Con la serenidad de mis años

Mi amigo Luis Carvajal ha escrito unos versos preciosos en contra del estado actual de cosas. Me cuenta que cegado por la rabia al descubrir que los medios de comunicación, hasta el Internet, ocultan o no dan importancia a un bombardeo por allá por Libia y que gracias a que él habla ruso, lo ha visto. Ha visto los muertos, el horror de la guerra, los genocidios, las pobres víctimas... No verlo replicado ni en inglés ni en español ni en francés, comprender que las muertes de los bombardeados no significan nada para una parte del mundo, le ha dado mucho enojo y me ha leído los versos que a mí me han gustado mucho. El problema ha venido cuando los colgó en Facebook y los acompañó con una foto estremecedora. Yo no voy a colocar el poema en su blog para no censurar la elección de su imagen, pero tengo razones para no reproducirla. No intervengo en Facebook porque ¿para qué? Cada cual entiende lo que le da la gana. Lo que me queda claro es que desde que el mundo es mundo hay debates que van cambiando de ropaje. Como por ejemplo, cuando mi entorno izquierdista armó un escándalo por una canción que la puertorriqueña Nidia Caro llevó a un festival de aquellos tan famosos. Una canción que se explica sola y que los jóvenes fogosos acabaron en su momento, incluyendo a la pobre cantante ¡por cuántas cosas absurdas la gente se pelea! Era una canción de José Vélez, llamada "Hoy canto sólo por cantar", y decía:

“Estoy vacía, no siento nada
no tengo ganas ni de hablar
y estoy cantando
me da pereza abrir la boca
para decir lo mismo que dijeron tantos
que tonteria cantarle al mundo
pidiendo amor y que haya paz
en todas partes
si nadie escucha lo que decimos
lo que pedimos verso a verso los cantantes
por eso, hoy canto sólo por cantar
sin un motivo de preocupación
que los problemas son de cada cual
y cada cual ya tiene su canción,
hoy canto solamente por cantar
cantar aunque me duela el corazon
me da lo mismo el río que la mar
el norte, el sur, el frío o el calor...

Estoy vacia, no siento nada
no tengo ganas ni de hablar
y estoy cantando
me da pereza abrir la boca
para decir lo mismo que dijeron tantos
la gente quiere oir canciones
para olvidarse del dolor de nuestra tierra
de nada sirven las ilusiones
si una cancion jamas podra parar la guerra".

Y me recuerdo a mí misma hablando mal de los religiosos, de los pasivos, de los compasivos, de los sin partido, de los indiferentes, del propio Buda sentado en su actitud contemplativa, trabajando en sí mismo para lograr el nirvana... Y me miro hoy, sin aquel brillo de pasión en los ojos, sin ganas de mentirme ni de autoengañarme, más nihilista que Bazarov, más que Nietzsche, convencida de que la ambición del ser humano es el enemigo mortal, que cada hombre bueno que tenga poder optará por destrozar a su semejante si le dan a elegir entre salvar al otro y guardar sus intereses, y ergo, se convierte en malo; viendo a los padres que predican una cosa y hacen otra; confirmando los discursos de los políticos mentirosos; segura de que no puedo confiar ni en mí misma a la hora de ser buena, harta de los pequeños complejos, de los grandes complejos, de las conversaciones que más que desear empatizar con el otro buscan dominar al otro, presumir frente al otro... Admiro por un lado a Luis Carvajal y a Alina Cepeda que tienen todavía las ganas de luchar por un mundo que no vendrá jamás porque depende del consenso, de esa utopía que significa ponerse todos de acuerdo y sacrificarse, vencerse a sí mismos para lograr el bien común y eso, -lo ven mis maduros ojos-, no se da, porque el amor no nos alcanza.

A continuación el poema de Luis Carvajal, sin la fotografía del horror que aunque nos ha conmovido a todos, a la hora de decidir quitarle algo al hermano o atropellarlo, no tendrá ningún valor. La Tierra no puede colocar primaveras en las madrugadas, sólo las almas de los muertos se convierten en Cielo y a veces ¡cuánto anhelo que mi alma me abandone y vuele lejos!


DE NUEVO.


De nuevo,
desde el cielo
llueven siglos de historia
sobre la carne breve.

Los ojos aterrados de las novias
odian la primavera.
Reniegan de la luna
mientras salta en pedazos
su poquito de patria,
su voz, su anatomía.

En los libros sagrados
no se encuentran los salmos
que hacen crecer los muros,
que blindan las ciudades.
Los versos que contienen
La intención de un dios justo
Secuestrado y esclavo;
proyectado en los medios.

De un dios
que en las monedas sonríe como un tonto,
mientras muere la tierra.

Un dios de lentejuelas.
Borracho de petróleo.
Revendido en la bolsa
y sin sangre en las venas.

De nuevo
desde el cielo,
como antes de los mares,
llegan voces de trueno
y en nombre de los dioses
prometen nuevos cielos.

Abandonada y sola,
sin protección
ni espejos,
la tierra se apresura
a revivir sus huesos.
Ya cansada de muertes
se convierte en infierno,
Así espanta a los dioses.
Detiene el aguacero,
Y al ritmo de latidos
de un corazón gigante
desempolva al invierno,
borra jueces y dioses y aviones y mentiras,
Coloca primaveras en cada madrugada
y se convierte en cielo.

® Luis Carvajal.

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