martes, marzo 27

Edith Aron: la maga de Julio Cortázar


Por primera vez, a los 80 años, habla la mujer que inspiró el personaje más famoso de la más famosa novela, Rayuela, del escritor argentino. Desde su casa en Londres, cuenta su historia íntima y abre para la Revista cartas que nunca fueron vistas por ojos extraños

Edith Aron

Por Juana Libedinsky  | LA NACION
     

"Fue sólo al perderlo que me di cuenta de lo que quería", dice hoy, con relación a Cortázar, esta mujer octogenaria.
¿Encontraría a la Maga? Tantas veces me había bastado asomarme, viniendo por la rue de Seine, al arco que da al Quai de Conti, y apenas la luz de ceniza y olivo que flota sobre el río me dejaba distinguir las formas, ya su silueta delgada se inscribía en el Pont des Arts, a veces andando de un lado a otro, a veces detenida en el pretil de hierro, inclinada sobre el agua.

(Rayuela, de Julio Cortázar, 1963)

Ya no es la rue de Seine ni el Pont des Arts, sino un pequeño departamento en el elegantísimo barrio londinense de St. John’s Wood, a pocos metros de la Abbey Road que hicieron famosa los Beatles y cerca del magnífico Zoológico de la ciudad. Pero la Maga sigue siendo la misma. Sí, porque la musa de Cortázar, la misteriosa protagonista femenina que deambula por Rayuela, el personaje más famoso de su libro más famoso y con el cual le rompió el corazón a sus lectores existió y existe. Y es Edith Aron, una encantadora señora de 80 años que vive en el más completo anonimato, escribiendo en las madrugadas silenciosas, entre las cartas y recuerdos del hombre que la inmortalizó para la literatura.

"Una sola vez, cuando en el almacén cercano a mi casa una chica mexicana me dijo que era una gran admiradora de Cortázar y que la Maga era su ideal, como era tan simpática pensé en decirle quién era yo. Pero no lo hice. No es un tema del que me guste hablar, no lo necesito y, además, a los ingleses nunca les interesó. Pero ahora… bueno, digamos que soy una señora mayor. Quizá no esté para el próximo aniversario de Cortázar", aclara suspirando.



BUSCADA

Cortázar dejó grabada la imagen de la Maga a los veintipico de años, con medias negras y zapatos colorados, fumando Gitanes y con el pelo despeinado. En 1963, en pleno furor de Rayuela, "todas las muchachas de la Facultad querían ser la Maga –recuerda Julio Ortega, editor de la edición crítica francesa de Rayuela y profesor de literatura de la Universidad de Brown–; y todos los hombres querían buscar su Maga, la fantasía masculina de la mujer enigmática que se relaciona con las fuerzas más intuitivas con una sabiduría inocente".

Hoy, los amigos de Aron siguen fascinados por ella y la describen como una extraña belleza, alta e imponente, de nariz aguileña, ojos brillantes que miran muy fijo y el pelo corto color azabache.

"Nadie me da mi edad, ¿sabe?", aclara con evidente coquetería y un dejo de acento alemán en su castellano bien porteño, y en el cual se le escapa cada tanto un macanudo.

"¿Qué me vio Cortázar? No sé, ¡yo era simplemente una chica buena y agradable!", aclara risueña.

Edith Aron nació en el Sarre, una región en el límite entre Francia y Alemania, "que de no haber sido lamentablemente anexada por los alemanes hoy sería un pequeño país independiente como Luxemburgo", explica.

De familia judía, poco antes de la Segunda Guerra Mundial emigró con sus padres a la Argentina, donde ya tenían parientes.

"Fui al Colegio Pestalozzi, a cuyos profesores les voy a estar por siempre agradecida. Me permitieron mantener una identidad alemana como la de ellos, profundamente distanciada de la política e ideología nazi."

En un barco de vuelta a Europa, en 1950 y con 23 años, conoció a Cortázar.

"Yo estaba en tercera clase, no pasaba nada demasiado interesante y, de pronto, vi a un muchacho tocar tangos en el piano. Una chica italiana con la que compartía la cabina me dijo que me miraba y que como era tan lindo, por qué no iba a invitarlo a nuestra mesa. Pero estábamos sentadas con gente muy rara, el mozo era muy viejo y no me animé."

Al poco tiempo, ya en París, entrando en una librería, Edith vio una cara conocida.

"Cortázar me reconoció también, e intercambiamos unas palabras. Nos volvimos a cruzar en el cine, viendo Juana de Arco. Luego, en los Jardines de Luxemburgo. El estaba muy influido por los surrealistas, que creían que las coincidencias eran algo importante, así que me invitó a tomar algo, me leyó un poemita y hablamos de amigos comunes en Buenos Aires."

