sábado, noviembre 8

DE POESÍA Y JUEGO DE DOMINÓ, por Omar Messón


En el año 1981 se celebró en mi querida Sosúa, la Feria Agroindustrial y Cultural (como si la agroindustria no fuera cultura). Dentro del marco de este evento se organizó el primer certamen literario que se realizó en mi pueblo. El concurso era de poesía y el premio iba a ser otorgado por aclamación popular. Los poemas estaban colocados en varios murales y las personas iban y votaban por los poemas que mejor les pareciesen. Ahí obtuve mi primer premio literario, habida cuenta de que las lecturas en todos los actos patrióticos de las composiciones que escribía, no representaban un premio literario, pero si así fuese, no creo que haya escritor en esta mitad de isla que haya obtenido más premios literarios que este turpén. Todos los años y en todos los actos, mis pequeños ensayos eran escogidos para ser leídos en el gran acto. Pues bien, les contaba de aquel significativo primer lugar en aquella feria y por el año aquel. Al finalizar la feria, se hicieron entrega de los trofeos de dominó, pero no me entregaron mi placa o mi trofeo como ganador del certamen literario. En todas partes hay que tener relaciones -si son sexuales, mucho mejor- pues bien, yo me hablé con uno de los organizadores que era un mi amigo y le expresé mi queja de que no me habían dado mi premio, éste, muy solícito, me manifestó que eso él lo resolvería. A los pocos minutos se aparece mi amigo y me hace entrega de un trofeo que había sobrado de la premiación del torneo de dominó. Me dijo: -coge esto, que algo es algo. Yo me llevé mi trofeo orondo y lo puse en mi pequeño librero, mi madre me felicitó con la cara llena de dudas, mi padre se limitó a mirarme con sus relucientes ojos de gato y se arregló la gorra. Cuando regresaba a mi pueblo en las vacaciones universitarias, veía cómo mi trofeo deportivo y poético se iba tornando sepia. Luego mis sobrinos se encargaron de desarmar el premio y encontré la ficha que estaba colocada en la parte superior de mi trofeo rodando por el patio de la casa. La ficha era un cinco tres, por eso me lleno de nostalgia y de rabia cuando veo jugar dominó y estrallan la ficha cinco tres tan fuerte y tan despiadadamente como si eso no me doliera en el alma. !Buenos abusadores, mancillando la poesía!

©Omar Messón, Sosua, Puerto Plata