domingo, julio 31

HAZAÑA



















Un grupo de jóvenes chinos pero residentes en la República Dominicana, hizo recientemente un viaje de intercambio cultural hacia la gran nación asiática. De entre todos los grupos del mundo, este resaltó por sus características particulares. Fueron los únicos que se atrevieron a bailar con una coreografía propia y fueron los únicos que llegaron hasta la cima de la Gran Muralla donde, para orgullo del país, tatuaron en la roca milenaria el nombre de esta pequeña nación de las Antillas.
Espero que sea un hito para los visitantes de esta tierra o que amor por ella sienten, ir a tocar ese relieve cuando toque la oportunidad.
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viernes, julio 29

Más de 400 MIL NIÑOS fuera de las aulas

PRESUPUESTO
EN LOS ÚLTIMOS 5 AÑOS EL TOPE DE LA INVERSIÓN PÚBLICA EN EDUCACIÓN HA SIDO EL 2% DEL PRODUCTO INTERNO BRUTO
  • Estructura.-La Ley General de Educación establece que el sistema educativo dominicano comprende un nivel inicial, dos ciclos de educación básica y dos de media. El primer ciclo de básica cubre de primero a cuarto y el segundo de quinto a octavo. Todos los ciudadanos tienen derecho a nueve años de enseñaza obligatoria, o sea un año del nivel inicial y ocho del básico. Sin embargo, el nivel medio es gratuito, pero no obligatorio.
Bethania Apolinar
bethania.apolinar@listindiario.com
Santo Domingo
En el año 2010 el Gobierno central invirtió un promedio de RD$18,963 por alumno, monto que representa un aumento de RD$5,273 con relación al 2009, que fue de RD$13,690.
No obstante, en los últimos cinco años la inversión en educación no ha superado el 2.0% del Producto Interno Bruto (PIB), a pesar de que la Ley General de Educación 66-97 establece un 4%, y que numerosos grupos de la sociedad presionan para que el Gobierno cumpla con esta disposición.
El Presupuesto de Educación se distribuye en gastos directos en personal, programas de apoyo a la vulnerabilidad e inversión de capital.
En el 2010 la cartera educativa destinó RD$24,649 millones a gastos directos de personal, los cuales incluyen sueldos, regalía, contribuciones y pensiones.
Los fondos asignados al programa de apoyo a la vulnerabilidad incluyen RD$2,593,075,392 para desayuno escolar; RD$471,412,075 a libros de textos; RD$57,329,634 a materiales de computación y RD$180,319,148 a uniformes, mochilas y zapatos.
Los gastos en inversión de capital ascendieron a 4,781,579,986, distribuidos en RD$2,994,995,771 en construcciones, RD$686,493,547 en mobiliario escolar, y unos RD$1,100, 090,668 en mantenimiento (obras menores).
El Programa de Alimentación Escolar (PAE) conlleva una inversión diaria de más de RD$17 millones de pesos y llega a más de 1.5 millones de estudiantes de los niveles inicial y básica en todo el país.
El PAE lo conforman tres componentes diferentes: el Urbano Marginal, llega a casi 1.5 millones de estudiantes, y es a base de leche, jugo y pan; el Pae Real, que benefi cia a 78,729 escolares de 694 planteles educativos, y su menú es preparado con mangú con queso, salami, huevos, pan, harina de maíz y arroz con leche. El PAE Fronterizo tiene un menú especifi co para la zona, basado en arroz, harina de maíz, habichuela, sardina, leche, que prepara la comunidad.
Con este desayuno suplen al estudiante 565 kilocalorías y se benefi cian 47 mil 296 estudiantes de 487 centros docentes.
SueldosEl sueldo base por tanda de un maestro es de RD$7,802, tanto para los de básica como para los de secundaria, excepto el docente de la modalidad técnico profesional que recibe un salario de RD$10,254, equivalente a 30 octavos (octavo=$ 341,81).
Aparte del salario base, los docentes del sector público reciben incentivos por formación y años en servicio.
El maestro normal obtiene un 10% de su salario base por formación y 5% adicional si tiene de cinco a nueve años en servicio.
Los que son profesores perciben un 15% por formación, licenciados un 20%, los que tienen postgrado un 25%, un 30% por maestría y un 40% por doctorado. De 10 a 14 años en servicio los profesores obtienen un 10% de su sueldo y los licenciados con más de 15 años de labor un 15%.
CalidadLa calidad de la enseñanza sigue siendo el principal desafío de la educación pública para mejorar el aprendizaje.
El doctor Andreas Schleicher, consejero en Política Educativa de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), asegura que maestros bien califi cados es clave en el desarrollo de un sistema educativo y buen rendimiento de los estudiantes.
Dijo que en América Latina es un problema constante que a los estudiantes se les enseña contenidos que luego no saben utilizar de una manera creativa en la vida cotidiana.
Educación incrementó la carga horaria en los centros educativos de nivel medio con el interés de fortalecer la enseñanza del inglés.
En ese sentido, tiene en marcha un programa de capacitación a maestros para trabajar mejor la asignatura en las aulas y desarrolla un plan piloto que involucra a 65 mil alumnos. 
MAESTROS OBTIENEN BAJAS CALIFICACIONES
En los concursos de maestros del 2010, sólo el 31% de los docentes participantes alcanzó los desempeños mínimos para el sistema, de acuerdo a un comunicado publicado en espacio pagado por la viceministra de Educación que estuvo encargada de Desarrollo Curricular y Docente, Dinorah de Lima.
publicado en el Listín Diario

