jueves, mayo 6

EDWIN DISLA

VIDA DE UN TORMENTO
o LA COTIDIANIDAD DE LA FICCIÓN

Por el Dr. Julio Cuevas

La imaginación, en el discurso narrativo nos atrapa y nos coloca ante la presencia de universos insospechables. La imaginación es ruptura con el ordenamiento lógico de lo tangible, sin embargo, cuando lo imaginado se vincula con la realidad, el contexto se dimensiona y las argumentaciones narrativas se justifican, más allá de las dimensiones conductuales de los sujetos actuantes.
En el caso de la novela Vida de un Tormento, de Edwin Disla, nos encontramos con un entramado narrativo, donde los aspectos descriptivos se envuelven en la discursividad contextual de la obra.
Un narrador en tercera persona y en tiempo pasado, nos va llevando por los laberintos de los acontecimientos, dejándonos a cada paso, en medio de una trama situacional, envolvente, telúrica y patética, a la vez, donde el fenómeno de la locura, alcanza su más profundo matiz humano.
Una narración intensa va situando el acontecer en cada uno de los escenarios, hasta ubicar al sujeto lector ante un ambiente que le es conocido, o al menos le es familiar, formando parte de las rutas cotidianas por las que transmitan los sujetos actuantes de esta Vida de un Tormento, por lo que Morín y su madre Mercedes Mora, dan saltos en la temporalidad que envuelve el espacio histórico de los siete capítulos que estructuran el universo morfosintáctico de esta novela.
Varios sujetos narradores omniscientes se entrecruzan en esta obra y hacen que el lector se recree en su contexto y sea cómplice de las cotidianidades de la calle Julio Verne, la Arzobispo Noel y la Puerta del Conde, entre otros tantos espacios que nos son propios, alrededor de un espejismo lúdico que permite refractar, a golpe de palabras, un innegable, imborrable y persistente episodio de nuestra historia, a lo largo del trujillismo.
Edwin Disla, se sumerge en su ruta vital y como todo escrito, recrea sus fantasmas, perfila sus figuras, asume sus códigos y los pone a actuar, a través de un ritmo proceso de reinvención de nuestra historia contemporánea, y desde la ficción categoriza a sus personajes, los cuales se fijan en nuestra memoria y entran a formar parte de nuestras acciones coloquiales.
La religiosidad; los temores de la dictadura, el abuso sexual, la persecución ideológica, los conflictos familiares y las tragedias del ser, son posibilidades temáticas trilladas por Edwin Disla en Vida de un Tormento, con el objetivo de llevarlos a su imaginario, y desde allí narrarnos parte de lo que somos y justificar, desde el poder la lengua, la existencia de lo inexistente.
Un sublime sentido místico, recorre el discurso narrativo de Edwin Disla en Vida de un Tormento. Las miserias espirituales de los sujetos, los desencuentros del destino y el tormento de quienes arrastran la desesperanza, son los ejes en torno a los cuales gira el sentido espiritual de la narrativa de Disla.
A veces nos encontramos con la imaginación hecha historia, y otras veces, con la historia hecha imaginación, y en ambos perfiles está el discurso rítmico y la combinación de escenas, buscando, retrotrayéndonos hacia los repetidos episodios del mágico Caribe.
Y así tenía que ser, porque el autor de Vida de un Tormento, ha estado, como personaje de la Vida, entremezclado en la búsqueda del transcurrir de estos pueblos latinoamericanos, subyacentes en el realismo mágico, de ahí su primer libro Historia de la Revolución Nicaragüense (1988) y su segunda obra Un Período de Sombras(1993).
En efecto, estoy presentando una novela, y en verdad ella es la que nos presenta a nosotros, porque en sus capítulos están latentes nuestros espacios, simbolizando lo que somos y hemos sido, desde la historia de ensueños y melancolía que se desparrama en cada línea de Vida de un Tormento.
La contemporaneidad es aprovechada por Edwin Disla, para cogerla como pretexto y hacer que el lector se desdibuje recorriendo sus propias quimeras.
Esta es una novela que se sitúa en nuestras raíces y en el perfil de las vivencias que han servido de plataforma a la sociedad dominicana de los últimos 40 años. Se trata de una novela que recorre con sus personajes nuestros rincones y nos convoca a ser parte obligatoria de los acontecimientos.
Cuando los críticos y analistas literarios se decidan a estudiar la novela psicológica histórica dominicana, necesariamente tendrán que recurrir a Vida de un Tormento, de Edwin Disla, y entonces nos reconoceremos como sujetos de unos episodios escritos para no dejarse olvidar, porque Vida de un Tormento, es la presencia novelada de nosotros mismos, rompiendo los espacios de la ficción.

