta de naturaleza como tal libro de texto. En el siglo XIX todavía no era así, puesto que no existían aún currículos estructurados. Pero desde finales del siglo XIX en adelante, es decir, con la reforma hostosiana, se plantean programas ordenados siguiendo un sistema progresivo conforme al desarrollo de las capacidades de los propios alumnos y alumnas.

Este pensamiento sistemático lo introdujo Hostos, como bien demostró en un conocido estudio Camila Henríquez Ureña. Ya en el siglo XX se adoptan libros de texto acordes con los programas curriculares, cuya aprobación era emitida por las autoridades de educación. De esto último hay testimonios en la Revista Educación, fundada en 1910 por Félix Evaristo Mejía, que fue órgano de la Secretaría de Educación hasta décadas recientes. En la actualidad, los libros de texto para ser aprobados como tales deben cumplir con los requerimientos de la Ordenanza 06’2003 que establece el reglamento para la evaluación de los recursos para el aprendizaje que son empleados en la educación dominicana a todos los niveles.

En la secuenciación de los contenidos del segundo ciclo de básica que establece la Ordenanza 01’95 para el área de Ciencias Sociales, el sexto grado es el primero que se aparta del territorio dominicano para dar una visión general de la historia humana moderna, por tanto, remite al pasado de los últimos cinco siglos, pero también al presente. No obstante, el diseño curricular pone de relieve los enlaces de nuestra formación nacional con esa historia más general a través de los conceptos clave que deben construir los estudiantes en el desarrollo curricular.

El diseño curricular de Ciencias Sociales para el Sexto Grado del Nivel Primario se centra en la expansión europea en la época moderna y contemporánea que alcanzó a todo el planeta Tierra. El hilo conductor está dado por la historia americana, tomando como pivote la historia de la isla Española la cual se articula a los grandes procesos de la historia de la colonización y la esclavitud modernas (siglos XV-XIX), las independencias y los procesos de descolonización (siglos XIX-XX), además de la herencia colonial en los países independientes o descolonizados, dentro de la cual se encuentra el racismo junto a otros conceptos; a saber: imperios, monarquías, dependencia, colonias, indígenas, esclavitud, criollos, revolución, independencia, estado, nación, soberanía.

Por ello aparecen contenidos, en las cuatro dimensiones en que están organizados (espacial, económica, socio-cultural y ciudadana), donde se abordan aspectos de la historia dominicana, como la conquista y colonización de nuestro territorio por las huestes españolas, pero también se incluyen otros referidos a la colonización portuguesa, inglesa, francesa, holandesa en América, así como a los movimientos de Independencia en América del Norte como en toda Hispanoamérica, el Caribe y Brasil. Se aborda, además, el expansionismo europeo hacia Asia, África y Oceanía.

El currículo es coherente cuando plantea la relación entre colonización-esclavitud-descolonización/independencia-racismo para los países que surgieron del expansionismo europeo. Al docente toca conducir el proceso de construcción del conocimiento a fin de que los estudiantes puedan comprender que la formación de nuestra nación está relacionada con la expansión europea que abarcó a toda América, pero también a África y Asia.

Que un hito importante de esa historia está relacionada con la isla de Santo Domingo, que compartimos hoy en día dos repúblicas hermanas, que fue usada para penetrar desde aquí al resto del continente; que los aborígenes en todas partes que eran dueños y gobernantes de sus tierras fueron sometidos, esclavizados, quitándoles así la libertad de sus personas y de sus naciones, los cuales pasaron a ser gobernados desde una metrópoli, por lo que pasaron a ser dependientes, como todos los demás países de conquistados por los europeos en los demás continentes. Que para desarrollar la economía colonial se trajeron por la fuerza esclavos negros, robados o comprados en África por negociantes europeos en grandes cantidades, y que estos se rebelaron como lo habían hecho también los indígenas.

Que en Hispanoamérica los blancos criollos se mezclaron cada vez más con los indígenas y negros y que surgieron sectores criollos mezclados que también fueron muy importantes en las luchas políticas por la independencia. La colonia española de Santo Domingo siguió un derrotero particular dado el establecimiento de la colonia francesa en la parte occidental de la isla hacia mediados del siglo XVII (y no después del Tratado de Ryswick, como pretende el “informe”) y que esta presencia dio lugar a otro hito importante de la época contemporánea que tuvo lugar en la isla, que fue la primera independencia latinoamerica en 1804 y el primer estado surgido de una revolución política, social y racial, dando lugar a la primera Nación-Estado de negros y mulatos de la época moderna (luego aparecen en África en el siglo XX).

Que lograda la ruptura del “pacto colonial” se formaron estados independientes, los cuales comenzaron a dar forma a nuevas naciones aun con el peso de las herencias de dependencia y el racismo. No es ningún secreto que este último tal como lo conocemos constituye una herencia de la colonia que se ha prolongado hasta nuestros días: Eso es pensar desde el presente, eso es razonar la historia ¿por qué ocultar o negar verdades de tanto bulto? ¿Por qué no debemos enseñar a las y los estudiantes a pensar históricamente?