"Y era tan natural cruzar la calle, subir los peldaños del puente, entrar en su delgada cintura y acercarme a la Maga que sonreía sin sorpresa, convencida como yo de que un encuentro casual era lo menos casual en nuestras vidas, y que la gente que se da citas precisas es la misma que necesita papel rayado para escribirse o que aprieta desde abajo el tubo de dentífrico."

(Rayuela, de Julio Cortázar, 1963)

Claro que no todo fueron encuentros casuales. "Cortázar trabajaba en una exportadora de libros en la esquina de mi casa en París, y venía a verme para almorzar. Era muy entretenido. Por ejemplo, me decía que le hiciera una ensalada azul. Yo no tenía idea de qué era eso. Entonces él tomaba cualquier ensalada y la llenaba de estampillas azules. Hacía todo el tiempo ese tipo de juegos, en los que yo nunca me sentí a la par. ¡Me acomplejaba porque él sabía tanto y yo sabía tan poco! No me decidí a irme a vivir con él justamente porque quería estudiar. Además, sabía que él admiraba mucho a Aurora Bernárdez, que estaba en Buenos Aires", confiesa con un susurro.

"Con mucha discreción", aclara, sus recuerdos ya fueron publicados en 1999 en un libro que escribió en alemán, Las casas falsas, y publicado por una editorial de Heidelberg.

–¿Usted estaba enamorada?




–No lo sabía. Cierta noche Cortázar me dijo que Aurora vendría a pasar fin de año a París, y me preguntó qué era más importante para mí, Navidad o Año Nuevo. No sé por qué le dije que Año Nuevo, que Navidad la iba a pasar con mi papá. Cuando nos volvimos a ver, él había pasado Navidad con Aurora y se había decidido por ella. Fue sólo al perderlo que me di cuenta de que lo quería.

–Pero usted ya estaba para siempre asociada a él por Rayuela. ¿Se siente identificada cuando lee el personaje de la Maga?

–El me escribió diciéndome que había basado su personaje en mí, y nos pasaban, es verdad, cosas espontáneas como las de la novela. También hay algunos episodios, como ese en el que encontramos un paraguas viejo en las calles de París y le damos una ceremonia de entierro, que ocurrieron más o menos como los cuenta. Pero la Maga es un personaje literario.

–¿Cortázar era tan buen mozo como se ve en las fotos?

–Bueno, de chico tuvo un problema en las glándulas que hacía que pasara el tiempo y se viera siempre igual, sus enemigos le decían Dorian Grey, como el personaje de Oscar Wilde, porque su aspecto nunca cambiaba. Tarde en la vida se hizo operar y sólo entonces, por ejemplo, le creció la barba. Me parece que le costó tanto tenerla que nunca más se la sacó. Por otra parte, no podía tener hijos. Tuvo otro tipo de hijos, los libros, pero no de los de carne y hueso, que son los que humanizan. Y él era demasiado intelectual. Incluso usaba anteojos de joven sin necesidad, hasta que Aurora lo convenció de que se los sacara…

–¿Sintió celos por Aurora?

–Nunca sentí celos por Aurora. Más adelante, ellos insistieron en que, de tanto en tanto, fuese a comer a su casa. Yo era la chica que había aprendido junto a él. Después de todo, eso era lo que más le gustaba hacer, por algo en la Argentina había sido maestro de escuela. Pero la primera vez reconozco que me levanté de la mesa, me encerré en el baño y lloré. Yo había estado sufriendo sin darme cuenta. Y sé que él estaba un poco preocupado. Con el éxito que le trajo Rayuela, sabía que un poco me usó. Y ganó.

"No necesito decirte quién es Edith, vos lo habrás adivinado hace mucho, ¿verdad? Entonces, ¿vos te imaginás Rayuela traducida por ella? (...) En Rayuela, te acordás, la Maga confundía a Tomás de Aquino con el otro Tomás. Eso ocurriría a cada línea..."

(Carta de Julio Cortázar a Paco Porrúa, extracto, 1964)



LA DECEPCIÓN

Edith Aron asegura que a pesar de no haber sido la elegida, siempre le guardó un enorme cariño a Cortázar. Hasta que cierto día le sacaron las traducciones que ella estaba haciendo de sus libros al alemán y, peor aún, se enteró de este fragmento de la carta del escritor a su legendario editor, Paco Porrúa.

"Me hizo muy mal profesionalmente. ¡Yo trabajé en el Instituto Goethe de Londres, en el Imperial College! Creo que Cortázar me confundió con el personaje. La realidad es que para entonces mi madre –a quien yo no veía desde hacía diez años– estaba gravemente enferma en Buenos Aires. Tuve que ir a cuidarla y me demoré en entregar las traducciones. Eran textos muy buenos, los hice ver por expertos. Cortázar estuvo muy mal en hacérmelos sacar. Luego se arrepintió, pero yo ya tenía una rabia infinita."

–¿Nunca más volvió a verlo?

