lunes, noviembre 24

El crimen de las Mirabal y Rufino, no fue violencia de género. Fue un crimen político.


Por Luis Carvajal Núñez

No fue violencia de género, fue un brutal crimen político y así debemos conmemorarlo.

Rufino, Minerva y sus hermanas eran parte de un vastísimo movimiento de resistencia contra la dictadura y compartían una visión y una propuesta de país.

Es importante, muy importante que las nuevas generaciones sepan que las fuerzas políticas que propiciaron los asesinatos de Rufino de la Cruz y de las hermanas Mirabal siguen teniendo un gran peso en la balanza política de la República Dominicana.

Hay un nexo de continuidad que ha permitido que esas fuerzas nunca hayan abandonado el poder.

La impunidad les permitió seguir, desde las sombras o desde el proscenio, promoviendo asesinatos políticos, ofertando la patria a quien le garantizase una parte del botín nacional y una fracción del poder del Estado.

Todos los Gobiernos que sucedieron a la dictadura protegieron, alimentaron, promovieron e incorporaron a lo peor de ese régimen.

Continuaron enriqueciéndose mientras la nación es cada vez más pobre.

El PRSC, el PRD y el PLD han sido hogar y refugio para los viejos y los nuevos verdugos.

Duele, avergüenza e indigna que familiares directos y compañeros de lucha de las víctimas compartan militancia y escenarios políticos con los victimarios.

Para ellos es más fácil, más potable, menos comprometedor asumir la distorsión histórica que implica despojar de la carga política e ideológica el crimen de Rufino y de Minerva y sus hermanas.

No, no fue violencia de género.

Minerva, Rufino, Patria y María Teresa cayeron por razones políticas.

Todavía sus asesinos tienen poder, mucho poder.

Su lucha, inconclusa aún, tiene que ser continuada, profundizada, dotada de nuevos contenidos y significados.

Recordemos a Minerva y a Rufino, a Patria y a María Teresa desde las nuevas trincheras.

El pueblo dominicano nunca ha dejado de luchar, nunca dejará de luchar.

Recuperemos la memoria, resignifiquemos la memoria: honrar a los caídos es multiplicar la resistencia, luchar hasta la victoria y construir una nueva patria.

¡Así sea!

¡Para que siempre haya patria!

lunes, noviembre 10

QUE NO ESCRIBAN LA HISTORIA LOS PERVERSOS


Canto a los 43 estudiantes ejecutados en Iguala,

Guerrero, México. 


Luis Carvajal.


Cuarenta y tres ventanas de amor cerradas para siempre.
Cuarenta y tres latidos acompasan el sueño y la memoria.
Cuarenta y tres hijos caídos.
Cuarenta y tres hermanos, novios, amigos, compañeros.
En algún lugar, donde las almas salen para espantar la muerte,
todas sus voces reclaman de la vida
en una sola voz exhausta,
ajada, desnuda, calcinada:
-Vamos a casa, allí me esperan la mesa servida y el librero.
-Bésame con ternura, el amor neutralizará las balas
-Necesito explorar la margarita que llevas en tus pechos.
-Tu abrazo húmedo apagará las llamas.

La selva amarga se tragó sus rastros.
El verdugo salvaje volvió del follaje sin bramidos.
Cada liana del bosque es una voz verde maldiciente
que nutre sus raíz en las cenizas de la carne juvenil asesinada.

¡Que no sea el silencio la bandera del luto y la congoja!

En sus palacios blindados, generales del crimen,
peones de la deshonra y de la mugre
cegados por la luminosa virtud del canto que entonan las cenizas,
temen a los fantasmas.
Su fuego les calcina el sueño y la mirada.

¡Que no escriban la historia los perversos!

Pero para que sol resplandezca
hay que saber quién fertilizó las sombras;
quién derribó los zorzales y palomas;
quién tiró la bomba
que ha dado en un blanco equivocado.

La hora de la venganza se anida en estas lágrimas.
En esta ira infinita.
En esta voz que ya no pertenece a nadie.
En este canto-juramento
que desea la paz, que siembra el pan,
que proclama la vida.

Mientras defendamos la condición humana con corazón y dientes
los vientos pregonarán sus voces y sus nombres,
las alas negras no se atreverán a volar sobre nosotros.

¡Resistir es esperar por siempre su regreso!

Limpias las manos, gastados los zapatos,
vieja y nueva la sonrisa,
nueva y vieja la confianza,
con el alma y con las sangre,
vieja y nueva la palabra
ahogaremos el duelo y el horror
en la esperanza

Luis Carvajal.

sábado, noviembre 8

DE POESÍA Y JUEGO DE DOMINÓ, por Omar Messón


En el año 1981 se celebró en mi querida Sosúa, la Feria Agroindustrial y Cultural (como si la agroindustria no fuera cultura). Dentro del marco de este evento se organizó el primer certamen literario que se realizó en mi pueblo. El concurso era de poesía y el premio iba a ser otorgado por aclamación popular. Los poemas estaban colocados en varios murales y las personas iban y votaban por los poemas que mejor les pareciesen. Ahí obtuve mi primer premio literario, habida cuenta de que las lecturas en todos los actos patrióticos de las composiciones que escribía, no representaban un premio literario, pero si así fuese, no creo que haya escritor en esta mitad de isla que haya obtenido más premios literarios que este turpén. Todos los años y en todos los actos, mis pequeños ensayos eran escogidos para ser leídos en el gran acto. Pues bien, les contaba de aquel significativo primer lugar en aquella feria y por el año aquel. Al finalizar la feria, se hicieron entrega de los trofeos de dominó, pero no me entregaron mi placa o mi trofeo como ganador del certamen literario. En todas partes hay que tener relaciones -si son sexuales, mucho mejor- pues bien, yo me hablé con uno de los organizadores que era un mi amigo y le expresé mi queja de que no me habían dado mi premio, éste, muy solícito, me manifestó que eso él lo resolvería. A los pocos minutos se aparece mi amigo y me hace entrega de un trofeo que había sobrado de la premiación del torneo de dominó. Me dijo: -coge esto, que algo es algo. Yo me llevé mi trofeo orondo y lo puse en mi pequeño librero, mi madre me felicitó con la cara llena de dudas, mi padre se limitó a mirarme con sus relucientes ojos de gato y se arregló la gorra. Cuando regresaba a mi pueblo en las vacaciones universitarias, veía cómo mi trofeo deportivo y poético se iba tornando sepia. Luego mis sobrinos se encargaron de desarmar el premio y encontré la ficha que estaba colocada en la parte superior de mi trofeo rodando por el patio de la casa. La ficha era un cinco tres, por eso me lleno de nostalgia y de rabia cuando veo jugar dominó y estrallan la ficha cinco tres tan fuerte y tan despiadadamente como si eso no me doliera en el alma. !Buenos abusadores, mancillando la poesía!

©Omar Messón, Sosua, Puerto Plata

lunes, octubre 20

Jueves Literario y su generosa visión de la literatura


Omar Messon, poeta y narrador

Omar Messón


Estudió en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), donde se graduó de doctor en Derecho en el año 1990. En ese mismo centro de estudios fue miembro del taller literario César Vallejo. En Sosúa ha realizado una notable actividad cultural, fundando allí el primer círculo de lectores Luz hacia el futuro, 1983, el primer taller literario Génesis 1984, la primera y única revista literaria en Sosúa, Génesis, 1997; fue delegado municipal de cultura para el Consejo Presidencial de Cultura. Es miembro fundador del grupo Jueves Literarios, de Sosúa. Su poemario Obsesión de la Luz fue publicado en marzo de 2008. Ha participado de manera activa en la prensa escrita, teniendo en su aval la formación de dos periódicos regionales: La Flecha (periódico de humor político) y Sosúa News, medios en los cuales ha fungido como director-editorialista, jefe de redacción, corrector de estilos y columnista principal. Ha publicado un centenar de artículos en revistas y periódicos nacionales y, además, ha publicado artículos para publicaciones internacionales. Ha sido premiado en los concursos de La Sociedad Renovación de Puerto Plata y en el 2008 en el Concurso de Cuentos de Radio Santa María por  “El cuarto de los recordatorios”. En 2010, fue ganador de la primera y la séptima mención del Concurso internacional de Cuentos de Casa de Teatro por los cuentos “El Otro” y “Tercera Edad”.  En 2011 fue Premio Nacional de Poesía de la Sociedad Cultural Renovación en el concurso anual Por Nuestro País Primero.


CONVERSACION CON EL INQUISIDOR 

En qué aurora prendiste tus ansias de usura y de sangre,
En qué pergamino de tus labios guardaste su morbidez y su desgracia
Qué buscaron esos ojos cuando huían
Le negaste a esa mirada la clemencia apetecida
Qué costurón la cara impuso cuando el torrente culebreó por las heridas
O qué tan temprano masticó la pólvora su sino atragantado
Qué columpio hizo oscilar tus inventivas
tus planes
tu voracidad de buitre
A quién le pronunciaste el nombre del eterno
cuando cercenaste vidas en su nombre
mostraste aquella humana adversidad como condena.
A quién tu mezquindad le embadurnó sus resquemores
Mientras hacías mutis con tu callar que otorgó cruces
En aquel obscuro aposento de tu infamia.
En aquella lápida de sombras planeaste vulnerar aquel destino
Mientras tus pies ondulaban las huellas del quebranto
En la indeleble cicatriz de aquel despojo.
Ibas resoluto con la mirada puesta en otras penas
En otros oasis de malévola impaciencia
En otros abismos en los que ejecutabas
La difícil sinfonía del pecado
Ibas como si tu meticuloso itinerario de caótica indecencia
Marcara de improviso afinidad de muerte
Calendarios de ausencias
Eterna catapulta hacia la nada.
Cómo hiciste luego con tu prisa
En qué terraplén sentaste tus bondades
Hasta verlas emanarse por el resquicio de la esfera
En cuántas partes escindiste tus maldades
Para no discriminar tu indiferencia
En qué pecho pensaste cuando el flujo
rodó por los altares de la piel envilecida
y qué dijiste acaso entre esos labios que vulneran la sonrisa
cuando aquel cuerpo respondón se amelcochaba
cuántas arpas de canción y soledades
sonaron cuando hundiste todo el odio entre esa carne
entre el sollozo
entre los hálitos de venas averiadas
quién diligenció una ráfaga de incienso en tu memoria
cuando hiciste devenir en trono tu lúcida impaciencia
a quién cambiaste aquel vértigo por nubes imborrables
por tísicas memorias
por planos indispuestos en su contra
cómo ibas cuando no ibas sino a la lidia de tus cuitas
qué pijama arropó tu adormilado entendimiento
tus cabeceantes periplos de famélicas gangrenas
esa oculta infinidad de sarnas como collages de tu venganza
cuántas espinas clavaste en tu tétrico esqueleto
para soltar con rabia el abecedario de tus odios
no advertiste la hermana trascendencia de tus notas
para irrumpir en la melodía de su ausencia
no te diste cuenta de tu desgajamiento audaz
de tus planes de autófago inclemente
No te cercioraste de tu participación en el suicidio.
Caminaste desenfadado sin morder aquel acero
Ningún relicario columpió por tu estampado
Fuiste con tu resolución de cobra
A carroñar aquella espera
No volviste la frente para procurar otra aventura
No deseaste el otro rumbo que te eximiera de la falta
De exterminar aquella historia
Qué vibración sintió tu cuello
Cuando tu lámina acerada irrumpió por entre cuerdas dilatadas
Carcomiendo aquellas venas que cortaste en el preludio
Ostentando aquella mueca que escondiera tu sonrisa
Qué mucosidad intentó frenar aquel abrupto
En qué hematoma de tu alma incineraste tu pudicia
Cuando deletreaste de improviso aquellas letras de esa tumba
Convertida en apetito de lápida insaciable
Cuando se te quedó el destino clavado entre sus ojos.


