viernes, septiembre 28

Miranda es algo más... por Martha Rivera-Garrido



1.
Ponemos los pies, tal vez, una sola vez sobre la tierra: la primera. Ya jamás podremos desprendernos de ese acontecer que nos proclama en la gravedad de lo inconmensurablemente pequeños que somos en tanto caminantes, nómadas errantes de un lugar a otro en nuestras vidas y en las vidas ajenas. Viandantes, peregrinos del espacio-planeta en el que una mirada sideral, que es la nuestra, alumbra el sol mismo y pone filo a las piedras.



Sólo se vive cuando se está viviendo. Sólo se vive respirando, con ese pulmón de nube que reclamamos desde la realidad a todos nuestros sueños.




2.
Hoy hicimos a pie la ruta del agua de Loma Miranda, casi todo el tiempo (allí donde no transcurre el tiempo) en silencio, colgada el alma de las lianas por donde una idea u otra iba creciendo con fuerza de presagio; abrumados por la música de los pájaros y el pulso de más de un verde corazón, a la sombra húmeda de ancestrales bromelias, al compás de los sapos diminutos y de los lagartos efímeros. Vimos la tierra que somos antes de que nos entierren en nuestro esqueleto vegetal y el agua que es sangre en la piel de esa tierra por ella renovada. El agua que somos y el agua que seremos en una letanía que hace tiempo pudimos aprender: Agua eres y en agua te convertirás. Agua después del polvo, y nada más.





 3.
Llegamos desde la ciudad, palpitante en su viernes, a Algarrobo, la pequeña comunidad que descansa en la falda de la loma y que discurre en su incertidumbre a orillas del río Jaguey. “Toda la comunidad vive del río” nos explica la Arq. Escarlin Gutiérrez, Presidenta de las Comunidades Unidas por el Agua y la Vida. Una mujer aguerrida que lo ha abandonado todo para entregarse a esa lucha en la que cada dominicana, cada dominicano, debería al igual que ella jugar su papel. Nos sorprende lo deprimido de la zona. Una depresión que no es solamente económica sino que se respira junto al aire puro y transparente del lugar. La tensión de la lucha, de la amenaza de la corporación que ahora se pretende dueña de una loma que es hogar y es sustento, se siente en cada respiración. Cada uno de ellos, como más tarde me confirmaría una comunitaria, está consciente de que se está jugando la vida en esta resistencia. “Mire usted, mire toda esta agua. Mire qué belleza. Usted no cree que vale la pena morirse por esto?”. Ella lo pregunta y a mí se me hace un nudo en el pecho. No hay palabras para pagarles a estos combatientes lo que están haciendo por todos nosotros y por el futuro.



Cruzando seis veces el Jaguey a pie, vamos subiendo hasta Llovedera, agarrándonos a veces de las raíces que nos defienden del resbalón en las piedras. Un silencio hecho de agua va creciendo hasta llegar a la altura donde descenderemos de nuevo para encontrarnos en medio de las pozas transparentes, de las vetas que como poros multiplicados van sudando el líquido esencial, que se escapa por todas las paredes de tierra, por la piel de la tierra. Todo es agua en Loma Miranda. Todo! Arriba, abajo, al norte y al sur. Hay un temblor de agua precipitándose al infinito, en las pequeñas cascadas, en la piscina de agua transparente donde diminutos peces de agua dulce hacen su tránsito entre los pedruscos del río que cambian de color al ritmo de la luz.






Me sumerjo entonces en uno de esos corazones de agua con la ropa puesta y todo empieza simultáneamente a tener y a perder sentido. Hay una rabia callada que está llenándome de tristeza, una impotencia tan fría como líquida, un temor frente a la virginidad y a la belleza estremecida en su silencio sideral. Hace cinco minutos vimos al viejo alcalde avanzar por la orilla en su mulo, hace dos horas perdí mi nombre y mi apellido, hace un segundo sudaba por todas partes y ahora no tengo nada qué decir.




Casi nadie llega a Llovedera. Los bañistas se recrean en el balneario Acapulco que está abajo. Creo que desde que era niña no había visto un afluente correr a profundidad de transparencia, no había visto tanta agua besando las rocas imponentes, milenarias, enormes. En las riberas del Jaguey, en cada orilla, el agua se desborda desde las mismas entrañas de la tierra, filtrándose como pequeños vasos capilares abiertos hacia el cauce.

Mientras Xtrata Niquel y Falcondo, junto a todos los emporios a quienes la irresponsabilidad de nuestros gobiernos ha concesionado nuestro futuro por prebendas más que inmediatas, llevan a los diputados a los llanos de “su propiedad”, donde no está Miranda allí en Miranda, yo estoy aquí en Llovedera. Aquí donde nadie viene a ver lo que de verdad es Miranda. Aquí donde puedo ser lluvia, pena, campana, pez, pan y algarrobo. Aquí, donde ha de detenerse o seguir siendo la vida. Aquí donde es la patria ahora mismo y con urgencia.

