miércoles, diciembre 22

Ne te retourne pas ¡Chapeau, chapeau, chapó!


Monica Bellucci y Sophie Marceau


Marina de Van es la directora de esta película que me ha dejado clavada durante dos horas.  No pienso hacerle la competencia a Pepe Derteano que lo hace maravillosamente, pero me ha gustado la peli y lo pregono ¡qué buen rato pasé! Me ha encantado el manejo moderno del suspense y la elegancia de estas damas, la tenacidad del personaje en desentrañar su misterio y el final, mezcla de imaginación y realidad porque se trata de percepciones, de lo que es verdad para unos y suposiciones para otros. Y lo que me parece más interesante, porque ya lo he pregonado antes: nadie puede dar lo que no tiene dentro. Un buen artista, (un escritor lo es) no puede desatar la creación que conmueve si él mismo no es sincero y auténtico, si no se conoce a sí mismo.


EVOCACIÓN DEL RUIDO (de Pedro Mir 1913-2000)


Cada cabeza llevaba con soltura su pedazo de cielo
completamente propio, por la quebrada esquina.
Pasaban cielos claros y mocetones de cielo,
ligeramente solos, con un aire contiguo a la adolescencia.

Cada cabeza arrastraba su ámbito de cielo.
A veces, en la quebrada esquina,
perseguido de breves remolinos azules,
se detenía un cielo juvenil que apenas reposaba
como un beso sobre una piel secreta
oculta en una red de bucles dolorosos.
Probaba su equilibrio hecho de venas blandas
y músculos de rosa,
y seguía la ruta necesaria,
el breve sur que levemente mancha el este,
en la presente rosa de los vientos de verano.
O quizás desembocaba el último cielo
en la esquina quebrada,
con su nube final, su azul definitivo,
y seguía un rumbo ignorado por su dintel de sombras
permanecidas de intimidad encadenada.

Porque, eran muchas cabezas
y todas de sangre viva, de movimiento vivo,
y cada una entonces arrastraba su cielo...

Fue por aquel momento por donde vino el gran ruido.
Surgió de las sombras, del fondo de sus caminos
negros, del terrón escondido,
y emigró a los ladrillos bermellones,
llenó todo el día, repercutió
en el último rincón donde descansa el último
pensamiento, silenció toda boca,
designó un gran olvido que borré todo olvido;
y el odio y la esperanza,
y quedó palpitando, completamente solo
cayendo como un hongo ilimitado,
el último pensamiento cautivo de la nada,
cogido en su propia malla de cordones severos.

Después circuló la vida de repente
con nueva sangre y corazones nuevos.
Hizo un extraño día de grandes ojos celestes
y un cielo inmenso de tacto cristalino
se derramó en silencio por todas las cabezas...

Azul de un solo cielo.
Razón de un miedo antiguo.
Recuerdo haber querido un amor sin tropiezos.
El aire estaba limpio como llovidas hojas.
Nos dimos la misma mano,
medimos la distancia,
pasaron nuestras venas precipitadamente
en pos de un lejano poro.
Un tosco jirón de cielo tembló sobre tus rizos,
y en el fondo del alma nos sobrecogimos de miedo.
Un miedo interminable que rompía los cielos en fragmentos azules...

Una boca pálida, por Farah Hallal

Una mano sangrante se me funde en el pecho. La perfección del pétalo tiene este charco de sangre. Una  boca muere gozosa y poseída, ...