CONVERSACION CON LA AMANTE 

He vuelto a tu laguna de besos
Al cieno de tu sexo bendecido
a convertirme en el sapo de tu histeria
A aplacar un poco tus signos de anaconda embravecida
A portarme como un dios que conduce tu luz hacia mis sombras
Dios que recrea el instante en que nacemos
en cada decibel de tus suspiros.
Marcaste un número en el que aparezco omnipresente
sereno
Con la mudez del condenado
con la ubicuidad del dios de las ausencias
Como un fauno de algún remedo inadvertido.
Vienes a mí en tu afán de suplantar alguna herida
Con un obcecado compromiso de tu entrega
A vulnerar mi resistencia a la libido.
En el lecho no compartiremos la memoria envilecida
Ni burlaremos la inconsecuencia de unos labios que eternizan
El desafiante ejercicio de tu entrega
Pero haremos aposentos innegables
En los que atesoraremos las plagas de tus vicios
Tus calmas rebasadas
  el delirante tropel de tus gemidos  
Para diseminar la rabia sugerida en tu sonrisa
Para derramar todas las lágrimas desde el ojo en que ponemos
      las diatribas de los amores subrepticios.
Zarpas conmigo en este bajel de sorprendente espera
A buscar entre los mares del impúdico tormento
Aquel amor que nos hostiga cuando izamos
La bandera de la rabia que nos mide
Con el rasero de unos besos destemplados.
Quédate en mí como el suspiro
como la espera
como la duda
para encender la pira entre la carne
Cuando nazca entre nosotros el anhelo
De prosternar lo convenido entre las tarjas
En donde inhumamos el refrenado impulso de la rabia.
Como intermitente relevo de mi angustia
Quedas adherida a esta vida que no enciendo
Ni siquiera con la gula de tu pecho enardecido.
Si pretendes contestar este arrebato de insolencia
Háblame profuso y quedo
Porque sé que sólo quedan las palabras
    Cuando ha sido consumada la tragedia.


CONVERSACION CON LA AMADA 

El universo se extiende hasta tus ojos
   Hasta tus pies
Hasta tu cuello
Hasta el profano sentimiento de tus besos
El universo se desgrana entre tu risa
Entre tus muecas de sirena corrompida
En los gráciles socorros de tu aurora
Y devienen en océanos las cicatrices de tus labios
En altas laderas las sierpes marejadas de tus senos
   En olas gigantescas las rítmicas contorsiones de tus manos.
  Con la gula de tu sexo provocado
Te conviertes tú de pronto en plena entrega
En oasis donde abreva mi impaciencia
Te conviertes en eco de gritos pertinaces
En gacela que discurre por entre los espacios rotos
De aquel resquebrajado hábitat de mi conciencia.
¡Duerme! No desperdicies las horas de tus relojes holgazanes
En difíciles vigilias de memorias malgastadas
Sólo ratifícame en tu ráfaga de insomnio
Tu resuelta decisión de acorralarme
En los lúdicos portentos de tus piernas.



                                                                  ********************

Ramón Gil

Ramón Gil

Natural de Santiago de los Caballeros, República Dominicana. Cuentista y poeta. Miembro fundador  del grupo Jueves Literarios, de Sosúa. Dos cuentos y tres poemas suyos están incluidos en la página de Internet  www.escritoresdesantiago.blogspot.com Es ganador de tercera mención  en el renglón poesía del concurso Eugenio Deschamps 2006 de la biblioteca Alianza Cibaeña de Santiago por su poemario “Poemas Obsoletos”. Fue asimismo ganador de tercera mención en el renglón cuento del concurso Juan Bosch de la Fundación Global Democracia y Desarrollo FUNGLODE 2007 por su cuento “Desidia”. En marzo de 2008, ganó el segundo lugar en el décimo quinto Concurso de Cuentos de Radio Santa María en La Vega con el cuento “Movimiento Elemental”. En julio de 2008, fue reconocido como “Joven Intelectual 2008” por el Taller Literario Virgilio Díaz Grullón de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD-CURSA) y en marzo de 2009 resultó finalista del concurso de novela infantil de la Editora SM con su novela “Los cazadores de nubes” publicada en abril del mismo año. Ha publicado tres libros “Cuentos Terrenales” en marzo de 2008 y “Desidia” en noviembre de 2008, además de su novela “Los cazadores de nubes” en abril de 2009. Artículos suyos pueden leerse en el periódico “La Información” de Santiago y en la revista “Cuadernos de Ataecina” del Centro Cultural Unión Extremeña de Terrassa, Barcelona. Segundo lugar del décimo-séptimo Concurso de Cuentos Radio Santa María 2010 con el cuento “Impulsos”. Su soneto al profesor Juan Bosch puede leerse  en el libro “A viva Bosch” de la Secretaría de Estado de Cultura publicado en el marco de la décimo-tercera Feria Internacional del Libro Santo Domingo 2010.

Desidia 


Quizás sea hoy mi último día sobre la faz de la tierra y gran parte de ello es por mi culpa.  Pude sólo estar condenado a una muerte, pero con el deseo de burlar un destino que consideraba invariable, me aseguré una segunda.

Todo hubiera sido tan simple si hubiese esperado, si me hubiese dejado ganar por mi eterna desidia.  Pero no, esta vez tenía que ser diferente.  No podía dejar que fuera la vida la que me dictara su última voluntad.  Yo, que todo lo viví, todo lo probé, consideré indigno de mí que el destino o ese terrible azar que los creyentes llaman “Dios”, me impusiera  su voluntad.

Desde que el doctor me dijera lo de la enfermedad, apenas pude articular, “¿Está usted seguro, doctor?” “Sí” fue su escueta contestación.

Nunca me había sentido nada y no era más que un examen de rutina.

- “¿Cuánto tiempo más calcula usted que me queda?”
- “No más de un mes si nos atenemos a los exámenes”

Me despedí del doctor, pero me prometí burlar la muerte a mi manera.  Ningún destino decidiría por mí.  Yo era el dueño absoluto de mi vida y la podía dejar en cuanto quisiera.  Decidí suicidarme ese día.  Fui directo a la veterinaria y compré el veneno más letal que tenían.

Llegué a casa y preparé un café fuerte como siempre me habían gustado.  Eché la mitad del veneno y lo moví. Y entonces, en cuanto hube terminado de prepararlo, me sucedió.  Fue un ataque terrible de desidia y mi mano se negó a levantar la taza.  Hice acopio de toda mi voluntad; miré de nuevo la bebida caliente, aromática y di la orden de nuevo.  Mi mano se negó nueva vez.  Me levanté, entonces, y traté de tomar la taza desde esta nueva posición.  Inútil, también.  En ese momento supe que nunca podría tomar esa taza con mis manos.  Pero había otras soluciones.

Esa noche me acosté calmado a pesar de este primer fracaso y soñé distintas formas de suicidarme.  La que me pareció más adecuada fue cortarme las venas sumergido en una bañera. Tal como lo había pensado, coloqué la navaja a poca distancia de mi brazo y cuando ya me sentía listo para cumplir con mi cometido, la tomé y acerqué a la muñeca derecha.  La navaja de detuvo a cinco o seis pulgadas y por más  que traté, mis manos, que rara vez se negaban a obedecerme, lo hicieron por segunda vez en apenas dos días.

Estaba a punto de darme por vencido cuando se me ocurrió contratar a un asesino.  Revisé mis ahorros.  Tenía suficiente, pensé y luego con buen humor y gran ánimo, me interné en los barrios de los bajos fondos donde por doscientos pesos hasta un niño te apuñala.

Quería una muerte limpia y que nadie sospechara que había burlado una primera muerte contratando una segunda.  Así todo dependería de mí y sólo de mí.  Me burlaría del azar.  Pero aunque anduve todo el día, sólo pude conseguir un mísero número de teléfono. “Quiero ver a un asesino”, había ido pregonando por los barrios.  La gente me tomaba por loco y nadie hacía caso de mi pedido.  Así pasé todo el día encontrando apenas a uno que se apiadó de mí y por trescientos pesos consintió darme el número.  Aunque venía cansado, levanté el auricular para llamar a mi liberador y sin darme cuenta siquiera, mis dedos atacados de desidia, se negaron a marcar.  Entendí, entonces, que no había nada que hacer y que tenía que esperar.  Me duché, me acosté y dormí con la paz del que tiene su conciencia limpia y no debe nada a nadie.

Al día siguiente, probé mis dedos y ya no se negaron.  El teléfono timbró más de cinco veces del otro lado, pero nadie lo levantó.  Lo intenté de nuevo.  Esta vez a la tercera alguien lo tomó.  Era una voz ronca pero agradable.  Incluso se sentía amable y de persona bien educada.  Me preguntó qué quería.  Le expliqué todo.  La voz no me interrumpió ni una sola vez.  Cuando terminé y para asegurarse de que no fuera una broma me pidió que hiciera dos depósitos, uno para iniciar el contrato y el otro para cuando terminara.  Era caro, me dijo, pero garantizaba su trabajo.  Me alegró esto y ese día hice todo como me lo había pedido.

Desde ese momento, me poseyó una especie de hiperactividad y todo lo veía desde una óptica superior, diferente.  Me sentía dueño de mí y mejor que esto,  de mi destino.  Había burlado la voluntad de los hados.  Ahora yo era un dios.

La voz había prometido que haría su trabajo en los próximos siete días, así que no sabía con que tiempo contaba.  Quizás fuesen horas solamente y esto, no sé por qué, me hacía feliz.