Hecha esta aclaración, volvamos al “informe” y a sus observaciones pedagógicas acerca del libro de texto:

1) Dice el informe: “Entre las preguntas pedagógicas se encuentran insinuaciones que conducen a una interpretación que no tiene nada que ver con la enseñanza de una circunstancia historiográfica muy anterior al nacimiento de la colonia de Saint Domingue (actual Haití). En los conocimientos que se le piden al estudiante se dice: ‘¿Quiénes son los que cortan la caña en la República Dominicana?’ (p. 59) ‘Hacer una lista de actividades realizadas en la actualidad que se parezcan a la esclavitud?’ (p. 61).”

Estas dos preguntas se refieren a dos actividades distintas que forman parte de una estrategia de enseñanza-aprendizaje para la construcción de conocimientos en el aula. La primera, en la página 59, está acompaña de otras dos bajo el epígrafe “Cuéntame lo que sabes”.

En pedagogía la construcción de conocimientos significativos no se entiende si no es partiendo de los conocimientos previos de los estudiantes, que de una forma activa se involucran en la producción de nuevos conocimientos y que a su vez sean conocimientos prácticos, que sirvan para la vida. Los conocimientos previos son aportaciones de los estudiantes de nociones, ideas, saberes, experiencias, que ya están presentes en ellos y ellas, que desde ese momento forman parte de los insumos para el aprendizaje en el aula.

El estudio y uso de otras fuentes y libros, además del texto, el uso de procedimientos de indagación, permite el diálogo de saberes y la construcción de un nuevo conocimiento. Las preguntas incluidas en el texto son indicativas, no limitativas, pues el maestro y la maestra pueden utilizar otras más adecuadas, de acuerdo con las necesidades de su grupo de alumnos y el contexto; pero el libro de texto le da una pauta.

Las tres preguntas que refiere el texto, en la actividad de la citada página, tratan de conectar el conocimiento y la experiencia real de los estudiantes, lo que es un procedimiento acorde con el enfoque constructivista adoptado por el currículo dominicano desde el primer Plan Decenal. No se trata aquí de memorizar informaciones, como si cada estudiante un banco o un almacén de datos, sino de que movilizar las ideas previas ponerlas en diálogo con el conocimiento y los métodos de las ciencias sociales y producir así con sus alumnos y alumnas nuevos conocimientos que les sirvan de inmediato para pensar su mundo, para vivir en él.

Entonces las preguntas: ¿En cuáles ocasiones utilizamos en nuestro país el azúcar? ¿quiénes son los que cortan la caña en la República Dominicana? ¿Cómo podría vivir una persona si en su trabajo no recibe un salario?, contribuyen a realizar esa conexión y por tanto al logro de aprendizajes significativos como propone el currículo dominicano. Desde luego, como se trata de los conocimientos previos de los estudiantes estas preguntas de la página 59 nada tienen que ver el tema con la formación de la colonia de Saint Domingue, como insinúa el “informe”.

La segunda petición a que se refiere el “informe”, de la página 61, corresponde a otra actividad que se inscribe en la misma estrategia de construcción de conocimientos significativos, a la cual los autores llaman “Reunidos para aprender”, por lo que se pide que se haga “en equipos de trabajo”. Forma parte de un grupo de 6 actividades que se proponen al final del tema dedicado a “La producción de azúcar”.

Vuelve así a tratar de conectar pasado y presente / presente y pasado, con lo cual los niños y las niñas siguen ejercitándose en la producción de conocimientos significativos. Los resultados de este ejercicio no siempre se refieren a nacionales haitianos, pues algunos estudiantes consideran que recoger basura, romper piedras con un pico y con taladros neumáticos, así como otros trabajos que se realizan en las ciudades, tienen características que se parecen a la esclavitud. Por lo que la insinuación de nuevo es del “informe” y no del libro de texto.

Por otra parte, la producción de azúcar como parte de la riqueza colonial en las Antillas constituye una línea de desarrollo que el texto no abandona, pero el “informe” encuentra que: “En la página 74 mete un texto que no corresponde al tema y habla de las trece colonias de Estados Unidos, cuando el tema de la unidad es Saint Domingue.” Desde luego, el párrafo a que se refiere dice que los Estados Unidos de América, ya independientes, compraron el azúcar que producía la rica colonia francesa de Saint Domingue, lo cual es totalmente pertinente al tema.

2) “En la página 75 relacionada con el trabajo pedagógico: ‘Pídele a un extranjero haitiano que te hable del vudú en Haití”. Esta es una de las actividades que los autores, dentro de la unidad 2, colocan al final del tema 6 “Formación de Saint Domingue”, que a su vez se relaciona con la información proporcionada en dicha unidad acerca de que los “africanos trajeron consigo un conjunto de creencias y costumbres” entre las que se encontraba una expresión religiosa llamada Vudú. No sé por qué al “informe” le parece mal que se proporcione esta información o que se realice esta actividad práctica para analizar en grupo por los estudiantes, orientados por el maestro o la maestra. ¿Le impediremos también a los estudiantes que se lean a Juan Antonio Alix?

