lunes, mayo 18

Marcallé: muchos escritores que encajan en el concepto de “consagrados” ya no se leen y han sido olvidados LOS ESCRITORES DOMINICANOS NUNCA HAN ESTADO EN CONDICIONES DE COMPETIR CON SUS IGUALES DEL EXTRANJERO

Por Néstor Medrano

Roberto Marcallé, recientemente laureado con el Premio Nacional de Literatura que conceden la Fundación Corripio y el Ministerio de Cultura, desnuda en esta entrevista,  algunas ideas ya matizadas en sus obras, que no dejan de ser una provocación crítica sin salir del tono y de la humildad que ya le conocemos.

Para él solo el tiempo decide la consagración o el olvido de un escritor. Cree que el escritor dominicano necesita tomar la iniciativa y dar los pasos  que lo orienten a confrontar  el  estado de pobreza, de angustia y de  postración  en el  que, dice, se encuentra.


Roberto, el Premio Nacional de Literatura que auspicia la Fundación Corripio, con el apoyo del Ministerio de Cultura, en lo que constituye el más importante galardón a la trayectoria de un autor dominicano, llega a tu vida en un momento en el cual la Literatura parece estancada, ¿qué opinas?


RMA. En tu pregunta se incluyen dos aspectos que, a mi juicio, es preciso dilucidar como temas separados. Afirmas de manera un tanto categórica que la literatura parece encontrarse estancada.  ¿Te refieres a la literatura  que hacemos o la Literatura en sentido universal? Una afirmación  de esa naturaleza obliga a preguntar las razones  de tu apreciación. En relación a lo que dices del Premio Nacional de Literatura considero que puedes obtener  un  premio literario  en un determinado momento sin que importen las circunstancias en las que se encuentre el quehacer literario, local o universal.  El Premio Nacional de Literatura posee una concepción  al margen del momento o las circunstancias. Es un galardón que se otorga por  una obra realizada durante toda una vida,  lo que significa que trasciende lo inmediato, cuanto  ocurrió hace un año o dos años o tres o lo que esté ocurriendo en estos momentos. Ahora, si me preguntas cuál es la situación de mi trabajo literario, conoces muy bien la respuesta. Nunca he dejado de trabajar ni de publicar. Tengo entre mis planes la publicación de cuatro obras este año, dos novelas extensas y dos libros de historias. Hablo de historias, es decir, cuentos o relatos, no de Historia como algún periodista ha interpretado. Aspiro  publicar de nuevo  algunas de las novelas que escribí años atrás, porque es mi  deseo  que muchas personas que no las conocen puedan leerlas.  Como puedes ver, sigo trabajando sin cesar.  Y si Dios y la naturaleza me lo permiten, continuaré en la labor como hasta ahora.

¿Ese galardón te consagra como novelista, cuentista, ensayista
o ya eras un consagrado?

