jueves, enero 20

LA HISTORIA TIENE OTRA HISTORIA

Jordi Masalles


Periferia
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La capital era chiquita

Por Frank Moya Pons

La ciudad de Santo Domingo marcha rápidamente hacia los tres millones de habitantes y se convierte ante nuestros ojos en una metrópoli semejante a las grandes capitales latinoamericanas.
Este gran crecimiento es un proceso de los últimos 50 años de este siglo. Antes de 1920 la capital era una ciudad pequeña que no lograba competir en servicios e industrias con Santiago y Puerto Plata. Estas dos ciudades eran más pequeñas, pero más variadas, como lo muestran los censos de entonces.
La capital empezó a crecer espacialmente en los últimos años del gobierno de Ulises Heureaux. Entonces la presión demográfica sobre el número de casas existentes en la "zona intramuros" forzó al gobierno a urbanizar los terrenos públicos ubicados en la llamada Sabana del Estado, al oeste de las murallas.
Así nació la "Ciudad Nueva", el primer barrio de casas de madera construido fuera de la antigua ciudad colonial que había permanecido dentro de las murallas por casi 400 años.
Entrando ya el siglo 20, la villa de San Carlos y la ciudad de Santo Domingo empezaron a fusionarse a medida que los vecinos construían nuevas viviendas a lo largo del camino que unía ambas poblaciones.
Por ello, en 1911 las autoridades del gobierno central extinguieron el municipio de San Carlos y fundieron este poblado con la ciudad de Santo Domingo, quedando esta población convertida en un barrio de la capital.
En aquellos mismos años comenzó a desarrollarse el "barrio extra-muros" de Villa Francisca, mientras del otro lado del río, al frente del antiguo muelle colonial, estaba la barriada de Villa Duarte unida a la capital por un puente de hierro construido durante el gobierno de Heureaux.
Todos estos vecindarios "urbanos", más su entorno suburbano de Gazcue, Güibia y San Gerónimo, sumaban apenas 26,812 habitantes en 1919.
Esta era toda la población de la capital. El resto de la gente de la "Común de Santo Domingo" estaba disperso en los campos, de los cuales estaban casi enteramente despoblados pues toda la población de la zona rural apenas sumaba 12,060 personas.
Casi ningún poblador de Santo Domingo recuerda hoy que en 1919 la zona colonial tenía 2,717 viviendas y una población de 13,346 personas, en tanto que Ciudad Nueva tenía 537 casas y 2,661 habitantes.
El barrio de San Carlos, más numeroso que Ciudad Nueva, alojaba a 4,681 personas en 962 residencias. Güibia y San Gerónimo, por su parte, tenían muy poca gente: 872 personas habitando en 162 viviendas dispersas.
El barrio popular de Villa Francisca contenía una población más numerosa compuesta por 3,793 personas, que era más de tres veces superior a la de Villa Duarte que tenía sólo 1,137 habitantes.
Como se ve, la población capitaleña era pequeña y hubiera crecido en forma relativamente lenta si no hubiera sido por la construcción de las tres carreteras principales del país a partir de 1917.
Con el tiempo, estas carreteras permitieron a la población de los pueblos y campos del interior mudarse a la capital, particularmente después que comenzó el desarrollo industrial del país a lo largo del eje espacial de Santo Domingo-Haina-San Cristóbal.
Antes de la construcción de las carreteras, y durante las dos primeras décadas del siglo, la inmigración extranjera resultó más decisiva que la inmigración rural-urbana para el crecimiento demográfico de la capital.
En 1919 había en la ciudad 916 residentes puertorriqueños, la mayoría de ellos llegados durante la ocupación militar norteamericana. También había 410 españoles, muchos de ellos catalanes.
Adicionalmente había 318 holandeses, 185 norteamericanos (aparte de las tropas de ocupación), 165 ingleses, 142 cubanos, 138 sirios, 131 franceses, 111 daneses, 90 haitianos, 65 italianos, 64 chinos, 16 palestinos y 15 alemanes.
Los demás extranjeros eran pocos: un turco, un peruano, un ruso, un suizo, un húngaro y un indostano, aparte de 8 colombianos, 7 mejicanos, 6 brasileños, 2 ecuatorianos y 2 panameños.
En total, el número de residentes extranjeros en la capital de la República en 1919 ascendía a 2,909 personas, lo que equivale a casi un 11 por ciento del total. Dicho de otra manera, una de cada nueve personas en la ciudad había llegado del extranjero.
Estos datos salen del "Censo de la Común de Santo Domingo" presentado al ayuntamiento de la Ciudad el 15 de mayo de 1919 por el entonces Director del Censo y Catastro Sr. José Ramón López.

