Sus miradas sobre lo que miramos

A mi Yin que tira ojos con una máquina de fotos

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Lo que tus ojos ven

Sí, así me siento, reflexionando sobre mí misma con las
palabras como cristales cortados rasgando las carnes
por querer salir y yo inmóvil como un árbol que suspira
mansamente ante la tarde que transcurre y me abandona
con sus luces.
Resquebrajada, me reconstruyo luego de destrozarme.
Salgo y me miento en la dimensión del desconcierto y
regreso partida en cada segmento, en vertebras y en coyunturas...
Es de esperar que espere y tú me miras justo en el 
instante en que la vida parece venir con algo, pero...
¿qué? un nuevo amante, una nueva historia, un nuevo
cristal para espejearme sin transparentarme en la ilusión.

Ah, dulce niña de miradas dramáticas. Yo quería sólo darte la alegría y tú me disparas con tus flashes
Fue Blanca Nieves con los enanos lo que causó todo el estrago. Fue Barba Azul con sus prohibiciones.
Fue la Bella Durmiente con su destino aciago. Fueron Hansel y Gretel con sus dedos tísicos o la bruja hedionda que pretendía cebarlos como cerdos.

Tal vez El flautista de Hamelín, dejó las ratas y La bella y la bestia se divorciaron para seguir eternamente luchando por los bienes gananciales... Puede ser que Alí Babá y los cuarenta ladrones nunca llegaron a robarnos. Mejor si Aladino y la lámpara maravillosa no encontraron nunca una alfombra mágica y si El cuervo y la zorra comprendieron que a la zorra nunca le gustaron las uvas, o que Los tres cerditos construyeron una torre en la Sarasota a pesar del príncipe y el mendigo.

Yo sé que Simbad el marino no siguió a ninguna gaviota, ni que La gallina de los huevos de oro fue destazada en la mesa de Juan Sinmiedo la noche en que El diablo y sus añicos se robaron a Dos Hermanos con El duende de la tienda que descosía El traje nuevo del emperador.

Mira que mira que miras la noche en que El duendecillo y la mujer pronunciaron todos los nombres raros del mundo y El elfo del rosal se montó sobre El escarabajo y fueron a llevar Una hoja del cielo a El hombre de nieve que sucumbió ante La Sirenita.

Fue cuando te conté de Los músicos de Bremen que Rapunzel sonrió con esa boca perfumada a Caperucita Roja y El campesino y el diablo tropezaron con La oca de oro en un camino desolado donde El sastrecillo valiente le dijo que sí a Pulgarcito.

Empezaste a mirar torcido cuando El gato con botas dejó al Conde instalado y Las Hadas corrieron donde Riquete el del Copete con una Piel de asno.

¡Ay! ¿Cuándo fue vida mía, que ese cuento empezó a cambiar y tus miradas se volvieron duras, hechas de sangre, de otros fibrones, de cuágulos y tendones?

Yo que en La cigarra y la hormiga te hice cantar melodías que La gallina de los huevos de oro supo entonar. Yo que desde entonces, no he podido dejar de danzar con mis zapatos rojos y no puedo evitar que la historia termine con mis piernas mutiladas.

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