sábado, agosto 3

De Alejandro F. Aguilar a Jennet Tineo. Contraportada


“Entre girasoles ella…” escribe sus poemas; pero esa imagen es apenas la apariencia de un juego danzante que celebra el amor. Con la sensualidad de sus pies desnudos separando espigas, y una sonrisa irrepetible bailando entre sus labios, Jennet Tineo apuesta en serio a transgredir espacios e imponer sus más auténticos sentimientos.

“A chorros de tinta
Me dreno la sangre en el puntero”.

Sus palabras y figuras cosquillean sobre/bajo la piel de quien recibe sus imágenes límpidas y atrevidas; maravillosamente osadas porque llegan libres de cortapisas; eludiendo (como pocos consiguen) recursos fáciles que la larga adoración del amor ha convertido en lugares comunes.

Sus palabras son de carne entregada, de aromas íntimos y sensaciones vibrantes. Defienden la autenticidad de su voz; el ímpetu desenfadado que recuerda a aquella Pizarnik a la que rinde homenaje, cuando aquella invocaba: “la rebelión consiste en mirar una rosa
Hasta pulverizarse los ojos”. 

Rebelión del cuerpo y el deseo; del cuerpo contra los prejuicios; del cuerpo contra lo posible; del cuerpo real y el cuerpo percibido.



Jennet se desnuda en este libro quizás como nunca, y de ciudad mojada que se expone trasmuta en mujer espiral que entrega y participa y exige. Se/Nos envuelve en esa dulce promiscuidad que ella construye alegre y sobria a un tiempo; para conducir/nos sin desmayo hasta un final que siempre es y será la duda que queda sin respuesta en su existencia, como en la de todo ser que busca el sentido de su existir:

“¿Qué me añaden las palabras, qué sustraen las palabras de mí?”

Jennet Tineo es, sin dudas; una de las voces ineludibles de la poesía de esta media isla deslumbrante de inicios del s. XXI. Este poemario es una clara constatación de su sólida presencia en el panorama de la poesía dominicana y aun más allá de las fronteras que la unen al mundo de las letras hispanoamericanas.

ALEJANDRO F. AGUILAR

Escritor-Catedrático

De "Naranjita Verde" a La Mujer Espiral, por Ramón Saba


(Discurso en la presentación del primer poemario de Jennet Tineo)

Conocí a Jennet Tineo hace pocos años y como la mayoría de estas nuevas relaciones de amistad, nació gracias a ese fenómeno social que la Internet nos ha regalado: Facebook.

Luego, en una Feria Internacional del Libro, en un encuentro fortuito nos conocimos personalmente. Con ella y un grupo de noveles amantes de la poesía iniciamos un periplo experimental alrededor de este arte; pero esta bella joven, de piel morena, cuerpo escultural, radiante cabellera y caminar ondulante, agregó otros interesantísimos atributos que me provocaron especial atención: La calidad literaria que exhibía a su corta edad, su marcado interés por un género poco apetecido por la gente joven de estos tiempos, la demostrada lectura que reflejaba en sus escritos y un especial pseudónimo en el que se resguardaba: Naranjita Verde.

Desde ese momento hasta ahora, los encuentros (tanto virtuales como presenciales) se multiplicaron. Comencé a disfrutar de su inconmensurable calidad humana, su solidaridad, su lealtad y su indiscutible don de gentes. Me adentré mucho más en su producción literaria y empecé a descubrir en ella esa vena que sólo brota en la piel de los predestinados a la gloria.

Participamos juntos en todas las actividades poéticas que se realizaban en diferentes ambientes comprometidos con el arte, la incluía en todos los talleres de formación estilística que impartía, en las reuniones con otros colegas y por supuesto en los recitales que yo organizaba, ya que como decía el primer presidente norteamericano George Washington: “La verdadera amistad es planta de lento crecimiento que debe sufrir y vencer los embates del infortunio antes de que sus frutos lleguen a completa madurez.”
Naranjita Verde estaba trillando su destino orientado a la conquista de un espacio entre los grandes de la literatura dominicana y su presencia en eventos de este tipo se incrementaba con celeridad, incursionando en grupos y círculos literarios que le abrían sus puertas con beneplácito, al paso de su depurada impronta y en los que compartía escenario, codo a codo, con consagrados letristas de nuestro entorno.

