sábado, mayo 25

A pesar de sus jefes. Una reflexión de Luis Carvajal Núñez sobre un Ministerio y su capital humano.



En el Ministerio de Medio Ambiente trabajan los mejores técnicos del país en temas ambientales. Su preparación, su compromiso y su honestidad establecen su idoneidad para las funciones que ejercen.
En el Ministerio de Medio Ambiente, como en todos los ministerios, abundan personas contratadas por su militancia política o por relaciones primarias con la burocracia que regentea, como botín propio, a esta entidad.
Me consta que la mayoría de los técnicos y especialistas pertenecientes al partido en el poder ejercen su trabajo con responsabilidad, decoro y seriedad.
Consta también que algunos, amparados en su militancia, son prepotentes y deshonestos, persecutores de la disidencia e incapaces e inadaptados.
El cuerpo técnico del Ministerio hizo exactamente lo que hizo el PNUD:
1.- Señaló una por una las deficiencias del Informe Ambiental de Falcondo- Xstrata Nickel.
2. Ponderó, con levantamientos propios, las condiciones de base de Loma Miranda y de La Manaclita, incluyendo la verificación de los inventarios de biodiversidad y las tendencias y ecodinámicas del lugar.
4.- Crítico la superficialidad y la falta de soporte del levantamiento hidrológico.
5.- Cuestionó la inconsistencia de la proyección de beneficios con relación a las reservas anunciadas en el contexto geográfico indefinido.
6.- Demostró la subvaluación de variables y parámetros básicos y sensibles a los fines de ocultar impactos y elevar de manera artificiosa la viabilidad técnica del proyecto.
7.- Evidenció las limitaciones de las medidas de mitigación contenidas en el Plan de Manejo y Adecuación Ambiental (PMA).
8.- Propuso ampliar los Términos de Referencia (TDR) a los fines de suplir información faltante.
Los técnicos de Ministerio hicieron su trabajo como corresponde.
Lo hicieron bien, muy bien, a pesar de las limitaciones y precariedades, de su bajo salario y de la falta de reconocimiento y respeto de sus jefes.
Dijeron antes, donde correspondía decirlo y a quienes tenían la obligación institucional de decidir lo mismo que ha dicho el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).
Los técnicos del PNUD tuvieron que utilizar las informaciones y enfoques de los técnicos dominicanos, sobre todo los informes y reportes del Ministerio Ambiente.
Se demuestra que esos técnicos no estaban parcializados o carecían de idoneidad como afirmó el Ministro.
Hicieron lo que tenían que hacer, con la seriedad, la calidad y la pertinencia con que siempre trabajan.
Son sus jefes quienes se han equivocado.
La vergüenza que significa para el Ministerio Ambiente el informe del PNUD reivindica a los profesionales que trabajan en la institución y desenmascara a la burocracia que la dirige.
Esa burocracia debe hacerse una autocrítica pública, un haraquiri privado o ambas penas a la vez.
Reivindico y saludo al personal de base del Ministerio Ambiente.
Amor por el trabajo, capacidad técnica, compromiso con la defensa del ambiente y con el carácter patrimonial de los recursos naturales.

A pesar de sus jefes.

®Luis Carvajal

viernes, mayo 24

Feria del Libro, Una aventura para todas las edades: La literatura infantil incursiona en los temas "de grandes"

Por   | LA NACION

Amores no correspondidos, protagonistas freaks o que no encajan dentro de una supuesta normalidad, padres superados por hijos que son más inteligentes que los adultos, hijos tironeados por padres que no tuvieron un divorcio amistoso, finales no siempre felices e historias bien narradas no sólo desde el texto, sino sobre todo desde la imagen forman parte de una nueva literatura infantojuvenil que vive desde hace ya varios años un boom a nivel mundial y, especialmente, local.

De la mano de autores que entienden que escriben para un lector que crece y se desarrolla al ritmo de Internet, las redes sociales y las nuevas tecnologías, además de ser destinatarios de una infinidad de canales con programación exclusiva, los libros para chicos han evolucionado hasta convertirse en verdaderos objetos de deseo para los más pequeños, que incluso tienen y manifiestan preferencias por uno u otro autor.

