viernes, julio 9

Gracias José Rafael

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OPINIÓN
La literatura dominicana merece respeto

Por Franklin Gutiérrez
El autor es escritor
Lo primero a tomar en consideración es que los textos de esa obra no son semblanzas literarias. Una semblanza es un bosquejo biográfico orientado a destacar los aspectos físicos y morales, así como las contribuciones de una persona a determinadas áreas del conocimiento.


Potada del diccionario escrito por Franklin Gutiérrez.
Potada del diccionario escrito por Franklin Gutiérrez. ( Fuente Externa )
NUEVA YORK, 29 DE JUNIO 2010.-Tal vez por mi condición de autor de tres de los pocos diccionarios que existen en la República Dominicana dedicados a las letras: Diccionario de la literatura dominicana: biobibliográfico y terminológico, Evas terrenales: biobibliogrías de 150 autoras dominicanas y 33 historiadores dominicanos, no sea yo la persona más indicada para emitir estas opiniones pues podrían interpretarse como un comportamiento ajeno a la ética profesional. Pero como en nuestro medio intelectual es común que el silencio y la indiferencia sepulten los múltiples atropellos que comenten muchos desinformados o mal intencionados en contra de nuestra cultura y literatura, asumo este rol con hidalguía, porque la literatura dominicana merece más respeto.

Este reclamo surge a propósito de la aparición del más reciente libro del escritor cubano, residente en los Estados Unidos, Carlos X. Ardavín Trabanco, profesor de literatura y cultura españolas de la Universidad Trinity, en Texas. El Sr. Ardavín tiene una columna en el periódico Listín Diario titulada "Escritores dominicanos" donde publica desde hace varios año notas laudatorias sobre los escritores dominicanos que, a su juicio, merecen ser abordados por su pluma. De esas semblanzas, como él las denomina, que van desde Juan Pablo Duarte hasta Rosa Silverio, ha escogido 66 y las ha publicado en un pequeño volumen de 156 páginas titulado Diccionario personal de la literatura dominicana.

Lo primero a tomar en consideración es que los textos de esa obra no son semblanzas literarias. Una semblanza es un bosquejo biográfico orientado a destacar los aspectos físicos y morales, así como las contribuciones de una persona a determinadas áreas del conocimiento. El Diccionario personal de la literatura dominicana apenas está armado con notas escuetas, ingenuas y complacientes, cuya extensión oscilan entre 250 y 300 palabras cada una. En ellas Ardavín, asumiéndose como protagonista, narra los lugares y las circunstancias en que conoció a muchos de los personajes que aborda, pero sin ningún tipo de reflexión filosófica ni análisis crítico sobre la producción literaria de esos autores. Incluso, varias veces confiesa no recordar cuándo o dónde tuvo el primer encuentro con algunos de ellos.

Exceptuando a Dionisio de Jesús, calificado por Ardavín como un borrachón incorregible; al patricio Juan Pablo Duarte, definido como "Un magno perdedor que opta por el silencio y prefiere perderse entre las calles de la urbe ruidosa e indiferente que es el Santo Domingo de principios del siglo XXI" y Max Henríquez Ureña, a quien le reprocha haber servido como diplomático en el gobierno de Trujillo, los otros 63 escritores compilados son seres humanos perfectos e intachables, escritores excelsos, voces encumbradas del parnaso nacional, Hasta Joaquín Balaguer y Ramón Font Bernard son, para la pluma generosa de Ardavín, figuras ilustres de la literatura y la cultura dominicana de "avanzada".

En segundo lugar, es una osadía mayor calificar como diccionario un libro de esa naturaleza. Un diccionario es una obra didáctica y de consulta, debidamente documentada y ajustada a unos criterios organizativos y metodológicos específicos. Elaborar un diccionario es una tarea titánica, y para especialistas, que requiere un buen equipo de trabajo, muchos años de investigación y vastos conocimientos de la materia tratada en el mismo. Además, ¿a quién se le ocurre ponerle antojadizamente títulos como: Diccionario de la literatura dominicana, Historia de la cultura dominicana, Historia del arte dominicano, etc. a una obra que dista mucho de ser tal cosa?

Es una indelicadeza mayor usurpar títulos que deben ser reservados para obras fundamentales de la historia, la literatura y la cultura de una nación. La literatura dominicana quedaría muy mal parada si alguien se apoyara en obras de semejantes texturas para enjuiciarla o para ofertarla en el extranjero. Incluso pienso que algunos de los escritores que componen el volumen deben sentirse descontextualizados y caricaturizados, como el caso de León Félix Batista señalado como exponente de "La poética del pensar", corriente de la que él está muy lejos. Por fiasco como éste la literatura dominicana ha sido tradicionalmente excluida de los grandes escenarios mundiales. Y no debemos continuar siendo cómplices de ese tipo de desacierto.

