martes, octubre 18

Sobre la UASD




Asediada desde varios flancos, la UASD trata de defender el derecho a una educación pública superior, sino gratuita, al menos de bajo costo. Muchos son sus enemigos, críticos, franqueadores y jueces. Desde distintos escenarios se suman las críticas a la que funge como la más vieja Universidad del Nuevo Mundo, fundada en 1538.

Sumergida en profundas limitaciones, la UASD requiere grandes transformaciones que le permitan ponerse en sintonía con los cambios y las exigencias de los tiempos modernos y la sociedad toda. Es evidente que la institución debe readecuar sus pensums y programas académicos a los nuevos tiempos sin afectar ni la calidad, ni la diversidad de saberes requeridos por un profesional competente. Pero igual grado de esfuerzo se necesita en la especialización de fondos para dedicarlos a la investigación y las publicaciones que son actividades consonas con su propia naturaleza.

A ello debemos agregar la eficiencia administrativa de su personal que muchas veces deja mucho que desear y por supuesto, la calidad de los profesores que su nómina posee, en muchos casos son de los mejores profesionales en sus áreas, pero debe cualificar cada vez más su personal docente. Eficiencia, austeridad, vocación de entrega y manejo transparente y severo de sus fondos, no es pecaminoso exigirle a una academia que por su propio compromiso social, se debe al pueblo y por tanto rendir cuentas es algo natural.

Sin embargo, no me sumo al coro de los denuestos y oprobios contra ella. Clientelismo es parte de su historia que debe ser corregida pero para ello deben salir los que la han maleado: los partidos políticos de izquierda, centro y derecha y los grupos que viven de su populismo interno.



Fiscalización, planificación y uso racional de los recursos es una petición que no debe causar ronchas, pero al mismo tiempo los que sobre ella lanzas dardos deben hacerlo por igual contra la nómina pública, la otra, la que maneja sin control el gobierno central. Cómo exigirle a éste y los demás gobiernos que hemos tenido, planificación que parece una palabra extranjera. Aquí no se planifica nada, no se es austero y por supuesto, a lo que nada nos cuesta, hagámosle fiesta y si alguien debe revisarse es el Estado dominicano, saqueado por el sector privado a tal punto que la CORDE recibe mas de un 50% del aparato productivo y la riqueza social del país a la muerte del sátrapa y hoy no queda nada que sirva y todo ello ha pasado por las manos del sector privado y la clase política.

La UASD debe revisarse, pero el Estado y los gobiernos que lo han administrado por igual. El despilfarro, la falta de austeridad, el clientelismo, el dispendio, la irracionalidad en el manejo del erario público es como parte de una cultura política que con la impunidad social y la ceguera ciudadana ha encontrado cobijo y se reproduce en instituciones que como la UASD, es un reflejo del conjunto. La UASD reproduce en pequeño la propia descomposición social, no está administrada por suecos sino por dominicanos.


Lo más grave es cuando el dardo viene desde quienes se formaron en ella, se comieron el moro de sus comedores – profesoral o estudiantil-, fueron empleados o hicieron que otros lo fueran, vivieron de sus sueldos y beneficios, medraron en su populismo, en su clientelismo y cuando les tocó gobernarlas, no hicieron por transformarlas, esos me duelen por que hoy como “profesionales de éxitos” no la necesitan y ya les hiede.

La ingratitud es el peor de los defectos humanos. La amenaza de su privatización se llevará a sus promotores, los arrastrará al estercolero histórico, por que la institución puede ser corregida, como el país salvado, pero hay que confiar en este vino, que es amargo, pero es el nuestro.-

¿Quién se ocupa de los poetas?



Bernardo Regino



Santo Domingo
CAISA

Francisco Bernardo Regino E. | perspectivaciudadana.com | 07-06-2010

Profesiones hay que cuidan sus miembros, otras, sin padrinos, lucen desamparadas. A políticos y chóferes los defienden partidos y sindicatos; los que reciben favores resguardan al político y los administradores del sindicato al chofer. Los poetas, no tienen protectores. Hay un país en el mundo, que se encuentra en el mismo trayecto del sol, donde el oficio de poeta es para desamparados. ¿Quién se ocupa del poeta, de su seguridad social, de su pensión y seguro médico?

El poeta no sirve para nada en la narcotizada y politizada sociedad dominicana de hoy. No tiene valor comercial, no otorga contratas, no produce nada tangible que pueda intercambiarse, nada que sea rentable, apetecible por las masas o codiciado por las minorías económicas, siempre en busca de oportunidades. Nada tiene que provoque furor ni envidia. Los poetas no construyen, no cavan, no hacen hoyos de los que sacan un metro de tierra que se convierte en veinte y se transportan y se cobran de nuevo para llenar otros huecos que hacen fortunas.

Los poetas son nada y de nada sirven; no tienen valor económico, no responden a ningún principio de utilidad: no tienen utilidad de forma, de lugar, de tiempo ni de posesión. Los poetas no agarran vueltas, no puede dársele la forma que quiere el que tiene poder –político o económico, es independiente, dueño de sí, no es dúctil ni maleable, no es manejable, no es reducible. Por eso no sirve como objeto de cambio. Los poetas no se colocan donde el otro quiere, no van a donde les dicen que vayan, no se mudan por interés, no están disponibles para decir lo que el otro quiere como quiera. Los poetas no responden a mandatos de premura del sistema –capitalista o socialista-, porque su tiempo es de ellos. Los poetas producen cuando les nace del espíritu, no cuando lo ordena el patrón. Los poetas no pueden poseerse, no pueden comprarse, no se venden, no se valoran en monedas corrientes. Los poetas no sirven para nada cuando la ambición ciega y mide el éxito sólo por el lucro, desdeñando la alegría sana del espíritu que desborda la materia.

Pero, las sociedades sin poetas se agostan, se corroen, se corrompen, se secan, se esfuman, se mueren. Tenemos que cuidar los poetas como profetas mayores y menores; a los del pasado y del presente, a nuestros cantores del alma, del sentimiento individual y colectivo. A Héctor J. Díaz y Federico Bermúdez; a Salomé Ureña y Pedro Mir; a Fabio Fiallo y Blas Jiménez; a todos los poetas de la familia, del barrio, del pueblo, del país, del mundo. Hay que ocuparse de los poetas leyendo sus poesías y dejándose morder el alma con la sensibilidad de sus versos; hay que dejarse ablandar el corazón duro y despertar la conciencia, a ver si dejamos de ser una sociedad tan indolente.
Hoy, tú y yo, deberíamos ocuparnos de algún poeta.

Una boca pálida, por Farah Hallal

Una mano sangrante se me funde en el pecho. La perfección del pétalo tiene este charco de sangre. Una  boca muere gozosa y poseída, ...