lunes, agosto 22

Como una segunda piel de tacto alucinante (a Martha Rivera)


Cuenta la leyenda que una vez se encontraban reunidos casi todos los poetas de esta media isla para realizar un anuncio de promoción de un congreso de poesía en el el Ministerio de Cultura. Se les había convocado con la solicitud de que vistieran de negro para crear un contraste con la imagen de fondo del anuncio de TV. El maestro Federico Jovine Bermúdez, distraído tras su larga barba gris, se apareció llevando una divertida camisa de cuadros rojos y negros para divertimento de todos los allí presentes, con la excepción de los productores del anuncio. Una de las poetas allí presente vestía un excéntrico blusón de terciopelo negro y ofreciose gustosa a prestarle su atuendo al poeta cuando le tocara su turno de ser filmado. Intercambiaron camisas por 10 minutos y cuál no sería el asombro de esa escritora, cuando apareció publicado en el número 43 de la la revista Vetas el hermoso texto que se transcribe a continuación, que inmortalizaría aquel momento como un homenaje a la amistad y a la admiración mutua entre dos poetas. (Gracias a la cortesía de Clodomiro Moquete por facilitarnos el poema).



Como una segunda piel de tacto alucinante

(Poema sin réditos

ni apetito corporal)


Oh Dios

yo tuve sobre mi cuerpo

la dulce camisa negra

conque Martha Rivera

cubre de tarde en tarde

la dulce anatomía con la

que todos soñamos alguna vez

desde el borde anhelante del deseo

Aquel tejido guardaba en el misterio

recuerdos de su cuerpo atesorados

en la tibia vahorada que emana

de la ardiente columna de su cuello


Oh Dios

cuán corta fue la dicha de llevar ceñida

como una segunda piel de tacto alucinante

la hermosa camisa conque Martha Rivera

hace frente a la vida desde su altiva estatura


Aún golpean los sentidos los profundos latidos

sobre mi basta piel incendiando las noches

en que sólo transito por absurdas regiones

desde donde admiro a una especie de vestal

rotunda y hermosa como Martha Rivera

suicidándose sobre un espejo azul

con esporas de adormecido aliento


Es el momento en que vuelvo a la vida

dejando olvidadas las dulces fantasías

de poseer algún día con la negra camisa

las misteriosas claves del erótico mundo

de los sueños de Martha Rivera.



(c) Federico Jovine Bermúdez

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