3) “La proporción de información relacionada con la Independencia dominicana y de la haitiana es totalmente desigual. A Haití se dedican el tema 6, 7 y 8. Y la independencia dominicana se halla exclusivamente representada por la unidad 5 de la última parte.” Efectivamente los temas dedicados a la historia de la colonia francesa de Saint Domingue (6), La Revolución Haitiana (7) y la Independencia de Haití (8), ocupan 13 páginas de las 30 que tiene la unidad 2 (pp. 55-84) que se refiere a la “Colonización de la Hispaniola”. Como la portadilla tiene una página, restan 29, si sustraemos 13 que ocupan dichos tres temas haitianos, el resto de los temas ocupan 16 páginas. Otra vez los cálculos le salen erróneos al “informe”. El autor dirá que su informe se refiere a la República Dominicana (que efectivamente aparecen en la Unidad 5, temas 5, 8 y 9), pero se le olvida que el “informe” juntó las páginas de los capítulos de la colonia y la revolución, que tratan temas previos a la organización de la República de Haití; entonces sería correcto sumar a las páginas de la Unidad 5 las páginas dedicadas en la Unidad 2 a la colonia española de Santo Domingo. Pero ni siquiera eso es necesario, pues sin salir de esta última unidad ya las sobrepasa en cantidad.

4) “Todas las actividades pedagógicas predominantes las tiene Haití, en contra de la información dominicana.” En realidad cada tema trae la misma proporción de actividades, tanto las ya referidas, que atañen a los conocimientos previos, como las otras que se encuentra al final de cada tema que son de dos tipos: “Reunidos para aprender” y “Recordando”. La unidad 2, que trata de la Colonización de la Hispaniola, tiene 8 temas: 3 corresponden a Haití, según el “informe”, por tanto, los 5 restantes corresponden a Santo Domingo. Al final de cada unidad hay una serie de ejercicios de recapitulación. A esta serie se refiere el siguiente punto del “informe”, como se verá enseguida.

5) “Se le pide al niño lo siguiente: a) Se le pide al estudiante que coloree, analice la bandera haitiana (pág. 81), b) Que escriba poemas sobre la independencia haitiana, c) Que describa a todos los líderes haitianos, sin referirse a los dominicanos, d) Se le pide a niños opiniones inducidas: se habla del falso apoyo a Ciriaco Ramírez y a Simón Bolívar, y luego se le pide ‘¿Consideras que los haitianos y los dominicanos son dos pueblos hermanos?’ Son, desde luego, dos naciones distintas. Porque para ser hermanos han de tener igualdad de cultura, de propósito, de lengua y de origen.” La cita de don Vetilio que hemos puesto al inicio de esta carta me exime de comentar las últimas frases que acabamos de copiar del “informe”. Tampoco vale la pena dilucidar si fue falso o no el apoyo a Ciriaco Ramírez y a Simón Bolívar, las armas y el dinero con que Petión ayudó a ambos funcionaron bien: las primeras en las batallas (en la guerra contra el ejército francés aquí y contra el ejército español en Suramérica) y el segundo fue aceptado en los mercados. Que yo sepa no hay ningún documento que pruebe que fueron falsos las armas o el dinero. Y si este ni aquellas fueron falsos, tampoco fue falso el apoyo. Nuevamente es el “informe” el que induce las opiniones.

Colorear y analizar la bandera haitiana parece que no debe ser una actividad de niños para el “informe”. Y en verdad no lo es: se trata de conocer el símbolo patrio de un vecino que comparte la isla y que tiene una identidad y un origen diferente, pero que no lo hace menor ni mucho menos inferior a nosotros. Al contrario, el libro de texto quiere que al igual que Duarte aprendamos a admirar al pueblo que surgió libre e independiente de la condición más preterida en la que puede colocarse a un ser humano: la esclavitud. Otras personas contemporáneas de Duarte consideraron que aquello era una desviación, un error de la naturaleza, un absurdo político. Pero Duarte no lo vio así. El maestro y la maestra debería servirse del Ideario duartiano cuando realicen las actividades a y b de la sección “El barco investigador” de la Unidad 2. Si algo se le puede reprochar al texto es que no proporciona esta orientación, por más que dicho Ideario es conocido por la mayoría de nuestros maestros y maestras.

“Verdades como puños”, decía Martí; como puños en alto para mostrar nuestra disposición a luchar por ellas, pero no para golpear ni mucho menos dar un golpe contundente a nadie, puesto que “la verdad no confunde”, como dijo Hostos, sino que abre nuestros sentidos a la razón y al buen juicio.

Señor Director, como podrá constatar en todo lo anotado en esta carta y en la anterior, el libro de texto de 6to grado, está muy lejos de ser antidominicano y antipatriota o despreciar al pueblo dominicano como pretende el “informe”. Juan Ricardo Hernández, su autor principal, fue un ciudadano dominicano ejemplar, no tuvo oportunidad de defender su obra, pese a que la misma tuvo 9 años de vigencia antes de ser señalada por el “informe”, cuyas imputaciones gratuitas hemos refutado en todos sus puntos esenciales. Por supuesto, el libro de texto referido no es antihaitiano, sino dominicano y patriota en el mejor sentido de estos términos.

El Ministro de Educación se refirió recientemente a la polémica desatada por el “informe” y tomó una medida cautelar, porque los libros de texto de nuestras escuelas constituyen elementos de la más alta importancia nacional, pero ni los autores ni los técnicos del Ministerio habían errado al reconocer el valor pedagógico de este libro y su cumplimiento de las ordenanzas dispuestas por el Consejo Nacional de Educación.

Dios nos libre, señor Director, de tener libros antihaitianos en las escuelas, pues no es con el odio que vamos a conocernos, relacionarnos y respetarnos ni a construir la felicidad de ninguno de los dos pueblos que compartimos la isla. Este último hecho ha sido fruto de los procesos de colonización europea, primero, y de independencia y descolonización, posterior, y que con las fuerzas respectivas luchamos todavía hoy contra herencias perversas como la pobreza, la desigualdad y el racismo.

