sábado, agosto 3

Itinerario. Mi entrada al siglo XX. Un nuevo hijo bastardo

Dra. Mu-Kien Adriana Sang

 La antigua escuela de positivistas ha sostenido siempre que el comportamiento intrasubjetivo está alejado de cualquier forma de comportamiento social. Sin embargo éste parece todavía el mayor pecado, incluso de los más recientes enfoques de la disciplina. Es quizá particularmente sorprendente que en la escuela de los Annales hiciera esto... ya que están claramente preocupados por enfatizar los roles de los participantes no estatales por desenfatizar el estado... Si tuviéramos que pensar en términos de paradigmas en el sentido más estricto de la palabra, en relación con la historia, entonces estos paradigmas estarían relacionados con el análisis del comportamiento social en general. Un paradigma debe tener su interpretación en cualquiera de las disciplinas de las ciencias sociales y ser evidentemente el mismo. Este no es el caso de los llamados paradigmas que actualmente se nos ofrecen en las tradiciones historiográficas.

Boris Berenzon Gorn [i]

Mi decisión de conocer el siglo XX dominicano a través de la investigación era definitiva. Ya tenía 17 años reflexionando sobre el siglo XIX. Quería leer otras cosas y conocer la realidad dominicana más cercana. La oportunidad me llegó en 1997, cuando Eduardo Latorre, amigo y a la sazón canciller de la República, me pidió que hiciera un trabajo sobre la historia de la política exterior en base a los archivos de la Cancillería. Por supuesto que le dije que sí.

Cuando me dispuse, junto a las dos personas a quienes solicité colaboración, Neicy Zeller y Walter Cordero, que fuéramos a ver lo que había, nos espantamos. La palabra “archivo” le quedaba grande a lo que existía. Eran depósitos húmedos, mal olientes, donde los documentos estaban mal guarecidos en cajas de cartón, sin criterio alguno y algunos incluso destruidos. Tomé la decisión no solo de escribir un texto, sino de rescatar la mayor cantidad de documentos, y de transcribirlos para que no se perdieran. Todavía recuerdo cómo encontramos “el archivo” de la Feria de la Paz. Una gotera había hecho de las suyas y prácticamente los documentos estaban destruidos por una gota de agua que los golpeaba sin cesar en el mismo medio. Solo pudimos rescatar algunos.

El proceso de organización y rescate fue arduo. Pero el de digitalización fue peor. Contratamos a una legión de jóvenes para transcribir los documentos. La labor de revisión estuvo a cargo de José Chez Checo, quien hizo una labor titánica en ese orden. El resultado fue el siguiente: La Política Exterior Dominicana” (1844-1961). Tres tomos.

Tomo I. Caminos transitados. Un panorama histórico, 1844-1861,
Tomo II. La política exterior del dictador Trujillo (1930-1961),
Tomo III. Disposiciones legales en política exterior (1900-1930).

El libro se puso a circular en el nuevo salón de la Cancillería en junio del 2000. El ex presidente Leonel Fernández presidió el acto, y Rosario Espinal fue la responsable de hacer la presentación y ponderó muy bien la obra. Este libro obtuvo el premio de Historia de la Secretaría de Educación en el año 2001.

Tomando en cuenta el resultado, Eduardo Latorre volvió a solicitarme ver si se podía hacer algo similar hasta 1974. Había poco tiempo para hacer un trabajo con profundidad, pero mi deseo de rescatar más documentos del ostracismo, me llevó a decir que sí. En agosto 2000 le entregué un primer borrador, pero no hubo tiempo de publicarlo. El nuevo incumbente, Hugo Tolentino Dipp, apoyó tímidamente el proyecto, al ofrecer su respaldo para que el Banco de Reservas lo publicara, tal y como había hecho con la primera versión. Salió a la luz en el 2002 bajo los auspicios de la Cancillería y el Banco de Reservas. bajo el título: La Política Exterior Dominicana” (1961-1974). Dos tomos. Tomo I. “13 Años de política exterior. Apuntes para un nuevo enfoque”. Y tomo II. “La política exterior dominicana: Del caos al abandono (1961- 1974)”.

Este primer acercamiento a la historia dominicana del siglo XX, y sobre todo en materia de relaciones exteriores y política exterior, me llevó por caminos nuevos en el conocimiento de la política internacional. Tuve que leer sobre teoría, sobre la guerra fría, la política norteamericana, los conflictos internacionales, las guerras mundiales y las competencias interimperiales entre el Occidente y el mundo socialista. Tener que leer sobre estos aspectos abrió mis perspectivas.

Hoy en la distancia puedo sentarme a evaluar. Creo que logramos rescatar documentos claves de un trozo importante de nuestra historia. Sin embargo, los trabajos son muy desiguales. Los primeros tres tomos, que abarcan desde 1844 hasta 1961, tienen mayor análisis y profundización, debido, entre otras cosas, a que tuve más tiempo de reflexionar. Los segundos dos tomos, aunque rescatan importantes documentos, especialmente el tomo I, es inacabado. La prisa y la rapidez se impusieron. Es mi segundo hijo bastardo. Que a pesar de sus deficiencias, lo amo, porque forma parte de mi propia historia. Pero nunca, ni entonces, ni ahora, estuve conforme con el resultado. A veces fui muy dura conmigo mismo. Pero son de las decisiones que tomamos en la vida, que después nos arrepentimos.



Esa primera entrada al siglo XX me permitió abrir horizontes intelectuales. Me adentré más en la teoría política, tanto, que algunos amigos bromeaban diciéndome que me había vuelto politóloga antes que historiadora. Comencé a leer sobre teoría política. Coincidió con mis funciones administrativas en la universidad, pues entonces dirigía el Proyecto para el Apoyo a las Iniciativas Democráticas (PID), que apoyaba, defendía y fomentaba a las organizaciones de la sociedad civil. Esta coincidencia hizo que leyera también sobre los conceptos de democracia y sociedad civil, obligándome a releer a los clásicos como Locke, Rousseau y a los teóricos del tema como Salvador Giner, Malem Seña, Jean L. Cohen, Andrew Rato y Alejandro Nieto, entre otros.

Escrito por Mu-Kien Sang

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