jueves, diciembre 30

Esta FM es fantástica ¡FELIZ AÑO 2011!

Tiempo de emperadores desnudos (Arturo Pérez Reverte en El Semanal)



Patente de corso

ARTURO PÉREZ-REVERTE | El Semanal - 18/2/2007

Es una lástima que a los niños de ahora no les demos a leer con más frecuencia aquellos viejos y extraordinarios cuentos clásicos de Andersen, Perrault o los hermanos Grimm, en vez de tanta imbecilidad cibertelevisiva o de esos relatos políticamente correctos, insultos descarados a la inteligencia infantil, del tipo el pirata Chapapata y la gallina Cucufata, Wolfi el lobo bueno y generoso, la habichuela Noelia y cosas así, con los que algunos profesores y padres se tragan el camelo de que los niños leen y lo que leen les aprovecha.

Frente a tanta chorrada vacía de contenido, historias de toda la vida, hermosas y duras al mismo tiempo como pueden serlo El patito feo o La niña de las cerillas, y sobre todo El soldadito de plomo con su trágico relato de amor, envidia, heroísmo, dignidad y muerte -el cuento que a algunos más nos hizo llorar de niños-, son extraordinarias introducciones para que las criaturas se vayan familiarizando con la vida y sus circunstancias. Para que se vacunen, vaya. O empiecen a hacerlo. Y me refiero a la vida de verdad: la vida real.

Uno de esos cuentos, por ejemplo, El traje nuevo del emperador, es una extraordinaria lección para interpretar el presente y prevenir el futuro; una herramienta de lo más eficaz para que nuestras criaturas, por lo menos las más espabiladas, adviertan lo que tenemos, y se preparen ante lo que les viene encima; que en vista del panorama va a ser de agárrate que vienen curvas. En realidad, el cuento del genial Andersen es para niños sólo en apariencia, pues contiene la mejor parábola sobre lo políticamente correcto que he leído nunca: el mejor y más afinado diagnóstico sobre la estupidez, la mentira y la infamia gregaria del mundo cobarde en que vivimos. La ilustre veteranía del relato prueba que la cosa no es de ahora; lo que ocurre es que, nunca como hoy, tantos millones de imbéciles estuvimos de acuerdo en mostrarnos de acuerdo en aquello en lo que ni siquiera creemos, o vemos. Ése es el aire de nuestro tiempo. Por no hablar de la España de cada día. De cada telediario.

Supongo que recuerdan el asunto. Dos pícaros redomados convencen al emperador de que pueden tejerle un traje con una tela maravillosa, que sólo verán los inteligentes, pero que para los tontos será absolutamente invisible. Durante la confección, los ministros y personalidades que asisten al evento no ven la tela, por supuesto, pues tal tela no existe; pero para que nadie los tome por tontos fingen admirarla como algo exquisito y de confección soberbia. El propio emperador, que tampoco es capaz de ver tela ninguna ni por el forro -«¿Seré idiota, o es que no sirvo para emperador?», se pregunta-, permite que le hagan pruebas con toda candidez; y mientras los dos estafadores hacen el paripé de probarle esto y coserle aquello, el muy hipócrita admira ante el espejo las supuestas vestiduras, alabándolas con entusiasmo, y recompensa generosamente a los sastres chungos. Por fin, el día del estreno del traje nuevo, el emperata sale a la calle en solemne procesión, llevándole la cola los cortesanos y pelotilleros de plantilla; y todos los súbditos, faltaría más, por aquello de qué dirán y el no vayan a creer que yo, etcétera, se deshacen en elogios y alabanzas del traje, poniéndolo de sublime para arriba, sin que nadie se atreva a reconocer que no ve un carajo. Hasta que, por fin, un niño inocente -en ese tiempo aún quedaban algunos- se parte de risa y grita que el emperador va desnudo. Entonces todo cristo cae en la cuenta de la superchería, y los mismos que alababan con descaro el traje se lanzan a la rechifla general: juas, juas, juas. Cosa que por otra parte es muy propia de la infame condición humana, siempre dispuesta a arrastrarte por la calle, como al Chipé, con el mismo entusiasmo con el que diez minutos antes te jaleaba y sacaba a hombros por la puerta grande. Pero lo más ilustrativo del cuento viene luego: cuando el emperador, que cae en la cuenta, al fin, de que ha estado haciendo el panoli, y que su estupidez de juzgado de guardia no se manifiesta en no ver el traje, sino precisamente en pretender verlo, decide que ya no puede volverse atrás, así que piensa: «Pase lo que pase, hay que aguantar hasta el fin». E, impertérrito, sigue su camino con paso majestuoso, aún más altivo que antes, tieso como un don Tancredo y desnudo como la madre que lo parió. O más. Y mientras, a su espalda, los ministros, chambelanes y cortesanos, fieles a su puerco oficio, siguen detrás, obedientes, sosteniéndole con todo respeto una cola que no existe.