Empecé a ver todo lo que me rodeaba como si lo estuviera fotografiando, entonces vi a un perro abandonado y hambriento y sentí pena por él, vi a una mujer extremadamente bella que miraba a los hombres como desde un trono, vi a un hombre rebajado a la indignidad de pedir, vi la vanidad, la prisa y el orgullo y vi que todo esto era yo, y lloré por mi, por el perro, por el hombre y por la mujer. Entonces entendí que mi decisión de algún modo me estaba humanizando y todo aparecía ante mis ojos con increíble claridad.  Llegué a la casa, exhausto y pleno.  Me sentía lleno de la vida, pletórico de gozo y cada segundo me despedía de algo.

Los siguientes dos días fueron iguales y hasta temía que podía reventar de la emoción.

Una noche me dediqué a escuchar los sonidos más tenues, aquellos en los que nunca había reparado y por primera vez pude escuchar la labor paciente de la termita en la madera y me asombré a medianoche porque escuché mi propio latido del corazón y el fluir de la sangre por mis venas y supe como si lo hubiera descubierto en ese momento que estaba vivo.  Me levanté, encendí la luz y fui hasta un espejo.  Ese rostro barbudo y de mirada profunda era yo y ese reconocimiento de mí, es la felicidad más grande que he experimentado en mi vida hasta hoy.  “Estar vivo”, dije en voz alta “¿Dónde estaba que nunca lo percibí?” y agradecí a la muerte porque me despertaba la vida y tanto me gustaba esta sensación que comencé a experimentar nuevos sabores y salaba la carne o comía sin sal y cada cosa que hacía era sencillamente maravillosa porque era la última y yo lo sabía.

Pero esta felicidad era extrema y sentía que estaba durando demasiado.  Esperaba que la voz cumpliera lo prometido cuando sonó el teléfono.  Era de mañana y la secretaria me urgía a presentarme ante el médico.  Sonaba alegre y yo entendí que quería regalarme un poco de alegría porque me suponía triste.

Me presenté al consultorio.  En cuanto la secretaria me vio, me hizo pasar.  El médico me esperaba alegre y nervioso.  Me pidió que me sentara y empezó a hablar.  Entonces me dio la noticia y me habló del error al tiempo que se disculpaba.

Mis manos y esos dedos que a veces eran atacados por fuerte dosis de desidia, volaron hasta su cuello, pero no conforme lo abofeteé y luego empecé a pegarle con el puño.  El doctor empezó a gritar y a sus gritos vinieron la secretaria, unos pacientes que ese día se consultaban y dos doctores.

El médico, en los límites que impone el pánico, no podía entender mi reacción, pero había malogrado miserablemente mi felicidad.  Mi  alegría de antes se convirtió en terror.  A cada paso que daba, miraba a todos lados.  La muerte se me hizo presente más que nunca y cada ojo que me miraba, cada conversación susurrada entre dos, me parecía una conspiración para exterminarme.  Entonces como nunca, traté de aferrarme a lo inevitable.

Llegué a casa y marqué el número del que dependía mi destino.  Quería suspender mi ejecución.  Me nacieron, de repente, unas ganas locas de vivir, de perder el tiempo en nada, de ser uno más entre la multitud, un desconocido, un ente ignorado por todos y quise ser gusano, caracol u hormiga.

Marqué y el teléfono sonó como la vez anterior una vez, dos, cinco veces.  Lo intenté y lo intenté, pero nadie lo tomó.

Me pasé el resto del día marcando y marcando.  Por la noche, a pesar de lo terrible del momento, se apoderó de mí una calma y supe lo que debía hacer: escaparía, me iría bien lejos y me olvidaría del dinero.  Siempre podía comenzar de nuevo y para ello sólo necesitaba la vida, una vida que yo había condenado y que ahora se me escapaba a cada segundo en forma de bala, soga o cuchillo.

Me preparé para escapar.  Si lograba burlar a mi asesino por el día de hoy, él habría incumplido su contrato y esto lo obligaría a reconsiderar una contrapropuesta me imaginaba yo; y fue entonces cuando lo supe, con una certeza que me habría gustado tener en circunstancias más agraciadas de la vida, supe que no podría escapar, supe que este ataque de desidia de ahora era definitivo y que cuando se presentara el asesino, no podría mover ni un músculo de mi cuerpo para defenderme.


                                                                        ********************

Moisés Múñiz

Moisés Muñíz

Nació en Santo domigno, el 24 de enero 1969. Publicista de profesión. Ha trabajado en las principales publicitarias de Santo Domingo como Director Creativo. Desde 1995 reside en Sosúa, Puerto Plata, donde reparte su tiempo entre los negocios, las letras, su familia y el grupo “Los Jueves Literarios”, con quienes comparte la pasión por la literatura. Novelista y cuentista. Ganador de mención en el primer concurso de cuentos de béisbol de la Secretaría de Estado de Cultura 2008 con el cuento “Juancito el pelotero” en su primera convocatoria. Segunda mención en el concurso de cuentos 2009 de Radio de Santa María con el cuento “El niño que dirigía el mar”. Primer Lugar en la décima sexta convocatoria del concurso de cuentos de Radio Santa María, con su cuento Caso No. 144. Premio Único en el Primer Concurso Regional de Cuentos Virgilio Díaz Grullón 2011 del Ministerio de Cultura, con su libro “Cuentos mundanos urbanos”. Su poema “A su memoria” fue seleccionado para la antología “A viva Bosch” que publicó La Secretaría de Estado de Cultura en la XIII Feria del Libro, Santo Domingo 2010. Algunos de sus cuentos pueden leerse en la Antología de los Escritores de Sosúa. Actualmente tiene una novela inédita


 Preludio Inesperado 


Lo tenías todo preparado para esa noche. Las de antes habían sido buenas, muy buenas de hecho, pero esta debía ser demencialmente increíble, más real sin duda, tenía que ser extrema, como tu vida misma, como los deportes que practicabas, tus movimientos audaces en el mundo de los negocios, como todo lo que tú hacías, extremo, casi como caminar en el filo de una navaja gigante, así tenía que ser la de esta noche. Tu mujer te había seguido el juego durante los quince años que tenían de casado, solidaria, amorosa y llena de paciencia, muchas veces te lo dijo, “vas muy rápido”, y en realidad así ibas por la vida, a millón.

Precisamente por esa impaciencia habías incorporado las fantasías sexuales a tu vida íntima con ella, te habías dado cuenta que la urgencia pueril con que llegabas al punto, no rendía muy buenos resultados, por eso tú, hombre de éxitos, te habías propuesto darle un giro a esta situación inventando una serie de ficciones noveladas, que como el mejor director/actor del cine independiente, escenificabas dentro de los límites del plató conyugal, en la habitación, la cocina, el piso, el baño o las escaleras. Aunque tu mujer lo agradecía y eso se podía medir por lo fluido de las relaciones, te decía que no siempre era necesario, que sólo necesitaba que la acariciaras un buen rato, que la mimaras, que le dijeras que la amabas, que la abrazaras, que fueras tú con ella, y a veces lo hacías, pero la verdad era que te habías hecho adicto a las fantasías sexuales.  El infinito mundo de las posibilidades, lo que pudo ser y no fue, la ensoñación extrema. Ella, que te amaba más, aceptaba sus papeles y jugaba a jugar ser la mejor actriz.

Esa noche serías un jefe acosador. Ella sería tu secretaria acosada. Habías comprado una corbata nueva y un maletín de piel para ejecutivos, porque sabías que los detalles inesperados constituían la clave para el éxito de la fantasía. Acomodaste los muebles de la habitación para que se pareciera lo más posible a una oficina, luz tenue, algunos libros y la labtop sobre tu pequeño escritorio de lectura. Según lo acordado comenzarían el acto cuando los muchachos se durmieran. A las diez en punto ella recibiría una llamada a su celular donde se le solicitaba lo más pronto posible en el despacho del jefe. Todo comenzaría con cuestiones elementales de trabajo, citas, llamadas, firma de documentos, hasta ir cayendo en galanterías fuera de lugar, merodeos, propuestas de aumento de salario y el descorche de una botella de champagne que previamente se había puesto a enfriar en la champañera de cristal que habías comprado para la ocasión. En ese momento la secretaria, ya incómoda, pondría alguna excusa para retirarse, lo que sería rotundamente negado por su jefe mientras le convidaba a una “sola” copa. Esa era la parte que más te gustaba, la de desangrar a tu presa lentamente, con todos estos años de práctica habías aprendido a ser paciente dentro de la impaciencia, a demorar lo inevitable. Ya con el alcohol flotando en el ambiente, te quitarías el saco, te aflojarías la corbata y comenzarías el ataque recto y conciso. Las manos en los cabellos, ella lo evade. Una pérfida risita entre dientes. Un suave soplo en sus oídos, ella se levanta.  Tú la interceptas, ella te dice que debe marcharse. Tú la tomas por la cintura, ella te retira las manos y marcha hacia la puerta. Otra sonrisa entre labios mientras le dices que la puerta está cerrada con llave. Ella te dice llena de miedo que no es correcto, que ella tiene su pareja, que lo respeta mucho y no puede hacer…

¿Hacer qué? Le dices tú. Ella te pide que abras la puerta y lo discutan mañana. Tú le dices que es demasiado tarde mientras te acercas a ella, la tomas por la cintura y la besas a la fuerza. De ahí en adelante lo que sigue es relativamente fácil, poca actuación y mucha acción. Es cuando le rompes la ropa, la tiras al escritorio y la violas en medio de súplicas y lamentos. Al final de todo ese preludio, retorna la calma, se abrazan y vuelven a ser. Pero esa noche las cosas no saldrían como lo planeaste. La llamada la recibiste tú mientras te acomodabas en el escritorio.  Hay una mujer sola en la cocina de su casa preparando la cena para su marido y un ladrón entra y la viola, te dice ella. Tú le dices que deben seguir el guión según lo acordado. Ella te dice que no importa, que de todas formas la fantasía del jefe acosador es repetida y que la del ladrón que viola a la mujer casada no. Tú le dices que sí, que esa también la han escenificado. Pero no si la mujer lo desea, te responde ella. Una fantasía dentro de otra fantasía, ¿no te parece increíble? No podías negar que la idea era buena, la fantasía de un ladrón que entra a una casa donde una mujer solitaria prepara la cena para su marido y a la vez fantasea entre el aroma de sus platos con un ladrón que la viola salvajemente. Silencio de este lado del teléfono. No te agradaba que tú mujer llevara la iniciativa en los asuntos de la irrealidad erótica, que fuera ella la que planteara efusivamente la idea de una realidad ficcionada, mucho menos que fuera ella la que gozara del resultado de esa fantasía desgarradora y que fueras tú el que la hiciera feliz mientras era violada por un ladrón, en tu ausencia. Espérame, le dijiste resignado. Cerraste el teléfono, pasaste revista al triste escenario que habías montado, mediocre en comparación con el que había creado ella, destapaste la botella de champagne, como brindando por tu ineptitud y bebiste la mitad de un par de tragos mientras se sucedían las imágenes de tu mujer siendo violada por un ladrón desconocido, o conocido, quién sabe, y ella gimiendo de placer.