Edwin Disla
Nacido en Mao, provincia Valverde, en el año 1961. Narrador, ensayista e ingeniero. Hijo de Evaristo Disla y Lourdes Rojas. Ingeniero Civil por la Universidad Autónoma de Santo Domingo (1986). Se reveló como escritor en 1988 con la publicación del ensayo Historia de la Revolución Nicaragüense, considerada como la obra más acabada que sobre Nicaragua y sus luchas ha escrito un dominicano. A este ensayo le siguieron tres novelas: Un Período de Sombras (1993), la cual le pareció excelente a la Biblioteca Popular Domingo F. Sarmiento de Argentina, “por la naturaleza de su tema, difícil y conflictivo, que da como resultado un vasto fresco de una época de triunfos y fracasos evocados con objetividad, y con un ameno estilo narrativo”; Vida de un Tormento (1997), que fue llevada al teatro en el año 2000 por el grupo Los Rinocerontes; El Universo de los Poetas Muertos(2004) y la novela histórica, Manolo (2007), basada en la vida de Manolo Tavárez Justo, que fue galardonada con el premio nacional de novela Manuel de Jesús Galván del año 2007, la más alta distinción narrativa del país.
Sobre Vida de un Tormento, el humanista y poeta Mariano Lebrón Saviñón, escribió que es una novela de tema trujilloniano, cuyo protagonista Patricio Mora, es el producto de la entrega obligada de su madre -hermosa doncella de mancillada pudibundez- a la desenfrenada vesania sexual del déspota. Son capítulos esenciales del libro de Disla los que describe la desgana de amor del violador y sus inútiles aspavientos orgásmicos. Lo demás, para este comentario que ahora hacemos, salvo señalar que su autor es un auténtico novelista, zahorí en la técnica de la novela moderna.
Las palabras de la presentación del libro estuvieron a cargo del Dr. Julio Cuevas. A continuación su discurso:

JIMMY HUNGRÍA Y LUIS AQUINO, CONVERSATORIO HOY


Muy cordialmente, les invito HOY jueves 6 a las 6:30 p.m.
en el Pabellón de Música: un conversatorio con Luis Aquino 
sobre mi libro Gastronomía musical y bibliografías en construcción

Saludos,
Jimmy


Desde el 31 de marzo pasado, está circulando mi nuevo libro, “Gastronomía musical y bibliografías en construcción”, cuyo contenido es de especial interés para aquellas personas a quienes les apasionan la gastronomía, la música y la literatura, así como la manera en que estas se relacionan, ya que el mismo brinda amplia información y una propuesta preliminar de títulos y autores que conformarían bibliografías de cinco temas: el bolero, el jazz en América Latina, gastronomía y ópera, gastronomía y literatura, y gastronomía dominicana.

Todo empezó casi un año antes, cuando mi esposa, Maritza Álvarez, impartió, en el Centro Cultural Babeque, el curso “Literatura y gastronomía o el placer de una sopa de letras” (en el cual participé) y ofreció una conferencia, con ese mismo título, en el Pabellón del Libro Cocina de la XI Feria Internacional del Libro Santo Domingo 2008, atendiendo una gentil invitación de la escritora Rosa Silverio, coordinadora de la programación literaria de dicho pabellón.


Me involucré intensamente en el tema y aproveché un viaje de vacaciones a Nueva York para comprar algunos libros referentes al mismo, entre ellos dos sobre gastronomía y ópera, asunto sobre el cual había escrito un artículo en 2001, en ocasión de haber comprado, en la librería Mateca, el libro del tenor José Carreras, “Gastronomía musical. Un menú para cada ópera”.

Se me ocurrió retomar dicho artículo y actualizarlo, incorporando los dos nuevos libros adquiridos al respecto, pero añadiéndole la bibliografía de gastronomía y literatura, así como otras dos bibliografías que he venido preparando desde hace un tiempo: la de la gastronomía dominicana y la del jazz en los países latinoamericanos.

El artículo quedó muy largo y mi esposa me sugirió publicarlo como separata, folleto u opúsculo, pero yo preferí ampliarlo más para que fuera un libro y le agregué la bibliografía del bolero (ante la proximidad del III Congreso Internacional Música, Identidad y Cultura en el Caribe, dedicado al tema “El bolero en la cultura caribeña y su proyección universal”, celebrado en el Centro León del 17 al 19 de abril), así como un apéndice titulado “Jazz y Cortázar”, que es una versión corregida y ampliada de un artículo que escribí hace años sobre la presencia del jazz en la obra literaria de Julio Cortázar, y un apéndice del apéndice, que reproduce fragmentos de un artículo de Enriquillo Sánchez sobre Cortázar y su novela “Rayuela”.