Jennet elige temas para sus poemas que transcurren desde amatorios, lúdicos, eróticos, epistolares y sociales, cuyos contenidos dejan satisfechos a los más exigentes lectores, tanto por la musical cadencia de su redacción como por el manejo elegante del lenguaje mismo y por la multiplicidad de necesarias y armónicas imágenes que cultiva en sus textos, al mismo tiempo pletórica de hermosísimas figuras de retórica como podemos apreciar en muchos de sus versos de corte surrealista que nos mueven a la reflexión mientras nadamos entre notas de profunda filosofía:

“Que la vida
pase a través de ti, no pongas
una piedra en tu cabeza para retenerla,
la arena no puede retenerse en los puños apretados.”

Así mismo cuando nos salpican sus melódicos sueños cantados en versos estremecedores que fluyen desde su alma conmovida, perturbada aún y extasiada con el asombro de su descubrimiento:

“Es sólo un instante donde el silencio es el único que hace ruido sobre los hombros”

Y otros que enmarcados en sutiles efluvios eróticos nos erizan la piel y nos cubren de pasión mientras cabalgan con luz propia hacia la trascendencia:

“Tengo las prisas de las olas
corriendo entre las piernas
y un sonámbulo sol sobre las sienes.”

Jennet Tineo incursiona con éxito en otros campos del quehacer textual, agregando a su trayectoria una gama de ensayos de grandilocuencia pulcra, que develan una exhaustiva y rigurosa investigación en cada propuesta, sin dejar de engalanarlos con una redacción revestida de fina poesía, ingrediente poco usual en este género de la Literatura; además de soportarlos en planteamientos de hipótesis que de manera magistral desarrolla entre argumentos y demostraciones sólidas, típicas en los maestros de este difícil renglón del que han hecho gala nombres de primer orden en nuestro país como Pedro Henríquez Ureña, José Alcántara Almánzar, Mariano Lebrón Saviñón, Franklin Gutiérrez y Bruno Rosario Candelier. Los ensayos de Jennet son dignos de estudio y como bien apuntaba Borges “El tiempo es el mejor antologista, o el único, tal vez” y ya es el tiempo de estudiar e incluir en cualquier antología que se respete los ensayos de Jennet, como por ejemplo:

“El cuerpo poético: Una catedral gótica bajo el mar. (El olor de la palabra rota de Doris Melo)”

“La realidad y el sueño en Sonia Cabrilis de Félix Villalona.”

Los mundos interiores que crecen “En el ameno huerto deseado”… (Dedicado al Dr. Bruno Rosario 
Candelier y al Movimiento Interiorista del cual es maestro y guía).

El misterio del alma humana en “Ontología de la Palabra”… (Basado en esa obra de la poeta de la diáspora Karina Rieke).

“De tiempos y compases: Estación de poesía”… (Análisis crítico de mi trayectoria en la poesía).


Naranjita Verde, quien desde sus inicios fuera un delicado recipiente de cristalina poesía, ha madurado lo suficiente como demuestra este primer parto poético al que ella bautiza como LA MUJER ESPIRAL, para establecerse con dignidad y decoro en la preferencia de los lectores que degustamos su mágico despliegue escritural y ubicarse en un sitial privilegiado de la literatura dominicana, que la convertirá a partir de hoy en Jennet Tineo: una real promesa del texto bello cuyo tránsito vislumbra como meta el parnaso poético nacional.

Itinerario. Mi entrada al siglo XX. Un nuevo hijo bastardo

Dra. Mu-Kien Adriana Sang

 La antigua escuela de positivistas ha sostenido siempre que el comportamiento intrasubjetivo está alejado de cualquier forma de comportamiento social. Sin embargo éste parece todavía el mayor pecado, incluso de los más recientes enfoques de la disciplina. Es quizá particularmente sorprendente que en la escuela de los Annales hiciera esto... ya que están claramente preocupados por enfatizar los roles de los participantes no estatales por desenfatizar el estado... Si tuviéramos que pensar en términos de paradigmas en el sentido más estricto de la palabra, en relación con la historia, entonces estos paradigmas estarían relacionados con el análisis del comportamiento social en general. Un paradigma debe tener su interpretación en cualquiera de las disciplinas de las ciencias sociales y ser evidentemente el mismo. Este no es el caso de los llamados paradigmas que actualmente se nos ofrecen en las tradiciones historiográficas.

