lunes, julio 28

Un poeta llamado César Sánchez Beras

César Sánchez Beras
“Me han dicho en mi cara que el decimista no es poeta y eso es algo absurdo”.

Luis Beiro

César Sánchez Beras es otro escritor dominicano que emigró con éxito a los Estados Unidos, en su caso, a la ciudad de Lawrence. Su obra ha sido reconocida en ese país y se ha traducido al inglés en ediciones que circulan y llaman la atención.

En su patria, ha obtenido dos veces el Premio Nacional de Literatura, uno en poesía y otra en literatura para niños. Alfaguara Santo Domingo le reeditó “El sapito azul”, el poemario que mereció la segunda distinción. Ese sello del Grupo Santillana también le publicó “Las aventuras de Pez Sabueso y don Delfín”, “Sorpresas de carnaval” y hace pocas semanas “El cemí y el fuego”.

Comenzó escribiendo poesía y décimas hace veinte años y ahora incursiona en la literatura infantil. ¿A qué se debe ese cambio?
Empecé escribiendo poesía en versos blancos. Llegué a la décima por elección personal, para acercarme a la identidad dominicana y a su poder de convocatoria sobre nuestras raíces de pueblo insular.

La literatura infantil me ha permitido llegar a un lector masivo, que son los niños y niñas de escuelas públicas y privadas. Es decir, tengo en la literatura infantil lo mismo que quise de la décima, pero con la bendición de acercarme a un lector que empieza y focalizar su lectura hacia los temas que entiendo son fundamentales.

¿Qué penas y glorias guarda de su decisión de ser escritor en los Estados Unidos?

Aunque me gano la vida como maestro de escuela, no puedo quejarme de las cosas que me han ocurrido en EEUU como escritor. Ha sido traducido por la gran escritora Rhina Espaillat, he sido aceptado en importantes círculos intelectuales. Que me hayan nombrado Poeta Laureado de Cambridge College es una prueba de esa aceptación.

La generación literaria del emigrante es el exilio, o el auto exilio. ¿comparte usted esa reflexión?

La comparto totalmente. Me siento compañero de andanzas de poetas anteriores como Norberto James y de poetas recientes como Jimmy Valdez. El dolor de estar lejos nos hermana y nos acerca. Cuando hablan de la Diáspora dominicana, hablan de un colectivo disímil, heterogéneo, rico y diverso.

¿Qué le cuesta más trabajo escribir, la poesía o la literatura infantil?

Me cuesta lo mismo. Sufro igual el haikú, la fábula, el teatro o el verso libre. Pero a la hora de disfrutar, prefiero escribir la décima espinela.

¿Cómo resolvería el comercio del libro en la República Dominicana?

Creo que el trabajo debe hacerse en la educación básica, primaria e intermedia. Incentivar los niveles de lectura en esos espacios, con libros y autores que hagan conexión con la identidad y los desafíos de esos niveles. Los autores y sus textos deben tener una presencia esencial en las aulas.

¿Considera que la lectura digital ha suplantado al libro físico?

Todavía en Estados Unidos, donde la tecnología es mucho más avanzada, el libro físico tiene una presencia insustituible. No creo que el libro digital sustituirá al físico, estarán en batalla, disminuirá su alcance, pero al final ocurrirá lo mismo: la televisión no ha podido suplantar al teatro. El libro, como lo conocemos, perdurará.

Pocos autores llevan a la literatura nuestros temas autóctonos. ¿Usted cree que se debe a la apatía ante la investigación o por deseos de acabar “rápido” sus obras?

Entiendo que cada quien aborda su realidad desde sus propios espacios creativos y atendiendo sus propias convicciones como individuo. Yo he apostado por asumirme como escritor desde subgéneros que son considerados en desuso como la décima, sonetos, leyendas, haikús y teatro en versos. Las estadísticas me han validado. La crítica premió mis sonetos y mis décimas para niños.

¿Qué lo motivó a escribir “El cemí y el fuego”, su más reciente libro publicado por Alfaguara?

Escribo para que me quieran como afirmaba Lorca. Quería regalarles a mis lectores pequeños un par de leyendas con raíces dominicanas. Leyendas que ellos las entiendan suyas y no traídas por los cabellos desde Europa. Creo que la riqueza de nuestras expresiones autóctonas han sido subutilizadas en la mayoría de los casos. Hay un gran desconocimiento por parte de nuestros jóvenes del periodo histórico, mítico y mágico, que comprende desde los taínos hasta la llegada de los europeos.

¿Cuál es su método para trabajar como maestro, leer, escribir y mantenerse informado sobre la cultura dominicana?

La pasión por mi país, por lo que le ocurre a mi gente, por lo que le espera a la educación de los dominicanos. No me he ido, solo vivo en otro sitio. Cruzo el mar, como si viviera en Los Minas o en Los Alcarrizos. No me he desconectado. Soy esencialmente dominicano, visceralmente dominicano, no importa lo que haga. Me cuesta un poco más de horas de sueño, pero es parte de ser honesto con uno mismo.

En un mundo global, ¿las expresiones autóctonas estarían en peligro de desaparecer?

No solo es un temor, es una preocupación fundamental de mi oficio. Quien no conoce ni aprecia su pasado, no se merece el futuro. Hemos fracasado en el camino de valorar lo nuestro en procura de conocer lo ajeno. Nos desconocemos en el ser mulato y negro, en nuestras tradiciones negras y africanas, en nuestro pasado taíno y en nuestra búsqueda hacia la dominicanidad. Hasta que no entendamos quiénes somos no podremos mejorar ni avanzar.

¿Qué pasaría si esas manifestaciones desaparecieran también de los libros de textos?

Es un crimen de lesa dominicanidad. Hemos asistido al pobre espectáculo de ver cómo se valoran y promueven elementos de otras culturas, en detrimento de la nuestra. Y esto es, incluso, aupado por algunos intelectuales que prefieren lo popular extranjero y no su equivalente criollo. Me han dicho en mi cara que el decimista no es poeta, que la décima no es poesía. Desconociendo que solo hay una poesía -la buena-, no importa el envase estrófico en que venga.