Bajaste las escaleras con la  botella en la mano y una media panty ridículamente puesta en la cabeza. Los detalles son importantes. Entraste sigilosamente en la cocina donde una mujer de espaldas esperaba a su marido, dejaste la botella en una esquina de la meseta de mármol y tomaste uno de los cuchillos de deshuese del estuche, te acercaste, la tomaste repentinamente por la cintura y pusiste el filo de acero sobre su garganta. ¡No te muevas! Le susurraste al oído. Lentamente lamiste su cuello y dejaste caer la mano libre por sus pechos, ella se estremeció y tú apretaste el cuchillo contra su piel nuevamente. Siempre quise hacer esto, le dijiste al oído, una mujer hermosa, sola en su casa, sin su marido. Tu mano se resbaló a su entrepierna y pudiste comprobar lo fluido de la situación. Ella estaba terriblemente excitada. ¡No por favor, no haga esto, suélteme! la oíste decir falazmente. Sabías que mentía, esa mujer quería ser violada por un vil ladrón. Entonces le diste la vuelta y la miraste a través de la malla que cubría tu cara, una sonrisa imperceptible para el ladrón, pero no para ti, se asomó en sus labios. Dejaste resbalar el cuchillo entre sus pechos cortando la tela de su bata de seda, ella se resistió y trató de liberarse, tu soltaste el cuchillo y le diste una bofetada, ella se sorprendió como en otras ocasiones y te rogó que la soltaras, recordaste la entrepierna y entonces lo decidiste, sería tu fantasía contra la de ella, cumplirías su deseo pero a tu manera, entonces la jalaste por los cabellos y volviste a abofetearla, ella te miró confundida; si quieres que te viole un extraño a mis espaldas eso tendrás, le dijiste. Ella sonrió nerviosa. Entonces terminaste de rasgar su bata, la tiraste al piso y apretándole sin piedad con una mano el cuello, con la otra rompías su ropa interior buscando la prueba irrefutable de su traición. La fantasía estaba fluyendo. Los fluidos estaban fluyendo. Esta vez no pudiste demorar más lo inevitable. Mientras lo hacías, ella apenas pudo moverse, emitir un gemido, parecía disfrutarlo más que nunca, a solas, como si no estuvieras, así tan inmersa estaba en su fantasía.

Te aferraste a ella como nunca, le atravesaste hasta el alma. Siempre al extremo, ¿recuerdas?
¿Querías gozar? Pues goza, le gritaste, pero ella no contestó, la podías ver con los ojos en blanco, sin hacerte caso, ajena a tus amenazas, en paz total. Apretaste más, la oprimiste contra el suelo con más ganas, hasta que finalmente llegaste a donde querías llegar.

Jadeante todavía te quitaste la media de la cabeza, la miraste ahí tirada en el suelo, los jirones de tela en su cuerpo, extasiada, más bella que nunca al finalizar el último acto de ese preludio inesperado.
¿Eso es lo que querías? ¿Lo disfrutaste? ¡Habla! Le gritaste.

La cocina de tu casa se fue materializando poco a poco, primero los mosaicos españoles, los gabinetes de roble, la meseta de mármol y luego ella, luego la viste a ella, la mujer de tus vidas, tu fiel compañera de fantasías.
Deja de fingir, le dijiste trémulamente, mientras veías la marca roja de tu mano en su cuello inerte.


                                                              ********************

Oscar Zazo Martín

Oscar Zazo Martín

Madrid 1960. Narrador y poeta. Licenciado en Pedagogía mención Letras. Tiene una maestría en Historia aplicada a la Educación de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra. Reside en Sosúa, municipio de Puerto Plata, República Dominicana, y es miembro fundador del grupo Jueves Literarios de Sosúa, Mención de Honor en el concurso nacional de literatura de La Alianza Cibaeña 2010 por su libro "El regalo y otros cuentos”. Premio Nacional 2011 de la Sociedad Renovación  auspiciado por la Fundación Brugal por su libro “Destiempo y otros cuentos” Ha producido y presentado el programa cultural televisivo "TV Talento". En la actualidad coproduce el programa literario “Palabras al viento” junto a los escritores: Omar Messón, Ramón Gil y Moisés Muñiz.  Es profesor de Español y de Ciencias Sociales en la International School of Sosúa. Ha viajado por más de cuarenta países, es guía de excursiones de aventura y experto en Artes Marciales. 

Amores reales 


Por aquel tiempo la voluntad de las personas no contaba, y mucho menos las opiniones o los gustos,  por lo menos los míos.
Me aburría la corte, pero allí me encontrada merced a los esfuerzos, intrigas y sobornos, que con tanta dedicación, entretejiera mi padre hasta conseguir hacerme cortesano

Por mi  propensión innata a la pereza y mi natural  desinterés por las cosas, no fueron pocos los palos y castigos de los que me hice acreedor, al parecer con sobrada razón, hasta que consiguieron meterme en la mollera modales y  protocolos necesarios para el desenvolvimiento en la corte. Tampoco tuve nunca prejuicios ni lastres de conciencia que menoscabaran mi dig-nidad, tales  como orgullo, lealtad  o vanidad. De manera que a la postre lograron convertirme en un cortesano joven, apuesto y ahora refinado.
Y me habría ido bien, de no ser por  una serie de acontecimientos en los que me vi,  involuntariamente envuelto.

  Todo empezó el día en que, a pesar de mis disimulos,  su regia majestad puso los ojos en mí, sabría Dios con qué intenciones.
Una tarde a la salida de palacio una dama de compañía de la reina puso en mis manos un “billete real” con instrucciones precisas. Se trataba de una cita secreta con su alteza  aquella misma noche. Recomendaba máxima discreción, “so pena de muerte” pensé yo, con los más lúgubres augurios.

Lleno de aprensión, acudí a la cita entrando a palacio por  las caballerizas, desde donde la dama de marras, me condujo a una recámara. Allí permanecí solo durante  interminables minutos hasta que de improviso  apareció la reina.
Rodilla en tierra incliné la cabeza – Majestad…

- Vamos al grano, - escuché perplejo – estáis aquí para hacer un servicio a vuestra reina.

- ¡Siempre majestad!- manifesté raudo -  Pedid la luna y al punto removeré cielo y tierra para ponerla a los pies de vuestra merced. – Y añadí aun a riesgo de excederme en mi actitud pelota y servil – Podéis confiar a muerte, que vuestro súbdito y seguro servidor derramará has-ta la última gota de su sangre…

- Dejad ya de decir sandeces, majadero, - atajó la reina -  e iros  desnudando que tengo poco tiempo – escuché con estupor
- Pero majestad…

- Ni majestad ni gaitas, estáis aquí para llevar a cabo lo que el rey  no puede o no quiere hacer,  y espero quedar satisfecha de vuestros oficios, que no son otros que preñarme  lo antes posible por vuestro bien, por el mío y  por el de la corona. Que para la descendencia siempre será mejor un discreto bastardo que el escándalo de una impotencia manifiesta. Y ¡ay! de vos si vais sobrado de lengua y flojo de verga como el inútil  de  vuestro rey…  así es que basta de pa-labrería y al tajo.

Mucho miedo y poca experiencia no eran buenos aliados para acometer tamaña empre-sa. Aún así, me puse a ello diligente. Fue tal vez, mi condición de mozarrón saludable, lo que aportó brío suficiente para obviar ciertas trabas que obstaculizaban el buen desenvolvimiento de la tarea encomendada, a saber: primero, incisivo e hiriente tufo sobaquero. Segundo,  abun-dante y tupida pelambre púbica, que por un buen rato despistó mi desentrenado sentido de la orientación.

Sea como fuere, y a pesar de mi torpeza como amante, esa noche y otras posteriores, cumplí a duras penas lo convenido como obediente y discreto donante de “mascadas”. Eso si,  esgrimiendo como atenuante  en mi defensa, la presión y, por qué no decirlo,  el miedo que infundían durante el acto sus descalcificaciones y amenazas.

  En el fondo de una mazmorra, encadenado en prisión preventiva, dijeron, recordé a no se qué imbécil cortesano diciendo  eso de “no hay acción sin reacción”, y allí estaba yo tratando de desenmarañar eso de las causas y los efectos, temiendo, con buen criterio, que preñada o no la reina, ya mi cabeza, por no nombrar otras partes de mi anatomía, no valía nada.

Voces autoritarias rompieron el silencio de la madrugada despejando del todo mi duer-mevela. Cuando sonó el cerrojo de mi celda temí lo peor. El rey en persona ordenaba al guardia y al resto de la comitiva que le dejaran entrar solo. Mis ojos acostumbrados ya a la penumbra percibieron nítidamente un ceño fruncido y una  mirada de gravedad inquietante. En cuanto sonó el portazo, el monarca avanzó hacia mi rincón con paso lento pero decidido. Yo me incor-poré como pude y él se detuvo a escasa distancia, como sopesando lo que estaba a punto de hacer. Sus mandíbulas se tensaron y su barbilla tembló visiblemente. Entonces… me abrazó y lloró con gran congoja.  Al poco su mano se deslizó hasta mi trasero y lo apretó con ganas. Invo-luntariamente se dibujó en mi rostro una casi imperceptible sonrisa de suficiencia.

Fuente: http://www.escritoresdominicanos.com/juevesliterarios.html

Leonardo Nin y las verdades modernas CREATIVIDAD Y BÚSQUEDA FORMAL. “TODO LO QUE NOS HACE HUMANOS ES UN VIAJE EFÍMERO Y CADA EXPERIENCIA COTIDIANA NOS ENGRANDECE”

Jenifer Marline para Listín Dario.

SANTO DOMINGO.- Escritor de la diáspora dominicana, nacido en Barahona. Guazábaras es su primera publicación de relatos (2002). A finales del 2008, puso en circulación en Santo Domingo su segundo libro de relatos Sacrilegios del Excomulgado.

Tiene inéditas las novelas Mañana, si Dios muere y Sólo sé que le llamaban Sombra. Reside en Boston donde se ha destacado por propagar los valores culturales dominicanos. Fue elegido por el Comité de la Semana de la Herencia Cultural Dominico-Americana para formar parte de la Primera Jornada de la Nueva Narrativa Dominicana, en Miami.

¿Qué origina y motiva la realización de este libro?
Al salir Guazábaras y yo terminar “Mañana, si Dios muere” buscaba una voz propia, diferente tal vez. Los primeros libros de cada escritor son casi siempre gobernados por las añoranzas y las vivencias de la vida, después uno crece y cultiva ideas y puntos de vistas basados en nuestra manera de ver al mundo y eso pasó con este libro. Digamos que se me abrieron los ojos al mundo del pecado de simplemente ser humano.  