–El decía que por el azar nos volveríamos a encontrar. Nos cruzamos en una Feria del Libro de Francfort. Y luego, un día en el metro londinense me lo encontré en el mismo vagón. Ya estaba con otra mujer, muy joven, llena de anillos de plata en los dedos, pero igual se sentó a mi lado y me preguntó de dónde venía. "De mi trabajo", le dije orgullosa. El me respondió: "¿No crees que este encuentro tiene algún sentido?" Y pidió que nos viésemos al día siguiente. Pero me había lastimado mucho, y yo ya no creía en la casualidad. Así que al llegar a la estación Picadilly le dije: "Me voy", y me bajé. Nunca imaginé que las próximas noticias que tendría de él serían las de su muerte, en 1984.

–¿Por qué no creía más en la casualidad?

–Una vez un rabino me dijo que ser judío es como una vacuna: funciona como defensa ante un momento crítico. Yo siempre fui muy liberal, nada religiosa, pero me parece que eso es verdad. Fíjese: yo acababa de leer a George Steiner respecto de una teoría del judaísmo que no acepta la coincidencia, y eso me sirvió para justificar no volver a verlo. Además, aparte de Cortázar yo tuve una vida muy linda. Soy la viuda de un artista inglés que trabajó un tiempito como corrector en el Buenos Aires Herald. Y tengo una hija, Joanna, que es cantante. Llegó a tener pasaporte argentino, que guardo con cariño. Como ella tenía dieciocho meses, le tomaron la foto y le hicieron estampar su dedito, aclarando, debajo: No firma aún. Es el último recuerdo que tengo del país, al que me encantaría volver, pero ya no puedo viajar mucho.

–Una última pregunta que me desvela. El personaje de la Maga andaba despeinado, cocinaba mal y fumaba Gitanes. ¿Y usted?

–No sé, creo que en una carta le escribí a Cortázar que estaba despeinada. Nunca fui una gran cocinera. Crecí en la Argentina, así que me sigo basando en el bife con ensalada. Y los Gitanes, bien fuertes, sí, me encantaban. Pero ahora, ¡sólo me dejan fumar Philip Morris Ultra Light!

Para saber más

www.literatura.org/Cortazar/Cortazar.html

TODAS QUERÍAN SER ELLA

"Todas querían ser la Maga." Julio Ortega es categórico. El coeditor de la versión crítica de Rayuela, publicada en París por la editorial Archivos, asegura que Cortázar jamás pudo prever la vehemencia que causaría en las mujeres. "Sus lectoras, las escritoras y críticas que se dedicaban a su obra parecían convocadas al modelo de musa benéfica –explica desde la Universidad de Brown, en Estados Unidos, donde es profesor de literatura hispana–. Su bovarismo (conversión de la realidad en literatura) resultaba peculiar: querían ser como la Maga, pero también hacer de Cortázar una suerte de Pigmalión capaz de descubrirlas y perpetuarlas." Ortega, que trabajó a partir de los manuscritos de Cortázar que hizo comprar a la Universidad de Texas, donde era profesor, recuerda: "En los años 60, las chicas se identificaban con la Maga. En esos años a los varones les daba reputación pasearse con El capital o En busca del tiempo perdido bajo el brazo. Para las mujeres, eso era Rayuela. Todo era fruto de la influencia del surrealismo: las chicas querían mostrar que, como la Maga, tenían un estado de disponibilidad para los milagros de lo casual".

DE PUÑO Y LETRA

París, 8 de marzo de 1978

Querida Edith:

Tu carta no agrega nada nuevo, por desgracia, a una situación sin salida. Hace mucho que he dejado de entender lo que pasa con las ediciones alemanas, y sólo sé que Wittkopf trabaja en una antología de mis cuentos y que Fries traduce Rayuela. No tengo (ni quiero tener) ningún contacto directo con editores, que son siempre una fuente de líos. Y yo ya tengo demasiados líos en estos tiempos.

Sé que el problema con vos no se resolverá a pesar de cualquier esfuerzo, y que Sularkamp (ilegible) es una gigantesca máquina que no cambia su conducta una vez que la ha decidido.

Lamento que una vez más vuelvas sobre ese tema tan penoso para vos y para mí, pero te comprendo de sobra; solamente que ya es tarde para cambiar las cosas, y creo que tu correspondencia con Wittkopf te lo prueba de sobra.

Por favor, no vuelvas sobre el pasado, porque ya nadie quiere entender cosas tan complicadas y que parecen sin salida. Si yo puedo ayudar en el presente ya sabes que lo haré, pero esa historia detallada que me cuentas en tu carta no sirve más que para amargarte y amargarme. Y créeme que en estos tiempos la amargura es mi comida cotidiana. Hago lo que puedo por la Argentina y Chile, estoy continuamente en viaje para ayudar la causa de esos pueblos, y el resultado es siempre igual: tristeza y amargura. Y si el presente es así, ¿cómo agregarle el pasado y volver atrás en busca de arreglos que ya nadie entiende?