Recordemos que en la década de los 70 Alberto Baeza Flores (1914-1998), un poeta chileno de versos turbios y aspirante a investigador literario, publicó, con el auspicio de la Universidad Católica Madre y Maestra, dos volúmenes de más de seiscientas páginas cada uno dedicados a la poesía dominicana contemporánea. Posteriormente, a principio de los 80, la Biblioteca Nacional de República Dominicana le patrocinó dos volúmenes más sobre el mismo tema y de extensión similar. Cualquier conocedor de la poesía dominicana del siglo XX que haya transitado por el contenido de esas cuatro obras sabe que, luego de eliminar centenares de imprecisiones, millares de ripios e incontables repeticiones que contienen las mismas, esas más de dos mil páginas pueden reducirse a menos de una cuarta parte del total. Para desgracia nuestra, esos mamotretos llegaron hasta los lugares donde Baeza Flores vivió o frecuentó (Cuba, Chile, El Salvador, Miami) siendo utilizados por muchos historiadores literarios latinoamericanos como fuentes genuinas para el estudio de nuestra poesía contemporánea.

No dudo que la intención de Ardavín y de otros extranjeros identificados con la literatura dominicana sea buena. Bienvenidos sean todos los que apuestan al crecimiento de nuestra cultura, pero deben tener más sentido común y enrumbar sus esfuerzos y sacrificios por senderos más adecuados. No creo que debemos pagar a tan alto costo el favor que, según algunos escritores locales de sentimientos nobles, nos hacen algunos estudiosos extranjeros de tomar en cuenta nuestra producción nacional.

New York, junio 2009
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Imágenes de Enrique Eusebio: Inventos del instante / Instantes rotos

