jueves, septiembre 15

Patrimonios culturales y desagravios

La Pasión Cultural


Carlos Andujar 
Nota: El 18 de mayo del  2001 La Cofradía de los Congos del Espíritu Santo de Villa Mella fue declarada por la UNESCO "Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad". Precisamente quienes postularon dicha Cofradía antes la UNESCO fue un equipo del Museo del Hombre Dominicano, integrado por Carlos Andujar, José G. Guerrero, Juan Rodríguez, Carlos Hernández y Edys Sánchez. Dagoberto Tejeda aportó al equipo una biografía anexa de la Cofradía en cuestión. Los Guloyas de San Pedro de Macoris obtienen el mismo reconocimiento en el año 2005. Carlos Andujar es absolutamente coherente cuando escribe este artículo-protesta, sobre las dos instituciones nuestra que han recibido tan importante reconocimiento. Leamos, pues, los planteamiento de Andujar.

Nuestro país consta en estos momentos con dos patrimonios inmateriales: El complejo sociocultural de la Cofradía de los Congos del Espíritu Santo de Villa Mella y el Teatro Popular Danzante de los Gulotas de San Pedro de Macorís, además de la ciudad colonial de Santo Domingo, patrimonio monumental e histórico, entre otras potenciales manifestaciones culturales de gran significación social y cultural entre quienes convierten su practica en un motivo de vida, un referente identitario y recurso de la memoria social del grupo y por qué no, de la sociedad en su conjunto.

Desagravio al patrimonio viene del hecho que como país no hemos dimensionado la significación que tienen estos reconocimientos. Para muchos de nosotros es una manifestación de grupos afroamericanos sin ningún valor, para otros, es la expresión de grupos socialmente marginados, y por el contrario, otros consideran que en el país existen mas expresiones culturales de mayor impacto y para colmo, las instituciones oficiales no han prestado la debida atención material, institucional, de colaboración y divulgación a estos patrimonios, de tal manera que se siente por momento que el país no ha valorado la importancia de estas declaraciones de la UNESCO.

En estos momentos debió haber programas de visitas organizadas desde la escuela nacional, estudios concretos auspiciados por los profesores universitarios para sus estudiantes de manera continua, promociones turísticas destacando estos premios de la UNESCO. Pero igualmente el diseño de políticas estatales desde el Ministerio de Cultura, en procura de no solo difundir y proteger estos patrimonios, sino ayudar a sus principales portadores para que permitan traducir estos reconocimientos en una mejor calidad de vida de muchos de sus representantes, así como hacer una inversión en infraestructura que potencie el orgullo de pertenencia de sus miembros y la nación toda se empodere de estas manifestaciones de la cultura popular hoy parte del listado de patrimonios culturales universales.

Sin una coalición institucional que comprometa al Ministerio de Turismo, al de Cultura, Obras Públicas, Educación, el Gobierno Municipal y el sector privado, es poco lo que se puede lograr y mostrar como impacto social de estos patrimonios tanto hacia dentro del país, o como producto cultural turísticamente vendible, sin que ello distorsione su naturaleza.

 Sin embargo, más preocupante podría ser el estado actual en que estos patrimonios se desenvuelven no solo frente a las precariedades materiales, sino a programas de fortalecimiento, consolidación y protección de su acervo cultural y la necesaria obligatoriedad de articular las comunidades concernientes y las nuevas generaciones, con la necesidad de valorar el sentido emblemático, identitario y de soporte de la memoria social de los grupos concernientes. Tal vez en esta reflexión, lo más preocupante es el estado actual en que estos patrimonios se reproducen y sobreviven a las adversidades.

Ciertamente que antes de estos reconocimientos, ni les impactaba la propagada, ni el dinero, ni la publicidad, ni lo comercial, todo ello es válido, no obstante, la estrategia es salvar la tradición de la inercia y la desintegración, a contrapelo de las fuerzas centrífugas que les pueden influir hoy, en un escenario y en una realidad social distintas, para profundizar en los programas de colaboración, apoyo institucional y reconocimiento oficial de estos patrimonios.

Contribuir con su fortalecimiento, institucionalización, protección, colaboración, recursos, reconocimiento y respeto como patrimonio universal que son y además, como expresión de hechos culturales de significación para sus portadores y participantes, hace que se vean como un compromiso de los sectores, instituciones públicas y privadas, gobiernos municipales y gestores culturales, valorando que estas manifestaciones culturales son importantes, más que por el reconocimiento internacional, por su significación y validación social entre la gente que los hace suyo como parte de su identidad y de su cotidianidad.-

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