Para la fotografía de la portada (creación de las artistas del lente Maritza Álvarez y Ángela Caba), en que aparezco disfrazado de chef y músico (sin ser ninguno de los dos), tuvieron la generosidad de prestarme, su saxofón soprano, César Namnúm, y su uniforme de chef, Francisco Díaz. Editorial Letra Gráfica se encargó del diseño y la diagramación y Editora Búho de la impresión. Mi agradecimiento a todos ellos, así como a los lectores que adquieran el libro, a quienes pido en el mismo que, por favor, me ayuden a completar y corregir las bibliografías preliminares que esbozo, comunicándome sus errores u omisiones.

Al respecto, ya he comenzado a recibir valiosas informaciones que agradezco muchísimo, pues me permiten añadir, a los ocho títulos que menciono en la bibliografía de gastronomía y ópera, cinco más: dos publicados en Francia, “Rossini. Les péchés de gourmandise”, por Peter Knaup (fotografías), Thierry Beauvert (texto), Natalie le Foll (recetas) y Alain Ducasse (prólogo) (Éditions Plume, 1997); y “A la table de Verdi”, por Eva Gesine Baur (Éditions du Chene, 2001); y tres publicados en España: “En la mesa con Rossini”, por Alessandro Falassi con ilustraciones de Eduardo Arroyo (Galaxia Gutenberg, 1993); “Cenando con Mozart”, por Juana Barría Aguiló (Ma Non Troppo, 2006); y “Diez menús para un concierto: la cocina de la música”, por Joan Roca (Galerada, 2008). Este último contiene cuarenta recetas inspiradas en obras de diez compositores (Verdi, Rossini, Puccini, Mozart, Beethoven y otros cinco) y viene acompañado de un CD del pianista Antoni Besses, titulado “Cubiertos de música”, con diez improvisaciones libres a partir de las diez obras inspiradoras de las recetas.

De igual modo, a los cincuenta títulos de la bibliografía preliminar del bolero propuesta en mi libro, debemos agregar “El bolero y la educación sentimental en México”, por María del Carmen de la Peza Casares (Universidad Autónoma Metropolitana y Editorial Miguel Ángel Porrúa, México, 2001); “Señor Bolero”, por José Espinoza Sánchez (Ecuador, 2003); “El bolero en Guadalajara: Músicos y experiencias performativas de un fenómeno musical-social urbano”, por María Enriqueta Morales de la Mora (Universidad de Guadalajara, México, 2007); “La noche de anoche”, por Elsy Manzanares (Banco de Venezuela/Grupo Santander, Caracas, 2008); “Canciones para toda la vida. Reflejos de una época romántica”, en dos tomos: compositores latinoamericanos y dominicanos, respectivamente (B. O. Johnson, editor; Santo Domingo, 2008); “La poética del bolero en Puerto Rico y Cuba”, por Alinaluz Santiago (Isla Negra, San Juan de Puerto Rico, 2009); y “Ese bolero es mío”, compilación de León Félix Batista (Ediciones de la Secretaría de Estado de Cultura, Santo Domingo, 2009).

Minutos después de que presenté “Gastronomía musical y bibliografías en construcción”, en una de las sesiones del referido III Congreso Música, Identidad y Cultura en el Caribe, se me acercó uno de los panelistas de dicho congreso, El Hadji Amadou Ndoye, profesor de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de la Université Cheikh Anta Diop, de Katar, Senegal, quien me obsequió un ejemplar de su libro “En torno a la literatura hispanoamericana” (Universidad Autónoma de Colombia, Bogotá, 2008), que reúne sus ensayos sobre obras de Octavio Paz, Gabriel García Márquez, Juan Carlos Onetti, Ernesto Sábato y otros autores latinoamericanos, incluyendo uno titulado “Jazz, blues y literatura en “Rayuela” de Julio Cortázar”, cuyo primer párrafo dice así:

“En las 635 páginas de “Rayuela” se encuentra nueve veces el nombre de Jelly Roll Morton, siete veces el de Louis Armstrong, siete veces el de Coleman Hawkins, tres veces el de Big Hill Broonzy así como los de numerosos expositores de la música popular Negra Americana. Igualmente se encuentran palabras como “blues”, “jazz”, “swing”, etc. ¿Esnobismo? ¿Adorno estético? Las alusiones al jazz, la implicación de este último en la trama de “Rayuela” son tan evidentes que nos preguntamos sobre el papel y alcance de la música Negra Americana en la novela de Cortázar. Nuestra pesquisa se refiere a las razones que han podido llevar al escritor, traficante en palabras, a la música, universo de los sonidos, de un grupo étnico muy determinado en el espacio y el tiempo”.

Una boca pálida, por Farah Hallal

Una mano sangrante se me funde en el pecho. La perfección del pétalo tiene este charco de sangre. Una  boca muere gozosa y poseída, ...