sábado, noviembre 16

Natacha Batlle y Bajo la piel de la aguja

Natacha Batlle

Nace en Hato Mayor del Rey, 1984, República Dominicana. Licenciada en Publicidad, Artista Plástica y artesana. Egresada de la Universidad APEC y la Escuela Nacional de Bellas Artes. Poeta .Es editora y creadora de Colecciones Colibrí, libros artesanales de colección grabados en madera. En Vetas de Fuego, primer compilado de poesía de esta colección, comparte páginas junto a otros 11 poetas dominicanos. De igual modo, muestra de su autoría ha sido publicada online y en papel por la revista Paradoja, así como en la revista Internacional de poesía Conexos. Ganadora del segundo lugar en el certamen regional para talleristas de la IX Feria del Libro San Pedro 2013.


Ponen en Circulación Poemario de Natacha Batlle
en Feria Regional del Libro en San Pedro de Macoríx. Pronto en Santo Domingo.


Jesús Alcedo: “-Desde el primer poema Natacha se desnuda total e íntegramente y es como si también nos desnudara a los que la leemos. A veces más allá del simple desnudo; se quita la piel, la arroja en cualquier rincón y nos avienta sus intimidades envueltas en viento frio que viaja sosegada”.


“Bajo esa piel que a veces es de acero y a veces solo frágil envoltura, ella se reinventa y se enfrenta consigo misma y nos presenta los colores que le han dejado las cicatrices, sus ansiedades y quimeras, aquellos gritos que la acosan y también a tantos seres humanos". Jesús Alcedo.



"A mi familia
por su amor infinito.
A los vivos
que aun llevan apetito
en los ojos y sed tras las orejas.
A Todos los que creen,
porque de ellos será el reino de las letras”.

Natacha Batlle 


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 Yo Solo Sé Que El Mar


          Yo solo sé que el mar se hizo a golpes
          aletazo de ojo en la ola
          mariposa ciega de vuelo terrible.

          A veces mi herida huye en la espuma
          por temor a extrañar
          el picoteo de las gaviotas.


© Natacha Batlle, De Bajo la Piel de la Aguja

El Bosque



Un bosque me ha crecido en la boca
sus frutos se pudren a sus pies
y me blanquean los labios con sus pálidos gusanos.

Las garzas han tejido sus nidos en ramas de sol
y ya no escucho más allá de la brisa entrar entre mis dientes.
mi voz se pierde en el aliento de la hoja.
Yace un río bajo la lengua.
El bosque es un monólogo triste de un cielo húmedo y finito.
Una tribu de microbios le come las raíces
la mañana extiende sus alas cenicientas
y llueve el sueño de mi sueño a navegarme de pronto
un barco se desliza, sujeto por los dedos
y regreso a mi ayer
efímero de selva rota
corto su vela de papel y me vuelco oscura catarata
la noche naufraga conmigo, sabana o bosque que se borra.


© Natacha Batlle, De Bajo la Piel de la Aguja

Rafael Hilario Medina

Apolo y Dafne. Bernini

Confundidos bajo los pétalos
de la más bella flor del estío
atravesamos el jardín.
La luna adormecida parecía flotar desnuda
sobre las aguas del estanque.
Contra los oscuros designios de las olas
la codicia del sueño nos arrastraba.
El viento iba de uno a otro costado de la tierra.
En las inmediaciones del puente de la bruma,
justo en el lugar donde a menudo deliraba
el ferviente seno de la viña,
el pálido fantasma del porvenir nos sorprendió:

«¡Oh Fugitiva!
-aulló al pie de los trémulos peldaños de la llama-
¡Si la luz de súbito invadió el espacio
que en el aire ocupaba la furia de tu corazón devastado,
fue para impedir que el dolor asumiera
la total posesión de tus dominios!

¡Oh Fugitiva!
¿Qué añoranza alienta la soledad
de tus deseos contra el reflejo de la duda semejante?»
Fiel, empero, al resplandor
que sustentaba la línea de nuestro destino,
la balanza del tiempo nos precedía.
A esas alturas del camino, en cambio,
traspuesto ya el pórtico de los corceles,
ni la furtiva rueda del Azar
ni la descarnada rosa de la Vigilia
conseguirían separarnos.

«¡Oh Fugitiva!
—susurró perdido un eco mientras ganábamos
la firme claridad de otra orilla—
Sobre el arco luminoso de tu frente
combatían el trébol, los labios de la tormenta…

«¡Oh Fugitiva!».
El piar de los pájaros de la cima eclipsaba la lira del cielo.

"Sombra de alondra" (fragmento) de Rafael Hilario Medina

Una boca pálida, por Farah Hallal

Una mano sangrante se me funde en el pecho. La perfección del pétalo tiene este charco de sangre. Una  boca muere gozosa y poseída, ...