martes, diciembre 28

¡A la china le sonó el teléfono!

Pues sí, yo que tanto sufría con este vulgar hábito de los maleducados que no pueden estar sin su celular he pasado vergüenza en el Salón de Embajadores porque mi maravilloso "Don´t worry, be happy" de Bobby McFerrin sonó, sonó y sonó... y por largos minutos quedó fijada en mi cabeza la frase de que en cada momentos tenemos apuros. Yo pensé que había apagado el maravilloso aparatito, por lo que cuando sonó dije: "No es el mío", pero sí, era el mío y como tardé en encontrarlo dentro de mi cartera, me mandaron a hacer silencio (claro está!), ¿y quienes me rodeaban? Nada más ni nada menos que Bernardo Vega, Soledad Álvarez, Freddy Ginebra, Doña Virtudes Uribe, Karina Noble, José Antonio Rodríguez (al flanco y detrás); por delante don Virgilio López Azuán, el creador del Efluvismo, Emilia Pereyra (una de mis escritoras favoritas), Euris Cabral... ¡en fin!... Tuve que tragar en seco y tranquilizarme porque el bochorno me hacía levitar, mas por suerte, tengo la edad que tengo y me llamo como me llamo. Seguro que si me ocurre esto a los 20 años, me hubiera hecho el harakiri. Y es que ¡yo interrumpí el discurso de Vargas Llosa! Pero naturalmente, sólo me quedó un bloqueo del incidente porque este hombre habló con sencillez y ternura, sin poses y sin afectación ni rebuscamientos y ¡claro que se ha ganado el Nobel de literatura y claro que es escritor a carta cabal y por seguir sus palabras se me olvidó el incidente y espero que a mis vecinos.
Bueno, yo sólo sé que el Ministro Lantigua habló muy bien, que Vargas Llosa habló requetebién y que Leonel Fernández improvisó y demostró que sabe de literatura y se ha leído todas las obras del recién condecorado con la orden heráldica Cristóbal Colón en el grado Gran Cruz Placa de Plata Jorge Mario Pedro Vargas Llosa, quien tiene un vínculo con los dominicanos que nos ha hecho sentirlo más nuestro que de otro sitio por lo que él expresó que tendrá tres nacionalidades: la peruana, la española y la dominicana, pues gozamos tanto de su Premio Nobel que es como si fuera el primer premio Nobel dominicano...  Fue un acto cálido y sencillo. Creo que todo el mundo se conocía: artistas de varios géneros, intelectuales, periodistas, figuras públicas... Respecto a Lantigua, Vargas Llosa y Leonel, a  mí los oradores pico de oro siempre me seducen así que aplaudí con ganas.


Algo negativo es que mi cámara se cayó desde el scanner porque había un único guardia atendiendo a la máquina y a las personas que salían, por lo que se averió. Por suerte, las fotos he podido sacarlas, aunque el zoom no se mueve; como no me queda de otra, me voy a dedicar a hacerle la competencia a Dña. Susana Morillo como verán, aunque sin tanto estilo como esa reina de las sociales.

