martes, junio 22

Vincent Van Gogh: el “suicidado” que retorna. Reflexión psicoanalítica en torno a un video sobre Vincent Van Gogh









Por Armando Almánzar Botello

He podido apreciar la hermosura un poco triste que sin dudas se ofrece en la canción dedicada a Vincent Van Gogh en la "banda sonora" de este vídeo.




Sin embargo, salvo en algunas zonas de cierta lograda "resonancia magnética" entre la imagen, la música y las aristas temáticas de la canción de fondo, me parece que estamos en presencia de un empalagoso, sensiblero y convencional trabajo sobre el grande y sigiloso Vincent Van Gogh.




(A)*morosa -¿(a)*moral?- delectación en la melancolía de una recepción estética del artista entendido como "víctima sacrificial" de una sociedad que, después de "suicidarlo" (como bien dijo Antonin Artaud), lo reivindica como figura mesiánica en un intento de recuperar el resto excesivo, la desmesura ígnea que deviene, al ser domesticada, dulce y nihilista chapoteo en aguas muertas.

A la medida de los que nunca comprendieron ni comprenderán la intensidad de los "vibrantes perceptos y afectos" de Van Gogh, de Edvard Munch, de Francis Bacon... A la medida de un mundo banalizado en el que la sensiblería y el sentimentalismo espectaculares y neuróticos, blandos, soft, light, han sustituido a la peligrosa travesía del Stimmung, a la síntesis arriscada del pensamiento más alto y de la percepción intensiva.



Aquí, en este logrado artefacto digital, bello (la belleza en su papel de simple y medroso velo del horror) y casi perfecto fetiche audio-visual, se mata, con el cantable casi siempre dulzón que las recubre, el fulgor terrible de las imágenes, el zumbido intenso de la "letra"-fragmentada y su luz enardecida; aquí se pretende, con la sentimental melodía de fondo, suturar el horror de la fisura irreparable, de la mancha y del trazo hirientes, del exutorio pictórico indecible; hacer olvidar, en fin, la radical y no reductible disonancia heterofónica que aflora en esa pintura intensiva de la furia vital y de la belleza rota.






Se pretende así conjurar, como diría Fredric Jameson, la intensidad intoxicante o alucinógena de la euforia dionisíaca, borrar con la evocación nostálgica de un legado pictórico que deberíamos experimentar como trauma, como sacudimiento que nos desborda, como trágico límite estético de un agujero inasimilable, la herida que Van Gogh escribió sobre lo Eterno.






Fuera de esto que me tomo la libertad de señalar, me gusta el video, es hermoso, está bien hecho, como un velo que cubre la briosa crepitación de un cadáver más vivo que los que lo lloran...

"Todo un mundo destruido nos separa" de este sentimentalismo....y nos reúne con los ojos terriblemente abiertos ante la belleza rota de lo inconmensurable... Y sin embargo, mal que bien me alegra que Van Gogh todavía nos convoque al pie de su abismo, de su enigma irreductible...





¡He meditado horas y días completos frente a los cuadros originales de Van Gogh! Otra cosa muy distinta es su visualización cibernética. Esto corresponde a un arte otro que semióticamente se rige por principios y reglas diferentes. Como obra digital, ésta que analizo tiene sus virtudes técnicas y estéticas, participa de una cierta coherencia interna, rítmica, entre sus diferentes registros y niveles expresivos. Aunque truca y sobresatura con frecuencia los colores reales de algunos cuadros que en ella aparecen, para tornarlos más "llamativos o vistosos" para el gran público. Este es un mal que procede del imaginario fotográfico de la publicidad...

* El psicoanalista francés Jacques Lacan distingue entre:

1) *A: Autre; Otro, cuyo discurso, el Inconsciente, constituye un simbólico insabido que sabe y no soporta que sepamos que sabe; sabe sin saberlo...

2) *a: objet petit a; objeto pequeño a (objeto real e inalcanzable, causa del deseo, y que se encuentra siempre más allá de lo que simula o pretende apaciguar al deseo degradando a dicho objeto fugado, metonímico, hasta el estatuto de imagen obturadora de la carencia, mero brillo de la mercancía o del gadget sin fisuras. El objeto a como real, es lo que falta al Gran Otro, lo que impide su completud).

