miércoles, marzo 27

Sonidos del silencio (1), por Luis Martin Gómez


Minificción

Ilustración: ISOL

Tenían 35 años de edad y 10 de casados. Eran sordomudos de nacimiento y durante toda su silenciosa vida matrimonial se habían amado apasionadamente. La tecnología médica, armada de chips y cables eléctricos, les devolvió la audición y el habla. Las primeras palabras de él fueron: “Te amo”. La primera respuesta de ella fue: “Yo también”. Se divorciaron la semana siguiente. El no tenía la voz que ella imaginaba.

Sonidos del silencio (2), por Luis Martín Gómez




Años después, los ex-sordomudos se reconciliaron y decidieron casarse nuevamente. Prometieron no hablarse jamás. Y vivieron silenciosamente felices.

Pirata aéreo, por Luis Martín Gómez


El hombre amenazó con derribar el avión si no abrían la puerta y lo dejaban salir. Le explicaron que era imposible porque volaban a 37 mil pies de altura. “No me importa”, dijo y sacó una pistola de su bolsillo y apuntó a los pasajeros, uno de los cuales, experto en origami, le hizo con papel un aeroplano que el pirata aéreo cambió gustoso por su pistola. “Es que me siento más seguro viajando en avión propio”, dijo alzando su avioncito de papel, sobre el cual escapó por una de las ventanillas.




http://luismartingomez.blogspot.com/search/label/Cuentos

Alianza estratégica, por Luis Martín Gómez




Alianza estratégica

Terminado el simposium sobre Equidad de Géneros en el Mundo Posmoderno, coincidieron a la salida del salón de actos. Ella no permitió que él le abriera la puerta señalando que ese era un típico gesto de galantería con que el macho buscaba exhibir su fuerza física. Había pocos taxis a esa hora y debieron tomar uno conjuntamente. El le recordó que cada quien tenía que pagar la mitad alegando que el feminismo también se manifiesta en el compromiso con los gastos. Llegaron primero al apartamento de él. Ella aceptó subir un momento sólo para que él viera que una mujer y un hombre pueden conversar a solas sobre cualquier tópico sin terminar quitándose las ropas. El no le colgó el abrigo en el perchero, ni haló la silla para que ella se sentara, ni le acercó el cenicero. Ella resistió enderezar el cuadro de la sala, echarle agua al florero de la mesa, limpiar los bordes de la copa. Hablaron sobre el clima. En la cama, él tuvo el cuidado de preguntarle que si arriba o abajo. Ella respondió cariñosamente que las dos cosas, pero que primero ella. Y pusieron en práctica una deliciosa estrategia machista-feminista cuya ruidosa alianza duró toda la noche.

De La destrucción de la muralla china, 2003

Una boca pálida, por Farah Hallal

Una mano sangrante se me funde en el pecho. La perfección del pétalo tiene este charco de sangre. Una  boca muere gozosa y poseída, ...