En otros tiempos, en Francia, por ejemplo Víctor Hugo, Balzac, Flaubert y otros grandes escribieron sobre los grandes problemas de su tiempo. En Rusia Tolstoi, Dostoievski, Gorki, Chejov hicieron lo mismo. Hoy, en un mundo donde la cultura populachera se confunde con la artística y literaria, ¿no teme que nuestros autores, influenciados por el mercado, abandonen los grandes temas humanos y sociales?

El tiempo es el juez supremo de las artes. Hay mucho de eso que tú dices, pero hay escritores como Pedro Valdez, Marcio Veloz, Chiqui Vicioso, Ángela Hernández, Adrián Javier, Leopoldo Minaya y muchos otros que no han dado un paso atrás. Que son fieles a su literatura y al poder que ella tiene en sí misma. Aunque se note con mayor claridad en la novelística nuestra, creo que todas las artes nuestras tienen expositores de gran compromiso y valía, y los mercaderes aunque ganen más dinero, son menos y no trascenderán.

 ¿Tendrá el poeta que salir a vender sus libros por los pueblos?

Yo he tenido la bendición de que Alfaguara me ha editado y he llegado a muchos lectores. Pero si al poeta le toca vivir ese momento otra vez, lo haré, y escribiré aunque no se venda, aunque no se lea. Mi compromiso es conmigo y con el oficio. El mercado lo dirigen otros, los que saben de eso.

¿Cree que todavía la literatura dominicana está a punto de salvarse de la mala escritura, la reflexión fácil, la ausencia de poesía y el poco valor al teatro?


Estoy orgulloso de la literatura nuestra. Cuando leo autores y textos de otras latitudes, me convenzo de que estamos en el camino correcto aunque un poco retrasados en el tiempo real. El camino está lleno de piedras y de abrojos, pero no es que nos hayamos equivocado de camino, es solo que tenemos que limpiarlo, dejando el surco más abierto para la semilla de la realización.

Luis Beiro

Ventana, Listín Diario 
Santo Domingo



viernes, julio 25

¿Cómo?



¿Cómo hablarle a la flor si la flor te habla de la flor?
¿Cómo decirle a la flor que su voz huele a flor?
¿Cómo que alguien lo grite a estos vientos del Este,
cuyos ojos se empinan sobre las flores para buscar las estrellas?
¿Cómo descifrar el lado oculto de la flor si la flor se cubre de flor para emular la aurora?
¿Cómo cantarle a Leibi Ng sobre la magia de la flor si ella es la flor,
el duende de los jardines encantados,
el ruiseñor que liba la miel de los rosales,
las espigas doradas de los trigales?
¿Cómo decirle a Leibi Ng que su cumpleaños es una sentencia de amor,
una cadena de mariposas circundando las sonrisas,
una emoción que se vuelve goce cuando el sol revienta el horizonte y florece su día?

©Efraím Castillo

viernes, julio 18

Acerca de la llamada IN SU LA RI DAD


Expresé en mi Facebook:  Muchos textos de escritores dominicanos son utilizados en universidades extranjeras, algunos son utilizados en tesis de literatura... Nina Bruni, por ejemplo utiliza la obra de Efraim Castillo: ´Consígueme La Nausea, Matilde´, en sus cursos de la Universidad de West Indies y también en su tesis doctoral. En el caso de Martha Rivera-Garrido y René Rodríguez Soriano ocurre otro tanto con varios centros educativos de América. De Marcio E Veloz Maggiolo, ni se diga ¡hasta libros hay! ¿Eso es insularidad? Leibi Ng.


Nina Bruni Gracias, Leibi! Para nada. La insularidad es mental y las fronteras se quiebran si uno lo quiere. Es mas, estoy instalando la literatura dominicana en Buenos Aires. Solo se requiere paciencia y paso a paso. Mi tesis doctoral sobre Marcio, por ejemplo, (y no es promoción personal) abarca su obra de 1960 a 1975 y es fundacional. La encuandro en la literatura latinoamericana de la época y lo pongo a la altura que la obra merece, sobre todo, teniendo en cuanta el esfuerzo ciclópeo de salir del letargo dictatorial a la modernidad. Lo charlaremos. Fue una labor fascinante y aun queda mucho en RD por desempolvar. Todo depende de como se aborden los temas y de no caer en ser "criticon". Hay que analizar y que los debates de grupos literarios y de pensamiento sean eso justamente: debates y no dimes y diretes. Yo soy muy feliz al trabajar la literatura dominicana (digan lo que digan). Mi objetivo general es darle un espacio merecido en el marco teorico de la región. Efraim Castillo merece un estudio abarcador como el de Marcio y en eso estoy. Ya tengo varios artículos inéditos y voy armando el rompecabezas. Los estudiantes quedan fascinados, por ejemplo, con sus cuentos y son difíciles. Pero puedieron acceder a ellos como literatura en lengua extranjera porque asi me lo propuse como academica. RD tiene muchos grandes, consagrados y jóvenes. Cariños y gracias otra vez!!
Querida Leibi, el insularismo no es malo ni razón para pensar que somos menos, ni mucho menos avergonzarnos de ello . Una vez ya lo dijo el eminente escritor Federico de Onís, cuando vivió en Puerto Rico, al que llamó de igual forma, Insularísmo para decir algo parecido pero para defender lo que era como isla, y existe una obra de Antonio S. Pedreira un escritor y profesor universitario de la generación del 30 en P.R. Seguiremos con el insularismo mientras seamos isla. Como bien dices es muy subjetivo hacer comentarios destructivos incluso, sin hacer estudios profundos sobre la literatura, e investigar en las bibliotecas de las universidades... si se conoce o no la literatura dominicana fuera de Santo Domingo. Por diversas razones, diría yo ,pero quizas se refieren a que no son Best Seller, en cuanto a la venta en el Mercado Mundial. Además de que estuvimos fuera de circulación por más de 30 años por la dictadura de Trujillo. De allá para acá se han reconocido fuera de la isla no solo a ; Pedro Henriquez Ureña, Manuel del Cabral Juan Bosch, Veloz Maggiolo , Algunos poetas como Incháustegui cabral Moreno Jimenez y su vanguardia poetica El Postumismo , la poesía y el teatro de Franklin Mieses, Burgos, los poetas del 48 y otras generaciones más cercanas, entre otros que son tan importantes dentro de nuestra literatura y que los he visto en investigaciones y en estudios realizados por colegas tanto en Europa como en los Estados Unidos. Esto aunque quizás muchas personas disienten , es lo que se reconoce como la verdadera literatura . Es posible que lo que está por reconocerse como literatura y que tiene su valor según el canon que rige lo que es una obra literaria ... eso todavía no se conozca a este nivel.... Los que hablan así no tienen el conocimiento necesario para afirmar lo que dicen, porque no investigan sobre nuestros trabajos y me incluyo como dominicana en sacar precisamente a mi país de la insularidad dando a conocer a nuestros escritores en trabajos que he publicado incluso en libros . No como piensan otros que desde el otro lado de la acera el charco o como le llamen a vivir fuera de la isla ..Esto que según ellos los hace y les permite convertirse si tienen suerte, en best seller de alguna de sus obras . Esto es una falacia , una utopía y lo digo porque no hablemos de obras como las de García Marquéz, Vargas Llosa, Zaramago, Benedetti, Onetti, Octavio Paz... cuantos más de ellos son conocidos no en una isla, sino que forman parte de continentes mucho más grandes que nuestra isla y han tenido la suerte de ser reconocidos a través de la literatura. Nosotros somos privilegiados de que se conozca nuestra literatura con todas y cada una de las limitaciones que tienen nuestros escritores en la isla, para publicar sus buenos trabajos y que se lean dentro de la isla por lo menos que nosotros los que vivimos en la insularidad los leamos y sabremos si son dignos de elogio y reconocimiento. Por otro lado si no nos ocupamos de buscar la manera en que nos lean los que no conocen nuestros escritores , a través de ensayos críticos sobre estos , bien documentados que expresen y hagan crecer el interés en el lector , que los invite a buscar y leer esta obra. En vez de eso nosotros mismos nos encargamos de desacreditar nuestros trabajos y nuestros escritores pulseando para sacar pecho, insultando a los demás , rebajando su obra. Solo con el ánimo de hacer daño y pensar que se sabe sobre literatura . Cuando hacemos esto estamos mostrando evidencias de nuestra prepotencia y nuestro ego, incluso de mucha ignorancia , quizas la rabia de no ser escuchado ni leido por aquellos que entendemos deben hacerlo por lo que somos . Esto es parte de lo que afecta a las personas . Que se ocupen si quieren hablar de si es o no insularismo lo que existe en la Rep. Dom. y que piensen mejor de que forma puede constribuir con argumentos propios de un dominicano orgulloso de su producción literaria ... no de cualquier cosa que escriba y que piensen que porque buscan dos o tres que le escriban textos alabando su trabajo ...que por ello son importantes y deberían ser reconocidos dentro y fuera de la isla.