¿Cuál es el propósito y la intención con que lo publicas?
Quería publicar una obra que obligara al lector a pensar, a trascender la simple metáfora o la figura literaria y meterse a la fuerza en la historia buscando una respuesta que no llega, ofensiva y elusiva. Este libro pretende incomodar las creencias de los lectores. Es un libro negro en el que, profanando los conceptos y las bases de la fe, intenta quitarle al lector la potestad de dejar de leer.

Quería que se sintiera mal consigo mismo después de leerme, que se sintiera culpable, violado, por no poder desligarse de su fe, pero haber terminado los cuentos.  Trato de invitar a los hombres a ver una nueva moral, no la regida por la religión o los dogmas, sino por la lógica, por la grandeza del espíritu. En la que el hombre en sí es responsable absoluto de sus actos y nadie más.

En varios personajes de distintos relatos, aunque no se asocian entre sí, se percibe una voz similar marcada por la ira.
Claro que me da rabia el mundo, los sistemas, las injusticias. Me mata el absolutismo de las verdades modernas, lo abstracto para muchos ahora es complicado, nadie quiere pensar, el dinero y la liviandad de espíritu es la carta magna de la constitución del hombre moderno. Nadie quiere ir más allá y responsabilizarse de sus actos y la culpabilidad siempre recae en otro, en el diablo, en el sistema del país, en que si los otros roban yo tengo que hacerlo porque es lo normal.

¿Cuál dirías tú que es el público idóneo para esta obra?
Uno no lo elige, el lector es quien elige a uno, es quien opta seguir leyendo o guardar el libro para siempre. La gente es quien comenta y sugiere. Una obra deber ser independiente y nunca necesitar del autor para llegar a tal o cual grupo. Lo que está entre las páginas debe ser más que suficiente para perdurar y si no lo hace, entonces no se logró el objetivo y la obra morirá en el anonimato.  

¿Cómo ha sido la labor formal en esta obra y si estás satisfecho con los resultados?
Sí, le dedicamos mucho tiempo. Los resultados inmediatos, hasta cierto punto, han sido muy favorables, la gente ha reaccionado muy bien. Pero realmente no sé qué pasará a largo plazo, eso dependerá del tiempo y los lectores. Hay libros que tardan años en descubrirse, otros, a veces están fuera de tiempo, algunos simplemente están destinados al basurero y yo no sé qué pasará con éste.  

Entre los temas que toca la obra están homicidio, masturbación, sexo, suicidio, injusticia, lujuria, homosexualidad, venganza. ¿Hay algún criterio que haya determinado su elección? Es que todo esto es lo que nos hace humanos, la vida es como un viaje, efímero, turbulento y complejo en el que cada experiencia nos engrandece como especie, nos obliga a evolucionar. Estas cualidades humanas, buenas o malas, nos permiten liberarnos y experimentar el albedrío pleno. Es imposible apreciar la vida, si la misma a su vez queda desligada del suicidio y el asesinato.

¿Con cuáles de tus influencias literarias tiene más deudas la obra?
Los conceptos de fe y culpa tienen mucha influencia de Dostoievsky y Nietzsche, la decadencia de Rilke y Rosthmantal, la apatía de Byron, la arrogancia de Borges, la sencillez de Paz.

http://www.listindiario.com/ventana/2009/3/13/94329/Leonardo-Nin-y-las-verdades-modernas

Editorial Santuario pondrá a circular reediciones de novelas de Emilia Pereyra

Emilia Pereyra, novelista.


Editorial Santuario pondrá a circular las reediciones de las novelas El crimen verde, Cenizas del querer y Cóctel con frenesí de la periodista y  escritora Emilia Pereyra, durante un acto que se efectuará el martes 21 de octubre, a las 6:30 p.m., en la Academia Dominicana de la Lengua, en Santo Domingo.

Las novelas serán presentadas por el doctor Bruno Rosario Candelier, director de la Academia Dominicana de la Lengua, el arquitecto y escritor Manuel Salvador Gautier y el doctor Manuel Núñez,  lingüista y escritor.

La autora agradeció a editorial Santuario su interés en reeditar las novelas, pues esa labor permite que quienes tengan interés en leerlas y conocer su trabajo literario  las encuentren disponible en el mercado.

Emilia Pereyra es comunicadora  y narradora. Ha publicado las novelas El grito del tambor (2012), sobre la invasión del corsario Francis Drake,  El crimen verde (1994), Cenizas del querer (2000) y Cóctel de frenesí (2003). Además, el libro de cuentos El inapelable designio de Dios (2007) y la compilación de perfiles biográficos Rasgos y figuras (2000), previamente dados a conocer en el periódico Hoy.

Varios de sus cuentos han sido incluidos en antologías dominicanas y extranjeras, y traducidos al inglés y al italiano. En 2005, Pereyra recibió una  beca literaria en Leding House para realizar una prestigiosa residencia que reúne a escritores de todo el mundo, en Hudson, Estados Unidos, bajo la dirección de la reconocida Fundación Art Omi. Es miembro correspondiente de la Academia Dominicana de la Lengua.



martes, octubre 7

La promesa de Martha

Martha Rivera-Garrido


"Me prometo a mi misma un poco de sueño todas las noches y un pequeñito nido que me contenga al dormir. Una sonrisa cada día al despertarme, a pesar de todo aquello que la noche no haya escondido bajo su manto y que siga doliendo al amanecer. Una sonrisa que le de gracias a la vida por perpetuarse en mis batallas, en la enfermedad y en todos mis desgarramientos. Me prometo a mí misma seguir peleando por una vida que me merece y que definitivamente yo me merezco. Alejarme de todo lo que me dañe y no dañar nada de lo que amo. Buscar la salud y la alegría dentro de mi misma, ya que yo y únicamente yo me las puedo proporcionar. Molestar lo menos posible a mis seres queridos y bendecirlos con mi mejor energía y con el espíritu de amor que alentaron mis padres hasta en mis lagrimas. Me prometo mirarme los pies cada vez que se me olvide que puedo caminar, tocarme las manos cada vez que se me olvide acariciar, abrir los ojos con fuerza cada vez que se me olvide que indefectiblemente después de cualquier sueño llega el despertar. Comer mejor, pensar en silencio y no extender mis brazos hacia donde no puedan llegar. Me prometo un camino donde lo imposible siga siendo destino, una canción cuando parezca que ya no puedo respirar y un poema por cada verdad que sienta y que diga, y que no tenga marcha atrás".
©Martha Rivera-Garrido

jueves, octubre 2

Discuro de Rei Berroa en la Octava Feria del Libro dominicano en Nueva York


Queridas compañeras,
queridos compañeros:

En este singular ejercicio del ver y volver a ver que es el leer, quisiera poder nombrar ahora a todos y cada uno de ustedes por su nombre y apellido e incluso aprovechar este momento para traer a otros no presentes físicamente, pero de cuya alentadora presencia estoy consciente por la energía que se respira en esta sala. Como se podrán imaginar, esto sería imposible, entre otras cosas, por las fronteras de tiempo que tenemos demarcadas. A su vez, voy a darles un GRACIAS enorme y con mayúsculas a todos colectivamente.

Sé que este tipo de homenaje podía haber recaído en cualquier otro escritor o escritora entre los muchos que pueblan la geografía que sale de nuestras dos terceras partes de la isla. Precisamente porque sé que éste fue un complot entre el Comisionado y algún amigo (que necesitaba algún favor) o algún enemigo (que intentaba ponerme en ridículo), les aseguro que los humos de esta fiesta del libro que ustedes han preparado y en la que han decidido agregar mi nombre no se me van a subir jamás a la cabeza ni tampoco me van a bajar a las nalgas (por aquello de “sentarse uno en sus laureles”). Yo sigo y seguiré siendo el mismo Rei, su vasallo, antimonárquico, anticlerical y antipolítico que ustedes han conocido desde siempre o desde hace sólo unas semanas o unas horas.

He dicho “antipolítico,” y esto me sirve para recordar a un hombre de letras que se dirigió hacia la política, pero que, hasta cierto punto, representó la antipolítica de nuestro país, pues un día como hoy, 26 de septiembre de 1963, hace 51 años, Juan Bosch se encontraba preso en el Palacio Nacional, desde el cual había gobernado tan sólo siete meses. No voy a abundar más en ello, pues lo que importa aquí y ahora es la fiesta que la República Dominicana de Nueva York le hace al libro.

Y como yo sé que lo que ustedes quieren es escuchar la música que ya ha empezado a sonar tímidamente detrás de esa cortina y están, por consiguiente, deseando que me deje de pleplas, me baje del escenario y me vaya a sentar en la silla que me han asignado, voy a hacer exactamente eso.

¡Muchas gracias!

Rei Berroa
**********************************************************************
Rei Berroa (*Santo Domingo 1949) Poeta, catedrático y traductor dominicano residente en los Estados Unidos.

Vida
En 1983 se doctoró en la Universidad de Pittsburg. Desde 1984 enseña literatura española y crítica literaria en la Universidad George Mason de Washington. Ha sido consejero de la revista Hispanic Culture Review entre los años 1992-2006, por lo que recibió el premio GMU en el 2002.
Berroa ha sido asesor literario, también, del Teatro de la Luna de Arlington desde su fundación en 1991 y además cada año, coordina y dirige, el Maratón de la Poesía, que consiste en dos días de lecturas poéticas que se efectúan en la biblioteca del Congreso de Washington , en el teatro de la Luna y en otros lugares de la capital estadounidense. En este ciclo anual se reúne a destacados poetas de países de habla hispana.

Desde 2001, Berroa publica una antología de los poetas invitados al festival de Washington.
A finales de marzo de 2008 participó en el IV Festival Internacional de Esmirna, Turquía, dedicado a Latinoamérica, junto a los poetas Pablo Armando Fernández de Cuba, Sergio Badilla Castillo de Chile, Diana Bellessi de Argentina, María Baranda de México, Rafael Courtoisie de Uruguay, Enrique Hernández de Jesús de Venezuela y Margarita Laso de Ecuador.