Tomado de
Revista Rumbo
29 de Julio de 1996.
Santo Domingo, R.D.
Año III No. 130

Yo no otorgo premios, pero esta escritora me gana con su gracia

Copyrights © 2010 Clo Diahlems.

vueltas y revueltas de la realidad


Escribía a máquina de cara al pueblo, con las impresiones anaranjadas del ocaso que por lo general conseguían llegar hasta el otro lado de la casa. Pero no acababan de gustarle y aguardaba su desaparición con verdadera impaciencia. Las encontraba demasiado lentas, retrasando al viento nocturno debajo del tejado.

En ocasiones quedaba parada tras el cristal con un embotellamiento de imágenes asomado a su cabeza, oyendo a los problemas domésticos corretear por el desván. Parecía infectada por alguna enfermedad del mundo. Casi como lo fuera parpadear en el momento equivocado perdiendo lo bueno de la vida. Por ello montaba el ambiente insalubre de un sótano en la mente. Luego la precaución de cerrar la ventana de aspecto perfectamente normal para quedarse pegada a un montón de cuartos oscuros dentro del armario en sí misma. La noche le parecía más sensata. Las sombras eran un panorama en algo especial. Un mar tumultuoso y ella encantada en la orilla.

Mecanografiaba a toda prisa, hundiendo las teclas hasta el fondo. “El terror es blanco. El primer plano de un cadáver o algo demasiado quieto para estar vivo.” Continuó redactando, mientras las palabras goteaban en alargados manchones sobre la hoja. “La calma, en cambio, trae un camisón con encaje hecho a mi medida. Mi ayudante principal que camina con la pierna rota el continente entero para llegar a casa por las noches... Si no se tardara tanto.”

Eso fue todo. Parecía esperar una respuesta, pero la hoja no supo qué decir.

Ella ha conquistado lectores fijos que le hacen ECO. Yo me pregunto ¿qué puedo decirle aparte de que me gusta y de que sus palabras me hacen pensar? ¿Qué diferencia un comentario de otro? ¿Deberíamos razonar todo lo que leemos o simplemente dejarlo entrar como a amigos recién conocidos que pueden brindarnos la sorpresa de su sentir, de su diversidad? Unos párrafos y la conexión se expande. Una frase y el nudo se desata. Yo me quedo con esta: Por ello montaba el ambiente insalubre de un sótano en la mente. Porque resume y rezuma la maravilla de soltar la imaginación. Porque es el espíritu de LO QUE NO SE ME HA PERDIDO (¿qué buscas en esos mundos si lo tienes todo resuelto?). Porque hace mucho soñé que asesinaba a mi mejor amigo. Porque anoche soñé con un cisne y al despertarme el sol, mi habitación estaba llena de plumas blancas. LNG

La heroína del Barrio Chino

De cerca, muchos saben que ella y yo somos agua y aceite y sin embargo, dice el zodiaco chino que el tigre necesita al caballo y que se llevan bien. Lo cierto es que cuando me retratan a su lado parece que se me sale la babita y como yo privo de transparente, confieso que la amo. El temple que yo no tengo para bregar con ciertas cosas, lo tiene ella. Su tenacidad, su voluntad, su mente inquieta que no cesa de idear planes que se enlazan unos con otros y que mis ansias de serenidad me llevan a tratar de acallar... la gente reconoce en Rosa Ng a una gran mediadora que ha sabido equilibrar muchos intereses comenzando con el impulso de protagonismo de muchos. Ella se merece todo mi respeto por lo que ha hecho dentro de nuestra familia: insertar una mirada progresista, ágil para vencer los obstáculos de la pobreza, de las carencias y de las confusiones. La Mirada Horizontal de anoche es una coronita más en su carrera. Esta mujer, independientemente de que llevemos la misma sangre, construye de la nada y eso no es poco. Que Dios la bendiga para que siga de virtuosa en medio de nuestros profundos desniveles sociales como país.
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