Dos leyendas del arte popular dominicano: Maestro Rafael Solano y el guapísimo Niní Cáffaro,
recién nombrado Director del Teatro Nacional, por lo cual lo felicitamos.

Isael Pérez, Presidente de Editorial Santuario y Enriquillo, poeta de
El Seybo me hicieron compañía.

Enriquillo y León David se saludan
Yo mirando al techo

...eso, una columna en una foto al revés

Es mármol puro ¡eh!


Ivelisse de León y el  Sr. de Ivelisse, que me está relajando haciéndose el chino
¡son fantásticos!

Ivelisse de Batista, tenía un traje precioso.


Isael Pérez y don Alejandro Arvelo, a quien admiro.


Don Alejandro y el querido Juan Freddy Armando
Rafael Chaljub Mejía, autor de la obra Antes de que te vayas (Trayectoria del Merengue Folklórico.


Nereyda, gloria del baile folklórico, así me sonrió.

Enriquillo, León David y su esposa, la artista María Aybar, quien además de pintora
escribe cuentos dirigidos a la infancia.

Enriquillo, María e Isael.

Manuel Salvador Gautier y Adriam Javier



José Luis Ávila Herrera y Pedro Palencia, dos imaginólogos 100%

 Cuando regresé de España y me dio por hacer blogs a trocha y mocha (mi razón es que no entiendo que pongan en nuestras manos un recurso como este y no lo aprovechemos ¿no?), me encontré con este simpar mexicano universal que me impactó por su dinamismo. Evidentemente, en el mundo entero había miles de blogueros como yo dándole al ratón para hallar imágenes que más o menos completaran las ideas expresadas en palabras. Y es que tener un blog con letras nada más no está en nada.

José Luis creó para el mundo hispano, y todo el que por ahí pase, este maravilloso sitio http://joseluisavilaherrera.blogspot.com/ en el que cada dos por tres actualiza con imágenes impecables (muy sajonas, muy antisépticas, yo sé lo que me digo), que van temáticamente, desde animalitos a la más pura y dura fantasía del arte digital actual. Probablemente hayan escritos sobre la nueva técnica (no sé por qué, pero me late que ya existe) de inventar poemas o párrafos a través de las imágenes dadas, para mí es siempre un reto y aunque no le dedico tiempo, es uno de mis propósitos, dándole de nuevo vida a una simbiosis que existió en la mente del creador de manera independiente (me refiero a que cuando un artista gráfico crea, hay miles de ideas que le cruzan por la mente, que no todos hacen conscientes y a veces plasman o dejan a mitad como una sugerencia, algo desconcertantemente vivo, que despierta emociones y que es al fin y al cabo, lo que todos buscamos al crear algo); y que uno puede recrear formando un nuevo ente por así llamarlo.

Bueno, termino: José Luis que muchas gracias. Que deseo que todos tus planes se concreten y que sigas haciendo el trabajo de los blogueros hispanos tan divertido y entretenido. ¡FELIZ 2011!
***


Y aquí entra alguien que también ha significado una mano amiga de invaluable calificación al que deseo los mejores parabienes y mucho éxito gratificante en 2011:
Pedro Palencia (¡GRACIASSS!), visión hispana/universal, con su http://nohaycomolodeuno.blogspot.com/ donde descubro un arte digital vivo, lleno de inquietudes, interrogantes, ideas sueltas, amarradas, atadas, sujetas, demoniacas, angelicales, subrealistas, contradictorias, extraordinarias, temerarias, sutiles, contundentes, modernísimas, antiquísimas, dotadas, vivenciales, fantásticas, creadas, recreadas, tiernas, suspicaces, excepcionales... ¡Es mas! Visiten ustedes mismos el site y saquen sus propias conclusiones. Yo me tengo que ir para el trabajo.

viernes, diciembre 24

Yo confieso...