La argentina Isol Misenta ( www.isol-isol.com.ar ), que acaba de llegar de Estocolmo (donde recibió el premio Astrid Lindgrens, una especie de Nobel de Literatura infantil), es una de las preferidas del público sub 12. Su mirada aguda, algo irónica y desenfadada sobre la vida cotidiana es uno de los secretos de su éxito. El otro, sus ilustraciones, que cuentan en clave de humor y por sí mismas las historias desprejuiciadas de los personajes. En ella la imagen no acompaña el texto, sino que a partir de que ella lo crea y recrea.

Secreto de familia , Vida de perros y El globo , editados por el Fondo de Cultura Económica, son algunos de sus títulos más leídos.

"Isol crea libros con imágenes desde las perspectivas de los niños que vibran con energía y emociones explosivas -declaró el jurado que la eligió-. Con facilidad y un humor liberador evoca también las páginas negras de la existencia."

Otro autor amado por los más pequeños es Fernando de Vedia ( www.fernandodevedia.com ), que tiene más de 45 libros publicados. Su gran creación, Las increíbles historias de Morton Fosa (Editorial Atlántida), es furor entre los pequeños amantes de la literatura de terror. Otro de sus títulos, Maldito MP3 , también tiene cuentos que asustan. Pero De Vedia escribió muchas otras historias que no están relacionadas con el terror y que cosechan varios pequeños admiradores, como sus Cuentos de hadas y princesas y Supersu cio, un superhéroe repugnante y asqueroso de gran corazón.

"La llamada «nueva literatura infantil», que no es tan nueva, es hija de María Elena Walsh. Fue ella la que, en la década del 60, rompió con una mirada acartonada de la niñez, alejándose de los arquetipos, con un nuevo modo de narración y variedad temática, ocupada más por escribir bien que por dejar un mensaje pleno de valores y virtudes -dice De Vedia-. Estas características influyeron en una generación de creadores, hoy escritores consagrados, que mantienen viva esta literatura inteligente, que prioriza el desarrollo del pensamiento crítico. A ellos se suman una gran cantidad de ilustradores que, como nunca antes, enriquecen el relato y muchas veces lo completan."

UN NUEVO BOOM

Lo realmente nuevo en la literatura infantil es el boom del "libro álbum", donde la ilustración es tan importante como la historia. "Hay un auge de estos libros -opinan en el stand del Fondo de Cultura Económica en la Feria del Libro, donde la imagen de Isol, la gran estrella, se multiplica en carteles y folletos-. La ilustración y el texto son igualmente importantes. Y a veces en la ilustración se descubre algo no dicho en el texto. Del diálogo entre escritor e ilustrador surge una obra acabada. En muchos casos, el autor es también el ilustrador, lo que hace que ese diálogo sea uno."

Ganarse el corazón de los más chicos no es nada fácil, por supuesto. Hoy, los niños están en contacto con temas que antes eran considerados tabú, como la muerte, el sexo, la violencia -física y verbal- y la discriminación, por nombrar sólo algunos. Entonces el desafío es hablarles de todo eso desde un lugar y un lenguaje adecuados para su edad. Sin tapujos. Pero sobre todo sin subestimarlos.

"A los nativos digitales, que nacieron en una época dominada por la imagen e Internet; que leen más que nunca, pero de manera fragmentada y no necesariamente libros; que escriben más que nunca, pero con los pulgares; que están acostumbrados a ver programación que no es para su edad o, como mínimo, avisos de películas o series que no son para su edad, ¿cómo no hablarles de la muerte, del cuerpo, de sexo, de lo escatológico o de finales no necesariamente felices?", se pregunta De Vedia.