Doris Melo Querida Leibi, el insularismo no es malo ni razón para pensar que somos menos, ni mucho menos avergonzarnos de ello . Una vez ya lo dijo el eminente escritor Federico de Onís, cuando vivió en Puerto Rico, al que llamó de igual forma, Insularísmo para decir algo parecido pero para defender lo que era como isla, y existe una obra de Antonio S. Pedreira un escritor y profesor universitario de la generación del 30 en P.R. Seguiremos con el insularismo mientras seamos isla. Como bien dices es muy subjetivo hacer comentarios destructivos incluso, sin hacer estudios profundos sobre la literatura, e investigar en las bibliotecas de las universidades... si se conoce o no la literatura dominicana fuera de Santo Domingo. Por diversas razones, diría yo ,pero quizas se refieren a que no son Best Seller, en cuanto a la venta en el Mercado Mundial. Además de que estuvimos fuera de circulación por más de 30 años por la dictadura de Trujillo. De allá para acá se han reconocido fuera de la isla no solo a ; Pedro Henriquez Ureña, Manuel del Cabral Juan Bosch, Veloz Maggiolo , Algunos poetas como Incháustegui cabral Moreno Jimenez y su vanguardia poetica El Postumismo , la poesía y el teatro de Franklin Mieses, Burgos, los poetas del 48 y otras generaciones más cercanas, entre otros que son tan importantes dentro de nuestra literatura y que los he visto en investigaciones y en estudios realizados por colegas tanto en Europa como en los Estados Unidos. Esto aunque quizás muchas personas disienten , es lo que se reconoce como la verdadera literatura . Es posible que lo que está por reconocerse como literatura y que tiene su valor según el canon que rige lo que es una obra literaria ... eso todavía no se conozca a este nivel.... Los que hablan así no tienen el conocimiento necesario para afirmar lo que dicen, porque no investigan sobre nuestros trabajos y me incluyo como dominicana en sacar precisamente a mi país de la insularidad dando a conocer a nuestros escritores en trabajos que he publicado incluso en libros . No como piensan otros que desde el otro lado de la acera el charco o como le llamen a vivir fuera de la isla ..Esto que según ellos los hace y les permite convertirse si tienen suerte, en best seller de alguna de sus obras . Esto es una falacia , una utopía y lo digo porque no hablemos de obras como las de García Marquéz, Vargas Llosa, Zaramago, Benedetti, Onetti, Octavio Paz... cuantos más de ellos son conocidos no en una isla, sino que forman parte de continentes mucho más grandes que nuestra isla y han tenido la suerte de ser reconocidos a través de la literatura. Nosotros somos privilegiados de que se conozca nuestra literatura con todas y cada una de las limitaciones que tienen nuestros escritores en la isla, para publicar sus buenos trabajos y que se lean dentro de la isla por lo menos que nosotros los que vivimos en la insularidad los leamos y sabremos si son dignos de elogio y reconocimiento. Por otro lado si no nos ocupamos de buscar la manera en que nos lean los que no conocen nuestros escritores , a través de ensayos críticos sobre estos , bien documentados que expresen y hagan crecer el interés en el lector , que los invite a buscar y leer esta obra. En vez de eso nosotros mismos nos encargamos de desacreditar nuestros trabajos y nuestros escritores pulseando para sacar pecho, insultando a los demás , rebajando su obra. Solo con el ánimo de hacer daño y pensar que se sabe sobre literatura . Cuando hacemos esto estamos mostrando evidencias de nuestra prepotencia y nuestro ego, incluso de mucha ignorancia , quizas la rabia de no ser escuchado ni leido por aquellos que entendemos deben hacerlo por lo que somos . Esto es parte de lo que afecta a las personas . Que se ocupen si quieren hablar de si es o no insularismo lo que existe en la Rep. Dom. y que piensen mejor de que forma puede constribuir con argumentos propios de un dominicano orgulloso de su producción literaria ... no de cualquier cosa que escriba y que piensen que porque buscan dos o tres que le escriban textos alabando su trabajo ...que por ello son importantes y deberían ser reconocidos dentro y fuera de la isla.