Obra
Retazos para un traje de tierra (Madrid, 1979)
Los otros (Santo Domingo, 1981)
Libro de los fragmentos (Buenos Aires, 1988)
Ideología y retórica (México, 1988)
Libro de los fragmentos y otros poemas (Caracas, Venezuela, 2007)

Referencias
http://mason.gmu.edu/~rberroa/
http://washingtonart.com/beltway/berroa.html

jueves, septiembre 25

La niña de los caracoles

Portada de la obra de Mónica Rodríguez
 
 
 

Mónica Rodríguez, Premio Infantil Everest por "La niña de los caracoles"

 
 
Autora Mónica Rodríguez Suárez
 
La autora asturiana Mónica Rodríguez Suárez ha sido premiada hoy con el XV Premio de Literatura Infantil "Leer es vivir", de Everest, por su obra "La niña de los caracoles", de la que el jurado ha valorado su "aparente sencillez, que esconde un simbolismo que transforma la realidad a través de la fantasía".
La ganadora del certamen ha sido premiada con 12.000 euros y con la publicación de su obra dentro de la colección "Leer es Vivir" de literatura infantil de Editorial Everest.
Según el jurado, la obra premiada tiene, tras su "aparente sencillez", un "ritmo muy cinematográfico y una alta calidad literaria", que surge de un estilo "muy elaborado".
El jurado también ha destacado la "alta calidad literaria" de las 15 obras finalistas, y no descarta la publicación de más obras por la "emoción" que transmiten sus narraciones.
Al certamen se han presentado más de 700 originales procedentes de todas las comunidades autónomas y de diversos países latinoamericanos como Uruguay, Bolivia, Colombia, Venezuela, Argentina, Chile, México, Perú, Brasil, Cuba o Costa Rica.
"La niña de los caracoles" es una obra enmarcada dentro del realismo que cuenta la historia de Marina, una niña que le gusta pasear con su padre y recoger caracoles, guardándolos como un tesoro.
 
Pero un día a su padre, vendedor de helados, se lo llevan preso por decir lo que piensa, y ahí comienza una aventura llena de sentimientos que Marina vivirá con su amigo Hugo para conseguir pagar el rescate de su padre con el tesoro de la caja de caracoles.
Mónica Rodríguez Suárez, nacida en Oviedo y residente en Madrid, es licenciada en Ciencias Físicas y trabajó durante quince años en un centro de investigación, labor que abandonó en 2009 para dedicarse por entero a la literatura infantil y juvenil.
La autora tiene publicados una veintena de libros y en Everest cuenta con obras como "Cuentos de té y otros árboles" o "Los caminos de Piedelagua".
 
Ha sido galardonada a lo largo de su carrera con diferentes premios literarios como el primer premio de Novela Juvenil del Ayuntamiento de Pozuelo de Alarcón, en 2007; el premio de la Crítica de Asturias en Literatura Infantil y Juvenil en el mismo año; el premio Ciudad de Málaga 2010; el premio Ala Delta 2011; o el premio Villa de Ibi también en 2011. En 2012 quedó finalista del premio Barco de Vapor.
 
Es verdad que "LEER ES VIVIR" como dice
 
Agradezco a María Rosa Serdio González el envío de "La niña de los caracoles" porque me ha hecho conocer a una autora de exquisitos matices que se entrega en una historia donde se muestran la inocencia y la pureza de la infancia sin reservas. Usando las palabras precisas, ni más ni menos, se transmiten emociones de fuerza capaces de impregnarse en el acervo personal del lector y ya no se verán los caracoles de la misma forma y ya no será igual un heladero que dice lo que piensa en mitad de la calle. De paso, el tratamiento de lo diferente que se sufre con resignación, adquiere una categoría de heroísmo. Pensándolo bien, todo el libro está impregnado de heroísmo porque nos hace crecer hacia la madurez y la comprensión que como ya se sabe, siempre duele, aunque se evoque luego como poesía. De más está decir que desde ahora voy a buscar a Mónica Rodríguez como a una nueva joya que una amiga me enseñó a conocer.
 


 


martes, septiembre 23

Elige un libro con el cual quedarte en una isla desierta

Carlos X. Ardavín Trabanco


"El prolífico escritor y profesor de cultura y literatura españolas en la Universidad de Trinity, San Antonio, Tejas, Carlos X. Ardavín Trabanco, decidió establecer una biblioteca en una suerte de isla desierta, construida de papel libresco, a la que llegarían los náufragos con un único libro elegido libremente". José Mármol.


Alex Ferreras: “Versos sencillos”, José Martí.
Alexis Gómez Rosa: “La tierra baldía”, de T. S. Eliot.
Basilio Belliard y Fernando Cabrera: “Hojas de hierba” de Walt Whitman.
Carlos Enrique Cabrera: “El Quijote”, Miguel de Cervantes.
César Augusto Zapata: “Así habló Zaratustra”, Friedrich Nietzsche.
Emelda Ramos: “Autobiografía de un Yogui”, de Paramahansa Yogananda
Eugenio García Cuevas: “Historia natural”, de Cayo Plinio Segundo.
Fernando Valerio Holguín: “El criticón”, de Baltasar Gracián.
Giovanni Di Pietro: “Il giornalino di Gianburrasca” y “Le aventure di Pinocchio”.
Jeannette Miller: “La Biblia”
Jochy Herrera: “Rayuela”, Julio Cortázar.
José Alcántara Almánzar y Rey Andújar: “Memorias de Adriano, Marguerite Yourcenar .
José Mármol: “Residencia en la tierra”, Pablo Neruda
José Rafael Lantigua: “La Biblia”
León David: “Platón”.
León Félix Batista: “Libro del desasosiego”, de Pessoa.
Ligia Minaya: “Cien años de soledad”, Gabriel García Márquez
Luis Beiro: “La montaña mágica”, de Thomas Mann.
Luis Martín Gómez: “La metamorfosis”, de Franz Kafka
Luis O. Brea Franco: “Platón”
Manuel Mora Serrano: “La Eneida”, Virgilio.
Máximo Vega: “Nombre”, de Carmen Pleyán.
Médar Serrata: “Libro del buen amor”, Juan Ruiz, Arcipreste de Hita
Miguel A. Fornerín: “Antología de la poesía española”, de Saínz Robles.
Néstor E. Rodríguez: “El amor en los tiempos del cólera”.
Plinio Chahín: “Fragmentos a su imán”, de José Lezama Lima.
Rafael García Romero: “Cuentos escritos antes del exilio”, Juan Bosch.
René Rodríguez Soriano: “Las más bellas leyendas de la antigüedad clásica.”
Roberto Marcallé Abreu: “Las benévolas”, de J. Littell.
Taty Hernández: “La Biblia”

A mi nadie me preguntó pero me voy con "La historia interminable" de Michael Ende ;-)

domingo, septiembre 7

Los jesuitas en la formación de JOC, CASC y otras ramas del socialcristiano



Por Ramón Arturo Guerrero. 7 de septiembre de 2014 - 12:12 am - 0 Comentarios

Ramón Arturo Guerrero
Agrónomo y periodista.
Líderes de la Juventud Obrera Católica.

El origen de la “Democracia Cristiana”  (o Social Cristiano) se halla en la reacción de la Iglesia por su pérdida de influencia en Europa ante el avance de las ideas políticas liberales en aquel continente. Este declive culminó en 1870 con la disolución de los Estados Pontificios, como corolariode la reunificación de Italia. En  consecuencia, el Papa, que gobernaba estos territorios desde el año 751,  quedó sin territorio físico,  hasta que el Tratado de Letrán en 1929 le cediera la Ciudad del Vaticano y numerosos edificios en Roma, además de la residencia de Castelgandolfo.

El  germen de la Democracia Cristiana estuvo en  la “Acción Católica”, movimiento que surgió en Alemania tras la revolución de 1848,  originalmente orientado a defender  la Iglesia y  restaurar el fragmentado orden religioso. Para darle coherencia y sustentación  a estos movimientos laicos el Papa León XIII emitióel 15 de mayo de 1891 su encíclica Rerumnovarum (De las cosas nuevas), la primeraencíclica social, una carta abierta que criticaba las condiciones de las clases trabajadoras, aunque defendía la propiedad privada y el derecho a la sindicalización. Durante la segunda mitad del siglo XIX prosperaron en Francia, España, Italia  y Bélgica las asociaciones católicas laicas.

El creador de la Acción Católica como actividad organizada de los laicos para “unificar sus fuerzas para situar de nuevo a Jesucristo en la familia, en la escuela en la sociedad”, fue el Papa Pío X quien en su encíclica Il firmo propósito, del11 de junio de 1905, sentó las bases de su constitución. Pero, quien le daría forma definitiva al definirla como “participación de los laicos en el apostolado jerárquico” seria Pio XI en su carta QuaeNobis, dirigida al cardenal alemánAdolf Bertram el 13 de noviembre de  1928.

En 1924 surgió en Bélgica, por iniciativa del sacerdote Joseph Cardijn y a partir de un grupo de jóvenes trabajadores, el primer movimiento especializado de la Acción Católica, es decir,  teniendo como objetivo de su actividad un ambiente determinado, el que la Iglesia llama “mundo del trabajo”. Nació así la Juventud Obrera Católica (JOC).


Líderes de Juventud Obrera Católica.

La tarea de orientar la implantación  del movimiento de la democracia cristiana en República Dominicana, tras la caída del régimen tiránico en 1961,les tocó a los Jesuitas, en parte por la vocación política de esta congregación y en parte por su labor en este campo desde los tiempos de la dictadura trujillista.[i] El embrión del socialcristianismo estuvo en la Juventud Obrera Católica, surgida a su vez de la Acción Católica y que estuvo vigente durante la dictadura de Trujillo hasta el rompimiento de comienzos de 1960. Gracias al arraigo social de la Iglesia Católica el movimiento social cristiano alcanzó tal arrastre que su candidato presidencial, Alfonso Moreno Martínez, logró el tercer lugar en las elecciones del 20 de diciembre de 1962 con 56,794 votos.

José Gómez Cerda, testigo de la época y participante de primera línea, cuenta en un extenso artículo sobre la historia de la Confederación Autónoma de Sindicatos Cristianos (CASC) que los fundadores de esta confederación “fueron en su mayoría dirigentes formados en la JOC, entre ellos Henry Molina, José Gómez Cerda y Porfirio Zarzuela: también se integraron Rosendo López, y jóvenes dirigentes en esa época como Herminio Almonte y Juanita Pichardo, en Santiago; Ramón Ramírez, en Puerto Plata; Ramón Martínez Portorreal, en la Juventud Trabajadora Nacional (JTN)”.

La JOC y la CASC son anteriores al Partido Revolucionario Social Cristiano (PRSC). El origen de la CASC data del 5 de febrero de 1962 cuando quedó formado en Santiago  el sindicato Autónomo de Industria Farmacéutica ( SADIF), el primer sindicato de inspiración cristiana en la República Dominicana que, según Gómez Cerda, aprobó “una serie de principios y valores humanistas en sus Estatutos y plataforma de lucha. Esa asamblea constitutiva fue orientada por el padre Manuel González Quevedo y el sindicalista José Gómez Cerda”[ii]  Gómez Cerda ofrece una lista de los iniciadores del movimiento socialcristiano, dice: “También acompañé a Yuyo (D’Alessandro), en Moca, en una reunión con el grupo de mayor formación ideológica del socialcristianismo dominicano, entre los que se encontraban Artagnán Pérez, Abigail Cruz Infante, Dorito Acosta, Darío Bencosme, Nino Comprés, el padre Cruz Méndez, Alberto Peña Lebrón, Alberto Guzmán, y otros.