...que no coloco esto como un medio de exhibición (aunque lo sea), es que sé que dentro de unos años, revisar este blog será mi memoria, y me voy a reír muchísimo. Acabo de ver esta peli que hace mil años andaba buscando y sólo voy a anotar que me quisiera casar con Clint Eastwood. Es lo más varonil que he visto, aunque los hombres como él ya estén pasados de moda. Es el director más eficaz del mundo y sabe exactamente lo qué quiere lograr en cada escena. Por demás, elige los temas más difíciles. El final de este film, por ejemplo, es sorpresivo y paradójicamente esperado. De alguna manera se iba a inmolar y le da un voto de confianza a la justicia, pues al fin y al cabo la juventud necesita creer en la estructura de una sociedad que a pesar de los pesares, aún funciona: no somos animales y no estamos en la selva... ¿o sí?

jueves, diciembre 23

¿Cuánto dinero necesita un ser humano para vivir? ¿Cuánta tierra? ¿Por qué algunos empresarios nunca se sacian? Toda la historia está llena de abusos y despojos ¿hasta cuándo?

El Despojo

ÜXÜF XIPAY

2003

Nosotros no somos los indígenas de Chile,
nosotros somos mapuches,
somos un pueblo que siempre ha estado aquí,
nació en esta tierra y va a morir aquí,
va a morir peleando,
aunque sea peleando por ella.

Matias Catrileo


SINOPSIS 

El documental ÜXÜF XIPAY expone en múltiples dimensiones el proceso de organización del pueblo mapuche a lo largo de los últimos 120 años, desde seis bloques o unidades temáticas. 

El primer bloque, titulado “WallMapu” (el territorio antiguo), da cuenta de lo que había, de la comprensión del mundo, de las tradiciones del pueblo, y de la extensión de este territorio hasta el momento de la Conquista.


El segundo bloque, titulado “La Reducción”, se refiere a la relación que ha existido entre el pueblo mapuche  y  el Estado Chileno, colonizadores chilenos y/o europeos,  y de qué modo se ha dado la integración (o ausencia de ella) del pueblo mapuche al modelo de desarrollo nacional; sus consecuencias y perspectivas a futuro.

El tercer bloque, “Reforma y Contrarreforma”, aborda los años de la implementación en Chile del proceso de la Reforma Agraria (Gobiernos de los Presidentes Eduardo Frei Montalva y Salvador Allende) y su impacto en la recuperación de los territorios de los pueblos indígenas. Trata, además, de las consecuencias del golpe militar de 1973 sobre este mismo proceso: la contrarreforma y sus costos.

El cuarto bloque, denominado “Caminos Cerrados”, abarca el período comprendido entre el inicio de la transición a la democracia, con la implementación de la Ley Indígena del Presidente Patricio Aylwin y la instauración de la Corporación Nacional de Desarrollo Indígena.

El quinto, “País Forestal”, aborda el dilema que viven las poblaciones indígenas en las regiones octava y novena, como consecuencia de la implementación en la zona del concepto “Chile, país forestal”, o la sustitución de los bosques nativos y usos agrícolas de la tierra, en beneficio de la producción de monocultivos de especies madereras exóticas con fines de exportación de celulosa a los mercados dominantes del mundo.

Finalmente, el sexto bloque, titulado “El Movimiento”, trata de indagar en la muy divulgada idea de la “capacidad de resistencia” del pueblo mapuche. A lo largo de la historia, el pueblo mapuche ha transitado por diversas etapas o intenciones en su voluntad de resistir a la digestión como pueblo por parte del organismo nacional. Un análisis, desde el pueblo mapuche, acerca de las estrategias actuales de resistencia y recuperación de lo perdido. 

Los chinos en la República Dominicana

Mercedes Mota. Educadora hija de chino y dominicana.