jueves, julio 28

Prem Baba: "Nos pasamos la vida forzando a otros a amarnos".

...
Es muy común acusar al otro de nuestra infelicidad. Nos pasamos la vida forzando a otros a amarnos, a que hagan las cosas a nuestra manera, y eso sólo genera más y más sufrimiento e infelicidad, porque actuamos a partir de esa defensa, y esto es lo que yo propongo que sea transformado.



Entrevista por Ima Sanchís



Usted ha tenido dos vidas. ¿Qué hacía en la primera?
Hasta el 2002 fui psicólogo. Observé que el ser humano está desesperado en busca de alivio, y comprendí que la psicología es sólo una parte del proceso, sola no puede sanar al ser humano.

Y salió a buscar...
Siempre fui un buscador. Ya de niño le preguntaba a mi madre: "Madre, ¿quién ha hecho el mundo?". "Fue Dios". "¿Y quién ha hecho a Dios?". "No pienses en eso o te volverás loco", me insistía.

No le hizo mucho caso.
No. Pase por muchas escuelas y maestros hasta que algo cambió dentro de mí.

Se convirtió en un maestro realizado, ¿qué es eso?
Cuando la búsqueda se termina, te sientes pleno y sabes quién eres. Antes quería agradar, ser alguien. Ahora me dedico a ayudar a la gente a hacer el tránsito del sufrimiento a la alegría sin ningún interés.

¿Qué es la alegría?
Contentamiento, ausencia de miedo, de sentimiento de carencia.

¿Y cómo se conquista?
Realizando un proceso de autotransformación. Estamos envueltos de capas de sufrimiento que se expresan como maldad y mezquindad. Hay que ir al fondo de uno mismo porque la alegría es una cualidad natural del ser, producto de la paz.

Dígame cómo sacudirme la maldad.
Lo primero es eliminar el juego de acusaciones, buscar en uno mismo las causas de las insatisfacciones y responsabilizarse de ellas.Hay que escuchar al yo interior porque esas capas tienen vida propia, cada una es un yo psicológico. Para ello propongo la meditación, la reflexión y la práctica del servicio desinteresado.

Pero la gente tiene hijos, hipotecas, trabajo (con suerte), y poco tiempo.
Una práctica que está al alcance de todos es poner en movimiento el amor disponible a través de actitudes generosas, compasivas, fraternales; hacer el bien no importa a quién. Y experimentará un milagro; se sorprenderá de cómo cambia su vida.

Pero somos simultáneamente generosos, egoístas, compasivos, crueles...
Hay que entender que el egoísmo y la crueldad los genera el sufrimiento, tomar conciencia de que las repeticiones negativas y destructivas de nuestra vida nacen dentro de nosotros, de esa parte nuestra comprometida con la destrucción.

¿Por qué?
Porque en algún momento de nuestra evolución nos hicimos daño, sufrimos el shock del abandono, la exclusión, el rechazo. Y nuestra manera de protegernos es a través del egoísmo, el orgullo, la vanidad... El ser humano genera su propia destrucción, y sólo podrá interrumpirla si toma conciencia.

...
Es muy común acusar al otro de nuestra infelicidad. Nos pasamos la vida forzando a otros a amarnos, a que hagan las cosas a nuestra manera, y eso sólo genera más y más sufrimiento e infelicidad, porque actuamos a partir de esa defensa, y esto es lo que yo propongo que sea transformado.

