sábado, marzo 27

He vivido por la belleza, por la belleza me lío, que no se una mi nombre a otra cosa que no sea la belleza


Nocturno de la alcoba - Poemas de Xavier Villaurrutia

 Nocturno de la alcoba
      
La muerte toma siempre la forma de la      alcoba
que nos contiene.

Es cóncava y oscura y tibia y silenciosa,              
se pliega en las cortinas en que anida la sombra,
es dura en el espejo y tensa y congelada,              
profunda en las almohadas y, en las sábanas,
      blanca.

Los dos sabemos que la muerte toma
la forma de la alcoba, y que en la alcoba              
es el espacio frío que levanta
entre los dos un muro, un cristal, un silencio.              

Entonces sólo yo sé que la muerte
es el hueco que dejas en el lecho              
cuando de pronto y sin razón alguna
te incorporas o te pones de pie.              

Y es el ruido de hojas calcinadas
que hacen tus pies desnudos al hundirse en la               
      alfombra.

Y es el sudor que moja nuestros muslos
que se abrazan y luchan y que, luego, se rinden.              

Y es la frase que dejas caer, interrumpida.
Y la pregunta mía que no oyes,              
que no comprendes o que no respondes.

Y el silencio que cae y te sepulta              
cuando velo tu sueño y lo interrogo.

Y solo, sólo yo sé que la muerte              
es tu palabra trunca, tus gemidos ajenos
y tus involuntarios movimientos oscuros              
cuando en el sueño luchas con el ángel del sueño.

La muerte es todo esto y más que nos circunda,              
y nos une y separa alternativamente,
que nos deja confusos, atónitos, suspensos,              
con una herida que no mana sangre.

Entonces, sólo entonces, los dos solos, sabemos              
que no el amor sino la oscura muerte
nos precipita a vernos cara a los ojos,              
y a unirnos y a estrecharnos, más que solos
      y náufragos,
todavía más, y cada vez más, todavía.

 “Quiero un estilo que tenga siempre mi edad, la edad que quiero tener siempre y que es, mejor que la de un joven, la de un adolescente. Pensará usted: ¡Pero un adolescente tiene todas las edades! Precisamente.”  Xaviel Villaurrutia. México.

Septiembre 1963

La publicación de tan extensa entrada ayer obedece a que me encontré en la Sala de Investigación del Archivo General de la Nación, buscando otra cosa de mi trabajo, con estas notas que me picaron la curiosidad y lamentablemente, no hice unas fotos muy buenas como para leer los textos por lo que me quedará pendiente para cuando haya tiempo y disponibilidad. Lo cierto es que Doris Dana estuvo aquí y sus disertaciones fueron sobre la vida y obra de Gabriela Mistral. La firma de la crónica es de Susana Morillo.

Me vale decir que yo admiro y respeto el amor limpio, venga de donde venga. Entre dos hombres, entre mujeres, entre hombres y mujeres... Hay mucha controversia en el ambiente y la verdadera regla de oro es la del respeto. Las pasiones alteradas conducen a pequeñas o grandes venganzas, desafueros y exabruptos, amenazas y discordias; en todo caso: falta de respeto por uno mismo. ¿Por qué estoy poniendo esto? Porque tengo amigos gays y lesbianas y se merecen toda mi admiración. Yo los considero más inteligentes que la media, y ciertamente los quiero porque ni son indiscretos, ni hacen escándalos, ni provocan con sus conductas a una sociedad con sus reglas de juego establecidas, y mucho menos alardean de sus diferencias.

Aceptar el amor entre personas del mismo sexo depende de su calidad como seres humanos. Jamás la evolución y el desarrollo deben basarse en la promiscuidad, en el escándalo ni en el retroceso de nuestras costumbres.

La labor de educar a los menos entendidos en la aceptación de estas diferencias es muy ardua. Más vale que se utilicen todos los argumentos inteligentemente. Si se dejan entrar las pasiones, es una causa perdida.
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Una mano sangrante se me funde en el pecho. La perfección del pétalo tiene este charco de sangre. Una  boca muere gozosa y poseída, ...