domingo, enero 3

EN EL NOMBRE DE DIOS

Este es el caricaturista de Mahoma, Kurt Westergaard, de 74 años, quien se ha salvado de algún intento de asesinato y dice que está consciente de que ya jamás será libre otra vez pues debe vivir con protección simplemente porque utilizó su arte para dibujar a Mahoma y los islamitas no le perdonan.

El ejemplo lo traigo a colación (un poco desmesurado es verdad, pero siempre me ha dado por partir de lo macro a lo micro y viceversa) porque durante casi toda la tarde, sentí los gritos desaforados, los cantos y los instrumentos musicales de la iglesia evangélica pentecostal que colinda con el patio. Se me ocurrió poner un disco de John Lennon a todo volumen, pero eso les motivó a vociferar más fuerte sus aleluyas. Finalmente fui hasta la misma iglesia y encontré a la banda con sus instrumentos en mano saliendo. Les expliqué mis razones, entre ellas, que mi hija mayor nació en esta casa y ya tiene 30 años, que he visto crecer esa iglesia desde el solar y que yo también me siento cristiana, pero que comprendan que escuchar de domingo a domingo música, voces, ensayos, gritos de niños y de adultos, exaltaciones de adolescentes, instrumentos musicales desafinados, oraciones demenciales, etc. es mucho para la paciencia de cualquiera. Me quedé impactada por un argumento en particular que dio uno de ellos: "Estamos esperando que el vecino de aquí al lado baje el precio para comprarle, pues queremos expandirnos para evitar este tipo de quejas". Desprevenida le dije: "Ah, entonces compren nuestra casa", pero lo cierto es que me parece sumamente abusivo imponer a los demás sus creencias en el nombre del Señor. ¿Mudarse para dejarles el camino libre! Regresé a casa y seguía escuchando gritos, entonces tomé, cual madre de Plaza de Mayo, una tapa y un cucharón y en el medio del patio empecé a tocar el gong. Me miraron desde las persianas del 2do. piso y les dije: "Por favor, he estado toda la tarde esperando que ustedes concluyeran. Tengan la amabilidad de moderar sus voces y recuerden que no están solos en este barrio". Muy educadamente, me dijeron que disculpara y efectivamente, el silencio reinó.
¿Es preciso llegar a estos extremos? ¿No se dan cuenta de que existen más personas y se apropian del área? Me asombra que el ser humano sea tan pobre mentalmente. Me hace sentir terror comprender que por aferrarse a una idea, la gente pierde la perspectiva. Es tan absurdo pero tan real saber que hay sectas, terroristas, personas incapaces de ejercer la más elemental empatía y lo que es peor: están dispuestos a aferrarse a sus equivocaciones en nombre de los intereses que defienden. Ruego a mi Dios, como León Gieco, "que lo injusto no me sea indiferente y que no me abofeteen la otra mejilla después de que una garra me arañó esta suerte", pero sobre todo, Dios me libre de codiciar la casa de mi vecino. ¡Expansionistas!

Una boca pálida, por Farah Hallal

Una mano sangrante se me funde en el pecho. La perfección del pétalo tiene este charco de sangre. Una  boca muere gozosa y poseída, ...