Boris Berenzon Gorn [i]

Mi decisión de conocer el siglo XX dominicano a través de la investigación era definitiva. Ya tenía 17 años reflexionando sobre el siglo XIX. Quería leer otras cosas y conocer la realidad dominicana más cercana. La oportunidad me llegó en 1997, cuando Eduardo Latorre, amigo y a la sazón canciller de la República, me pidió que hiciera un trabajo sobre la historia de la política exterior en base a los archivos de la Cancillería. Por supuesto que le dije que sí.

Cuando me dispuse, junto a las dos personas a quienes solicité colaboración, Neicy Zeller y Walter Cordero, que fuéramos a ver lo que había, nos espantamos. La palabra “archivo” le quedaba grande a lo que existía. Eran depósitos húmedos, mal olientes, donde los documentos estaban mal guarecidos en cajas de cartón, sin criterio alguno y algunos incluso destruidos. Tomé la decisión no solo de escribir un texto, sino de rescatar la mayor cantidad de documentos, y de transcribirlos para que no se perdieran. Todavía recuerdo cómo encontramos “el archivo” de la Feria de la Paz. Una gotera había hecho de las suyas y prácticamente los documentos estaban destruidos por una gota de agua que los golpeaba sin cesar en el mismo medio. Solo pudimos rescatar algunos.

El proceso de organización y rescate fue arduo. Pero el de digitalización fue peor. Contratamos a una legión de jóvenes para transcribir los documentos. La labor de revisión estuvo a cargo de José Chez Checo, quien hizo una labor titánica en ese orden. El resultado fue el siguiente: La Política Exterior Dominicana” (1844-1961). Tres tomos.

Tomo I. Caminos transitados. Un panorama histórico, 1844-1861,
Tomo II. La política exterior del dictador Trujillo (1930-1961),
Tomo III. Disposiciones legales en política exterior (1900-1930).

El libro se puso a circular en el nuevo salón de la Cancillería en junio del 2000. El ex presidente Leonel Fernández presidió el acto, y Rosario Espinal fue la responsable de hacer la presentación y ponderó muy bien la obra. Este libro obtuvo el premio de Historia de la Secretaría de Educación en el año 2001.

Tomando en cuenta el resultado, Eduardo Latorre volvió a solicitarme ver si se podía hacer algo similar hasta 1974. Había poco tiempo para hacer un trabajo con profundidad, pero mi deseo de rescatar más documentos del ostracismo, me llevó a decir que sí. En agosto 2000 le entregué un primer borrador, pero no hubo tiempo de publicarlo. El nuevo incumbente, Hugo Tolentino Dipp, apoyó tímidamente el proyecto, al ofrecer su respaldo para que el Banco de Reservas lo publicara, tal y como había hecho con la primera versión. Salió a la luz en el 2002 bajo los auspicios de la Cancillería y el Banco de Reservas. bajo el título: La Política Exterior Dominicana” (1961-1974). Dos tomos. Tomo I. “13 Años de política exterior. Apuntes para un nuevo enfoque”. Y tomo II. “La política exterior dominicana: Del caos al abandono (1961- 1974)”.

Este primer acercamiento a la historia dominicana del siglo XX, y sobre todo en materia de relaciones exteriores y política exterior, me llevó por caminos nuevos en el conocimiento de la política internacional. Tuve que leer sobre teoría, sobre la guerra fría, la política norteamericana, los conflictos internacionales, las guerras mundiales y las competencias interimperiales entre el Occidente y el mundo socialista. Tener que leer sobre estos aspectos abrió mis perspectivas.