Nina Bruni Excelente, Doris Melo. Microestados no significa micromentes. Lo local en lo regional y global.. ya lo planteaba Marcio Veloz Maggiolo, por ejemplo, con su obra incial... Felicidades!

  • Marcio E Veloz Maggiolo Gracias. Creo que Nina ha trabajado dejando de lado los "criticones y criticastros". Mi opinion es que tambien Efrain es un creador literario de algos quilates, trabajando por encima de la incompresiòn de muchos. Esperamos que estas obras se publiquen en nuestro pais. Ya son muchas las tesis sobre literatra dominicana. De algun modo debe iniciarse un espacio de publcaciones de tesis que revele còmo ha hecho impacto nuestra literatura en el mundo. Abrazos y besos para Nina, valiente amazona de las letras caribeñas.

  • La insularidad es un tema literario. Ser isla no es estar separado del mundo, ni separada. Lo isleño va más alla de las fronteras. Dar a conocer lo que pasa en las islas, es una labor fundamental para que nos conozca, pero también es fundamental que personas como Nina dediquen su labor a intentar que nosotros mismos creamos en nosotros mismos

  • Nina Bruni Marcioooo!!!! Siempre tan claro y con altura. Gracias por tu apoyo y seguimos trabajando. Gracias por reconocer a tus colegas de la literatura. Todo un caballero. Creamos en nosotros, sin complejos de ningún tipo. El contrapunto de la insularidad seria los vastos territorios que tambien nos distancian. Es una cuestión de actitud y honestidad intelectual, entre otras cosas. Fuertes abrazos para vos también y te escribo.
Omar Messon Creo que la mayor insularidad es el freno que nos pone nuestra mezquindad. No sé si Don Marcio sabe que hay una tesis canadiense sobre su obra, la hizo Denisse Lapointe.

jueves, julio 17

LA MANÍA DE NARRAR, CUENTOS REUNIDOS en Libreria Cuesta


Se puso a circular LA MANÍA DE NARRAR CUENTOS REUNIDOS de Efraim Castillo, libro de 200 páginas de ediciones FERILIBRO, Editora Nacional Ministerio de Cultura, que cuenta con 19 piezas escritas por Efraim Castillo mostrando una tesitura que abarca muchos registros y temas, incluyendo el histórico. No presumimos de un lleno total, pero las personalidades de las letras que nos acompañaron llenaban todo el espacio. El sobrio discurso de José Carvajal, tal como él anunció, brilló por su equilibrio o justeza y la maestría de Efraim Castillo catapultaron la noche a la región de lo inolvidable. ¡Adquiera la obra y disfrute del estilo magistral de esta gloria de la literatura dominicana.

 

















jueves, julio 10

La narrativa dominicana contemporánea: en busca de una salida




Por Margarita Fernández Olmos
Brooklyn College, CUNY


La narrativa dominicana reciente puede considerarse como una literatura de indagación por parte de autores que intentan captar, diagnosticar y analizar una realidad histórica en crisis. Como en otras culturas latinoamericanas, en la República dominicana el escritor cumple un papel importante en la delimitación y legitimización de valores que se identifican con la cultura nacional. Por eso, las novelas producidas después de la muerte de Trujillo, y particularmente las que surgen con posteridad a la frustrada revolución de abril de 1965 (cuando las tropas norteamericanas intervienen e impiden la cristalización de las aspiraciones constitucionalistas), toman una dirección introspectiva al buscar los motivos de la crisis actual. Comparte con otros países latinoamericanos el hecho de ser una «literatura de derrotados», según la definición de Angel Rama:

El periodo en que la acción sólo dejaba sitio para la consigna es seguido por otro en que la reflexión, la explicación, la reviviscencia de lo vivido, el testimonio del sufrimiento, se traducen en productos literarios… una comunidad se explica largamente y se reencuentra.

Es una literatura de derrotados. Ya alguna vez se observó que las derrotas nos han dotado de obras tanto o más importantes que las victorias, quizás porque exigen un esfuerzo más tenaz y conducen a los límites mismos de la literatura. Una literatura de derrotados no es forzosamente una renuncia ala proyecto transformador, sino una parénesis interrogativa. La perspectiva desde la cual el escritor puede hablar dispone del mismo reposo indispensable y los sucesos pasados pueden percibirse ya conjuntamente, detectando su coherencia y su significado. Este periodo puede ser, artísticamente e intelectualmente, aún más proficuo que el representado por la anterior literatura militante .

Dos novelas de este período, Sólo cenizas hallarás (bolero) (1980) , de Pedro Vergés, y Currículum (el síndrome de la visa) (1982) , de Efraim Castillo, nos ofrecen interesantes ejemplos de obras en las que la búsqueda de una salida —literaria, política y personal— organiza el discurso y las estrategias narrativas. A pesar de sus diferencias, ambas novelas tratan de un tema que, aunque presente en obras anteriores, ha cobrado interés en los últimos años, en vista de los cambios socioeconómicos del país: uno de ellos, el de la emigración/exilio. En los años sesenta y setenta aumenta la migración interna desde los campos a las ciudades y particularmente a la capital dominicana, como resultado del crecimiento de la población, la expansión de la industria liviana y el atraso agrícola; la emigración externa crece también enormemente, resultando en la «diáspora» dominicana estudiada por Hendricks y otros . Mientras la gran mayoría de los emigrantes salieron por motivos económicos, es también cierto que, dada la situación de dependencia económica y la política de los países latinoamericanos frente a Norteamérica, la distinción entre exilio y emigración desaparece:

El exiliado no es ya el ciudadano expulsado de la patria… sino el que abandoba voluntariamente su tierra, a veces para evitar persecución, prisión o muerte, con más frecuencia para continuar su tarea propia en un país con condiciones más propicias… Vistas las raíces profundas de la masificación migratoria contemporánea, como la nueva concepción del exilio, se comprende que se esfumen las rígidas fronteras trazadas entre ambos fenómenos .