María Fernanda Maquieira, gerente de literatura infantil-juvenil de Editorial Alfaguara, que tiene entre sus autores infantiles de cabecera a Luis María Pescetti, Elsa Borneman y Ricardo Mariño, dice que hoy el ojo está puesto en las temáticas realistas. "Hace un tiempo hubo un auge del fantasy , pero hoy predominan los temas más realistas, como chicos que no encajan en su grupo de pertenencia o la historia de la ruptura con el primer amor." ¿Dos libros sobre estos temas? Las ventajas de ser invisible , de Stephen Chbosky, que fue llevado al cine, y Y por eso rompimos , de Daniel Handler, ambos para un público adolescente.

sábado, mayo 11

La poesía sensualista de Martha Rivera-Garrido, por Plinio Chahín

Martha Rivera-Garrido

      Voy a ponerme sentimental. Se unen dos razones: la primera es el muy viejo afecto que le guardo a mi querida amiga Martha Rivera y a su familia, y la segunda —menos relevante— no ser más el joven a quien la lectura de “Geometría del vértigo” desconcertó hace más de 15 años.

      De haber tenido entonces una mayor experiencia de la poesía actual en castellano habría, quizás, apreciado aún más la originalidad, el tan distintivo talante de sus versos breves, la lenta combustión emocional que los anima y el sabio desgarrón que los impregna. Desde entonces vengo leyendo la poesía de Martha Rivera (compañera y amiga de las altas horas, e imposibles noches caribeñas), y aún siento que nada en su poesía es convencional ni fácil, sino exigente y osado, pero no para distinguirse de nadie, sino para precisarse ella misma. Paul Valéry alguna vez descalificó el valor de la originalidad recordando que un león no es, acaso, sino cordero digerido. Si la originalidad es la habilidad para transformarse uno mismo contra el rasero de los otros, aquilatarla sólo es posible a partir de  los códigos de lo convencional y lo fácil. Estas ideas recogen el sentir generacional ochentista, de la cual espero Martha Rivera sea consciente y compromisaria del riesgoso destino que se juega y asume con ello.

      La poesía de Martha Rivera se ha ido creando desde hace décadas, aunque hasta la fecha sólo haya publicado tres breves poemarios: “Twenty Century (aún sin título en español) y otros poemas”, 1985; “Transparencia de mi espejo”, 1985; “Geometría del vértigo”, 1995, y “He olvidado tu nombre”, Premio Internacional de Novela de Casa de Teatro, en 1997.

       En tal sentido, decía, pues, que la poesía de Martha Rivera se ha ido creando sobre las mismas constantes y el mismo emblema, a pesar de que cada uno de sus libros se sostiene en su originalidad, curiosamente, no por lo novedoso, sino por la fidelidad que guardan a esa vida paralela que habita en su poesía.

      Con la publicación de este nuevo libro, “Enma, la noche, el mar y su maithuna” (Editora El Nuevo Diario, 2013), la originalidad se afirma en el cúmulo de contradicciones que poseen los mismos terrenos tópicos  y líricos de antes, pero con un poderío fabulosamente renovado. Martha Rivera es una poeta original hasta con relación a sí misma, un logro que no es menor. Como su admirada Alejandra Pizarnik, Martha Rivera vive vicariamente en un personaje que puede vivir, relatar y cuestionar  simultáneamente su  historia. Pruebas al canto: estos alucinados  versos que prefiguran algunas reflexiones en torno al desamor y la vida, la soledad y la muerte, la infancia y el sueño, la locura y el miedo, el azar y el suicidio, a través de una imaginaria Enma, que nocturnamente se derrama  en la página en blanco, con lacerados placeres y angustias.

      En este libro, Enma parece escapar de la poesía para vivir como personaje narrativo. Un personaje cuya complejidad espiritual, cuyo feroz anti-romanticismo, desciende de Sylvia Plath, con algo de Antonin Artaud y mucho de Alejandra Pizarnik, la fascinante poeta argentina, que hace más de cuarenta años se suicidó una  hermosa mañana del año 1972, de rabia e incomprensión, apoyada en el  oído cómplice de su amiga y compatriota, la gran poeta Olga Orozco.

       Si Martha Rivera en la poesía suele estar de regreso, con un enriquecido inventario de emociones consumadas, con este libro  linda casi en la maestría.  “Enma, la noche, el mar y su maithuna” no sólo es una voz y una conciencia poéticas, sino el itinerario de una mujer que recapitula sobre los hechos de su existencia con una sensualidad expresiva equivalente a un dual sentido de derrota: “Anoche estuve peleando conmigo mismo y perdí. Soy más fuerte que yo”. Una punzante, urgente necesidad interior la empuja a imbricarse en la forma de sus poemas breves como su vida, sus frases netas y negras, sus palabras cinceladas. El poeta es fantástico como “clown” que no se hubiese maquillado sino la cara y que gesticulase afuera, en una noche tropical, completamente desnudo al borde del abismo. Sin embargo, cosa rara, esta fantasía barroca deliberadamente patética, se manifiesta con un despojamiento extremado, como si el peligro la obligara.