Casi nada.
Ja, ja...; es un gran desafío.

La vida trae problemas e infelicidad.
Son oportunidades. Cuando el problema se repite, hay que insistir en esa pregunta sabia. ¿Qué intenta enseñarme la vida que no consigo aprender?

La teoría nos la sabemos todos...
Yo soy la prueba de que es posible transformar la teoría en práctica.

¿Nos hacemos todos gurús?
En algún grado; por qué no, ja, ja, ja. Todos podemos iluminar el amor y el perdón.

Meditar no es garantía de nada. Está lleno de ombligos que meditan.
La meditación que más se practica es la que se focaliza en el vacío, pero hay una meditación activa, analítica, que nos permite identificar cómo saboteamos nuestra felicidad. Mire, hay preguntas fundamentales.

¿Cuáles?
¿Estás dando al mundo los regalos que has traído para dar?, ¿cómo está tu vida familiar, sexual, laboral...? Si existe insatisfacción en alguna de esas áreas, si intentas cambiar y no puedes, es porque hay algo dentro de ti que está deseando esa insatisfacción.

Somos nuestro peor enemigo, veo.
El ser humano es muy complicado. Atraemos aquello que más odiamos y tememos. El adulto guarda dentro de él heridas de su infancia, por eso repite, reedita su herida...

¿Cómo evitar esas heridas a nuestros hijos?
Debemos procurarles el máximo de amor consciente posible. Ver sus potenciales dormidos y darles fuerza para despertarlos. Pero les imponemos nuestro conocimiento invalidando su sabiduría innata porque nos creemos superiores. Ejercemos el poder. Les utilizamos para satisfacer nuestras carencias, proyectamos en ellos nuestro propio niño, mal integrado... Y la historia se repite.

Estamos llenos de buenas intenciones.
Ja, ja, ja... Pero la persona se dará cuenta de que no está siendo totalmente honesta a través del resultado que se refleja en su vida.

Usted es psicólogo, sabe que nuestra vida está controlada por el inconsciente.
Justamente lo que propongo es traer esos aspectos inconscientes a la conciencia a través de la autoinvestigación, el análisis y la meditación. Pero hay que tener coraje.



Psicoespiritualidad
Tiene un ashram en Sao Paulo y seguidores en todo el mundo; lógico ya que sus enseñanzas buscan guiar el tránsito del sufrimiento a la alegría combinando la espiritualidad y la psicología. Profesión a la que no ha renunciado: "El autoconocimiento es el abecé de la espiritualidad". Afirma que nuestras mezquindades y maldades, que en todos hay, son fruto de experiencias de dolor infantiles que reeditamos continuamente y traspasamos, sin consciencia, a nuestros hijos. "Es uno de los focos de mi trabajo: interrumpir esa enfermedad emocional, procurar herramientas a los niños, mediante la educación, para que vivan con consciencia". Ha dado una charla en La Casa del Tíbet de Barcelona.

lunes, julio 25

Lo dijo Mao Tse Tung


- "Todos los imperialistas son tigres de papel, parecen poderosos pero en realidad no lo son tanto, es el pueblo el que es realmente poderoso." 


- "Donde hay voluntad para condenar, las pruebas acaban apareciendo." 


- "Hay que luchar y seguir luchando aunque solo sea previsible la derrota." 


- "La acción no debe ser una reacción, si no una creación." 


- "¿Quienes son tu enemigos? ¿Quienes son tu amigos? Esta es la pregunta mas importante para la revolución." 


- "Vivir no consiste en respirar sino en obrar." 


- "Sin los campesinos pobres, no hay revolución. Negar su papel es negar la revolución. Atacarlos es atacar a la revolución." 


- "Fusilamientos. Éste castigo se reserva a los peores déspotas y shensi malvados y lo imponen los campesinos junto con otros sectores de la población." 


- "El desarrollo del movimiento campesino, tambalea en todas partes la autoridad religiosa." 


- "Los guardias armados, policías y alguaciles andan escondidos y no se atreven a ir a las aldeas a extorsionar." 