Para Lacan la realidad no es lo real. La primera es una suerte de real domesticado por lo simbólico y lo imaginario. Estos tres últimos registros, juntos, constituyen el trípode denominado Nudo Borromeo: Real, Simbólico, Imaginario. Estos tres órdenes se mantienen unidos por la Metáfora Paterna o por Suplencias del Nombre-del-Padre, como lo puede ser, eventualmente, la creación artística como sinthome, o síntoma "sublimado". Lo "Simbólico" es el mundo de la palabra y del lazo social, de la distancia adecuada entre los sujetos que sólo ella posibilita. Lo "Imaginario" es el reino del espejo y de la fascinación no verbal que da pie a la identificación fusional. Lo "Real" es lo inasimilable, lo inasible, aquello que "no cesa de no escribirse", de no verse, que no se deja capturar por los otros dos registros. Lo real es lo traumático, concebido como tope, como real imposible. Ese real intratable, a través de la textura, del trazo fulgurante, de la pincelada rota, es (a)ludido, merodeado, bordeado constantemente por la pintura de Van Gogh.
Para Lacan, la mirada misma funciona como real, como objeto metonímico a, como carencia o mancha. Es la dimensión radical de la mirada lo que se pretende borrar o elidir en el acto de la representación pictórica figurativa convencional. Entonces, "miramos que miramos": vemos. El ver es una dimensión reflexiva del mirar en la que se pierde la mirada como carencia pre-reflexiva. No obstante, la insinuación del hueco, la carencia y la mancha, es decir, lo real inaudito, insoportable, reaparece en el gran arte pictórico como torsión o anamorfosis (recordar Los Embajadores de Holbein).








En el video que analizamos, el Otro no tiene ya falta de Ser: "and now I understand " (y ahora yo comprendo), dice en algún lugar la canción de fondo, y es como si la voz que canta dijera al Otro, en este caso a Van Gogh: "Al empatizar contigo, te completo, te recupero para el círculo del intercambio, de la "cla-usura" simbólica y/o mercantil". Se pone fin a la hemorragia del ser. Es decir, de modo paradójico se asesina dulcemente una vez más a Van Gogh, mediante el expediente apotropaico, apaciguador, que constituye la recepción "comprensiva" y tierna, humanística, de lo radicalmente extraño.

De hecho, la pintura del holandés vale porque rompe las costuras de la cansada comprensión lírica y/o del encorsetamiento emotivo-convencional, y nos obliga a desplazarnos hacia la "punta loca del cogito", donde la mirada, paradójicamente "ciega" para los prestigios de lo verosímil, patentiza en el lienzo el inaudito y terrible resplandor de lo real.

Van Gogh es un reto porque encarna en su obra y en su vida un encuentro fallido: Tyché o (des)encuentro con lo real inasimilable para la Razón prisionera del Logos metafísico. No es casual que Descartes sea el fundador, creador o descubridor de los principios de la óptica como disciplina científica. En ese campo de saber, la llamada "perspectiva geometral de la visión" elide a la mirada como "dar a ver" originario de un "Eso" o un "Ello" que "muestra".

En "contra" de Wilhelm Worringer (Ver su obra Abstracción y empatía) me atrevería a decir: La empatía, poderosa arma para incomprender lo "comprendido"; peligrosa arma para comprender lo "mismo".

En realidad a Van Gogh no hay que comprenderlo ni canonizarlo. Esto siempre se ha pretendido hacer con su obra y su persona, pero el cadáver sigue vivo: ¡nunca fue un cadáver! A "Van Gogh-la pintura" hay que gozarlo -en el sentido más allá del placer que tiene el Goce para los poetas trágicos griegos, para Freud y para Lacan- y, sobre todo, ¡experimentarlo!

Es preciso vivir el riesgoso juego de intensidades puras a que aludimos cuando decimos el nombre propio: ¡Vincent Van Gogh!...

Como diría un gran crítico contemporáneo: Debemos permitir que la obra y la vida del gran pintor holandés logren escribir fragmentos de nuestra cotidianidad..


Armando Almánzar Botello
junio 2010

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