Señor Director: Gracias por su atención a la presente carta y disculpe por distraer su atención hacia un asunto como este. Le reitero que no le hubiera molestado si los libros de texto no fueran un elemento de tanta delicadeza y trascendencia para el país, y si el destacado diario que usted dirige no hubiera dado tal despliegue a un “informe” irresponsable e intrépido como el elaborado por el señor Núñez.

Reciba mis saludos cordiales, con sentimientos de alta consideración y estima,

Raymundo González.
Miembro de número de la Academia Dominicana de la Historia. — en Santo Domingo.

domingo, septiembre 13

EL CENTRO CULTURAL DE ESPAÑA PRESENTÓ SEMINARIO SOBRE MIGRACIONES E IDENTIDAD CULTURAL


Señor Juan Sánchez, Director del Centro Cultural de España en Santo Domingo presentando a Leibi Ng el viernes 11 de septiembre 2015.

El Centro Cultural de España en Santo Domingo acogió el proyecto “Las migraciones forjadoras de la identidad cultural dominicana”, dirigido por la antropóloga dominicana Soraya Aracena, con el objetivo de difundir la importancia que revisten las migraciones en la conformación de la identidad dominicana.

El proyecto se compone de tres seminarios, dedicado cada uno de ellos a profundizar en distintos grupos de migrantes que han influido y enriquecido la cultura local, en relación al lenguaje, la arquitectura, el crecimiento urbanístico, el arte y el devenir histórico, entre otros campos de influencia.

En el mes de septiembre se inaugura este ciclo abordando la inmigración de los judíos, los árabes y los chinos hacia la República Dominicana. En el mes de octubre los encuentros se centrarán en las influencias de los españoles a la cultura dominicana y en el mes de noviembre se tratará el tema de la Afrodescendencia  en el país.

Todo un calendario de conferencias con expertos en la materia, historiadores, catedráticos y representantes de las diferentes culturas y países en cuestión, además de actividades paralelas, presentaciones culturales, documentales y talleres han sido programados.

El primer encuentro y acto inaugural del seminario, tendrá lugar el próximo 9 de septiembre a las 7:00 pm en el Centro Cultural de España. Tras la apertura del ciclo, el historiador Oscar Zazo impartirá una conferencia acerca del asentamiento judío en Sosua, que se complementará con la proyección de un video documental.

El jueves 10, el historiador Orlando Inoa y el arquitecto Gamal Michelen serán los encargados de las conferencias en torno a las influencias de la inmigración árabe, mientras que el viernes 10 se abordará el consolidado grupo migrante de los chinos, a cargo de Leibi NG, que culminará con la presentación de la Danza del León.

La invitación queda abierta para todos los interesados en participar en los encuentros, cuya entrada es gratuita, gracias al trabajo en conjunto del Centro Cultural de España con la colaboración de MUDHA y la Fundación Antillas.

Para más información, visite la web www.ccesd.org



El proyecto “Las migraciones forjadoras de la identidad cultural dominicana”, estuvo dirigido por la antropóloga dominicana Soraya Aracena. En la imagen, Leibi Ng, en representación de la Fundación Flor para Todos, Inc. sobre el aporte de los chinos de Cantón o  Guǎngzhōu en pinyin, a la sociedad dominicana.










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Las migraciones forjadoras de la identidad cultural dominicana

República Dominicana, ha sido a través de su historia un país de inmigrantes, de hecho sus primeros pobladores  los Tainos, Españoles y africanos lo eran. A estos lugareños   iniciales y movidos por diferentes circunstancias  a partir del siglo XIX,  se agregan nuevos grupos de diferentes países, algunos muy lejanos, como judíos, Chinos de Cantón, Libaneses, negros que habían logrado salir de la esclavitud  de los Estados Unidos de Norteamérica, y los de  las islas de Antigua, Anegada y Saint Kitts, conocidos como “cocolos”, entre otras .Un último grupo y no por ser el último menos importante, es el de los haitianos cuya llegada a decir de algunos historiadores inicia desde el surgimiento de nuestra República en 1844, recordemos que nuestra independencia fue de los haitianos.
De  estos grupos  el de los españoles, estuvo aquí desde nuestra primera mención como isla (1492), y siglos después  también  llegaron por motivos políticos, huyendo de la impuesta dictadura de Francisco Franco, por  lo que para 1939, el gobierno de España abrió en Paris la oficina del Servicio de Evacuación de Refugiados que tuvo finalidad de buscar en países amigos refugio a miles de Españoles, por lo que dada la disposición de Rafael L. Trujillo, el país acogió 4,000.
Otros inmigrantes como los judíos, arribaron al país huyendo del holocausto que contra ellos iniciaba el mandatario Alemán Adolfo Hitler a partir de 1938. Por lo que llegaron 40 familias hebreas las que se establecieron en el área norte de Sosúa, municipio perteneciente a la provincia de Puerto Plata.
Pero no sólo las guerras y dictaduras movieron a estos inmigrantes a abandonar sus países de origen sino que también la precaria economía que enfrentaban en sus países, como ocurrió con el de los Árabes, llegados a finales de Siglo XIX con la esperanza de hacer puente para entrar   hasta Estados Unidos de Norteamérica y que a la postre se establecieron en diversas provincias dominicanas.
El contingente de los negros libres procedentes de las plantaciones del sur de los Estados Unidos salió en sus frágiles embarcaciones hasta nuestra isla, atraído por las promesas de bienestar  ofrecidas por el entonces Presidente del lado dominicano Jean Pierre Boyer. Para esos años, también llegaron negros inmigrantes de las islas posesiones inglesas Antigua, Saint Kits y Anegada entre otras, lo que lo hicieron para trabajar en los oficios vinculados a la producción del azúcar en especial en los ingenios norteamericanos que se habían establecidos allí.
Importante colocar en su justo sitial a  los negros africanos traídos a partir del Siglo XVI de variadas etnias africanas y que han contribuido con sus danzas, música y religiosidad a la conformación de la cultura actual.