Me gustaría recibir de vos otro tipo de cartas. Hay tanto de vivo y de bello en tu persona, hay tantas cosas mejores que esa vuelta atrás en que te obstinas.

Espero que Joanna esté bien. Para vos, un abrazo fuerte y el cariño de

Julio


Aurora Bernárdez y Julio Cortázar
EN LA VIDA REAL

"No soy para nada una señora inglesa", confiesa Edith Aron, y ofrece la prueba más que contundente: no le gusta la jardinería. "Las únicas plantas que tengo son dos del desierto, que justamente me trajo de regalo un amigo porque dijo que eran las únicas que me podrían sobrevivir."

A pesar de que el personaje de La Maga es considerado una figura antiintelectual, ella es una mujer muy culta cuyos programas de fin de semana suelen incluir visitas a las exposiciones de avanzada en el Instituto de Arquitectura Contemporánea de Londres o un pequeño viaje para llegar a la inauguración de muestras de amigos artistas en Berlín. Es escritora, y trabaja en las madrugadas, rodeada de un silencio absoluto. Tiene dos libros en alemán en su haber, El tiempo de las maletas y Las casas falsas, publicados por una editorial de Heidelberg. Este último es, según ella, "sutilmente autobiográfico".

"Quise incluir un par de cartas de Cortázar; le escribí a Aurora, para pedirle su autorización, y me hizo esperar como dos o tres meses, pero me la dio."

Cortázar estuvo casado dos veces después de su matrimonio con Aurora Bernárdez, pero fue a ella a quien Edith Aron le escribió la carta de condolencia cuando se enteró, leyendo el periódico alemán Die Zeit, de la muerte de Cortázar.

"Fue curioso porque ella me respondió que ambas éramos mujeres judías que habíamos sufrido mucho. Me pareció que lo decía para consolarme a mí y como un gesto de amabilidad, ¡pero ella no era judía!"

A Edith le gustan sobre todo los cuentos cortos y no se cansa de releer a Kafka, Borges y, por supuesto, Cortázar. .http://www.lanacion.com.ar/577957-edith-aron-la-maga-de-julio-cortazar

sábado, marzo 17

DAÑOS EN LA ESPALDA


Las mochilas cargadas de libros que llevan los niños al colegio son demasiado pesadas y les están causando daños en la espalda, advierte un estudio en España.



Se recomienda que una mochila
no supere 10% del peso corporal del niño.

Los investigadores de la Escuela de Medicina de la Universidad de Santiago de Compostela llevaron a cabo un estudio del peso de las mochilas de 1.403 niños y adolescentes de entre 12 y 17 años de 11 colegios en el norte del país (España).

Encontraron que muchas de las mochilas estaban "excesivamente cargadas" con un peso que excedía regularmente entre el 10 y 15% del peso corporal del niño.

Los científicos, que publican el estudio en Archives of Disease in Childhood (Archivos de Enfermedades Infantiles), encontraron un vínculo entre estas cargas excesivas y el riesgo de sufrir dolor de espalda u otros trastornos vinculados.
Y el problema, dicen, se ve exacerbado por el estilo de vida sedentario.
Tal como señalan los investigadores los niños no deben cargar en la espalda nada que supere el 10% de su peso corporal.

Riesgo para la columna


Para el estudio se tomaron mediciones de los participantes en dos ocasiones: una con abrigos y otros artículos, como teléfonos móviles, llaves, monedas, además de la mochila, como solían cargarla normalmente, y la segunda vez se les pesó sin la mochila.
Asimismo se midió la altura y se obtuvo información de los maestros sobre el estilo de vida de los niños, en particular sobre las actividades deportivas que hacían en el colegio, las actividades sedentarias en su casa y sus problemas de salud, incluidos trastornos de la columna o la presencia de dolor de espalda durante más de 15 días en el año previo.
Las mediciones mostraron que más de 61% de los alumnos cargaban mochilas que superaban el límite indicado y uno de cada cinco (18%) llevaban una mochila que pesaba 15% de su peso corporal.
Uno de cada cuatro alumnos (26%) se había quejado de dolor de espalda el año anterior, de los cuales 70% habían recibido un diagnóstico de escoliosis o curvatura de la columna, seguido de dolor de la espalda baja y contracciones musculares continuas e involuntarias.
Se observó que las niñas mostraron más riesgo de estos problemas que los niños y que el riesgo parecía incrementar con la edad.
Posteriormente los investigadores dividieron a los alumnos en cuatro grupos basados en el peso de sus mochilas.