- "Una sola chispa puede incendiar la pradera." 

martes, julio 19

La viuda de Montiel (Gabriel García Márquez)

¿Por qué nos empeñamos en ver una realidad mutilada?
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Cuando murió don José Montiel todo el mundo se sintió vengado, menos su viuda; pero se necesitaron varias horas para que todo el mundo creyera que en verdad había muerto. Muchos lo seguían poniendo en duda después de ver el cadáver en cámara ardiente, embutido con almohadas y sábanas de lino dentro de una caja amarilla y abombada como un melón. Estaba muy bien afeitado, vestido de blanco y con botas de charol, y tenía tan buen semblante que nunca pareció tan vivo como entonces. Era el mismo don Chepe Montiel de los domingos, oyendo misa de ocho, sólo que en lugar de la fusta tenía un crucifijo entre las manos. Fue preciso que atornillaran la tapa del ataúd y que lo emparedaran en el aparatoso mausoleo familiar, para que el pueblo entero se convenciera de que no se estaba haciendo el muerto.

Después del entierro, lo único que a todos pareció increíble, menos a su viuda, fue que José Montiel hubiera muerto de muerte natural. Mientras todo el mundo esperaba que lo acribillaran por la espalda en una emboscada, su viuda estaba segura de verlo morir de viejo en su cama, confesado y sin agonía, como un santo moderno. Se equivocó apenas en algunos detalles. José Montiel murió en su hamaca, un miércoles a las dos de la tarde, a consecuencia de la rabieta que el médico le había prohibido. Pero su esposa esperaba también que todo el pueblo asistiera al entierro y que la casa fuera pequeña para recibir tantas flores. Sin embargo, sólo asistieron sus copartidarios y las congregaciones religiosas, y no se recibieron más coronas que las de la administración municipal. Su hijo —desde su puesto consular de Alemania— y sus dos hijas, desde París, mandaron telegramas de tres páginas. Se veía que los habían redactado de pie, con la tinta multitudinaria de la oficina de correos, y que habían roto muchos formularios antes de encontrar 20 dólares de palabras. Ninguno prometía regresar. Aquella noche, a los 62 años, mientras lloraba contra la almohada en que recostó la cabeza el hombre que la había hecho feliz, la viuda de Montiel conoció por primera vez el sabor de un resentimiento. "Me encerraré para siempre —pensaba—. Para mí, es como si me hubieran metido en el mismo cajón de José Montiel. No quiero saber nada más de este mundo." Era sincera.

Aquella mujer frágil, lacerada por la superstición, casada a los 20 años por voluntad de sus padres con el único pretendiente que le permitieron ver a menos de 10 metros de distancia, no había estado nunca en contacto directo con la realidad. Tres días después de que sacaron de la casa el cadáver de su marido, comprendió a través de las lágrimas que debía reaccionar, pero no pudo encontrar el rumbo de su nueva vida. Era necesario empezar por el principio.

Entre los innumerables secretos que José Montiel se había llevado a la tumba, se fue enredada la combinación de la caja fuerte. El alcalde se ocupó del problema. Hizo poner la caja en el patio, apoyada al paredón, y dos agentes de la policía dispararon sus fusiles contra la cerradura. Durante toda una mañana, la viuda oyó desde el dormitorio las descargas cerradas y sucesivas ordenadas a gritos por el alcalde. "Esto era lo último que faltaba —pensó—. Cinco años rogando a Dios que se acaben los tiros, y ahora tengo que agradecer que disparen dentro de mi casa." Aquel día hizo un esfuerzo de concentración, llamando a la muerte, pero nadie le respondió. Empezaba a dormirse cuando una tremenda explosión sacudió los cimientos de la casa. Habían tenido que dinamitar la caja fuerte.

La viuda de Montiel lanzó un suspiro. Octubre se eternizaba con sus lluvias pantanosas y ella se sentía perdida, navegando sin rumbo en la desordenada y fabulosa hacienda de José Montiel. El señor Carmichael, antiguo y diligente servidor de la familia, se había encargado de la administración. Cuando por fin se enfrentó al hecho concreto de que su marido había muerto, la viuda de Montiel salió del dormitorio para ocuparse de la casa. La despojó de todo ornamento, hizo forrar los muebles en colores luctuosos, y puso lazos fúnebres en los retratos del muerto que colgaban de las paredes. En dos meses de encierro había adquirido la costumbre de morderse las uñas. Un día - los ojos enrojecidos e hinchados de tanto llorarse dio cuenta de que el señor Carmichael entraba a la casa con el paraguas abierto.