Para finalizar, mencionamos a los haitianos, el más numeroso de todos los grupos que hasta aquí hemos mencionado, cuya contribución a la economía dominicana ha sido determinante y que nos ha aportado elementos muy valiosos de su cultura, lo que se observa en el peinado, el Gagá, así como algunas de sus delicias culinarias.

Todos estos individuos, trajeron consigo importantes elementos de su cultura, los que todavía hoy se expresan en esa multiculturalidad que compone lo que es la identidad dominicana actual, por lo que a fin de dar a conocer la importancia que revisten hemos coordinado este Seminario “Las Migraciones Forjadoras de la Identidad Cultural Dominicana”, en el que serán dictadas conferencias sobre dicho tema, así como presentaciones de grupos de música, danzas  y videos. Centro Cultural de España en Santo Domingo




jueves, septiembre 10

El Centro Cultural de España presenta un Seminario sobre Migraciones e Identidad Cultural

El Centro Cultural de España en Santo Domingo acoge el proyecto “Las migraciones forjadoras de la identidad cultural dominicana”, dirigido por la antropóloga dominicana Soraya Aracena, con el objetivo de difundir la importancia que revisten las migraciones en la conformación de la identidad dominicana.
El proyecto se compone de tres seminarios, dedicado cada uno de ellos a profundizar en distintos grupos de migrantes que han influido y enriquecido la cultura local, en relación al lenguaje, la arquitectura, el crecimiento urbanístico, el arte y el devenir histórico, entre otros campos de influencia.
En el mes de septiembre se inaugura este ciclo abordando la inmigración de los judíos, los árabes y los chinos hacia la República Dominicana. En el mes de octubre los encuentros se centrarán en las influencias de los españoles a la cultura dominicana y en el mes de noviembre se tratará el tema de la Afrodescendencia  en el país.
Todo un calendario de conferencias con expertos en la materia, historiadores, catedráticos y representantes de las diferentes culturas y países en cuestión, además de actividades paralelas, presentaciones culturales, documentales y talleres han sido programados.
El primer encuentro y acto inaugural del seminario, tendrá lugar el próximo 9 de septiembre a las 7:00 pm en el Centro Cultural de España. Tras la apertura del ciclo, el historiador Oscar Zazo impartirá una conferencia acerca del asentamiento judío en Sosua, que se complementará con la proyección de un video documental.
El jueves 10, el historiador Orlando Inoa y el arquitecto Gamal Michelen serán los encargados de las conferencias en torno a las influencias de la inmigración árabe, mientras que el viernes 10 se abordará el consolidado grupo migrante de los chinos, a cargo de Leibi NG, que culminará con la presentación de la Danza del León.
La invitación queda abierta para todos los interesados en participar en los encuentros, cuya entrada es gratuita, gracias al trabajo en conjunto del Centro Cultural de España con la colaboración de MUDHA y la Fundación Antillas.
Para más información, visite la web www.ccesd.org


lunes, septiembre 7

Raymundo González sobre el libro de 6to.

