lunes, diciembre 10

Poesía necesaria


GÉNESIS


(… y digo que es culpa de ella
—de la noche— el universo,
cual son culpables los versos
de que haya noches y estrellas.) Silvio Rodríguez

¿Sabe acaso el poema que es poema?
¿Para saberse verso, un enunciado,
es suficiente que él mismo se proclame
o requiere el apoyo de otros versos
que lo absuelvan y libren de pecado?

¿Quién comprobó el poema primigenio,
-gutural desconcierto bajo el árbol-
que al hacer verbo al mono, lo hizo hombre,
y al hacer verso al hombre, lo hizo humano?

¿Quién bendice metáforas y tropos?
¿Quién certifica el canto bien logrado?
¿Consultar, como Emily, algún sabio?
¿Esperar de los dioses un milagro?
¿Sencillamente ser: como la rosa,
como el agua, como el beso o el verano?

¿Sabe acaso el poema que es poema?
¿Es un don, un castigo o un milagro?
En verdad, lo proclamo,
¡no me importa!
¡No me absuelvan ni libren de pecado!
Yo humano, hago versos, como rosas,
como el agua, como el beso y el verano.

© Luis Carvajal


¡EMBARAZADO!



¡Cómo hundo mis dedos en el tibio intersticio de dos tropos alados!
¡Qué cálido adjetivo encandila aquel nombre que da sentido y gracia y curvas al poema!
¡Ah, qué verbo tan intenso!
¡Qué suave el hemistiquio!
¡Qué húmedas palabras!
¡Qué tiernos son los giros!

Se me eriza la carne con la sensual silueta de una estrofa tendida con sus rimas abiertas;
con sus ritmos que evocan el batir de las olas,
la erupción de volcanes
o el fluir de los ríos.

Casi estallo de gozo cuando mis labios besan
-sin pudor-
sus lúbricas metáforas y sus alegorías
y al rozar con mi lengua alguna metonimia
– Me excito de pensarlo-
descubro todo el cosmos oculto en la poesía.

Cuando abrazo al poema,
cuando el poema me abraza
vierto toda mi savia sobre su anatomía.

Luego acaricio el verso con mi carne dormida.
Percibo que me late otro ser en la sangre,
que se gesta un milagro que tendrá propia vida.

Después serán espasmos,
humores, sacudidas;
las palabras se ensanchan
como una herida abierta;
un dolor infinito, y al final,
– ¡Maravilla!-
en éxtasis de parto,
nacerá la poesía.

© Luis Carvajal


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