Cargar menos y sobre los dos hombros
Se vio que el grupo de las mochilas más pesadas tuvo 50% más probabilidad de haber informado de dolor de espalda que el grupo de las mochilas más ligeras.
"Muchos niños transportan mochilas excesivamente cargadas, con excesos que no serían permitidos a los empleados en un lugar de trabajo", concluyen los autores.
"Estas cargas excesivas son dañinas para un cuerpo que está desarrollándose" agregan, e instan a los médicos y maestros a que asesoren a los padres y niños sobre los riesgos de llevar estas cargas todos los días de la semana.
Tal como señala Sean McDougal, de la organización Backcare, "un niño promedio en el Reino Unido carga de 15 a 20% de su peso corporal en su trayecto al colegio y de regreso".
"Los niños también tienen el hábito de cargar las mochilas sobre sólo un hombro".
El experto advierte que tanto los padres como los maestros deben vigilar que los niños y adolescentes carguen las mochilas sobre los dos hombros y que transporten al colegio sólo lo que necesitarán durante ese día.
http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2012/03/120316_riesgos_mochilas_pesadas_men.shtml

viernes, marzo 16

Ojalá



ojalá
interj ojalá [oxa´la] indica un deseo intenso de que algo suceda
¡Ojalá llueva!


Relajaita en la cama

en mi ventana la luna.

la noche de aguamarina,

agüita de hierbabuena.

mi rosa de Palestina,

llenas mi noche más llena,

Ay...ay,

mi sabanita de arena...

¡Ojalá, ojalá!

¡Ojalá que tú, que yo...!

¡Ojalá, ojalá!

¡Ojalá que tú, que yo..!

Abrazaita a tu foto

las veinticuatro del día...

Ay...ay,

mi corazón te desea...

¡Ojalá...

Mi sabanita de arena..

martes, marzo 13

Repetir hasta aprender


ODIO PENSAR que suceda. La falta de institucionalidad en el pasado hizo que todo lo bueno hecho por una administración terminara en cero. Odio pensar que la falta de visión de un trabajo planificado se tire por la borda. Es un momento muy delicado y es preciso sopesar friamente LO QUE CONVIENE AL PAÍS.

Suscribo este razonamiento del colega CÉSAR SÁNCHEZ BERAS.

DANILO MEDINA, PRIMER PRESIDENTE DEL PLD

"Aunque el título de esta nota parece una equivocación, tengo la convicción de que el Lic. Danilo Medina Sánchez, de ganar las elecciones generales del 2012, será el primer presidente del Partido de la Liberación Dominicana. El gran maestro Juan Bosch Gaviño, llegó a la presidencia de la republica, en hombros del Partido Revolucionario del cual era miembro fundador y todos sabemos, los acontecimientos que impidieron que ese proyecto de nación democrática y progresista tuviera éxito. 

El actual presidente de los dominicanos, el Dr. Leonel Fernández, aunque ganó la presidencia de la nación en la boleta morada, es un presidente de transición necesaria. Los desaciertos de los gobiernos del PRD, posteriores a la etapa de los doce años balagueristas, el retorno de Balaguer al poder en diferentes condiciones, habían socavado las bases frágiles que Juan Bosch había plantado en el primer ensayo democrático nuestro. 

Decimos un Presidente de Transición Necesaria, porque se necesitaba la creación de nuevas bases para el relanzamiento de nuestra nación, de cara a los nuevos tiempos. Leonel Fernández ha tenido una gestión con luces y sombras. Sus luces son de todos conocidas, pero sus sombras están supeditadas a gobernar un país con las características que él encontró. 

A la primera admistracion peledeista, le ha tocado organizar medianamente la batalla, preparar el terreno de la lucha, y delimitar quienes son los enemigos del progreso y como enfrentarlos. EL costo político de esta primera etapa, puede ser una espada de doble filo: Las buenas decisiones son obras colectivas de todos los sectores de la nación, pero los errores solo tienen un padre y es el poder ejecutivo que dirige la cosa pública. 

Aunque no desmeritamos la labor del actual presidente, somos de la opinión de que Leonel Fernández, fue el presidente necesario para la transición del pasado a la nueva forma de hacer política en RD. 

Leonel ha agotado su proceso como catalizador de las herramientas que tenemos para salir de la pobreza, pero sus condiciones de presidente en transición ya han finalizado y son en cierto modo ineficiente para los nuevos desafíos de la nación. 

La República Dominicana ha cambiado y necesita no solo de una persona que tenga la popularidad necesaria que le aporte los votos. Necesitamos de la gestión estadista de una persona que conozca los problemas que acogotan a los países pobres y que tenga las herramientas cognoscitivas necesarias para encarrilar el carro del progreso colectivo. 

Pero también se necesita de una persona con un compromiso moral con su país, con un compromiso personal con la historia y con una voluntad inquebrantable de restablecer los cánones civilistas de la honestidad del servidor público. 