RMA. Con frecuencia me rehúso  a utilizar ciertos calificativos. Es preciso ser lo debidamente justo y ubicarse en el ámbito que en realidad te corresponde. Cuando hablamos de consagración, es preciso guardar las distancias. Shakespeare es un consagrado. Lo es Cervantes,  Marcel Proust, Faulkner,  Pedro Henríquez Ureña, Freddy Gatón Arce, Franklin Mieses Burgos, Juan Bosch, García Márquez, Jorge Luis Borges.  Por eso, cuando me cuestionas si me considero un “consagrado”  debo responderte que yo sería un arrogante, un altanero y un vanidoso si respondiera de manera afirmativa.  Creo que es el tiempo el que  dicta quién es un consagrado y quién no.  Muchos escritores  que encajan en el concepto de “consagrados” ya no se leen y han sido olvidados. Muchos premios Nobel son desconocidos y la gente no los recuerda ni los lee. Hace poco adquirí  los libros de Patrick Modiano, el último de esos premios, y noté con sorpresa que  varios de ellos son “segundas ediciones”, es decir, que sus libros se habían publicado una sola vez.  Sus novelas no son  aceptadas entre algunos  integrantes de los ambientes literarios europeos  porque su tratamiento del  tema de la nostalgia, a juicio de ellos,  carece de intensidad vivencial.  Muchos premios Pulitzer ya no son recordados.  Escritores que fueron  aclamados  en su momento, poco a poco son arropados por la niebla inclemente del olvido.  Te sugiero revisar el concepto en Harold Bloom, el  crítico literario de mayor reconocimiento universal y su libro “Genios”. Si lo deseas, revisa el texto de Anderson Imbert sobre escritores latinoamericanos. Allí encontrarás miles de  autores que ya nadie recuerda o que nadie conoce. Entonces, es preciso comprender que el concepto de consagración puede ser muy relativo. Creo que si un escritor  obtiene un Premio como el Nacional de Literatura ha dado un paso enorme. Se trata de  un antes y un después en su trayectoria. ¿Cómo he reaccionado al recibirlo?   Como un motivo de profunda reflexión. Siempre he creído en mejorar cuanto se ha hecho y  ahora ese compromiso se multiplica. Esa  actitud ya existía en mí, pero pertenecer a un grupo tan selecto de escritores te obliga a esforzarte doblemente. Por eso, utilizo el ejemplo de  James Joyce quien  decidió publicar  dos versiones  del “Retrato del artista adolescente”.  Sí, el verdadero maestro de la consagración es el tiempo. Si afirmara  que soy “un consagrado” actuaría de forma contraria a como soy y a como me siento. No me agrada  la arrogancia, la altanería, la vanagloria. Recibir el Premio Nacional de Literatura significa que debes  continuar trabajando, que reiteras tu  firme concepto del deber y responsabilidad para con las letras, para con el oficio. Somos seres humanos y estamos sujetos tanto a una eventual “consagración” como al olvido, nunca se sabe.

¿Qué opinas del desdén que se muestra desde muchos ámbitos hacia los autores dominicanos y las preferencias de autores del exterior sobre nuestros escritores, es cierto que esto se debe a que tienen una mayor calidad o que se trata de una realidad impuesta por las propias deficiencias sistémicas del país?

RMA.  Los escritores dominicanos nunca han estado en  condiciones de competir con sus iguales del extranjero y son muchas las razones. Somos un puñado y ellos son una multitud. Como en todas partes, el público es susceptible a la promoción y a las maniobras del mercado.  Y cree en las declaraciones de personas reconocidas. No puede equipararse  lo que invierten las editoras en la promoción a nivel universal de su “cuerpo de escritores”, de los cuales los dominicanos no formamos parte, si se le compara  con lo que se invierte en nuestros autores que en muchos casos es nada.  Las ediciones que esas casas editoras hacen de los nuestros no parecen  trascender al exterior. En tanto esto ocurre, los denominados  “cuerpos de escritores”  foráneos siempre ganan los concursos literarios de dichas editoras y reciben honorarios muy elevados por sus libros.  Esos escritores extranjeros  tienen asegurado  el respaldo de equipos de marketing, de  consejeros, de correctores, de investigadores que los asisten de manera incansable. Libros y autores  son conocidos  a través de comentarios y críticas de personalidades  de prestigio en el mundo del arte y la literatura. Esos escritos  se publican en los medios de comunicación y cadenas de noticias internacionales.  Incluso en las “consultas” que hacen las agencias de prensa  con las principales librerías del  Continente, de España, del mercado hispano de Estados Unidos  esos autores y sus libros siempre figuran como “los más vendidos”,  los más difundidos y los más leídos.  Y eso en nada quiere decir que sus obras sean las mejores.  Te voy a  citar un caso extremo: ¿qué autor dominicano ha recibido una promoción tan  agresiva y millonaria  como la que se ha hecho con las “Sombras de Grey” o con “La verdad sobre el caso de Henry Quebert”, o “Inferno” por ejemplo?  Los  escritores afiliados a esas editoras universales, tan pronto ganan un premio, hacen un recorrido internacional  para  promocionar sus textos. No sé de ningún escritor dominicano que haya tenido esa suerte o que haya recibido un pago sustancial por uno de sus libros. En cuanto  al desdén con el que se trata a muchos autores dominicanos del que hablas, creo que deberíamos tocar lo que se denomina “el factor cultural”. Nuestra condición de isla, de “aislamiento”, nos ha afectado mucho.   Es una realidad con la que es muy dificultoso lidiar, pero que posee asientos culturales muy sólidos y sus resultados pueden resultar nefastos.