Por Odalís G. Pérez


Escritura confluyente. Cuerpo de lenguaje. Palabra que recobra intuiciones y sobre todo vértices, vocalidades, vórtices y vertientes de un poema asumido como línea y tiempo en base de-y-al-sentido. La conversión de unidades en eso que hoy la tardomodernidad exhibe como texto polimodal, como estrategia para garantizar el sentido o el sinsentido de un estar dentro-y-fuera-del texto, nos lleva a comprender la visión del poeta en sus estados de mundo. Pero Enrique Eusebio ya lleva años en el quehacer. Sabe muy bien que en poesía, lo que abunda daña; que más que abultar hay que tachar, materializar el sentido en la síntesis de la forma poética.
Conocedor de esa poesía latinoamericana de vanguardia y postvanguardia, de poetas fundadores, conocidos y desconocidos; situados o no, reconoce nuestro poeta que hacer poesía no significa solamente burlarse del sentido, sino abrirlo a los tiempos de creación, rebelión y experiencia textual.
Desde la década de los 70, el poeta, narrador y ensayista Enrique Eusebio practica el sentido polimodal y polivocal del grafismo poético, la grafosemia y la polisemia en la construcción del significado y la significación poética. Se trata de un nivel o un grado de interés-plural por el lenguaje poético. El hecho de agotar unidades de significación implica para su práctica poético-verbal un encuentro con la consciencia, o “su” consciencia de escritor.
La transparencia de su expresión verbal estetizada se debe a la experiencia de laboratorio verbal, indicadora de sinsignos, índices, cualisignos, íconos e interpretantes que se organizan por confluencia en la trama de superficie y profundidad del poema. Las emisiones estetizadas y polisemantizadas en el cuerpo “decible” del poema se conforma como figura, modelo perceptual y textura íconoverbal que asegura, a pesar de la resistencia, su mundo posible de la poesía.
“Inventos del instante / Instantes rotos”, es un texto constituido por textos experienciales, donde el autor agrupa en 100 páginas lo que ha sido un espacio de enunciación y subversión poéticas. Lo que es esta Separata 2010, revela una travesía, donde la transparencia de la textualidad poética unifica el tramado y el movimiento hacia la ruptura del orden y el orden-de-en-la-ruptura.
Justo donde la poesía entra en la tradición moderna, el poeta se reconoce como apocalíptico de la forma y la sustancia, dos instancias donde el sentido se extiende, se arroja, se pronuncia en cada espesor de esta Separata 2010. Y es que el poeta ofrece un muestrario que habla y “se habla” en la perspectiva de una mediación melancólica, simbólica, diríamos polifónica en el sentido intertextual y metatextual.
Diríase que “Desde la presencia del mar, hasta el centro de la vida” (1973), “Consignas y Subversiones” (1980), hasta su “Ruletario” (1982) y los “Inventos del instantes / Instantes rotos” (1990, y ahora Separata 2010), la travesía poética de Enrique Eusebio se estima en un movimiento poético que hace repensar el canon poético dominicano en cuanto a las décadas de los 70, los 80 y los 90, siendo así que la productividad  poético-verbal se reafirma en lo que el lenguaje motiva, sanciona, entona, polivocaliza y monovocaliza en la extructura de superficie y profundidad del poema.
En efecto, a nuestro autor le sucede lo mismo que a Raymond Roussel en Locus Solus (Eds. Interzonas, 2003):
“tras haber apoyado el dedo sobre la cifra siguiente a la palabra tachada, hojeó la obra por el comienzo como si buscara una página en particular” (p. 108).
De hecho, lo particular y su expansión en las redes y matrices, vale decir, en las relaciones y núcleos calificadores del sentido propiamente poético, produce necesariamente la alteridad, el fantasmaton que en ningún caso niega lo que en “Mecanógrafo de Acta de Difuntos” se reescribe como visión, clinamen, nexo o articulación del lenguaje-lengua-la lengua en los bordes y centros de la textualidad marcada por la gramática profunda de la subjetividad. Así:
“Esta página es una sed en la memoria
abierta y dispuesta los signos entrelazándose
Mientras cae la lluvia mintiéndose sus propios trazos
gota a gota( …)”
 “El ojo que nace e hiende, el olfato crece.
Palabras en telares finos y caliginosos(…)”.
“Los teclas deliran ante la muerte de formol
…como mantas rayadas;(…)
sin patria ni domicilio conocido (…)”. (Op. cit., p. 64).
Los núcleos poéticos citados se expresan como tonos y propósitos, justifican la transmisión, el paso hacia “Consignas y sub-versiones” donde “Escritura entre letras” es un procedimiento de intercalación  de palabras y con rejuego, alternando el valor de los signos en oposición, de significaciones, cuya meta es la supresión progresiva, previa reescritura reversible, de núcleos léxicos. Se pretende demostrar el proceso escritural desde su inicio, palabras generadoras, las que sometidas a reglas son reescritas, hasta su disolución o ausencia. (Op. cit., p.100).
La poética del “insurgimiento” se revela en versiones de un texto=textualidades en reposo y movimiento, en surgencias e insurgencias, singularidades, inflexiones y transiciones nucleares al interior de un lenguaje que genera los símbolos, signos y sobre todo poetemas transformativos como se hace visible y posible en las “Pro-version(es)” (p.74), Inter-version(es) (p.77), Per-version(es) (p. 78), así como en las Post-version(es) (p.80). Los generadores poéticos verbales producen en su ámbito transformativo los efectos de una lectura infusa, postanalógica y combinatoria, espejeante y punzante, donde la página participa del esguince, el corte de superficie y el textema artístico-figural como expresión metacanóniga, metonímica, paragramática y anagramática.
Se explica de esta manera cómo en la obra de Enrique Eusebio, el organismo poético es una cardinal productiva unificada en un cuerpo textual expresivo, donde la unidad verbal misma se sitúa en el universo textográfico y polisémico marcado en superficie y profundidad.
En este sentido el poien, poiemata y sobre todo, la materialidad de este “polilogos” que es “Inventos del instantes / Instantes rotos” propicia toda la contraditoriedad de las emisiones estetizadas como verso-espejo, semiosis espectral cuya travesía, más que in-formar, adquiere sentido como “posible” poético y unidad metasignificante.
Enrique Eusebio es un poeta diferenciado en su promoción o generación literaria (Generación de postguerra o de la segunda mitad de la década de los 60). Su textualidad poética limpia, equilibrada, constituida y sobre todo unificada como ratio de forma y substancia, particulariza un trabajo en el marco del lenguaje poético reconocido en los poetas concretos alemanes, brasileños, italianos y en los tardovanguardistas como G. Perec, Sanguinetti, M. Rouche, Isidore Iseu, Haroldo de Campos, Vincenzo Acame, Max Bense, Ronaldo Azeredo, Luciano Caruso, Juan Eduardo Cirlot, Laurence Ferlinghetti, que han logrado  espacializar y temporalizar la página poética en su materialidad.
La estructura vocalizada en articulación, suspensión y reflejo se hace invisible en la visible especie glóssico-poética en “Desde la Presencia del Mar…”:
“No. Existes ya, glótica,
como nudo de la voz
que te añades al pensamiento.
Y existías también en los párpados,
ahorcada, diminuta,
en el hombre gris que dobló alguna calle de mi infancia.
Aquel inclemente asesino del paisaje.
Rodea el espacio ahora,
inventa los colores que el polvo
no ha hecho posible en esta sala”. (pp. 50-51)
El espaciamiento del poema ligado a su aliento entre moderado-equilibrado y movilizado-direccional remite a una crítica, a una escritura con intenciones decididamente transformativa, semiótica, polienunciativa, asimiladora y fusionante de registros específicos de búsqueda y subversión, poco frecuente en su generación y en el país. El estudio de los pocos (poquísimos poetas) que se han planteado la ruptura y la destrucción misma del poema como marco horizontal y vertical, es todavía una deuda pendiente de la agenda histórico-crítica dominicana; travesía que con raras excepciones permanece desconocida en el ámbito local y caribeño.
Esta Separata 2010 publicada por Enrique Eusebio, lo diferencia de manera explícita como poeta de búsqueda y experiencia reflexiva en un contexto donde todo está por interpretar, comprender, orientar, reconocer y revalorar desde el punto de vista crítico-literario y teórico-cultural.
La visión que en estos momentos se activa y se reasume en el contexto de la recesividad crítica, permite comprender tanto el orden como el contraorden literario donde estos “Inventos del instantes / Instantes rotos” producidos en diversos tiempos de creación del poeta, pretenden motivar o re-inscribir el movimiento de lo verbal  y espacial en la propuesta misma de un sentido múltiple-multiplicador de una poética de la subversión intuida y racionalizada en todo el espesor semántico del texto poético. 

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