Necesitamos de una persona con el coraje necesario para no dejarse enmarañar la senda, con ambiciones de grupos, de membresía partidistas, de acuerdos de aposentos o de impunidades deshonrosas. Necesitamos de un presidente que tenga el mismo nivel de compromiso para la administración pública como para la vida personal. 

No necesitamos un patriarca mesiánico. No necesitamos una vedette de turno para bailar al ritmo de las conveniencias. Necesitamos urgentemente de alguien que sepa que hacer, que tenga el valor de hacerlo y que todas sus acciones están delimitadas por el cumplimiento de la ley. Hemos tenido en la silla presidencial todos los especímenes políticos imaginables, pero hemos adolecido de la carencia de alguien que tenga un proyecto de nación fundamentado en el cumplimiento del deber y en la responsabilidad ciudadana, sin las ataduras de las circunstancias. Juan Bosch tenía esas condiciones, cuando fue elegido en 1963. 

Ahora ha llegado el turno de que un auténtico peledeista, como Danilo Medina Sánchez, después de la transición necesaria, asuma con entereza, el papel del Partido de la Liberación Dominicana, en nuestra historia política".

César Sánchez Beras es Doctor en Derecho, Premio Nacional de Poesía y Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil.

lunes, marzo 12

Macondo universal


© Fabián Corral B.

‘Cien años de soledad”, además de sus méritos literarios, tiene otro que singulariza al libro y explica su frescura después de cuarenta y cinco años. García Márquez expresó con maestría aquello de que la realidad latinoamericana, sus personajes y tradiciones, superan a la imaginación. De allí que la literatura haya quedado como la crónica de los absurdos, que deja a los novelistas la tarea de registrar lo que ocurre a la vuelta de la esquina, de contar lo que encierran los expedientes de la Colonia y República, de narrar guerras civiles, o de describir la vocación por la magia, que aún hoy es el hilo argumental de la política. Y, claro está, de contar las aventuras de los dictadores. La historia es la fuente principal de la literatura. Es, en sí misma, literatura, aunque a veces sea muy mala -de folletín y retórica-, con sus héroes, discursos y charreteras. Con sus íconos y sus mitos, sus santos y demonios. De todo eso nos alimentamos, y por eso, estas repúblicas son así: en ellas, la mitología y las utopías han desplazado a la realidad y han construido escenarios en que se representan, ante un público fervoroso y delirante, toda suerte de tragedias y comedias, con sus máscaras y sus ritos, sus víctimas y sus arlequines. La realidad derogó a la literatura. ¿Qué le queda a la imaginación en países donde un dictador como el mexicano Santa Anna enterró con solemnidad imperial a su pierna, perdida en batalla; donde revoluciones y golpes de Estado son la “piedra angular de la democracia”, la justicia y la “libertad”; donde, como en las novelas de Orwell, la libertad sirve para someterse a la esclavitud; donde caudillos, como Perón y Evita, son los santos eternos de una religión laica?

Gabriel García Márquez, en ‘Cien años de soledad’ y en ‘El Otoño del Patriarca’, capturó la magia de nuestro realismo. Evocó el aire de nuestras aldeas y los perfiles de su gente. Construyó, desde sus recuerdos de Aracataca, el Macondo universal que resume la índole de los latinoamericanos. La tradición quedó cuajada en la novela, como el silencio en los caserones donde vivió Aureliano Buendía, quien recordaría, muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el día en que le llevaron a conocer el hielo. La naturalidad con que lo sobrenatural hace parte de la vida cotidiana en los libros de García Márquez, esa ingeniosa forma de aludir a la realidad del continente: lo mágico y lo absurdo se mezclan con la pedestre realidad, a veces la reemplazan, a tal punto que es imposible distinguir lo uno de lo otro. Como en las novelas, por acá, las ideologías están penetradas por dogmas con fuerza religiosa, a los hechos se los enjuicia y condena por su “maldad”, y por eso, la política tiene perfiles inquisidores. García Márquez tuvo la rara genialidad de hacer de la utopía del Macondo imaginario, un referente concreto y real de nuestra siempre dolorosa soledad.

Me hago eco de: http://www.elcomercio.com/fabian_corral/Macondo-universal_0_661733904.html

miércoles, marzo 7

AVES DOMINICANAS

Barrancolí de Simon Bourgeois

http://kimballapps.comoj.com/Tutorias/Naturales/Biologia/AvesRD/
No se pierda el viaje a este bosque

La canción de Peronelle



Juan José Arreola

Desde su claro huerto de manzanos, Peronelle de Armentières dirigió al maestro Guillermo su primer rondel amoroso. Puso los versos en una cesta de frutas olorosas, y el mensaje cayó como un sol de primavera en la vida oscurecida del poeta.