—Cierre ese paraguas, señor Carmichael —le dijo—. Después de todas las gracias que tenemos, sólo nos faltaba que usted entrara a la casa con el paraguas abierto.

El señor Carmichael puso el paraguas en el rincón. Era un negro viejo, de piel lustrosa, vestido de blanco y con pequeñas aberturas hechas a navaja en los zapatos para aliviar la presión de los callos.

—Es sólo mientras se seca.

Por primera vez desde que murió su esposo, la viuda abrió la ventana.

—Tantas desgracias, y además este invierno —murmuró, mordiéndose las uñas—. Parece que no va a escampar nunca.

—No escampará ni hoy ni mañana —dijo el administrador—. Anoche no me dejaron dormir los callos.

Ella confiaba en las predicciones atmosféricas de los callos del señor Carmichael. Contempló la placita desolada, las casas silenciosas cuyas puertas no se abrieron para ver el entierro de José Montiel, y entonces se sintió desesperada con sus uñas, con sus tierras sin límites, y con los infinitos compromisos que heredó de su esposo y que nunca lograría comprender.

—El mundo está mal hecho —sollozó.

Quienes la visitaron por esos días tuvieron motivos para pensar que había perdido el juicio. Pero nunca fue más lúcida que entonces. Desde antes de que empezara la matanza política ella pasaba las lúgubres mañanas de octubre frente a la ventana de su cuarto, compadeciendo a los muertos y pensando que si Dios no hubiera descansado el domingo habría tenido tiempo de terminar el mundo.

—Ha debido aprovechar ese día para que no le quedaran tantas cosas mal hechas —decía—. Al fin y al cabo, le quedaba toda la eternidad para descansar.

La única diferencia, después de la muerte de su esposo, era que entonces tenía un motivo concreto para concebir pensamientos.

Así, mientras la viuda de Montiel se consumía en la desesperación, el señor Carmichael trataba de impedir el naufragio. Las cosas no marchaban bien. Libre de la amenaza de José Montiel, que monopolizaba el comercio local por el terror, el pueblo tomaba represalias. En espera de clientes que no llegaron, la leche se cortó en los cántaros amontonados en el patio, y se fermentó la miel en sus cueros, y el queso engordó gusanos en los oscuros armarios del depósito. En su mausoleo adornado con bombillas eléctricas y arcángeles en imitación de mármol, José Montiel pagaba seis años de asesinatos y tropelías. Nadie en la historia del país se había enriquecido tanto en tan poco tiempo. Cuando llegó al pueblo el primer alcalde de la dictadura, José Montiel era un discreto partidario de todos los regímenes, que se había pasado la mitad de la vida en calzoncillos sentado a la puerta de su piladora de arroz. En un tiempo disfrutó de una cierta reputación de afortunado y buen creyente, porque prometió en voz alta regalar al templo un san José de tamaño natural si se ganaba la lotería, y dos semanas después se ganó seis fracciones y cumplió su promesa. La primera vez que se le vio usar zapatos fue cuando llegó el nuevo alcalde, un sargento de la policía, zurdo y montaraz, que tenía órdenes expresas de liquidar la oposición. José Montiel empezó por ser su informador confidencial. Aquel comerciante modesto cuyo tranquilo humor de hombre gordo no despertaba la menor inquietud, discriminó a sus adversarios políticos en ricos y pobres. A los pobres los acribilló la policía en la plaza pública. A los ricos les dieron un plazo de 24 horas para abandonar el pueblo. Planificando la masacre, José Montiel se encerraba días enteros con el alcalde en su oficina sofocante, Mientras su esposa se compadecía de los muertos. Cuando el alcalde abandonaba la oficina, ella le cerraba el paso a su marido.

—Ese hombre es un criminal —le decía—. Aprovecha tus influencias en el gobierno para que se lleven a esa bestia que no va a dejar un ser humano en el pueblo.

Y José Montiel, tan atareado en esos días, la apartaba sin mirarla, diciendo: "No seas pendeja." En realidad, su negocio no era la muerte de los pobres sino la expulsión de los ricos. Después de que el alcalde les perforaba las puertas a tiros y les ponía el plazo para abandonar el pueblo, José Montiel les compraba sus tierras y ganados por un precio que él mismo se encargaba de fijar.

—No seas tonto —le decía su mujer—. Te arruinarás ayudándolos para que no se mueran de hambre en otra parte, y ellos no te lo agradecerán nunca.