      Se vuelve perpetuamente el combate encarnizado con las palabras y su significado, que la palabra inhallable, y perpetuamente a esa soledad absoluta a partir de la cual Martha Rivera se habla sin lograr decirse. A veces, en dos líneas, ella circunda, comprueba la imposibilidad de expresarse, de encontrar. Se diría que el secreto se esconde en las palabras, el secreto de la vida, y que es allí, y en ninguna otra parte, donde habría una oportunidad de descubrir el misterio, de conocer la paz, de ver surgir un dios.

       Pero el peligro está siempre ahí, al acecho, presto a saltar. Sin cesar participamos en la guerra exacerbada que se libra con las palabras para alcanzar la palabra, y escuchamos el silencio que otorga a cada palabra un rostro preciso.

     Estos relatos, poemas en prosa, “textos”, están llenos de personajes prodigiosos, eventos delicadamente anodinos o rotundos como un sueño, con “vocablos de llanto”, de viaje al final de la noche, donde todo es real, y a la vez, irreal. Estos poemas se cargan con un sentido de amor desengañado, lo mismo que con tragedias gravosas, todos impregnados de pensamientos quebradizos, una imaginación suntuosa y alegre, con un fondo exacerbado. Y todo apunta hacia una actitud de vida marcada por un lúcido escepticismo, un curioso sentido de la grandeza en el infortunio, un heroico patetismo, una resignación tristona y a la vez entusiasta ante la perenne voluntad, o la inercia fatídica, de tener que actuar, de tener que afanarse en la imperativa necesidad de transformarlo todo para nada.

    La retahíla de visiones, deseos y sueños, así como el sufrimiento sumergen a nuestra poeta en el delirio, en cuyo centro atisba algunos momentos en los que sintió que vivir, paradójicamente, tenía sentido. Oigamos lo que ella misma dice: “Mi sangre es el poema”, porque  yo “soy feliz en todo lo que sufre”.

     Este libro no oculta el acto sexual o la “consumación de la carne” y por eso, aunque de adioses, es también un libro de enamoramientos, rupturas y desencuentros. Perderse en la melaza psicológica de los “alter egos” o en la teórica de la poeta y su “personae”, sería perder el tiempo: Martha Rivera vive en Enma y se vive en ella convertida en hecho literario, en un acto donde fluye el otro como errancia del deseo.


         Más allá de la felicidad o la infelicidad, aunque sea las dos cosas, como ha dicho  Paz, “el amor es intensidad; no nos regala la eternidad sino la vivacidad, ese minuto en el que se entreabren las puertas del tiempo y el espacio: aquí es allá y ahora es siempre”. En el amor,  o mejor dicho, en el erotismo, el cuerpo  del otro se fragmenta y transfigura. Mil pedazos vuelan hacia el reino de la imaginación y la tragedia. El nudo entre la libertad y destino —el gran misterio de la tragedia griega y de los autos sacramentales hispánicos— es el eje en torno al cual giran todos los enamorados de la historia.  Trátese del amor a Dios o del amor a Isolda, “el amor es un misterio en el que libertad y predestinación se enlazan”. Pero la paradoja de la libertad se despliega también en el subsuelo psíquico: las vegetaciones venenosas de las infidelidades, las traiciones, los abandonos, los olvidos, los celos. El misterio de la libertad amorosa y su flora alternativamente radiante y fúnebre asume en Martha Rivera un importante papel. El amor en ella no es deseo de hermosura: es ansia de “completud” e infinito.