Guillermo de Machaut había cumplido ya los sesenta años. Su cuerpo resentido de dolencias empezaba a inclinarse hacia la tierra. Uno de sus ojos se había apagado para siempre. Sólo de vez en cuando, al oír sus antiguos versos en boca de los jóvenes enamorados, se reanimaba su corazón. Pero al leer la canción de Peronelle volvió a ser joven, tomó su rabel, y aquella noche no hubo en la ciudad más gallardo cantor de serenatas.

Mordió la carne dura y fragante de las manzanas y pensó en la juventud de aquella que se las enviaba. Y su vejez retrocedió como sombra perseguida por un rayo de luz. Contestó con una carta extensa y ardiente, intercalada de poemas juveniles.

Peronelle recibió la respuesta y su corazón latió apresuradamente. Sólo pensó en aparecer una mañana, con traje de fiesta, ante los ojos del poeta que celebraba su belleza desconocida.

Pero tuvo que esperar hasta el otoño la feria de San Dionisio. Acompañada de una sirviente fiel, sus padres consintieron en dejarla ir en peregrinación hasta el santuario. Las cartas iban y venían, cada vez más inflamadas, colmando la espera.

En la primera garita del camino, el maestro aguardó a Peronelle, avergonzado de sus años y de su ojo sin luz. Con el corazón apretado de angustia, escribía versos y notas musicales para saludar su llegada.

Peronelle se acercó envuelta en el esplendor de sus dieciocho años, incapaz de ver la fealdad del hombre que la esperaba ansioso. Y la vieja sirviente no salía de su sorpresa, viendo cómo el maestro Guillermo y Peronelle pasaban las horas diciendo rondeles y baladas, oprimiéndose las manos, temblando como dos prometidos en la víspera de sus bodas.

A pesar del ardor de sus poemas, el maestro Guillermo supo amar a Peronelle con amor puro de anciano. Y ella vio pasar indiferente a los jóvenes que la alcanzaban en la ruta. Juntos visitaron las santas iglesias, y juntos se albergaron en las posadas del camino. La fiel servidora tendía sus mantas entre los dos lechos, y San Dionisio bendijo la pureza del idilio cuando los dos enamorados se arrodillaron, con las manos juntas, al pie de su altar.

Pero ya de vuelta, en una tarde resplandeciente y a punto de separarse, Peronelle otorgó al poeta su más grande favor. Con la boca fragante, besó amorosa los labios marchitos del maestro. Y Guillermo de Machaut llevó sobre su corazón, hasta la muerte, la dorada hoja de avellano que Peronelle puso de por medio entre su beso.

FIN
http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/arreola/la_cancion_de_peronelle.htm


Arreola

Juan José Arreola Zúñiga (Jalisco; 21 de septiembre de 1918 - Guadalajara, Jalisco; 3 de diciembre de 2001) fue un escritor, académico y editor mexicano.

http://cvc.cervantes.es/actcult/arreola/

http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/arreola/jja.htm

viernes, marzo 2

MATÍAS ÁVALOS y LUIS FELIPE BARRIO



HONESTIDAD, COMPROMISO Y BELLEZA. TRES COMPONENTES ESENCIALES DE LA LLAMADA «CANCIÓN DE AUTOR».

Matías Ávalos Luis Felipe Barrio

El pasado miércoles, 16 de noviembre, en el Concierto en Defensa de la Educación Pública, celebrado en Madrid, me encontré con Matías Ávalos y con Luis Felipe Barrio; hablamos un rato, y cuando les correspondió su actuación me metí en un rincón de la sala donde se estaba realizando el concierto para escucharles; confieso que en aquel momento, viéndoles allí, en el escenario, sentí una emoción muy intensa...; emoción por lo que cantan, por cómo lo hacen y, sobre todo, por lo que son, y por lo que han significado, y significan, para la "canción de autor". (Además, ellos también son poseedores de las dos G de las que hablábamos hace unos días refiriéndonos a Alfonso del Valle, es decir, son muy, pero que muy, "Güena Gente")

Matías y Luis Felipe son dos creadores con una trayectoria profesional intachable, de exquisita sensibilidad, solidarios siempre, comprometidos, incansables, humildes y grandes: grandes músicos y extraordinarios poetas populares.

Sí...: es cierto: me emocioné al escucharles cantar porque, al margen de lo mucho que me atraen y me gustan sus canciones –tanto las versiones que realizan, como sus temas propios–, sus presencias en un escenario son –desde mi punto de vista– todo un referente de lo que es, de lo que ha sido, y de lo que debería ser –en este momento, y en el futuro– la auténtica "canción de autor". Referente que ellos testimonian con tonos de humildad –sin mucha palabrería inútil– pero que, hoy por hoy, resulta imprescindible. 