En la República Dominicana y en otras islas del Caribe, sujetos a la alienación cultural constante del neocolonialismo, el exilio de la clase profesional y del intelectual o artista encierra motivos y características aún más complejas, como bien lo señala el poeta guyanés Jan Carew:

El escritor caribeño es hoy una criatura en equilibrio entre el limbo y la nada, el exilio en el extranjero y la falta de una patria en su país, entre el pueblo por un lado y el criollo y el colonizador por otro. El exilio puede ser voluntario o puede ser impuesto por la fuerza de las circunstancias… El celo colonial del europeo hizo de los indígenas exiliados en sus propios países… El escritor caribeño, al irse al extranjero, busca, de hecho, poner fin a su exilio .

Hasta ahora no se ha producido en la República Dominicana una amplia literatura de la experiencia de la inmigración, como en Puerto Rico; sin embargo, la influencia de los dominicanos «ausentes», la penetración cultural norteamericana y la siempre presente opción de la emigración como solución a los problemas individuales o colectivos, sí han sido explorados en la narrativa contemporánea. En la novela Currículum (el síndrome de la visa), por ejemplo, la alienación cultural del protgonista forma el meollo del asunto. Como en las novelas de Manuel Puig, la penetración del mundo cultural norteamericano a través de la cultura popular, y particularmente del cine y la televisión, margina al protagonista de la sociedad en que vive. 

Castillo parece compartir las ideas de Carlos Monsiváis: «We derive from dreadful and glorius movies. Against the unreality of our lives we have called upon the severe realism of dark theaters. We have based our world view on images» . Desde el epígrafe —«nos venden sueños en Technicolor y a 525 líneas. Entonces, ¿qué más quieren?»— a las referencias constantes, en la novela, a artistas e imágenes de Hollywood, Currículum… atribuye la culpa de la situación social dominicana a su marginación cultural y económica. Esta idea es acompañada y subrayada por múltiples recursos literarios que siguen de cerca las técnicas cinematográficas y las del mundo de la publicidad comercial, que Efraim Castillo, como miembro de esa profesión, conoce íntimamente. Así, pues, el lenguaje es rápido y agresivo, con largos pasajes de juegos de palabras y mensajes cortos; Castillo intenta combinar el análisis histórico y la ficción con el discurso explosivo, persuasivo y, a veces, disonante de los medios de comunicación masiva.

La trama de la novela refiere los problemas de Alberto Pérez, un intelectual que milita en un partido de izquierda, en su afán de conseguir lo que él considera la única salida a sus problemas económicos y personales: una visa norteamericana. La obra revela, a través de las palabras del protagonista, su rechazo, por un lado, de la política estadounidense, y por el otro, su fascinación por la cultura de ese país.

Fíjate, si hubiese estado no-penetrado, habría escogido Venezuela, por ejemplo, o México, el mero México, o la Argentina… Pues, como te iba diciendo, escogí los EE.UU. porque Sí, porque me atraía todo (pp. 48-49).

También comparte con Carew la idea del exilio en el Caribe como otra forma de la migración, ya que se trata de países dependientes de los Esados Unidos.

¿Qué somos nosotros, Boris? Una colonia. Aquí los norteamericanos mantienen parte de sus excedentes de capital financiero. Trabajar en publicidad, por ejemplo, aquí, es igual a trabajar publicidad allá. Cuando aquí se anuncia el aceite El Manicero se está anunciando un aceite norteamericano, porque la mayor parte del aceite que contiene una lata de aceite El Manicero se llena con aceite proveniente de allá, de los Estados Unidos. Y así sucede con casi todos los productos que consumimos… entonces, ¿qué más da trabajar aquí que allá, máxime si tengo una familia, incluyéndote a ti, que mantener, que levantar, que sacar a flote para que vea el derrumbe definitivo de este imperio que ya va para sus cien años? (p. 158).

El protagonista, «un pequeño burgués intelectual» (como la mayoría de los escritores dominicanos), es un hombre idealista, individualista y honesto; es también machista y egoísta, y, por lo mismo, una figura anacrónica, destinado al fracaso. No nos sorprende verlo empujado inexorablemente hacia su propia destrucción sin haber logrado su meta original, sino descubriendo otra salida, aún más trágica, a su situación. La obra es una crítica y una autocrítica (Castillo se incluye como uno de sus personajes) de una clase social y de su concepción política y filosófica, cuyos «errores de apreciación histórica» pretende corregir.

El recurso temático de la búsqueda de la visa ofrece numerosas oportunidades para desviarse del hilo narrativo y postular una serie de argumentos, que varían desde sus ideas sobre la historia dominicana, los errores de los partidos de izquierda, las relaciones entre los hombres y las mujeres y la creación artística, hasta la influencia de la publicidad. Sus reflexiones históricas, las más comunes, suelen representarse con palabras o frases cortas, episodios reconstruidos para producir ciertos efectos; se saltan varios siglos, se comprimen y se reducen a mensajes o slogans. Crea, así, una sensación de movimiento rápido, y como el lenguaje de la publicidad, deja una impresión duradera.

¿Adónde diablos piensas llegar? Bueno, no es adónde pienso llegar, sino dónde estamos. Hablamos de lugares, apacibles. Con ríos. Arroz. Plátanos. Condición de fuga. De fugar. ¿Transfugar? Ah, atravesar ka fuga. ¿Tránsfugas? ¿España?... La duración aquí. Los colonizadores en. Por. Para. Rajadura. ¿De abrirse una grieta? De rajarse: como Jalisco. ¿Espanto, quebranto, Lepanto? Todo junto: susto, enfermedades, cobardía. Las flechitas primero; ciclones, terremotos, después; los piratas, mucho después; el 63, Luperón y los otros, mucho-más-después (pp.11-12).

El pasado en cañuelas doradas, como para reírse; el futuro en cañuelas (¿cómo las ponemos, compadre, negras?), bueno, dejemos las cañuelas del futuro para ponerlas en cañuelas doradas cuando sea posible y todo se contemple con la objetividad dialéctica con que nos tienen desacostumbrados. ¿Duarte? En cañuelas doradas, of course. ¿Sánchez? En cañuelas doradas, à bien tout. ¿Mella? En cañuelas doradas, ecco. ¿Lilís? ¡Eh, un momento, no me juegues con Lilís! ¿Oistessssssss? ¿Trujillo? ¿Qué es esto, un gancho… ganchitos a mí? ¡No me jodas! (pp. 78-79).