miércoles, mayo 8

TRAMPA




Hay todo tipo de trampa; las que capturan, las que atrapan, las que alteran, las que ocultan, las que esconden, las que confunden, las que desvían, las que disimulan, las que seducen y hasta las que liberan. El escritor estadounidense, John Steinbeck, dijo que “el hombre es el único zorro que instala una trampa, le pone una carnada y luego mete la pata”. Jugando con este concepto y usando perspectivas inconfundibles, estos cuatro artistas, Adela Dore, Gustavo Fermín, Jesús Jiménez y Leudy Jiménez, identifican, le dan forma y entran a su propia ‘trampa’ y nos invitan a todos a acompañarlos. Todos siendo egresados de La Escuela de Diseño de Altos de Chavón y todos viviendo en el extranjero en tres continentes diferentes, se unen con un cuerpo de obras que cumple con la primera trampa auto impuesta por ellos mismos de elaborar todas las piezas sobre papel dándole una fuerza a la exhibición que viene de la delicadeza y fragilidad de los materiales.

Ya sea reconociendo la naturaleza de uno mismo, cuestionando la selección natural de la vida, evaluando los códigos que manejan nuestros organismos u observando que necesitamos del uno al otro para poder existir, esta muestra de trampas ha servido para iluminar reflexiones y contemplar diversas suposiciones.

Por medio de su sensualidad, los dibujos de Adela hablan del proceso de descubrimiento de la identidad. Sus imágenes provocativas nos enfrentan con la sinceridad que solo puede venir de una auténtica confesión de intimidad que como trampa, pide pasar por un rito de paso incómodo que a la vez llega a ser liberadora.

Con sus líneas inquietas y agitadas que describen un mundo de descomposición y regeneración, Leudy logra crear una atmósfera de desespero y de energía en búsqueda de alguna respuesta que aclare el misterio con que nos deja la gran trampa; para vivir hay que morir.

En su formato de cuadrícula y síntesis y su proceso matemático y orgánico, Jesús nos lleva por un laberinto de enigmas disfrazados de lógica. Dependiendo de la distancia que uno tenga a su obra, las risas pueden sentirse expuestas igual que escondidas. Las imágenes de las neuronas forman una pausa o interruptor que hacen cuestionar el tipo de risa o el origen de la risa. ¿Se ríen con uno o de uno? ¿Es genuina o falsa? ¿Todas se ríen de lo mismo en unísono o cada cual se ríe por su cuenta? ¿La trampa radica de la misma risa o está escondida detrás de la risa?

En el universo azul y eléctrico que Gustavo ha creado para Laika, ella es héroe de la humanidad y víctima de nuestras ambiciones. Antes de cualquier ser humano, ella fue disparada al espacio y pudo observar la tierra desde el cosmos y admirar el infinito, pero condenada a la trampa de su cápsula. Excavando y grabando la historia tallada meticulosamente sobre el papel plateado cubierto con el azul del firmamento, Gustavo nos transporta a esa nave para acompañar a Laika en su último viaje.

Por medio de unos ricos y variados lenguajes misteriosos, sensuales, cerebrales y emotivos, la función de estas trampas no es de atrapar ni de engañar, al contrario, despiertan la curiosidad a querer leer y descifrar sus mensajes a través de los códigos elegidos por cada artista y en fin logran liberar la imaginación.

Raúl Miyar
Jefe del departamento de Bellas Artes/Ilustración

La Escuela de Diseño de Altos de Chavón

sábado, mayo 4

“EN TORNO A LA LITERATURA DOMINICANA” O LA FRUCTIFICACIÓN DE LA CONSAGRACIÓN, EL DEBER Y LA PASIÓN*


Por: Ángela Hernández Núñez
        Escritora dominicana

Miguel Collado empezó en el mundo cultural con la poesía y por más de diez años se mantuvo en ella. Cuatro libros publicó en este género, del que nunca se desligaría por completo. Pero si algo ha caracterizado a este escritor nacido en la llamativa sierra dominicana, concretamente en Jánico, es el continuo ensanchamiento de sus horizontes de erudición; incentivado por sus emociones humanísticas, el amor a los libros y el compromiso, latente en cuanto hace, de aportar a su país, al Caribe y América. Compromiso que brilló como sustancia, ética y vida en las figuras con las que el autor de “En torno a la literatura dominicana” se ha identificado y seguido con fervor reverencial: Eugenio María de Hostos, Pedro Henríquez Ureña, la familia completa Henríquez Ureña y Juan Bosch.