Historiador Raymundo González
Santo Domingo 6 de septiembre de 2015.
Señor
Miguel Franjul,
Director
Listin Diario,
Ciudad.
Señor Director del Listín Diario:
He leído en ese prestigioso diario, en la parte superior de la primera plana del día viernes 5 de los corrientes, una noticia firmada por el periodista Néstor Medrano, titulada: “Experto considera hay distorsión de la verdad. Rechazan libro historia de 6to. Ensayista Manuel Núñez dice texto sugiere que en RD se practica racismo y apartheid”. Medrano cita el peritaje practicado por Manuel Núñez sobre el texto de 6to. Grado, de la autoría de Juan Ricardo Hernández y Alejandro Hernández, publicado en 2006. El “informe” o peritaje hecho por Núñez se reproduce en la página 7 A. He querido refutar dicho “informe”, a la espera que pueda dispensarle un espacio similar, pues estimo que carece de méritos históricos y pedagógicos, como se mostrará sucintamente en las líneas que siguen.
Antes de pasar al examen de dicho “informe” conviene señalar que el mismo contiene observaciones puntuales sobre un libro texto en las que omite su temática y estructuración y hace caso omiso del diseño curricular al que debe responder. Nadie sabe que el libro sometido al peritaje no trata de la historia dominicana sino de la expansión colonial del occidente europeo en las épocas moderna y contemporánea en América, África y Asia y de los procesos de independencia y descolonización que le siguieron. Tampoco considera que el sexto curso en el diseño curricular vigente contemple la introducción de los estudiantes en el mundo colonial provocado por el expansionismo europeo desde mediados del siglo XV, después de haber visto desde el tercer curso de primaria solo historia dominicana.
Esto es importante porque la enseñanza en las escuelas dominicanas se rige por el diseño curricular vigente para cada uno de los niveles en que está estructurado el sistema educativo dominicano (público y privado), en el marco de la Ley General de Educación. En tal sentido, el currículo es el primer referente del maestro y la maestra dominicanos para el desarrollo curricular que se realiza en el aula con las y los estudiantes como protagonistas y a través de estrategias de enseñanza-aprendizaje. Dichos estudiantes y docentes tienen varios recursos de los que pueden servirse para la implementación de estrategias para el desarrollo curricular, uno de estos recursos es el libro de texto (para el 6to. Grado hay por lo menos cinco aprobados), al que se adicionan otros libros de consulta, enciclopedias, mapas, videos, etc. Los libros de texto deben ajustarse al diseño del grado en el área curricular, en este caso de Ciencias Sociales, sin que esto signifique que el autor o autora del libro pueda expresar sus puntos de vista sobre los temas que trata siempre en un marco de prudencia y respeto a la ciencia y a sus procedimientos. Por su parte, la maestra y el maestro, quien dirige el proceso de enseñanza y orienta los aprendizajes de los estudiantes, acude al libro como un recurso más para el desarrollo curricular, por lo que también puede decidir utilizarlo de manera crítica o buscar otro recurso que considere más provechoso para sus estudiantes.
Ya puestos frente al texto del “informe”, me detengo en las observaciones de contenido histórico:
Contra lo que afirma el “informe”, los aborígenes que habitaban nuestra isla a la llegada de Colón en 1492 la llamaban Haití. Así lo consigna don Cristóbal Colón en su Diario del primer viaje y los primitivos cronistas de las Indias. Entre los notables se halla Francisco López de Gómara, ilustre clérigo sevillano que realizó estudios en la Universidad de Alcalá de Henares, famosa entonces por las reformas que introdujo en ella el Cardenal Cisneros, en su obra de Hispania Victrix. Historia General de las Indias, dedicada “A don Carlos, Emperador de Romanos, Rey de España, Señor de las Indias y Nuevo-Mundo”, obra que se publicó en Zaragoza en 1552 y tuvo numerosas reimpresiones; dice este autor al hablar del descubrimiento de la isla Española: “De Guanahaní fueron a Barucoa, puerto de Cuba, donde tomaron ciertos indios; y tornando atrás a la isla de Haití, echaron áncoras en el puerto que llamó Colón Real.” Para no hablar de Gonzalo Fernández de Oviedo, cronista de Indias nombrado por el Emperador, quien señala este nombre en varios lugares.
El “informe experto” además confunde el nombre de los cacicazgos (jurisdicción territorial de gobierno autóctono cuyo jefe era un cacique o cacica) con el nombre de la isla (estos fueron, además de Haití: Babeque, Bohío, Quisqueya, siendo Haití el más extendido o difundido por todo el territorio). Los nombres de Marién, Maguá, Maguana, Jaragua o Xaragua e Higüey fueron reconocidos como cacicazgos (a los que hay que agregar otros treinta nombres), provincias le llamaban los españoles, pero jamás nombres de la isla. Le garantizo, señor director, que esta especie es un invento novísimo del “informe” y que no tiene sustentación alguna directa ni indirecta en documentos ni en tradición historiográfica alguna como pretende su autor. Ciertamente, los historiadores contemporáneos no están todos de acuerdo en que sea cinco el número de los cacicazgos y algunos especialistas han planteado la hipótesis de que podría tratarse de cinco federaciones de cacicazgos al momento de la invasión europea. Pero en ningún caso los hacen pasar por nombres de la Isla.
Que el nombre de Haití se utilizó en los siglos XV a XVIII consta también documentalmente. Pruebas al canto:
-Siglo XV: El propio don Cristóbal Colón, primer Virrey y primer Almirante de las Indias, Descubridor y primer Gobernador de la Isla Española y de las Indias, en uno de los documentos más solemnes que le otorgaron los Reyes Católicos que fue la Institución de su mayorazgo, escribe: “E plugo a nuestro Señor Todopoderoso que en el año de noventa y dos descubriese la tierra firme de las Indias y muchas islas, entre las cuales es la Española, que los indios de ella llaman Haytí y los monicongos de Cipango.”