En las actividades del  inicio del socialcristianismo …tuve la ocasión de compartir con otros jóvenes en esa época, entre ellos a Ignacio Miranda, GiuseppeRimoli y sus hermanos, Johnny Martínez, Abrahán Medina, José Joaquín Puello, Fernando A. Battle Pérez, Bernardo Defilló, Antonio (Tom) Lluberes, Enrique de León, Leonel RodríguezRib, Freddy Madera, Guillermo Caram, Romeo Llinás, Pablo Nadal, Víctor Hidalgo Justo, Humberto (Titico) Ruíz, Agustín Heredia, Pedro Gil Iturbides, Miguel Cocco, Andrés Lockward, Lucas Rojas, Rafael Francisco Bonnelly, Yía Valverde, Chico Córdova, Nobel Alfonso, Carlos Pimentel,  Yaqui Núñez del Risco, “Monchu” Pons, Guarionex de la Rosa, Adriano de la Cruz, Antonio Rosario, César Estrella Sahdalá, y mujeres excepcionales como Josefina Padilla, Eulalia Flores, Nidia Puente,  Milagros Prat, Vicenta Lamort, y otras.También…con jóvenes que teníamos interés en la doctrina socialcristiana, como Juan Bolívar Díaz, AntinoeFiallo, Dagoberto Tejada, Quico Tabar, Quique Acevedo, Rafael (Cholo)  Brenes, Josefina Rijo, Bienvenido Brito, Julio Cross Beras, Marco Aurelio Juliao y su madre; Lorenzo Cueto Guerrero, José González Cano, Eduardo Álvarez, Caonabo Javier Castillo; y otros más adultos como CarlinoGonzález, Mejía Feliu, Luis Martínez Pina, Pilía Moreno Martínez, Héctor Livio Peña, Francisco Cruz Maquin.En el sector sindical…Henry Molina, Gabriel del Rio, Porfirio Zarzuela, y los dirigentes campesinos Luis Estrella, Ramón Vázquez, Rafael Bencosme.

Luis Henry Molina era dirigente de la Acción Católica desde la Era de Trujillo. Gabriel del Río Doñé participaba en grupos opositores  dentro  del Seminario Santo Tomás de Aquino. El líder sindical argentino Emilio Máspero era el asesor. En la primera reunión, que tuvo lugar el  28 de enero de 1962, participaron como invitados especiales los sacerdotes jesuitas Francisco José Arnaiz, José Llorente y Carlos Benavides.

Dado el  arraigo de la Iglesia en el campo, no fue casual que entre las primeras organizaciones afiliadas a la CASC estuvieran las Ligas Agrarias, orientadas inicialmente por Prisco Morales y Ramón Vásquez, luego por Luis Estrella.

La orientación correspondió al dirigente sindical agrario venezolano Ramón Rangel Parra.Menos casual todavía fue el hecho de que el Instituto Nacional de Formación Agraria y Sindical (INFAS), realizara sus primeras actividades de formación  en la instalación de los jesuitas Casa Manresa, en Santo Domingo, y en el Santo Cerro, en La Vega.Más adelante, ya con el padre Fernando de Arango a la cabeza, decenas de militantes de la CASC participaron en cursos sobre formación social, que se realizaron nada menos que en  Miami, en un centro de formación que dirigía el jesuita cubano Mauro Barrenechea.

Dr. Alfonso Moreno Martínez
Gómez Cerda reconoce cándidamente que “La CASC realizó unidad de acción con diversas organizaciones sociales, entre ellas con el Bloque Revolucionario Universitario Cristiano (BRUC), que era dirigido por Bernardo Defilló, José Joaquín Puello, y otros líderes universitarios. También con la Juventud Obrera Católica  (JOC), que estaba dirigida por José Enrique Trinidad, Chichí Mejía, Gabriel Fortuna, José Sosa y Ramón Martínez Portorreal. En Santiago estaban Herminio Almonte, Claudio Peña, “El Hindú”, y otros militantes. El asesor era el Padre Fernando de Arango[iii] y como colaborador estaba Alberto Cao Herrera, éstos dos últimos de origen cubano”. Cao Herrera había sido el último líder que tuvo la JOC en Cuba antes de que Fidel Castro “acabara con tó”

Durante  aquellos años el sacerdote jesuita Cipriano Cavero se mantuvo orientando al campesinado desde la popular emisora Radio Santa María, que la congregación operaba en La Vega.

La primera tarea del sacerdote  Fernando de Arango,tras su llegada al país a mediados de 1962, fue reorganizar la JOC, a la que  había estado vinculado en Cuba. La vocación de Arango por la formación de los jóvenes lo acercó a la Juventud Revolucionaria Cristiana (JRC), donde orientó a muchos. En el ambiente sindical Arango fue asesor de la CASCy director espiritual de muchos de sus dirigentes en los años 60 y 70.

Mi fascinación por los impresos y la propaganda me mantenía por días enteros en el primer local de la CASC, que estuvo en la Juan Pablo Pina  27, de Villa Consuelo. Eso fue antes de la guerra de abril; después de la guerra, no salía del local de la calle Juan Erazo 133, en Villa Juana. En ambos locales conocí a muchos de los dirigentes y militantes que menciona Gómez Cerda. Lo que nunca he podido saber, y nadie ha publicado, es cómo se coordinaba ese movimiento de tantas organizaciones, porque debió haber existido alguna coordinación al más alto nivel. A mí, particularmente, siempre me intrigó de dónde procedían las directrices que “nos bajaban”.

El movimiento socialcristiano se mantuvo compacto hasta poco después de la guerra de abril, cuando comenzó a resquebrajarse hasta que se desmembró tras las elecciones municipales del 16 de mayo de 1968. En algún momento estuvo integrado por las siguientes organizaciones, cuya cronología no acierto a precisar pero que se formaron todas en el periodo 1961-65:

El Partido Revolucionario Social Cristiano (PRSC), que se suponía ser el tronco del movimiento, con su legendario local en el segundo piso de la Palo Hincado esquina Mercedes, frente al Parque Independencia, encima de la farmacia Esmeralda. Allí mismo funcionó su comando durante la Guerra de Abril. Su símbolo era un machete y su color el verde cotorra.
La Juventud Revolucionaria Social Cristiana (JRSC), aunque se suponía subordinada al PRSC prácticamente actuaba de manera autónoma; albergaba a los dirigentes más avanzados y se tornaría  fracción disidente luego de la guerra.
El Bloque Democrático Revolucionario Universitario (BDRU), luego BRUC; usó el color marrón en las primeras elecciones estudiantiles.
La Juventud Revolucionaria Cristiana (JRC), rama estudiantil, muy dinámica y numerosa, de alcance nacional, a la cual yo me integraría en 1964.
El Movimiento Estudiantil de Concientización (MEC), operaba en ambientes universitarios selectos y estaba asesorada directamente por los jesuitas.
La Juventud Estudiantil Cristiana (JEC), un intento efímero de organizar a los muchachos de los colegios católicos, para atajar cualquier proyecto de los partidos de izquierda en ese ámbito.
La Federación de Ligas Agrarias Cristianas (Fedelac).
la Confederación Autónoma de Sindicatos Cristianos (CASC), después del partido la organización más sólida, influyente y económicamente dotada.
El movimiento disfrutaba, además, de una fuerte incidencia en las cooperativas ya que la Iglesia fue la entidad que promovió este tipo de asociaciones en el campo desde sus inicios a comienzos de los años 40.

Hay dirigentes del periodo 1961-65 que Gómez Cerda pasa por alto en su recuento. Recuerdo a algunos amigos de mi hermano, como Juan Francisco (El Che) Herrá, y Carmen Fortuna, hermana de Gabriel Fortuna, cuya familia vivía en la calle 19 del ensanche Espaillat. También Eddy García, dirigente de la JRC, muy fogoso, aunque algunos lo tenían por loco. Otro dirigente destacado de la JRC en el Juan Pablo Duarte fue Guillermo Rodríguez, hábil polemista, siempre enfrentaba a los temidos dirigentes de la izquierdista Unión de Estudiantes Revolucionarios (UER) como Amaury, Chubby, Mayelín, Julián Parahoy.

[i] Argelia Tejada: Destrujillización Inconclusa: El Estado Confesional. Boletín del Archivo General de la Nación (BAGN) Año LXXII, Vol. XXXV, N o. 127. Santo Domingo, mayo-agosto 2010. Véase también José Luis Sáez: La sumisión bien pagada. La iglesia dominicana bajo la Era de Trujillo (1930-1961) tomo I. Archivo General de la Nación, volumen LX.

[ii] Enlace http://www.acmoti.com/COMO%20NACIO%20LA%20CASC.%20REPUBLICA%20DOMINICANA.htm

[iii]Sobre la trayectoria del padre Arango, ver artículo de José Gómez Cerda en Nuevo Diario, 2 de mayo de 2014


lunes, agosto 25

Para muestra ¡un BOETTO!





EL CUENTO MÁS CORTO DEL MUNDO


Había una vez un chico que al acostarse le dijo a su papá:

—Pa´, quiero que esta noche me leas un cuento de fútbol, uno corto, porque tengo sueño.

El padre sacó de la biblioteca un libro enorme, lo abrió en una página que tenía marcada, respiró profundo y gritó:

— ¡Goooooooooooool —hasta que quedó sin aliento.

El chico esa noche tuvo los sueños más hermosos y emocionantes de toda la vida.

ALDO BOETTO

"Antología del cuento infantil argentino siglo XX"





Aldo Boetto. Buenos Aires. Divide su tiempo entre la edición de libros para niños y la dramaturgia. Trabajó en cine como realizador de cortometrajes, escribe obras de teatro, guiones para televisión y radio. Estudió dramaturgia, cine y TV. Vivió en Colombia y en Venezuela; donde interpretó novelas de gran éxito. En Argentina también escribió para programas de éxito como "La Noticia Rebelde", "Su Comedia Favorita", telenovelas y otros programas. Además realizó talleres con grandes maestros.
Es colaborador de Editorial Atlántida y coordinador editorial de "El gato de hojalata". Ha publicado numerosos libros infantiles entre los que se encuentra la colección "La curiosa Aylén", editado por Atlántida.

Una frase suya: "Un chico es una lectura viviente". Aldo Boetto.

domingo, agosto 24

Michael Ende, la realidad de la fantasía

La historia interminable, de novela iniciática a superproducción cinematográfica


Por Jean-Louis de Rambures (1930/2006).