Las teorías no se limitan a las del protagonista; su encuentro imprevisto con un remador elocuente le sorprende con un discurso sobre el proceso histórico en la República Dominicana.

¡Paranoia! ¡Esa es la palabra! Creo que es algo histórico, algo que está latente y que posiblemente crezca con todas las frustraciones que les acontecen. ¿Desde cuándo viene todo? ¿Desde Sánchez Ramírez? ¡No, desde más atrás! Tiene que ver con el abandono de España… ¡no, desde antes! Tiene que ver con el exterminio de los indios, con el cruce con los negros, con los ataques piratas, con los ciclones y terremotos, con el crecimiento de la parte francesa, con la independencia efímera, con la dominación haitiana, con las cuitas de Duarte, con la anexión de Santana, con los líos de Luperón, con Báez, con Lilís, con Mon Cáceres, con la intervención del 16, con la autonecesidad de Horacio, con la subida de Trujillo, con los desembarcos fallidos, con el propio ajusticiamiento de Trujillo que la CIA piloteó y, ahora, ahora recientemente, con la caída de Bosch y la muerte de Tavárez Justo. Eso es lo que deseo que entienda, no es cuestión de acechar a quién, sino de quién acecha a uno (p. 91).

Las referencias a personas e incidentes del mundo dominicano son inaccesibles al lector no familiarizado íntimamente con esa realidad. El protagonista menciona, en varios lugares, por ejemplo, a los escritores de los años sesenta que abandonaron la literatura y, según él, las ideas progresistas para integrarse al mundo comercial y lucrativo de la publicidad. Uno de los personajes de la novela, Monegal, tienta a Pérez con los beneficios de su empresa publicitaria, pidiéndole que trabaje con él y deje la lucha política y sus planes de emigrar. Para Pérez, un padre de familia, la tentación es grande; sin embargo, rechaza la oferta y aprovecha la situación para criticar a los artistas (incluyendo al autor mismo) que no fueron firmes en sus propósitos.

—Ahora es que este negocio se pondrá bueno, Beto. Es tu oportunidad para entrar en él. Antes de la revolución entró Efraim Castillo. Tú tienes más talento que él, vales más que él, a pesar de que ambos son individualistas. Estamos tentando a otros. René del Risco. Iván García. Ellos valen, Beto. Proceden de partidos de izquierda, del teatro… Lo observaba en los ojos; le mencionó la deserción de Castillo hacia la publicidad, sacrificando su talento, su amor a la revolución; le habló del futuro enganche de René, de Iván, de Miguel Alfonseca—. Hay que entrar en órbita, Beto. Antes de la revolución te ofrecía una sociedad; ahora te ofrezco un empleo (p. 200).

Si las alusiones, en la novela, a personajes de la realidad dominicana limitan su público lector y la convierten en una obra «marginal», también hay que destacar que uno de sus temas básicos es la dominación cultural, y, como tal, su propósito fundamental es el de declarar la singularidad de la cultura dominicana frente a la impuesta. Reconoce, pues, la tarea imprescindible de enarbolar un sentido de la cultura que valorice lo específico y original de cada uno de los países latinoamericanos, sin ignorar lo que tienen en común. Es una situación que guarda relación con las ideas de Ángel Rama sobre el nuevo regionalismo en América Latina:

Si el factor histórico puede ser bastante semejante en las diversas regiones interiores latinoamericanas, en la medida en que responde a la pulsión universal de la hora, a los niveles adquiridos por las metrópolis externas para su penetración ecuménica, en cambio la composición cultural regional manifiesta una alta especificidad y una particularidad que difícilmente se rinden a las taxonomías que proponen sociólogos o economistas… Lo original de cualquier cultura es su misma originalidad, la imposibilidad de reducirla a otra, por más fundamentos comunes que compartan . 
La lucha del protagonista por salir de la marginalidad impuesta por la sociedad en que vive puede compararse con los intentos de la narrativa dominicana contemporánea de encontrar una salida al aislamiento impuesto a las literaturas de la «periferia», tanto por su relación de dependencia con Norteamérica, como con la que mantienen con los grandes centros culturales hispanoamericanos, que ignoran, en gran parte, su producción. La justa lucha, por parte de los países pequeños y marginados, de reclamar el lugar que les corresponde dentro de la tradición literaria hispanoamericana, se asemeja a la de las «regiones internas» o culturas tradicionales frente a la cultura de las grandes urbes: ambos casos implican la defensa y afirmación del discurso tradicional o local, sin caer en lo estático o defensivo. Escribir una obra de aceptación universal, sin renunciar a lo particular y propio, supone un equilibrio similar al requerido por las culturas nacionales frente al impacto modernizador: «La modernidad no es renunciable, y negarse a ella es suicida; lo es también renunciar a sí mismo para aceptarla» . Y aunque la marginalidad del intelectual, el neocolonialismo y el imperialismo cultural no son temas exclusivos de la República Dominicana, relacionarlos con lo específico del mundo dominicano excluye pretensiones universalistas, particularmente al recordar que un aspecto importante de la obra es el de definir, aceptar o rechazar los valores nacionales que condujeron al país a su estado actual.

¿Sería Trujillo una síntesis dialéctica? Trujillo resumía todos los vicios y virtudes de nuestro país. Mujeriego, parrandero, amante de los caballos y bebedor. Se acostaba temprano y se levantaba con el alba. Buen amigo de los amigos y enemiguísimo de los enemigos. ¿Qué hubiese sido de Trujillo de haber nacido en una sociedad más avanzada? En la alemana, por ejemplo. ¿Hubiese sido igual que Hitler, o que Mussolini, de haber nacido en Italia? De Trujillo estar vivo, en buena salud, joven, habría dado un golpe de estado con la situación actual. Y entonces la gente caminando por ahí como si tal cosa; la gente yendo y viniendo con sus penas a cuestas, con sus alegrías recortadas como el presupuesto doméstico, todo en rojo (p. 141). 