Fray Juan de Trasierra, quien vino a La Española en el segundo viaje de Colón, firmaba sus cartas dirigidas a los Reyes Católicos, monarcas de España, anteponiendo la datación tópica y crónica: “De Haití a XII de octubre, vuestro obediente hijo”, etc.
-Siglo XVI: Son innumerables los ejemplos, puesto que se cuentan entre ellos los grandes cronistas de Indias. Escojo dos autores que no se hallan en este último grupo:
Alejandro Geraldini, humanista italiano y amigo de Pedro Mártir de Anglería, Obispo de Santo Domingo y quien dispuso la construcción del edificio de la Catedral Primada que desde hace casi cinco siglos es cabeza del gobierno eclesiástico en nuestro país, en su obra Periplo hasta las regiones situadas al sur del Equinoccio, escrito en 1522 en la lengua del lacio, en el capítulo decimocuarto expresa del primer viaje colombino: “Y de ese modo llegó durante una prolongada navegación primero hasta las islas de los caníbales, luego hasta la isla Beriqueria –que denominó San Juan Bautista-, de ahí a Haití, a Jamaica, a Cuba,” etc. Aún añade: …“al comprobar que la isla de Haití tenía gran abundancia de oro, de poblaciones, de feracidad y de bienes característicos de su tierra de origen, le dio el nombre de La Española por España.”
Bachiller Francisco Thamara, Catedrático de Cádiz, publicó en 1556 El libro de las costumbres de todas las gentes del mundo i de las Indias, en el capítulo 7 de su obra se refiere a la isla Española y escribe: “La isla Española que por otro nombre se dice también la Isabella, o la isla de Santo Domingo i antes que fuese descubierta por los Españoles se llamava Haytí i Quisqueya, que es aspereza i tierra grande”.
-Siglo XVII: De nuevo se multiplican las referencias ya que se impone el interés de las potencias comerciales europeas por las colonias americanas y crecen las ediciones extranjeras de historias del Nuevo Mundo y otros libros basados en los cronistas españoles, de los cuales surgió la llamada “Leyenda negra” de la conquista española; por abreviar, paso solo a mencionar dos que no despiertan ninguna sospecha: don Antonio de Herrera y Tordesillas, historiador y cronista mayor de Indias, a quien debemos una obra monumental titulada: Historia general de los hechos de los Castellanos en las islas y tierra firme del mar oceano., popularmente conocida como las Décadas, escribió sobre esta isla: “A la Isla Española llamaron los naturales Aiti, i Quisqueia, que significa Aspereca, i Tierra grande”. Me ahorro copiar a don Juan de Solórzano Pereira, en su obra Política Indiana, también publicada en el siglo XVII, quien retoma a Herrera.
-Siglo XVIII: En esta centuria son los autores de la Ilustración los que se ocuparán de las copiosas referencias a la isla de Haití o de Santo Domingo, ya este último apelativo más corriente que el nombre de isla Española que entra en desuso. Pero el nombre de Haití no quedó en el olvido. Dos autores hispano-dominicanos con visiones muy distintas de la historia de la colonia española de Santo Domingo lo refieren. El primero, el hatero e historiador banilejo Luis José Peguero, en su obra de 1762 que circuló manuscrita en dos tomos, Historia de la Conquista, de la Isla Española de Santo Domingo, la cual según fray Vicente Rubio, O.P., constituye “una muestra de lo que era la literatura popular en nuestros medios rurales del siglo XVIII”. Peguero, puso en versos este diálogo sobre la batalla de la Vega Real:
Del Almirante:
Toca al Arma, toca guerra
A ellos españoles míos
Abrasad toda la tierra
Pues que provo con la guerra
Prueben d’España los bríos.
De Guarionex:
No tememos tus proesas
Los indios que beis aquí,
Primero arderá en pavesas
Toda la tierra de Aytí,
Que tú Colón la agas presa.
El público culto bien pudo leer la obra del más destacado ilustrado nacido en esta isla, Antonio Sánchez Valverde, racionero de la catedral dominicopolitana, quien en su muy conocida obra Idea del valor de la Isla Española, escribió sobre la isla objeto de estudio: “Sus antiguos Pobladores la daban los nombres, verdaderamente epítetos, de Haití o Tierra alta, y Quisqueya o Madre de las tierras. Esta fue la primera en que fijó el pie nuestra Nación baxo de la conducta del inmortal Almirante Don Chistóbal Colón en el felicísimo Reynado de los Católicos Reyes don Fernando y doña Isabel por los años de JesuChristo de 1492”.
De lo anterior se deduce clara y distintamente que el nombre de la isla, anterior a la llegada de los españoles, era Haití, como lo declara el propio Descubridor, quien fue informado directamente por los indígenas y por personas de conciencia que él mismo envió al interior de la isla a aprender la lengua de los aborígenes, como fue el padre ermitaño fray Ramón Pané, entre otros. También refieren el nombre aborigen de Haití para toda la isla Gonzalo Fernández de Oviedo y Bartolomé de las Casas. Por tanto, es también falsa la afirmación del “informe” cuando dice: “El nombre de Haití aparece en algunos cronistas españoles llegados mucho tiempo después. Nunca se llamó así a toda la Isla. Durante varios siglos nunca se designó a ninguna porción en los documentos historiográficos con ese nombre, ni en los siglos XV, XVI, XVII y XVIII.” Difícilmente pueda decirse que Colón llegó mucho tiempo después o que estuviera mal informado sobre el nombre que daban los autóctonos a la isla que tomó para asiento de su gobierno en las tierras descubiertas por él. Asombra como alguien puede escribir lo contrario e inventar nuevos nombres de nuestra isla en un “informe experto” y aun que muchas personas lo acepten como verdad revelada. Un procedimiento totalmente ajeno a la enseñanza y aprendizaje de la historia en el área de las Ciencias Sociales.