¿Qué escritor dominicano te representa?

RMA. No entiendo la pregunta. Si me cuestionas  cómo se inserta mi literatura en la literatura nacional te diré que en el contexto de los escritores  que han hecho de la realidad social, con todos sus traumas e indefiniciones,  el ámbito de su trabajo. Ese contexto  donde se dirimen los dramas de los seres humanos y se producen los graves  conflictos que  nos definen. En nuestra confrontación con los valores y  los  antivalores  predominantes. En nuestra actitud ante el poder y sus deleznables maniobras y manipulaciones. En el estudio de la realidad que acosa a nuestras mayorías.   Hablo de Galván, de Marrero,  de Cestero,  de  Bosch, de  Corpito  Pérez Cabral, de  Moscoso Puello entre otros.

¿Han sido responsables los intelectuales dominicanos con su realidad, sus valores o traidores como denuncia Manuel Núñez en su libro El Ocaso de la Nación Dominicana, al minimizar las luchas patrióticas de la Independencia y la Restauración ante las tropas haitianas?

 RMA. Es un viejo problema que se inició con el concepto de “internacionalismo proletario” de intelectuales de izquierda y posteriormente en las aulas de la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Es  lo que el intelectual Alex Ferreras denomina  como ejercicio de liquidación de la historia nacional. El debate que se fundamenta en lo que ciertos estudiosos llaman  desdeñosamente “historiografía tradicional” en  contraste con la denominada “historiografía científica”. Yo lo trato en mi novela “No verán mis ojos esta horrible ciudad”. Objetivamente, existe un debate mayor: entre los que  son partidarios de los valores patrios tradicionales y de aquellos, muy bien calificados por el patricio Juan Pablo Duarte   para los cuales dichos valores  ya no se corresponden con realidades presentes. Es lo que plantean aunque sus motivaciones e intereses sean otros. Me inscribo entre los primeros. Y creo que la mayoría del pueblo dominicano y sus sectores pensantes también.

¿Para Roberto Marcallé Abreu, constructor de una sólida obra literaria que ha logrado entretejer una atmósfera cruda de la realidad marginada de los barrios, los suburbios urbanos, la pobreza y la delincuencia apabullante en sus mil formas, qué se debe hacer para construir un mejor presente nacional?

   RMA. Como escritor considero que una respuesta válida sería la de elaborar ficciones en las que determinadas manifestaciones de la realidad se presenten desde puntos de vista inéditos. Intuir realidades  más profundas que esas versiones que carecen de hondura y que, con mucha frecuencia, son producto de distorsiones. Creo en el escritor  visionario y sapiencial y en esa condición  sus percepciones deben alcanzar niveles  que superen  lo común y lo aparente, que  accedan a alturas superiores en su originalidad, en su creatividad, en su trascendencia. Tropiezas  en mis libros con  personajes que van descubriendo y revelando verdades fundamentales gracias a  sus propias vivencias y amarguras. Esos personajes puede que tomen  partido o no en las confrontaciones que les toca vivir. Puede que  logren  cuanto se proponen o que sencillamente fracasen. Su tarea es ir  elaborando  expectativas, alternativas, coyunturas,  en las que ellos y el lector alcanzan a visualizar   la razones  que ensombrecen sus vidas, que ensombrecen  la verdad  y,  si lo quieres,  cuanto atenta contra la integridad del  ser humano y su derecho a una existencia  menos precaria y tormentosa. En la trilogía del señor Pemberton  el tema esencial es una provocación. Se trata de  un ejercicio literario  sobre la libre determinación de la gente, la toma de decisión que se fundamenta en  percepciones propias e inducidas,  el hacer conciencia de las propias capacidades, el esfuerzo  por transformar  los retorcimientos que transforman en una iniquidad la existencia. Creo en esa premisa, en la toma de conciencia como un gran primer paso para subvertir  realidades que resultan  intolerables.