Acompañados todo el tiempo (allí donde no transcurre el tiempo), es imposible no quedarnos solos frente a nosotros mismos en la inmensidad del santuario de la vida y sus misterios. La montaña siempre nos transforma de alguna manera. Eso lo sabía o me lo imaginé.

Vengan a ver a Miranda todos en silencio. Antes de que sea tarde, vengan a ver un pedazo de todo lo que perderemos si no resistimos de pie.

Heráclito de Éfeso trae su espíritu a lo que me piensa en el Jaguey al mediodía de este día en que me marcho: no podremos bañarnos dos veces en el mismo río. No será el río el mismo, yo tampoco, ni usted.

© Texto Martha Rivera-Garrido
© Reportaje gráfico Enrique Alfredo Pou












lunes, septiembre 24

Entregan homenaje con nombre San Miguel al folklorista Dagoberto Tejeda
















Escrito por  Juan Sanchito Sánchez 

Para el investigador del folklore de la isla hacerle un reconocimiento con el nombre de San Miguel, es realmente una conquista a nivel popular, debido a que antes se hacían estas actividades a escondidas.

El arte y la cultura se abrazaron anoche para homenajear a uno de los más grandes, por no decir el más grande de los folkloristas de la isla, Dagoberto Tejeda, reconocido por su trayectoria investigativa a favor del sincretismo mágico-religioso de los pueblos.

Esta actividad personal de una folklorista argentina, pero que tiene alma y corazón dominicano, Manuela Rodríguez, se convirtió en un acto protocolar de estos que sabe cuando comienza y termina cuando todos se van, brindando la mejor sonrisa de lo allí, presentado y disfrutado.

Rodríguez, una mujer cantautora del folklore latinoamericano, dice que se ha hecho este homenaje a Dagoberto que representa la madurez de la investigación de las raíces culturales no solo de la isla, sino de otras latitudes.

Dijo que la religiosidad popular y la fe, son dos de los grandes aportes al arte dominicano que hace Tejeda y por ello, este mes dedicado a San Miguel Arcángel, uno de los soportes de lo mágico-religioso de la cultura popular de los pueblos dominicanos.

Artistas plásticos, dibujantes, diseñadores, escritores, compositores y cantantes, se dieron cita en el parque al Fray Bartolomé de las Casas, para tributar un fuerte aplauso al investigador de las raíces culturales del pueblo dominicano.

Este homenaje, es para el sociólogo Tejeda, es la mejor forma de reconocer al pueblo dominicano, que tiene las mejores raíces culturales de la isla.

"Me siento más que feliz, completamente realizado porque no es un reconocimiento a mí como persona, sino a un pueblo que ha mantenido su espacio de resistencia e identidad, San Miguel es el ángel más querido a nivel nacional y protector, sabia que en una circunstancia de crisis donde la gente a perdido la fe, San Miguel sintetiza la esperanza de los que le aclaman", dijo Dagoberto Tejeda.

Expresó que hacer un reconocimiento a San Miguel, un día como hoy, es realmente una conquista a nivel popular, porque antes, el venerado por el pueblo dominicano, tenía que estar escondido y hoy para muchos de los creyentes, no solamente es público, sino un orgullo.

Dijo que la identificación de esa dimensión de la espiritualidad ha sido un proceso de cambios y transformación y cree que es una fuerza que hace posible la sobre vivencia y que garantiza un país con mejor futuro.

Manifestó que dentro de cultura popular, se cree que San Miguel, es Belie Belcam y aclaró que eso no es así, y a seguida explica la confusión: "Sencillamente, Belie Belcam, es una deidad de una presencia espiritual con una herencia africana y San Miguel que es su pasaporte, su padrino, es su protector, pero con herencia católica occidental, por eso tenemos dos entidades diferentes, que el pueblo confunde como una sola", agregó Tejeda.

Explicó que para el budú haitiano, San Miguel es un elemento más, pero en el budú dominicano no, es un maestro, es un ancestro, el más querido y la referencia de sabiduría, de paz, armonía, entonces con todos esos atributos de San Miguel, recibir la orden de San Miguel, es para mi un privilegio "yo lo siento como distinción y reconocimiento a ese proceso que el pueblo poco a poco ha ido ganado cada vez un espacio de más respecto".

Los paleros de Yaguate San Cristóbal y la propia Manuela Rodríguez, amenizaron el homenaje a Dagoberto Tejeda, que cuando recibió el dibujo de su rostro de manos de un estudiante sordo mudo de pintura de la Escuela de Arte San José, de la Fundación de la Cooperativa del mismo nombre, de Santiago, las palabras se entrecortaron para decir muchas gracias.

El chico Carlos Rodríguez,  vino a la actividad acompañado del director de la escuela, Tony Santiago, entregó igual distinción a la cantautora Rodríguez y durante el día, se exhibieron sus pinturas de personajes de trascendencia mundial como Charlie Chaplín, Cantinflas, Don Ramón, Kilo, El Chavo del ocho, Elvis Preslie, entre otros.
































































Una boca pálida, por Farah Hallal

Una mano sangrante se me funde en el pecho. La perfección del pétalo tiene este charco de sangre. Una  boca muere gozosa y poseída, ...