Y José Montiel, que ya ni siquiera tenía tiempo de sonreír, la apartaba de su camino, diciendo:

—Vete para tu cocina y no me friegues tanto.

A ese ritmo, en menos de un año estaba liquidada la oposición, y José Montiel era el hombre más rico y poderoso del pueblo. Mandó a sus hijas para París, consiguió a su hijo un puesto consular en Alemania, y se dedicó a consolidar su imperio. Pero no alcanzó a disfrutar seis años de su desaforada riqueza.

Después de que se cumplió el primer aniversario de su muerte, la viuda no oyó crujir la escalera sino bajo el peso de una mala noticia. Alguien llegaba siempre al atardecer. "Otra vez los bandoleros - decían -. Ayer cargaron con un lote de 50 novillos." Inmóvil en el mecedor, mordiéndose las uñas, la viuda de Montiel sólo se alimentaba de su resentimiento.

—Yo te lo decía, José Montiel —decía, hablando sola—. Éste es un pueblo desagradecido. Aún estás caliente en tu tumba y ya todo el mundo nos volteó la espalda.

Nadie volvió a la casa. El único ser humano que vio en aquellos meses interminables en que no dejó de llover, fue el perseverante señor Carmichael, que nunca entró a la casa con el paraguas cerrado. Las cosas no marchaban mejor. El señor Carmichael había escrito varias cartas al hijo de José Montiel. Le sugería la conveniencia de que viniera a ponerse al frente de los negocios, y hasta se permitió hacer algunas consideraciones personales sobre la salud de la viuda. Siempre recibió respuestas evasivas. Por último, el hijo de José Montiel contestó francamente que no se atrevía a regresar por temor de que le dieran un tiro. Entonces el señor Carmichael subió al dormitorio de la viuda y se vio precisado a confesarle que se estaba quedando en la ruina.

—Mejor —dijo ella—. Estoy hasta la coronilla de quesos y de moscas. Si usted quiere, llévese lo que le haga falta y déjeme morir tranquila.

Su único contacto con el mundo, a partir de entonces, fueron las cartas que escribía a sus hijas a fines de cada mes. "Éste es un pueblo maldito —les decía—. Quédense allá para siempre y no se preocupen por mí. Yo soy feliz sabiendo que ustedes son felices." Sus hijas se turnaban para contestarle. Sus cartas eran siempre alegres, y se veía que habían sido escritas en lugares tibios y bien iluminados y que las muchachas se veían repetidas en muchos espejos cuando se detenían a pensar. Tampoco ellas querían volver. "Esto es la civilización —decían—. Allá, en cambio, no es un buen medio para nosotras. Es imposible vivir en un país tan salvaje donde asesinan a la gente por cuestiones políticas." Leyendo las cartas, la viuda de Montiel se sentía mejor y aprobaba cada frase con la cabeza.

En cierta ocasión, sus hijas le hablaron de los mercados de carne de París. Le decían que mataban unos cerdos rosados y los colgaban enteros en la puerta adornados con coronas y guirnaldas de flores. Al final, una letra diferente a la de sus hijas había agregado: "Imagínate, que el clavel más grande y más bonito se lo ponen al cerdo en el culo." Leyendo aquella frase, por primera vez en dos años, la viuda de Montiel sonrió. Subió a su dormitorio sin apagar las luces de la casa, y antes de acostarse volteó el ventilador eléctrico contra la pared. Después extrajo de la gaveta de la mesa de noche unas tijeras, un cilindro de esparadrapo y el rosario, y se vendó la uña del pulgar derecho, irritada por los mordiscos. Luego empezó a rezar, pero al segundo misterio cambió el rosario a la mano izquierda, pues no sentía las cuentas a través del esparadrapo. Por un momento oyó la trepidación de los truenos remotos. Luego se quedó dormida con la cabeza doblada en el pecho. La mano con el rosario rodó por su costado, y entonces vio a la Mamá Grande en el patio con una sábana blanca y un peine en el regazo, destripando piojos con los pulgares. Le preguntó:

—¿Cuándo me voy a morir?

La Mamá Grande levantó la cabeza.

—Cuando te empiece el cansancio del brazo.



Filmografía de Nelson Villagra Parte 4 from Nelson Villagra on Vimeo.

Una boca pálida, por Farah Hallal

Una mano sangrante se me funde en el pecho. La perfección del pétalo tiene este charco de sangre. Una  boca muere gozosa y poseída, ...