domingo, julio 25

IÑAKI ANASAGASTI

BEHATOKIA POR IÑAKI ANASAGASTI

Ni Franco, ni Hitler, ni Trujillo


BIEN ESTÁ HOMENAJEAR A LAS VÍCTIMAS DE ETA, PERO NO HE VISTO EN 30 AÑOS UN ACTO SEMEJANTE DEDICADO A LAS VÍCTIMAS DEL FRANQUISMO Y A UN EXILIO HOY OLVIDADO. LO HAN HECHO EN LA REPÚBLICA DOMINICANA. ES UNA PARTE DE NUESTRA IDENTIDAD QUE ES PRECISO RECUPERAR

POR IÑAKI ANASAGASTI, * SENADOR DE EAJ/PNV - http://www.deia.com/2010/07/11/opinion/tribuna-abierta/ni-franco-ni-hitler-ni-trujillo
http://www.ianasagasti.blogs.com/
EL domingo 27 de junio las Cortes Generales recordaron el 50º aniversario del asesinato de la niña Begoña Urroz, instaurando esa fecha como el del Día de las Víctimas. No fui. En primer lugar, no veo claro que ese fuera el primer asesinato de ETA y, en segundo lugar, en todas estas conmemoraciones siempre se hace abstracción de que a ETA la creó Franco y su régimen. Verle a Juan Carlos de Borbón haciendo llamamientos en favor de la paz con la capa de armiño puesta, sinceramente me indignó. Le recordé al lado de aquel criminal en la plaza de Oriente, aplaudiendo a aquel asesino que acababa de firmar cinco penas de muerte y me preguntaba qué hace este señor dando clases de democracia y valores humanos para ser posteriormente aplaudido allí por los presentes como un faro de luz. Toda una farsa. Bien está homenajear a las víctimas de ETA, tenuemente a las del GAL y a las del 11-M, pero no he visto en 30 años un acto semejante dedicado no sólo a las víctimas de un ejército sublevado contra la legalidad, sino a las víctimas de un franquismo que se ensañó con el perdedor y eso que éstos estaban "vencidos y desarmados". A Julián Besteiro, presidente de las Cortes constituyentes, le preguntaron en su juicio dónde estaba el oro de España. Respondió que en los cementerios, en las cárceles y en el exilio. En los cementerios y en la cunetas sin posibilidad de ser enterrados. En aquellas cárceles que eran ergástulas. Y en un exilio hoy olvidado.
El año pasado se cumplieron 70 años de la llegada de un contingente de unos tres mil exiliados a tierras dominicanas. Era su segundo exilio. El primero, a Francia; el segundo, a América. Y hubo otro exilio, el interior. Exiliado, dicen, es aquel que no puede volver a la casa donde jugó siendo niño. Y en 1939, tras una guerra feroz, se anunciaba otra y aquellos jóvenes eran carne de cañón para nuevos frentes o para diversos campos de concentración, entre ellos el de Gurs, cerca de Baiona.
En la República Dominicana reinaba un dictador sanguinario y tropical llamado Rafael Leónidas Trujillo, el Benefactor de la Patria Nueva. Y en esos momentos le interesaban los dólares de aquellos fletes, la imagen de que no estaba con el fascismo ante un Roosevelt que le veía con cierta desconfianza. Con la excusa de que necesitaba mano de obra blanca para trabajos agrícolas. abrió la mano para una serie de expediciones. El actual Santo Domingo, en su tiempo Ciudad Trujillo, de unos cien mil habitantes, se vio llena de republicanos de todo tipo: anarquistas, socialistas, comunistas, nacionalistas vascos y catalanes. En las pensiones y en los hoteluchos no cabía un alma y en la pequeña ciudad inventaron la modalidad de las tertulias en medio de ruidosas discusiones hasta que Trujillo cerró el grifo. Mi aita, junto con un centenar de nacionalistas vascos, fue uno de ellos. Habían salido de Burdeos dentro de un grupo negociado por el Gobierno vasco y, bajo los notas del Agur Jaunak y del himno vasco de los txistularis hermanos Oñatibia, habían dejado Europa viajando a una América de la que no sabían nada, formando parte de un convoy que debía sortear los peligros de la mar y de los submarinos alemanes en el inicio de la guerra. En Ciudad Trujillo les recibió Jesús de Galíndez, que era el secretario de una delegación al frente de la cual se encontraba Eusebio Irujo, hermano de D. Manuel. Galíndez les dio un consejo. "En el Caribe hay tiburones, pero aquí en tierra, hay otro mayor y más peligroso. Iros a Venezuela". Y a la semana se fueron en un carguero capitaneado por un viejo marino de Busturia.
Un buen día del año pasado me metí en Google buscando datos sobre esta efemérides y me encontré un buen trabajo de una profesora universitaria de historia, nieta de un alto funcionario republicano de Correos. Se llama Natalia González. Le consulté fichas y datos sobre la llegada del barco La Salle suministrándole yo fotografías y el relato del Dr. Aranguren, de Oñatibia, de Juan Martín Alegría, Pedro Aguirrezabal y de mi aita sobre aquel encuentro con el esplendor y la luminosidad del Caribe.