A los 22 años, Miguel Collado publicó su primer libro (“Pesada atmósfera”, poesía, 1976) y desde entonces hasta acá no ha dejado de trabajar con arduidad en el escenario cultural. En este trayecto, su inclinación a interesarse por la suerte de la literatura dominicana y por los autores y autoras constituye su más acentuada marca. Y ello, aunque la incluya, no nace de la generosidad sino de una mirada perspicaz, realista y conmovida sobre el panorama de los libros y la investigación bibliográfica en la República Dominicana. Entonces se interesa por la historia en general y por la historia en pequeño, que tanto dice de lo que somos y cómo nos formamos; se interesa por la historia de los libros y sus autores y autoras; se interesa por la edición, por las fuentes.  Más aún, se revela  enamorado de la creación y los talentos de otros; les publica y les promueve.  Seguirá haciendo su propia obra, pero de todo será de  su entusiasmo, el vuelco de sus energías, de gran parte de su tiempo, a la bibliografía dominicana lo que lo situará en un lugar prominente del mundo cultural dominicano.

Es increíble que promediando los veinte años de edad ya Miguel Collado se percatara tan claramente del estado de la bibliografía dominicana y las dificultades, a veces casi invencibles, con la que se topaba toda persona decidida a investigar algún área de la misma, advirtió los vacíos, la disgregación de fuentes, la apatía prevaleciente en torno al valor de las mismas, como acerbo del país, vital para conocernos en cuanto pueblo y cultura. Por entonces, escribía cuentos y poemas, pero decidió ser bibliófilo, dedicarse a ello, a organizar las fuentes, haciendo de este tributo un alto deber ciudadano.  Se propuso hacerlo con elevados estándares. Y para ello se preparó, buscando y logrando la asesoría de los maestros en estas lides: Rodríguez Demorizi, Vitilio Alfau y Ramón Fondeur.  Él no les defraudaría. En 1993 Miguel Collado gana el “Premio Casa del Escritor Dominicano” con su ensayo “Apuntes bibliográficos sobre la literatura dominicana”. Hoy día, es uno de los intelectuales más solicitados en numerosos temas y uno de las personas más empeñadas en la estimación y esparcimiento del pensamiento hostosiano.

Miguel Collado produce selecciones, compilaciones, antologías, ediciones, ensayos, conferencias, artículos en una fructífera carrera que se despliega no solo en RD, sino en Puerto Rico, Nueva York y otras muchas ciudades, en las que ha establecido relaciones estables con académicos y escritores. Decenas de títulos han visto la luz en las dos últimas décadas gracias a la labor de este infatigable bibliógrafo llamado Miguel Collado, un hombre, por si fuera poco, que se adscribe a los valores de los maestros queridos

Hoy, somos testigos y partícipes del nacimiento de otra obra de Miguel Collado: “En torno a la literatura dominicana (Apuntes literarios, bibliográficos y culturales)”, esta vez publicado por el Banco Central, cuya colección ha ganado un envidiable prestigio por la calidad formal y el riguroso proceso de selección, merito del Departamento Cultural de esta institución.
Este libro comprende doce años de intensa y creciente actividad intelectual de Miguel Collado. Retrata las líneas de interés en sus investigaciones bibliográficas y, como suele ocurrir con el poema y la ficción, por alguna suerte de misterio, retrata también a su autor; sus inspiraciones, sus motivaciones vitales, sus exploraciones, desafíos y aciertos.

Este libro es un curso casi completo sobre el acerbo bibliográfico de la República Dominicana, con sus núcleos lucientes y sus ricas vetas de conocimiento. La aguda mirada del autor ha viajado por un vasto paisaje, ejerciendo su entusiasmo, haciendo rectificaciones, planteando sus tesis, compartiendo sus hallazgos, y en el camino, queda plasmada su actitud e intención de rebasar fronteras para retomar, ratificado, el espíritu antillanista y latinoamericanista, el mismo que animó a nuestros héroes y heroínas de las letras y la acción (Luperón, Hostos, Salomé, Bosch…). Arroja luz en rincones penumbrosos u olvidados (como su escrito sobre el primogénito de Salomé Ureña y Francisco Henríquez y Carvajal) o acentúa elementos a los que no se dado la debida relevancia. De hecho, la Sección 1 del libro -más los apéndices- está dedicada a los Henríquez Ureña, en tanto la Sección 2 se centra en Eugenio María de Hostos y la Sección 3 en Juan Bosch.