Hoy en la distancia puedo sentarme a evaluar. Creo que logramos rescatar documentos claves de un trozo importante de nuestra historia. Sin embargo, los trabajos son muy desiguales. Los primeros tres tomos, que abarcan desde 1844 hasta 1961, tienen mayor análisis y profundización, debido, entre otras cosas, a que tuve más tiempo de reflexionar. Los segundos dos tomos, aunque rescatan importantes documentos, especialmente el tomo I, es inacabado. La prisa y la rapidez se impusieron. Es mi segundo hijo bastardo. Que a pesar de sus deficiencias, lo amo, porque forma parte de mi propia historia. Pero nunca, ni entonces, ni ahora, estuve conforme con el resultado. A veces fui muy dura conmigo mismo. Pero son de las decisiones que tomamos en la vida, que después nos arrepentimos.



Esa primera entrada al siglo XX me permitió abrir horizontes intelectuales. Me adentré más en la teoría política, tanto, que algunos amigos bromeaban diciéndome que me había vuelto politóloga antes que historiadora. Comencé a leer sobre teoría política. Coincidió con mis funciones administrativas en la universidad, pues entonces dirigía el Proyecto para el Apoyo a las Iniciativas Democráticas (PID), que apoyaba, defendía y fomentaba a las organizaciones de la sociedad civil. Esta coincidencia hizo que leyera también sobre los conceptos de democracia y sociedad civil, obligándome a releer a los clásicos como Locke, Rousseau y a los teóricos del tema como Salvador Giner, Malem Seña, Jean L. Cohen, Andrew Rato y Alejandro Nieto, entre otros.

Escrito por Mu-Kien Sang

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@MuKienAdriana

Blancas y Negras de Gustavo Hernández Sevillano, un libro inquietante

Muchos genios son excéntricos, raros, desconcertantes... Este genio parece de lo más normal, pero está claro que es sólo disciplina. No he leído más que por encima este su primer libro y me produce desazón (me resulta muy difícil no ponerme en los zapatos de los personajes), el impulso que mueve a este campeón a viajar con la certeza de sus propias habilidades, pocos dólares y una mochila. Me veo a mí misma aterrada en un aeropuerto. Tal vez pensando en lectores como yo, inicia con sus peripecias en Haití y a seguidas pasa a Cuba en un periplo antillano que van de una perplejidad a otra; después amaneció en la calle en Barcelona... ¡y ha estado en cuatro continentes! Gustavo sabe que es más que un campeón invicto de ajedrez, un tremendo ser humano y por eso entrega un libro con jugadas memorables de este deporte de la concentración e inteligencia con sus crónicas, anécdotas como andariego y curioso insaciable. ¡En fin! Que me voy a comprar un ajedrez mañana mismo para intentar deshacerme del óxido milenario que tengo en el cerebro repitiendo sus jugadas. Y es que el mensaje de BLANCAS Y NEGRAS parece ser; "Ejercita tu mente y saldrás invicto".



Gustavo Hernández Sevillano nació en Santo Domingo. Entre sus grandes logros ajedrecísticos figuran el Campeonato Mundial sub 18, el Campeonato Panamericano Juvenil, Medalla Olímpica y haber sido tres veces Campeón Nacional, siendo el más joven en lograrlo con apenas 16 años, además de ostentar el título de Maestro Internacional. Tiene un récord de imbatibilidad en República Dominicana que data desde 1977. Fue presidente de la Federación Dominicana de Ajedrez durante el período 1998-2000. Ha ganado torneos en España, Holanda, Brasil, Argentina y Puerto Rico, así como numerosos eventos en su país. Ha brindado más de 50 exhibiciones de simultáneas en diversas partes de República Dominicana y ha sido profesor de esta disciplina en varias universidades, instituciones y clubes.

Hernández Sevillano es licenciado en Comunicación Social egresado de la UASD, ha ejercido su profesión como columnista, comentarista, articulista y traductor en una buena cantidad de canales de televisión, estaciones de radio y periódicos de circulación nacional. También ha sido profesor de distintos idiomas en varias universidades e instituciones del país. Su primer libro, Blancas y Negras, trata sobre su carrera ajedrecística, sus mejores partidas, anécdotas, comentarios y una colección de crónicas de viajes basadas en algunas de sus experiencias en los cerca de 25 países y cuatro continentes que ha visitado. También posee una entrevista y una obra de teatro.

Una boca pálida, por Farah Hallal

Una mano sangrante se me funde en el pecho. La perfección del pétalo tiene este charco de sangre. Una  boca muere gozosa y poseída, ...