.El refugiado español residente en la República Dominicana, Sr. Luis Arambilet recibe de manos de la historiadora Natalia González un pergamino de reconocimiento. Observa Emilio Cordero Michel, Director de la Academia Dominicana de la Historia
Natalia, con una investigadora de la Identidad dominicana y el director del Archivo General de la Nación, hijo de republicano, a diferencia del socialismo español que ha abandonado el recuerdo de los suyos, decidieron tomarse en serio esta efemérides y organizaron una serie de jornadas, una recopilación oral de aquello, la edición de un vídeo, la muestra del legado de los artistas plásticos republicanos y la organización de un acto de homenaje a los sobrevivientes de aquella generación.
Para este acto contaron con la colaboración de Félix Martínez, un antiguo miembro del secretariado de Julio Anguita, que les asesora desde hace años. Y todos ellos decidieron impulsar aquel recuerdo y a tal efecto invitaron al presidente del Congreso y al del Senado, quienes como no era un acto en honor de las víctimas de ETA, declinaron la invitación, así como a Gaspar Llamazares, a Txiki Benegas al eurodiputado de IU, Willy Meyer; a Gaspar Zarrías y a mí. Llamazares y yo acudimos al Congreso y al Senado para que sólo nos pagaran el viaje, ya que la estancia corría a cargo de una entidad dominicana que se llama Comisión Permanente de Efemérides Patrias, que ojalá tuviéramos por aquí. El caso es que a cuenta del recorte de gastos, nos lo negaron. El chocolate del loro. Llamazares decidió no acudir, pero yo, en recuerdo de mi aita e indignado por tanta mezquindad, pagando mi pasaje, salí el miércoles pasado, para el acto del jueves y volver el viernes. Nunca en mi vida había cruzado el Atlántico, catorce mil kilómetros, para la celebración de un acto de dos horas. Pero lo hice a gusto.
El jueves 1, lo primero que hicimos fue acudir al Museo de Bellas Artes, donde se exponían cuadros, escorzos, esculturas, caricaturas y dibujos de una pléyade de artistas republicanos que deslumbrados por aquella luminosidad crearon escuela. Desde Vela Zanetti con sus murales indígenas a Antonio Prats y Ventós, pasando por la escultura de un maraquero de Antonio Pascual, la muestra nos entusiasmó. Aquella gente no era la mano de obra barata que Trujillo quería para sus fundos, sino artistas de una categoría suficiente para crear escuela y servir de revulsivo en un país sojuzgado y dormido.
Del deslumbramiento que sintieron al alumbramiento artístico que dejaron. Quedamos en trabajar para traerla a la Casa de América. No tengo mucha esperanza.

De allí nos fuimos al Parque Independencia, frente a una estatua de Francisco Caamaño, el militar sublevado ante la invasión norteamericana, donde en paneles fotográficos muy logrados se hablaba de las mil facetas de la llegada de aquel contingente humano. En uno de los paneles aparecía nuestro Jesús de Galíndez, en plena recuperación como figura nacional dominicana, ya que su tesis La Era de Trujillo y su posterior secuestro y asesinato, es parte ya de la historia de la isla, la antigua Quisqueya. En este contexto, los propios dominicanos acaban de editar un libro con trabajos, artículos y reflexiones de aquel alavés universal. Aquí ni nos habíamos enterado.
Y por la noche, con la pachorra caribeña, pero con un protocolo vaticano, en el Palacio Nacional, con el presidente Leonel Fernández, todo su gobierno, exiliados y sus familiares y a salón lleno, tuvo lugar la clausura de todos estos trabajos. Y hablamos todos. Hasta yo. Les recordé cómo acababa de fallecer en París Elene de la Souchere, escritora del libro Crimen en Santo Domingosobre Galíndez y les recordé cómo mi aita, un joven del PNV, había tocado su bella ciudad en diciembre de 1939 y, bajo la presidencia de Juan Bosch, se había entrevistado con él para solicitarle la reivindicación de Galíndez, al que después de su asesinato el régimen trujillista había difamado. Luego cenamos con el presidente Leonel Fernández extrañándome lo impuesto que está de toda esta historia. En su discurso había dejado muy claro que era una indecencia lo que están haciendo algunos, equiparar a los sublevados con los defensores de la legalidad republicana, que se está tratando de imponer como verdad ante la pasividad de los herederos socialistas de aquellos vejámenes.
Los dominicanos han hecho un magnífico trabajo. Nietos de los vencidos son los motores de esta recuperación histórica. En España no se ha hecho nada. Todo el guión lo ocupa ETA. Y en Euzkadi, salvo los trabajos de Pedro Basaldua, Alberto Elosegui, Elene de la Souchere e Iñaki Bernardo, han faltado reflejos para acordarse de aquel exilio de forma seria y con solvencia histórica. Nos la pasamos hablando de identidad y a esta parte de nuestra identidad ni le hacemos caso. Ojalá en breve un nuevo gobierno del PNV cree esta Comisión Permanente de Efemérides Patrias y además de las víctimas de ETA se acuerde de las del GAL, de las de Franco y las del exilio, porque si estamos esperando a que el PSOE y el PSE hagan algo, podemos ir a Punta Cana a tomarnos una cervecita bajo una palmera.

Una boca pálida, por Farah Hallal

Una mano sangrante se me funde en el pecho. La perfección del pétalo tiene este charco de sangre. Una  boca muere gozosa y poseída, ...