En ocasiones, el autor introduce un dato curioso,  por ejemplo: la muerte, durante el asalto de Francis Drake a la ciudad de Santo Domingo, del primer poeta nacido en la isla La Española”; en otras, aclara, por ejemplo, “Nicolás Heredia era dominicano, no cubano”, y en distintos artículos arroja luz sobre pioneros en distintas facetas culturales: “Ulises Heureaux, hijo: primer dramaturgo sanjuanero”, “Manuela Rodríguez, primera escritora sanjuanera” ―nótese el interés en reivindicar las raíces en la geografía de provincia―. “José Núñez de Cáceres, uno de los primeros fabulistas de Hispanoamérica”. En estos detalles late el deseo de alimentar la autoestima nacional.

Es común en nuestro país el hablar de oídas y  descubrir de continuo la pólvora, desconociendo la tradición elaborada y el trabajo de los otros. El libro de Miguel Collado se inscribe en el serio esfuerzo de contrarrestar la superficialidad de opinión y el vicio de minimizar o exagerar nuestro acerbo. Esta obra reúne notoria cantidad de informaciones y numerosísimas pistas importantes para quienes se proponen estudiar aspectos específicos, autores, autoras, hechos de nuestra cultura, con el rigor y la sustentación documental.  (Que por cierto, dicho sea de paso, la Biblioteca del Banco Central, con la digitalización de periódicos y las reservas bibliográficas que tiene se constituye en un atractivo para investigadores y universitarios).

En nuestro país -es una de las posibles conclusiones al leer esta obra- se ha publicado relativamente mucho, con variable calidad. Y de lo producido, es considerable y relevante lo que permanece en el olvido, ignorado en el presente, incluso por las academias y no se diga de los estudiantes de Historia, Letras y disciplinas afines.
Un conjunto de los trabajos comprendidos en el libro que hoy se presenta tienen una función bibliográfica panorámica, que refuerza lo ya dicho de esta obra en cuanto a proveer conocimiento sobre el acerbo literario nacional. El autor ofrece 272 títulos como “obras recomendadas de la literatura dominicana”, lista que elabora a partir de sus indagaciones y sus criterios estéticos.  Además:  una “bibliografía cronológica de la literatura infantil dominicana”, cronologías bioliterarias de Enriquillo Sánchez, Rafael Abreu Mejía y Livia Veloz.

Miguel Collado, confiere a la seriedad una categoría de emblema personal. Transita el camino de la erudición, pero no pierde el calor de lo concreto y nutritivo de lo vivo. Por ello honra la amistad y mantiene en alto sus lazos con Jánico. Venera a sus maestro y una de las formas en que lo hace es cultivando vínculos primarios con parientes de los humanistas estudiados y con los autores vivos; ganándose aprecio y confianza.  Nos dice que un bibliófilo “es un ordenador, un transferidor de datos e informaciones; en otras palabras, es un creador de fuentes de consulta”.  Él mismo se describe en esta definición. Y En torno a la literatura dominicana es una fehaciente demostración de la  curiosidad, la efusión y la entrega con las que su autor ejerce su elegida ocupación de bibliófilo.

Enhorabuena, Miguel, en este momento, tus maestros celebran y tus amigas y amigos del hoy también celebran, este fruto de tu energía, tu labor sostenida e intensa y la profunda identificación con las loables tareas a las que dedicas tu vida.



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 *Discurso de presentación del libro “En torno a la literatura dominicana” (Ensayos literarios), de Miguel Collado, la noche del martes 30 de abril de 2013 en la Biblioteca Juan Pablo Duarte del Banco Central de la República Dominicana.

Una boca pálida, por Farah Hallal

Una mano sangrante se me funde en el pecho. La perfección del pétalo tiene este charco de sangre. Una  boca muere gozosa y poseída, ...