Si como se ha visto el nombre de Haití aparece en los documentos y escritos de Cristóbal Colón, en otros documentos y escritos de historiadores de los siglos XV, XVI, XVII y XVIII, y se sigue usando en los siglos XIX, XX y XXI para referirse al nombre de la isla antes de la llegada de los españoles, entonces, tan falsa como desafortunada es la afirmación que hace el “informe” cuando dice de este nombre que: “Apareció en 1804, con la proclamación de la Independencia.”
El “informe” pretende que “Dessalines no fue electo Presidente, Haití no fundó una República de hombres libres, sino una Monarquía absoluta de súbditos”. Ya sabemos que en medio de una guerra como la que supuso la Independencia de Haití no era el momento apropiado para levantar padrones electorales y llamar a las urnas. Las elecciones en momento aciagos los hacen los líderes, cuando estos no se imponen, dadas las circunstancias. Tampoco fue una elección democrática que hizo a Bobadilla el primer Presidente de la República Dominicana, pero fue la persona que eligieron los representantes de los grupos liberales y conservadores aliados para dar el golpe que produjo la Independencia, por la que venían trabajando desde 1838 los jóvenes de la sociedad secreta la Trinitaria, cuyo líder, Juan Pablo Duarte, se encontraba en exilio forzoso. Pero contraponer hombres libres a súbditos, como si en la Monarquía absoluta no hubiera hombres libres aunque fueran súbditos es una barrabasada. No hay que haberse leído a Montesquieu para saber que en las monarquías y las repúblicas puede haber hombres libres y otros no libres, en efecto, la república romana los tuvo y todas las monarquías absolutas modernas; pero también los tuvieron algunas repúblicas hispanoamericanas durante sus primeros años (incluido el fallido estado de Haití Español pronunciado por Núñez de Cáceres en diciembre de 1821) y la gran república de los Estados Unidos de América, aunque desapareció pronto en el norte y permaneció en el Sur hasta la guerra de Secesión. De estas observaciones, una es absolutamente cierta: Dessalines murió asesinado en 1806 y no en 1807. A decir verdad, este es el único error en términos históricos que enmienda el citado “informe”.
El “informe” hace un apartado para tratar “dos desinformaciones”, que casualmente se refieren a la historia de Haití: a) quiere que se amplíe la información sobre la Constitución de Haití de 1805, en particular su art. 12; b) que se corrija el error de que “Toussaint fue designado gobernador de Saint Domingue” y que se diga que este gobernó durante diez años y “nunca proclamó la Independencia de Saint Domingue”. Ya uno no sabe qué hacer, un gobernador no designado que gobierna diez años: Napoleón Bonaparte, años después preso en Santa Elena, decía al respecto: “Tengo que reprocharme una tentativa sobre una colonia durante el Consulado, era una grave falta querer someterla por la fuerza; debía contentarme de gobernarla por mediación de Toussaint Louverture.” ¿A quién creerle? ¿Al “informe” o a Napoleón?
El último apartado del “informe” trata de la Unidad 4 donde pretende encontrar fundamento para su imputación de que los dominicanos practicamos masivamente el racismo y el apartheid. El libro de texto presenta el Apartheid como una realidad de Sudáfrica, un país del continente africano. Además propone que la lucha contra el racismo está presente hoy día en todo el mundo, incluso en nuestro continente. Los ejemplos por la Independencia dominicana incluye a los luchadores de las dos más importantes jornadas de nuestra historia decimonónica, la de 1844 y la de 1863, ¿acaso no fueron independencias, acaso no participó Duarte en ambas contiendas? ¿No lo consagran así las Constituciones dominicanas y es obligatorio recordar ambas fechas en todos los documentos legislativos?
En conclusión, el “informe” falsea, yerra o confunde en cada uno de los puntos que se refieren a historia dominicana, siendo que el único donde no desbarra es el pertinente a la historia haitiana. Si para muestra basta un botón, este dice que el “informe” conoce mejor la historia haitiana que la dominicana. El resultado de aplicar las propuestas contenidas en dicho “informe” no sería otro que el de extraviar la enseñanza de la historia dominicana. Dejo para una segunda entrega de esta refutación los aspectos pedagógicos cuya respuesta exige un espacio que ya va siendo prolijo.
Señor Director, en general los textos dominicanos de Ciencias Sociales adolecen de muchas fallas de forma y de fondo, resultado de la falta de preparación y de experiencia de sus autores, no de la mala fe ni de fines espurios, pero el “informe” las fue a buscar donde no las había en lo que respecta a la historia dominicana. En consecuencia, el “informe” no se sostiene en lo que a historia dominicana se refiere, como se acaba de ver. Y no porque los textos dominicanos de historia sean buenos o muy buenos, que no lo son; más bien tienen serias deficiencias, como han indicado evaluaciones anteriores realizadas por personas entendidas en la materia. Esos yerros resultan de una realidad cultural que debemos superar mejorando la calidad de la educación dominicana. Pero el “informe” no procede honradamente: le sobran mentiras y le falta verdad. Por eso la frase de José Martí cargada de humanismo se cae del “informe”, pues no cabe en él.
El patriotismo sano y constructivo, el que nos enseñaron los fundadores de la Patria Dominicana, así como los fundadores de la historiografía nacional, no se fundamenta en la contraposición de dominicanos y haitianos, sino en la libertad de la patria dominicana y de todas las patrias del continente: Duarte, Sánchez y Mella, no fueron antihaitianos aunque lucharon por la libertad de su patria de la República de Haití; tampoco lo fueron los héroes de la Restauración de la República. Así lo expresa el historiador Vetilio Alfau Durán, con cuyas palabras iniciaré la segunda parte de esta refutación ya que constituyen toda una lección de patriotismo.
Queda de usted, atentamente,

Raymundo González,
Miembro de número de la Academia Dominicana de la Historia.

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