Al enumerar los «vicios y virtudes de nuestro», que, según el protagonista, reunía Trujillo, se nos hace difícil distinguirlos en vista de su propio comportamiento y los recuerdos de su amigo Vicente:
Él, Beto, era como parte de esta tierra. Un raro, sí. Pero parte de esta tierra. El mixturizaba todo: mulato, cobarde, valiente, mujeriego, no-jugador, pero creyente de las cábalas… No, él sabía que jamás saldría del país (p. 323). 

Si el ser mujeriego es considerado una virtrud (y ¿por qué no llamar entonces a Trujillo un abusador en ese contexto), Beto Pérez es un virtuoso ejemplar. Desde el comienzo del libro, cuando sale de la cárcel, hasta su muerte, tiene múltiples relaciones con mujeres, que lo aceptan sin condiciones, incluyendo a su esposa, a quien golpea y maltrata sin remordimiento:

¡Ay, si la vieras a mi mujer, Isabel! Posiblemente no la reconocerías. Ha cambiado terriblemente, hace lo que yo quiera y creo que ése ha sido el éxito de mi matrimonio y de todos los matrimonios que han durado sobre la faz de la tierra: que la mujer obedezca al hombre en todo… Pues ella me aguanta golpes, pero no golpes sádicos de mi parte, sino golpes debidos a la situación… todos estos cariños se deben, indefectiblemente, a que hay de por medio la cuestión del puchingbag, el asunto de las aguantaderas sin la cuestión de la liberación por el medio, porque, ¿crees tú que el hombre y la mujer son iguales? ¿En el cerebro? Tal vez algo. Pero, ¿de verdad lo crees? (pp. 162-165)

Y si la penetración cultural lo obsesiona, también la pene-tración sexual juega un papel fundamental y casi exclusivista en sus relaciones con mujeres, que suelen ser un estorbo o desvío de sus metas:

Y la palabra penetración le huele a la humedad vaginal de Julia. Entonces Pérez consigue una erección de apoteosis, de película en technicolor y abre la cremallera del pantalón, saca el falo y se lanza sobre Julia, que emite un chillido de placer, igual al de miss Ramírez en la mañanita (pp. 24-25).

De la poca estimación que tiene hacia las mujeres no se escapa ni la figura de la india Anacaona —la única figura femenina que destaca—, pues en el cuadro imaginario que se inventa del país la coloca «a la mítica, ¿tetuda?, buenahembra y esplendente Anacaona levantándose su falda de penca-e-coco y enseñando un cachito de sus bronceadas nalgas, y entonces, ¡lo sensacional, lo sabroso!: unas cañuelas doradísimas» (P. 79).

La actitud del protagonista con respecto a las mujeres refleja, en parte, sus propios «errores de apreciación histórica», y es obviamente una crítica del autor revolucionario pequeño burgués, cuyos resabios machistas lo arrastran hacia posiciones inadecuadas. Así, también, el final de la obra, donde Beto debe decidir entre traicionar sus principios para obtener la visa o mantener sus posiciones, revela la idea de que, para haber cambios en el país, los valores representados por un Beto Pérez deben, como el mismo personaje, eliminarse. Pérez se cita con el cónsul norteamericano y, recordando escenas históricas de las relaciones de poder entre los EE.UU. y la República Dominicana (infiriendo que el conocimiento histórico conlleva la acción política), mata al cónsul y se suicida. Es el acto de un mártir, a la vez heroico, desesperado e inadecuado a las necesidades revolucionarias del país.

La ironía, como recurso narrativo, se revela de dos maneras fundamentales al final de la obra: la social y la personal. La ironía social se aprecia en las entrevistas con los amigos y familiares de Pérez, donde observamos que sólo con su ausencia pueden crecer y cambiar ciertas personas a su alrededor, las mujeres, su esposa y su hija, quien dice que su padre «fue parte de un presente que se extingue; un presente que no será pasado tumultuoso, estúpido, como el pasado que vivimos en este presente» (p. 333). Apreciamos también la ironía personal del protagonista, cuya búsqueda por la integridad resulta en el reconocimiento de ser un «obsoleto» social, destinado a desaparecer; y el hecho de que sólo con su muerte pudo asegurarse, después de dedicar tanto esfuerzo en buscar una salida, el fin de su exilio y la residencia permanente en su tierra.

miércoles, julio 9

Palabras puesta en circulación de la novela infantil “El patio encantado” en el área infantil de la Feria Internacional del Libro. Santo Domingo, 30 de abril del 2014.




Querido público presente en nuestra mesa directiva y en este espacio, cuando vemos publicada una obra de nuestra autoría sentimos una satisfacción especial que nos llena por completo. Compartí con mi familia, mis compañeros de trabajo, con mi amiga Rosa Francia y con Ruth Herrera, representante de Alfaguara, este sentimiento y esta alegría que me embargan.

Cuando hace un tiempo comencé a escribir la novela que hoy se conoce como “El patio encantado”, inicié con dos temas distintos en una misma obra. Pronto me di cuenta que los temas sobre la escuela de mi época y los juegos infantiles tradicionales tenían cada uno vida y personalidad propias, por lo que muy pronto los separé y terminé escribiendo dos novelas, una sobre la escuela y otra sobre los juegos infantiles tradicionales que se practicaron por años en el patio de nuestra casa en San José de las Matas, el cual se convirtió en el área de recreo de la mayor parte de los niños del pueblo y en el cual mi madre, Dilia López, ejerció una función de animadora y socializadora de la práctica de juegos de sus ocho hijos y de todos los amigos de estos, que hacíamos una enorme patrulla, compuesta por niños y jóvenes de la mayor parte de los vecindarios de San José de las Matas.

Creo que el sentimiento de propiedad, de magia y de alegría que los niños manifestábamos en ese lugar, se deben al enorme gozo que producían estos juegos, al sentido de grupo, de amistad, de convivencia que se forjó entre nosotros a través de la práctica permanente de los juegos que aparecen en esta novela y de muchos más, de las situaciones tan diversas que vivíamos y del aprendizaje de la vida que adquiríamos.

El juego, bien lo dicen connotados sicólogos que han estudiado este fenómeno socio-afectivo, como Piaget, Vigotsky y Luria, nos prepara para vivir, para disfrutar, para la adultez. Para algunos niños que asistían a este patio esos juegos desempeñaban una función terapéutica, porque allí recibían el cariño que se les negaba en otros espacios. Por esta razón podemos decir que disfrutamos de una niñez sana, llena de alegría y potenciadora de la creatividad.