¿Qué opinas de la situación actual de los escritores dominicanos? ¿Quién es escritor, el que escribe o el que publica?

RMA. Creo que el escritor dominicano necesita tomar la iniciativa y dar los pasos  que lo orienten a confrontar  el  estado de pobreza, de angustia y de  postración  en el  que se encuentra.  Nuestra realidad es singularmente  penosa. Es imperativo  encaminar  planes y cuyas propuestas sean razonables. ¿Es un secreto que   escritores que dedicaron  su vida al oficio  llegan a la ancianidad y a la vejez completamente desprotegidos? Ese futuro nos acecha a todos.  Es preciso estimular  la creación de un mercado de lectores y debemos afrontar esa  tarea tanto  a nivel interno como externo. Es preciso lograr un sólido respaldo financiero  para que los escritores jóvenes y los ya reconocidos puedan  publicar sus libros sin tantos sacrificios. Estas ideas tienen que ver con la integración de varias instituciones. Tienen que ver  con la necesidad de crear equipos de  orientación, de corrección,  de promoción. Hablamos de un personal con un nivel de especialización que realice  contactos tanto dentro como fuera del país. Debemos estimular el nacimiento y desarrollo de  programas de radio y televisión sobre  arte y literatura e insistir en la necesidad  de que existan publicaciones regulares tanto en los medios ya establecidos como en otros nuevos. Necesitamos  revistas y periódicos también regulares donde se publiquen y  promuevan    obras  tradicionales y obras recientes. Estas son solo ideas. Si nos unimos en torno a ellas y a muchas otras es probable que se obtengan  algunos logros.

En relación a tu otra pregunta, creo que el escritor es escritor, publique o no publique.  Publicar es una meta, pero es también una eventualidad. Ser escritor  es una condición íntima, real, determinante. Es, sencillamente, lo que eres. Y eso no tiene que ver con ninguna otra situación o condición. Sin que cuente lo importante que nos parezca. Recuerda cuando Moisés le pregunta a Yaveth que quien es Él. Y Yaveth responde: soy el que soy. Esta respuesta lo expresa todo.

https://nestormedrano.wordpress.com/2015/03/07/marcalle-muchos-escritores-que-encajan-en-el-concepto-de-consagrados-ya-no-se-leen-y-han-sido-olvidados/


Ficha del Premio Nacional de Literatura 2015
Roberto Marcallé Abreu acaba de obtener el Premio Nacional de Literatura correspondiente al 2015. El escritor se inició publicando cuentos y poesías en la década del setenta y participando en los concursos literarios auspiciados por el Movimiento Cultural Universitario, La Máscara y el grupo El Puño. Fue en el 1972 cuando vio la luz su primer libro de lo que él llama historias, titulado “Las dos muertes de José Inirio”. Desde entonces ha escrito de manera constante cuentos, novelas y ensayos obteniendo tres veces el Premio Novela de la secretaría de Educación y el Ministerio de Cultura, así como de la Universidad Central del Este.

Marcallé nació un 30 de marzo en Santo Domingo y hasta el momento ha publicado más de veinte títulos.  La novela, que es el género menos frecuente en las letras nacionales, ocupa un lugar importante en su producción. Para este 2015 ha anunciado la publicación de cuatro nuevas obras.