lunes, noviembre 24

El crimen de las Mirabal y Rufino, no fue violencia de género. Fue un crimen político.


Por Luis Carvajal Núñez

No fue violencia de género, fue un brutal crimen político y así debemos conmemorarlo.

Rufino, Minerva y sus hermanas eran parte de un vastísimo movimiento de resistencia contra la dictadura y compartían una visión y una propuesta de país.

Es importante, muy importante que las nuevas generaciones sepan que las fuerzas políticas que propiciaron los asesinatos de Rufino de la Cruz y de las hermanas Mirabal siguen teniendo un gran peso en la balanza política de la República Dominicana.

Hay un nexo de continuidad que ha permitido que esas fuerzas nunca hayan abandonado el poder.

La impunidad les permitió seguir, desde las sombras o desde el proscenio, promoviendo asesinatos políticos, ofertando la patria a quien le garantizase una parte del botín nacional y una fracción del poder del Estado.

Todos los Gobiernos que sucedieron a la dictadura protegieron, alimentaron, promovieron e incorporaron a lo peor de ese régimen.

Continuaron enriqueciéndose mientras la nación es cada vez más pobre.

El PRSC, el PRD y el PLD han sido hogar y refugio para los viejos y los nuevos verdugos.

Duele, avergüenza e indigna que familiares directos y compañeros de lucha de las víctimas compartan militancia y escenarios políticos con los victimarios.

Para ellos es más fácil, más potable, menos comprometedor asumir la distorsión histórica que implica despojar de la carga política e ideológica el crimen de Rufino y de Minerva y sus hermanas.

No, no fue violencia de género.

Minerva, Rufino, Patria y María Teresa cayeron por razones políticas.

Todavía sus asesinos tienen poder, mucho poder.

Su lucha, inconclusa aún, tiene que ser continuada, profundizada, dotada de nuevos contenidos y significados.

Recordemos a Minerva y a Rufino, a Patria y a María Teresa desde las nuevas trincheras.

El pueblo dominicano nunca ha dejado de luchar, nunca dejará de luchar.

Recuperemos la memoria, resignifiquemos la memoria: honrar a los caídos es multiplicar la resistencia, luchar hasta la victoria y construir una nueva patria.

¡Así sea!

¡Para que siempre haya patria!

lunes, noviembre 10

QUE NO ESCRIBAN LA HISTORIA LOS PERVERSOS


Canto a los 43 estudiantes ejecutados en Iguala,

Guerrero, México. 


Luis Carvajal.


Cuarenta y tres ventanas de amor cerradas para siempre.
Cuarenta y tres latidos acompasan el sueño y la memoria.
Cuarenta y tres hijos caídos.
Cuarenta y tres hermanos, novios, amigos, compañeros.
En algún lugar, donde las almas salen para espantar la muerte,
todas sus voces reclaman de la vida
en una sola voz exhausta,
ajada, desnuda, calcinada:
-Vamos a casa, allí me esperan la mesa servida y el librero.
-Bésame con ternura, el amor neutralizará las balas
-Necesito explorar la margarita que llevas en tus pechos.
-Tu abrazo húmedo apagará las llamas.

La selva amarga se tragó sus rastros.
El verdugo salvaje volvió del follaje sin bramidos.
Cada liana del bosque es una voz verde maldiciente
que nutre sus raíz en las cenizas de la carne juvenil asesinada.

¡Que no sea el silencio la bandera del luto y la congoja!

En sus palacios blindados, generales del crimen,
peones de la deshonra y de la mugre
cegados por la luminosa virtud del canto que entonan las cenizas,
temen a los fantasmas.
Su fuego les calcina el sueño y la mirada.

¡Que no escriban la historia los perversos!

Pero para que sol resplandezca
hay que saber quién fertilizó las sombras;
quién derribó los zorzales y palomas;
quién tiró la bomba
que ha dado en un blanco equivocado.

La hora de la venganza se anida en estas lágrimas.
En esta ira infinita.
En esta voz que ya no pertenece a nadie.
En este canto-juramento
que desea la paz, que siembra el pan,
que proclama la vida.

Mientras defendamos la condición humana con corazón y dientes
los vientos pregonarán sus voces y sus nombres,
las alas negras no se atreverán a volar sobre nosotros.

¡Resistir es esperar por siempre su regreso!

Limpias las manos, gastados los zapatos,
vieja y nueva la sonrisa,
nueva y vieja la confianza,
con el alma y con las sangre,
vieja y nueva la palabra
ahogaremos el duelo y el horror
en la esperanza

Luis Carvajal.

sábado, noviembre 8

DE POESÍA Y JUEGO DE DOMINÓ, por Omar Messón


En el año 1981 se celebró en mi querida Sosúa, la Feria Agroindustrial y Cultural (como si la agroindustria no fuera cultura). Dentro del marco de este evento se organizó el primer certamen literario que se realizó en mi pueblo. El concurso era de poesía y el premio iba a ser otorgado por aclamación popular. Los poemas estaban colocados en varios murales y las personas iban y votaban por los poemas que mejor les pareciesen. Ahí obtuve mi primer premio literario, habida cuenta de que las lecturas en todos los actos patrióticos de las composiciones que escribía, no representaban un premio literario, pero si así fuese, no creo que haya escritor en esta mitad de isla que haya obtenido más premios literarios que este turpén. Todos los años y en todos los actos, mis pequeños ensayos eran escogidos para ser leídos en el gran acto. Pues bien, les contaba de aquel significativo primer lugar en aquella feria y por el año aquel. Al finalizar la feria, se hicieron entrega de los trofeos de dominó, pero no me entregaron mi placa o mi trofeo como ganador del certamen literario. En todas partes hay que tener relaciones -si son sexuales, mucho mejor- pues bien, yo me hablé con uno de los organizadores que era un mi amigo y le expresé mi queja de que no me habían dado mi premio, éste, muy solícito, me manifestó que eso él lo resolvería. A los pocos minutos se aparece mi amigo y me hace entrega de un trofeo que había sobrado de la premiación del torneo de dominó. Me dijo: -coge esto, que algo es algo. Yo me llevé mi trofeo orondo y lo puse en mi pequeño librero, mi madre me felicitó con la cara llena de dudas, mi padre se limitó a mirarme con sus relucientes ojos de gato y se arregló la gorra. Cuando regresaba a mi pueblo en las vacaciones universitarias, veía cómo mi trofeo deportivo y poético se iba tornando sepia. Luego mis sobrinos se encargaron de desarmar el premio y encontré la ficha que estaba colocada en la parte superior de mi trofeo rodando por el patio de la casa. La ficha era un cinco tres, por eso me lleno de nostalgia y de rabia cuando veo jugar dominó y estrallan la ficha cinco tres tan fuerte y tan despiadadamente como si eso no me doliera en el alma. !Buenos abusadores, mancillando la poesía!

©Omar Messón, Sosua, Puerto Plata

EVARISTO LAGUNA: Dos historias y una utopía por la convivencia pacífica