La Pova, una de las protagonistas de la novela era una connotada jugadora, pequeñita de tamaño y delgadita, tomaba la delantera en la organización, desarrollo y conclusión de la mayor parte de los juegos, armaba líos cuando la situación se tornaba difícil, desafiaba a muchachos y muchachas, a veces de mayor peso, edad y estatura que ella y salía adelante, siempre buscando triunfar en lo que emprendía. Cuando recientemente reestablecí relaciones con ella, vía facebook y por teléfono, me manifestó que siempre que visita San José de las Matas tiene que ir al patio de su tía Dilia y contemplarlo por largo rato, para recordar tantos momentos alegres que pasó allí.

Me contó que cuando era niña, el día de su Primera Comunión fue un sábado en la mañana, y desde el viernes temprano, se había cuadrado un juego para ese sábado. Ella asistió a la iglesia, en compañía de su abuela, quien le había comprado un hermoso conjunto de vestido y zapatos blancos, velo, rosario y bolso. Ya en la iglesia la abuela le hacía señas de que sacara el rosario del bolso para rezar, pero ella se hacía la desentendida, porque en su bolso no guardaba ningún rosario, lo había llenado de bellugas.

Tan pronto se terminó la ceremonia religiosa, la niña corrió hacia su casa, situada al lado de la iglesia, se quitó los zapatos y el velo y salió corriendo por la puerta trasera hacia el patio de juegos de su tía Dilia, antes que la abuela la detuviera para la celebración. Se integró al juego, comió en la casa de la tía, para que no le pidieran cuentas en la suya, se reintegró al juego después de comer y, a las cinco de la tarde, volvió a la realidad, cuando sintió la correa de su abuela sobre el vestido, cuyo color  y apariencia, a esa hora, al igual que los del bolso, eran indefinidos, por la gran cantidad de sucio acumulado en el patio de tierra.

Otro personaje presente en esta novela es la “Maga de los Juegos de los Niños”. Su creación se fundamenta en una historia que oí contar muchas veces en mi casa cuando era pequeña: una niña llamada Chía se ahogó mientras jugaba con una de sus hermanas, a orillas del charco profundo de un río, situado en las proximidades de San José de las Matas. El pueblo entero asistió a su entierro y por años se contó con tristeza este suceso. Lo escuché muchas veces de labios de mi madre y hermanos mayores. Cuando quise crear un personaje infantil fantástico, esa historia vino a mi memoria. Primero se llamó el Duende de los Juegos de los Niños, Ruth y su equipo sugirieron un cambio de nombre, si el personaje era femenino, entonces le llamé La Maga de los Juegos de los Niños y se me ocurrió situar su habitat en las aguas subterráneas que existen en el pueblo, las cuales siempre se mencionan envueltas en misterio. Pero en la novela ella se escapa de las aguas y aparece en varios escenarios, como protectora de los niños, a los que les gusta jugar.

En el trabajo de elaboración de una novela y de su puesta en circulación intervienen muchas manos y una gran diversidad de procesos.

A veces pienso qué sería de los autores y sus obras sin tantas personas, textos y situaciones que nos ayudan y orientan. Agradezco a mis amigos,  hijos, hermanos y esposo por todas las ideas sobre estos juegos que debí recordar y aprender, a Maritza Miari Gutiérrez, ilustradora cubana, cuyos dibujos engalanan y embellecen esta novela, a los niños, niñas y maestras del Centro Educativo Creciendo, porque con la práctica de sus juegos en el patio, refrescaron mi memoria, de manera especial a las profesoras María y Mayra aquí presentes, a doña Jocelyn y Mitzy por su ayuda en la confección de los vestuarios de estas niñas y en los ensayos, así como a los padres y madres, por el entusiasmo para que sus hijos participaran.

Agradezco también a varios libros sobre folclore dominicano, en especial a los de Edna Garrido de Boggs, a Ruth Herrera, representante de Alfaguara, quien no es simplemente una seleccionadora y cazadora de historias, sino, sobre todo, un ojo crítico bien entrenado, con una basta cultura que, junto a su equipo ha contribuido a aclarar, enriquecer y embellecer este texto. Gracias a Leibi Ng, quien nos ha acogido hoy aquí, a toda mi familia y amigos por su presencia, algunos de ellos vienen de muy lejos, como es el caso de Ondina Jáquez, matera de pura cepa, quien está aquí presente, a pesar de vivir en New York. Gracias a la escritora Brunilda Contreras por sus hermosas palabras, su trabajo de presentación y su entusiasmo por el contenido de la novela, a mi nieto Isaac por servirme de inspiración para escribir la novela y por entusiasmarse especialmente con el juego “Mariquita ya se va” y a estas niñas: Mayra, Lizandra, Sarina, Eimy, Amelia, Montserrat, Josmeilin y a David que tan gustosamente han participado y disfrutado en esta puesta en circulación de la novela “El patio Encantado”.  Gracias por la escenificación de los juegos.

Creo que en la actualidad no existen otras actividades infantiles tan importantes como el juego de patio, practicado en grupos. A muchos niños y niñas de hoy se les ha robado el derecho a conocerlos, practicarlos y disfrutarlos. Espero que la Maga de los Juegos de los Niños haga su labor en los vecindarios y en tantos parques infantiles que hoy se están abriendo. Lean pues la novela y dedíquense a traer de vuelta a sus familias, vecindarios, escuelas, parques, residenciales y otros espacios, estos magníficos juegos que les llenarán sus vidas de gozo, de ilusión y les harán echar al zafacón el aburrimiento, una palabra que nuestra generación no conoció y que a estas alturas yo no he conocido nunca.

Gracias a mi hermano Pochocho por sus buenos comentarios sobre la novela, después de haberla leído. Siendo él un lector voraz y crítico, me satisface escuchar sus elogiosos comentarios.

Termino con un pensamiento, relacionado con la elaboración de esta novela,  expresado por  uno de los más grandes escritores de América Latina, cuyas obras han poblado nuestras vidas  y que hace poco se nos fue: Gabriel García Márquez: “ La memoria del corazón magnifica los buenos momentos y olvida los malos. Solo así podemos sobrellevar el pasado”

Gracias.
Margarita Luciano López


EVARISTO LAGUNA: Dos historias y una utopía por la convivencia pacífica