Michael Ende, de 55 años, barba cana y ojos de niño, hijo del pintor superrealista Edgar Ende, vive rodeado por los olivos de los montes Albanos, en las cercanías de Roma, en una gran mansión (Casa Licorna) llena de libros viejos, de objetos raros y de cuadros superrealistas. Su novela La historia interminable, traducida a 27 idiomas hasta la fecha, que ha sido considerada como uno de los libros iniciáticos de nuestra época, ha sido llevada al cine como superproducción y estrenada ya en Estados Unidos y en la República Federal de Alemania, lo que ha provocado las protestas de Ende, que sigue en su camino de "encontrar la realidad a través de la fantasía".


Michael Andreas Helmut Ende(Garmisch-Partenkirchen, Baviera, Alemania, 12 de noviembre de 1929 -Filderstadt-Bonlanden, Baden-Württemberg, Alemania, 28 de agosto de 1995. Fue un escritor alemán.


Nunca una novela hizo correr tantos ríos de tinta al otro lado del Rin desde El tambor de hojalata, de Günter Grass, en 1959. La historia interminable es, ante todo, una especie de marea: más de un millón de ejemplares vendidos en Alemania Occidental desde su aparición, en 1979, y continúa ocupando los primeros puestos en las listas de los más vendidos. Es un fenómeno sociológico, y así, en las grandes Concentraciones del pasado otoño había manifestantes que blandían la novela como si fuese su programa. Constituye asimismo la prueba evidente de la capacidad que tiene nuestro sistema para transformar en dinero lo que ha sido concebido precisamente para criticarlo. A pesar de las protestas del autor, que se considera traicionado y engañado, acaba de estrenarse en Estados Unidos una película -con un presupuesto de 60 millones de marcos (más de 3.000 millones de pesetas)- que, aunque inspirada en la novela de Michael Ende, está concebida a lo ET, El Extraterrestre.

Con todo, La historia interminable es también un acontecimiento literario. Nos encontramos, sin duda, ante una de las novelas más sorprendentes aparecidas en Alemania Occidental -e incluso en Europa- desde la segunda guerra mundial.

Estamos en 1984. El país fantástico que describe usted, ¿no está lejos de nuestra realidad?

Mis libros no son westerns. No hay que matar a los malos al final para que todo vuelva a estar en orden. No ataco a individuos, sino a un sistema (llámele, si quiere, capitalista) que. Está a punto (nos daremos cuenta dentro de 10 o 15 años) de hacernos caer en el abismo. Entre los' monstruos. a los que debe enfrentarse el héroe de La historia interminable hay uno al que toma por una araña gigante hasta que se da cuenta de que está realmente compuesto de abejorros color azul metálico que zumban como un enjambre encolerizado. Yo he llamado a esta criatura Ygramul. Sin embargo, podría haberle dado el nombre de Belcebú, el Señor de las Moscas o de la Multitud, pues con esa palabra se designa a ambas cosas en hebreo.

Soy consciente, en efecto, de que el principio demoniaco de nuestra época reside en la dominación que ejerce la multitud sobre el individuo. Todo comienza con la superpoblación, que hace que la persona se encuentre devaluada frente a la masa, y llega hasta la multiplicación infernal de todos los objetos, que caracteriza a nuestra sociedad industrial. Como usted sabe, en la cábala, el número 1 es el más grande de todos, porque designa la totalidad. Ahí está el origen del monoteísmo. Nos hemos olvidado de eso... Dentro de un sistema como el nuestro, que sólo valora lo que puede contarse, pesarse o medirse, no puede hallarse más que un aburrimiento mortal. Es esa especie de enfermedad de postración que abruma a los personajes de Momo.


P. La imaginación, al poder.

R. Una buena fórmula, aunque debería haberse precisado cuál era ese poder. Hay que conocer no sólo lo que se rechaza, sino aquello por lo que se pretende sustituirlo. Y esta vez no es cuestión de sustituir una ideología por otra. Mire: desde hace 2.000 años estamos haciendo eso y sabemos adónde nos conduce. En mi opinión, no puede hacerse ninguna crítica de la sociedad si no va acompañada de una representación utópica del mundo.

No oculto que al escribir La historia interminable intenté enlazar con ciertas ideas del romanticismo alemán. No fue por dar marcha atrás, sino porque en dicho movimiento abortado hay semillas que necesitan germinar. Desde Newton nos hallamos cruelmente divididos en dos mundos: el de los objetos, llamado real, y el supuestamente ilusorio del yo. Para no seguir siendo un extraño, el hombre debe aprender de nuevo, como Goethe, a llamar de tú a la Luna.

Empezamos a darnos cuenta de que con la física, las ciencias naturales, la tecnología o la sociología es imposible resolver los problemas haciendo como si se desarrollasen independientemente de nuestra conciencia. Nos inquietamos también por la destrucción de ese mundo exterior que constituye nuestro marco vital. Sin embargo, hay otra forma de destrucción de la que no se habla y que es igualmente trágica: la de nuestro mundo interior. Cuando todo se subordina al beneficio, se empieza por explotar a los obreros y después se ataca a las colonias, al medio ambiente. Por último, le toca el turno a nuestro mundo interior.


P. ¿Qué vía propone usted para recuperar la armonía?

R. Cuando nos fijamos un objetivo, el mejor medio para alcanzarlo es tomar siempre el camino opuesto. No soy yo quien ha inventado dicho método. Para llegar al paraíso, Dante, en su Divina comedia, comienza pasando por el infierno. Para descubrir las Indias, Cristóbal Colón levó anclas en dirección a América. Para encontrar la realidad hay que hacer lo mismo: darle la espalda y pasar por lo fantástico. Ése es el recorrido que lleva a cabo el héroe de La historia interminable. Para descubrirse, a sí mismo, Bastián debe primero abandonar el mundo real (donde nada tiene sentido) y penetrar en el país de lo fantástico, en el que, por el contrario, todo está cargado de significado. Sin embargo, hay siempre. Un riesgo cuando se realiza tal periplo; entre la realidad y lo fantástico existe, en efecto, un sutil equilibrio que no debe perturbarse: separado de lo real, lo fantástico pierde también su contenido. Eso lo aprende Bastián a su paso por la ciudad de los emperadores destronados. Al haber perdido hasta el recuerdo del mundo real, los habitantes de dicha ciudad del absurdo se ven obligados a desparramar al azar las letras del alfabeto durante todo el año, esperando que, en el transcurso de la eternidad, acaben por aparecer todos los libros del mundo, entre los que se encuentra, claro está, La historia interminable.

P. ¿No hay en eso una alusión a la Biblioteca de Babel, de Borges?

R. La historia interminable está repleta de alusiones culturales. Y no por falta de imaginación, ya que lo he hecho deliberadamente. En este sentido, el peligro reside no en el universo mental de Bastián, sino en el patrimonio cultural de toda la humanidad. Me he basado en la Odisea, en Rabelais, en Las mil y una noches, en Lewis Carrol y también, aunque en menor medida, en Tolkien, con el que me han comparado los críticos alemanes (ciertamente, los dos debemos mucho a las leyendas célticas de la Tabla Redonda). Me he inspirado en pintores (El Bosco, Goya, Dalí.), en el antroposofismo y en el budismo zen. La cábala, que da un sentido metafísico a los diferentes sonidos, me sirvió de guía a la hora de elegir los nombres de los personajes. Atreju es Atreo, héroe de la mitología griega, cuyo nuevo nombre tiene una sonoridad evocadora de las lenguas indias de América. Pjörnrachzarck, el comedor de piedras, recuerda a Edda, ya que es un gnomo, y al pronunciar su nombre puede oírse el ruido que hace al masticar las piedras. Incluso Fuchur, el dragón de la fortuna, tiene un modelo: Fohi, el dragón de la mitología china.

P. Si he entendido bien, en La historia interminable nada es gratuito. ¿Cómo elaboró el plan del libro?

R. Eso es precisamente lo que intento evitar al precio que sea: hacer un plan. Cuando escribo, pretendo descubrirme a mí mismo. Elaborar un plan significaría introducir en el libro lo que ya sé. Mi método consiste en dejarme guiar sólo por imágenes. Si no hago trampas, acabo por darme cuenta de que cada historia tiene una lógica interior y que no puede desarrollarse de otro modo. Es cierto que eso exige una gran concentración que me conduce, a veces al borde de la locura. No supe hasta el penúltimo capítulo de La historia interminable dónde estaba la salida del país fantástico. Me telefoneaba mi editor: "¿Por dónde vas? Hay que llevar el libro a composición". Yo sólo podía responderle: "No sé cómo terminar la historia". Después de semanas y semanas encontré de repente la solución: para salir del país fantástico no había que ir hacia las fronteras, sino hacia el centro. Había que tomar el camino del interior. Y, créame, sólo al final me acerqué a Novalis.

P. La heroína de Momo es una niña. Bastián es un niño de 10 años. ¿Por qué esa predilección por los héroes infantiles?

R. Hoy día todo el mundo encuentra normal que los escritores penetren en el mundo de las cárceles, en los manicomios o en las minas de carbón. ¿Acaso hay que considerar aparte a los que escriben para el público infantil? Creo que los supuestos adultos no son tan maduros como para percibir que un cuento para niños es también para ellos. Las culturas nacionales han dejado de tener sentido. Hay que encontrar otros vínculos que unan a los hombres, y el mundo de los niños constituye precisamente una nueva comunidad. Si juntamos a tres niños (uno negro, otro asiático y otro europeo), no tendrán ningún problema para comprenderse. Lo mismo ocurre con los cuentos, ya sean africanos, gitanos, rusos o chinos: todos ellos se parecen, y puede encontrarse, con algunas variantes, el mismo cuento de Cenicienta en todos los rincones del mundo. Vea el mérito que tienen los escritores profundos.


P. ¿No es un poco paradójico que un escritor alemán como usted haya decidido exiliarse a Italia?

R. En la crisis de identidad que hoy atravesamos tranquiliza pensar que tenemos a nuestras espaldas 2.000 años de cultura occidental. En Italia se da una continuidad histórica, inconcebible para un alemán, perceptible incluso en el ámbito del idioma: hasta un extranjero como yo puede leer a Boccaccio en su lengua original. Intente usted hacer lo mismo con un autor alemán del barroco y verá lo difícil que le resulta. Al principio envidiaba a los italianos: su lengua me parecía como una alfombra mágica que me transportaba donde yo quería. Hoy he comprendido que es una suerte que los escritores alemanes tengan que partir siempre desde cero, recreando su propia lengua.

P. En alemán, su apellido significa fin; su libro es La historia interminable, o sea, la historia sin fin. ¿Es un juego de palabras?

R. Me di cuenta de ello después de escribir el libro.


Una boca pálida, por Farah Hallal

Una mano sangrante se me funde en el pecho. La perfección del pétalo tiene este charco de sangre. Una  boca muere gozosa y poseída, ...