Matías y Luis Felipe pertenecen a una generación de creadores extraordinaria, que, a finales de los noventa –la mayoría de ellos en torno a los discos "Cantautores. La nueva generación"– supo darle fundamentación y calidad –sobre todo musical– al género y al universo de los cantautores que, en aquel momento, atravesaba, en nuestro país, una profunda crisis de identidad. (Generación integrada, entre otros, por jóvenes compositores e intérpretes como Antonio de Pinto, Rafa Mora, Eva Chamizo, Moncho Otero, Andrés Sudón, Alfonso del Valle, Joaquín Calderón, Carlos Chaohén, Óscar Montilla, Fran Espinosa, Lola Sadoval, César Rodríguez, Quique González y, por supuesto Matías Luis Felipe).

Luis Felipe Barrio y Matías Ávalos

Al hilo de lo que acabo de escribir, y de lo mucho que admiro a esa generación de "cantautores" de finales de los noventa –en cierto sentido "maldita"–, he de decir que, a veces, me entristece tremendamente comprobar y pensar en la gran y lamentable ignorancia y desinterés que padecen muchos jóvenes creadores –felizmente no todos– respecto a la historia y a la evolución de la "canción de autor" en nuestro país.

Es frecuente que algunos de esos jóvenes compositores e intérpretes sólo se conozcan y se interesen por sí mismos, y por el grupo al que pertenecen –o con el que se sienten aliados–, pero no mucho más; algunos incluso reniegan del género de la "canción de autor" aunque en realidad estén enganchados  a sus planteamientos, certámenes y circuitos para lo que les interesa. Posicionamiento absolutamente incoherente que provoca que se vayan perdiendo señas de identidad culturales y colectivas de la "canción de autor" y que se genere una cierta confusión.

Hoy todo vale y todo se puede enganchar en el género de la "canción de autor", y, como consecuencia de ello, proliferan productos musicales light y descafeinados –a veces incluso premiados en cierto certámenes– que nada tienen que ver con las señas de identidad de dicho género, entre las que figura –desde el punto de vista ético-literario– lo que ha de ser un compromiso con la vida, con la realidad y con los valores sociales que configuran el verdadero concepto de "vida digna", entre ellos, hoy más que nunca, por ejemplo, los valores de la justicia, la igualdad, la ternura, la compasión, la solidaridad y, por supuesto, el amor en todas sus dimensiones, ese amor que, como diría Violeta, "se va enredando, enredando, como en el muro la hiedra".

Bueno, disculparme por haberme ido por otros derroteros, y permitidme ahora que vuelva sobre Matías Ávalos y Luis Felipe Barrio, a los que voy a dedicar éste, y el cuelgue de mañana.

En sus orígenes como creadores, Matías Luis Felipe iniciaron su andadura musical en solitario. De hecho en el disco "Cantautores. La nueva generación 2" (1998), cada uno participó individualmente con dos canciones. Por otra parte, antes de formar el dúo, ambos ya habían escrito varios libros de poemas, y  habían grabado su primer disco en solitario: Matías, el titulado "Manicomio" (1997), y Luis Felipe"Lo que la edad nos cura" (1997).

Primeros discos en solitario de Matías Ávalos y Luis Felipe Barrio.
Un buen día, Matías y Luis Felipe decidieron juntarse para formar un dúo, y tras un tiempo de rodaje, compartiendo aquella aventura, tomaron la decisión de grabar un disco en directo; obra que titularon "Rojo" (1999)que fue grabada en la Sala Libertad 8, y que –vuelvo a insistir– es una obra clave y de referencia en la historia de la "canción de autor" en nuestro país.


En este disco, compuesto de 17 temas, intervinieron, aparte de Matías Ávalos y Luis Felipe Barrio –cantando y tocando la guitarra–, C. Felipe Aguado –guitarras– Toni Jarillo –contrabajo–, Luis Lozano –teclados– y dos extraordinarias colaboraciones: la de Eliseo Parra –haciendo percusiones y voces– y la de Javier Ruibal que cantó, junto con Matías y Luis Felipe, su canción "Pasará".


Fotografía que aparece en el libreto del disco "Rojo"
de Luis Felipe Barrio y Matías Ávalo.


Entre las diecisiete canciones que componen este CD, nos encontramos con hermosísimos temas creados por Matías Luis Felipe y cinco versiones, o temas ajenos, sorprendentemente hermosos: "El invento", de Joan Baptista Humet –al que le rendiré un cariños homenaje el próximo día 30, aniversario de su muerte–;"Mediterráneo", de Joan Manuel Serrat"Por el azul de este mar" de Eliseo Parra;"Pasará", de Javier Ruibal"Sara en blanco y Negro", de Luis Medina; y una de las más bellas versiones que he escuchado del poema de Lorca"Verde que te quiero verde", con música de José Manuel Ortega Heredia "Manzanita".

En síntesis, un disco que merece recuperar, al que le siguió el titulado "¿Seattle?", del que hablaremos mañana.http://fernandolucini.blogspot.com/2011/11/matias-avalos-y-luis-felipe-barrio-i.html

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