Ahora que Fernando me pregunta sobre un dato voy a compartir con todos lo que el plimo historiador José Chez Checo aportó para la exposición que formó parte de la inauguración del Barrio Chino en 2008. Todo el mundo sabe que hay un libro fruto de las investigaciones del Lic. José Chez Checo y de la doctora Mu-kien Adriana Sang, que se titula Historia de la migración china en República Dominicana, del cual la artista Graciela Azcárate ha publicado un extracto que está en Internet. Mi hermana Rosa, también es coautora del libro. 
En este momento nos ocupa la información escasa que se presenta en el siguiente cartel formado por varias imágenes de época. Dice el Lic. Chez Checo:

En 1867, el señor Gregorio Rivas, mocano-vegano, importó un grupo de chinos desde Cuba. Los puso a trabajar en la confección de ladrillos y cal. De este modo construyeron depósitos en Moca, Yuma y Samaná, al menos. Uno de estos chinos fue el padre de Mercedes y Antera Mota, educadoras dominicanas, nacidas en San Francisco de Macorís, pero residentes en Puerto Plata. Fueron alumnas de don Demetrio Betances, quien fue hermano del prócer boricua Ramón Emeterio Betances.



"Mercedes Mota, en su autobiografía describe a su padre de la siguiente manera: "De país lejano era mi padre. Y nada sé que pueda arrojar luz sobre mi ancestro paterno a no ser los datos administrados por la boca de mis progenitores. Hijo de gente que ejercía la profesión de comercio en una importante ciudad marítima, víctima de rapto por un buque pirata en ocasión de estar bañándose en el mar, vinieron a parar en tierna edad a playas americanas".


Y para terminar, en el estilo de la admirada Ángela Peña, la biografía de esta dama que no debemos olvidar por sus aportes a la educación y como ejemplo de mujer emprendedora.

Mercedes Mota

Escrito por Angela Peña.


Mercedes Mota, maestra precoz, brillante escritora, decidida luchadora por la superación femenina, incansable artesana de tejidos y bordados para la subsistencia, no sólo se adelantó a su tiempo por la temprana edad en que se inició en el magisterio, a los catorce años, sino por la valentía y la entereza con que realizó sus aspiraciones. Mujer sola, soltera, en una sociedad de discriminación y mentes estrechas, cumplió su acariciado anhelo de conocer el mundo contando sólo con el excepcional valor de su espíritu resuelto y la escasa economía de sus años en las aulas puertoplateñas.

“Por la virtud del ahorro vi realizado el sueño que desde muy temprano me asedió: viajar. Y viajé. Conocí a Europa, viví por algunos meses en París. La historia que aprendí en la escuela se tornó en cosa real, viviente, en patética lección que ningún maestro será capaz de darme, por culto y elocuente que él sea”, contaba en breve autobiografía que escribió en 1962, dos años antes de que la muerte tronchara las ansias postreras de volver a la Patria.

Su vida, empero, fue trágica, triste, conmovedora, angustiada. Del padre chino que llegó a San Francisco de Macorís, apenas supo que era hijo “de gente que ejercía la profesión del comercio en una importante ciudad marítima”.  Y que, víctima de un rapto por un buque pirata, vino a parar a tierna edad a playas americanas. “En tierra dominicana, dice, se dedicó al comercio y en ese ramo de actividad prosperó con gran éxito. Luego infortunios y fracasos... Tragedia fue la vida de mi padre. Tragedia, fue la vida de mi madre”, agrega. No explica las causas de la disolución del matrimonio, pero relata el viaje  de la madre huérfana y separada, joven, responsable de la subsistencia y protección de una pequeña familia, desprovista de recursos económicos, a Puerto Plata, ciudad que ella recuerda con gratitud y reminiscencias queridas y tiernas, aunque no fue su cuna.

La valiente mujer no aporta los nombres de sus progenitores, ausentes también en las biografías y crónicas que la exaltan.

Mercedes Mota, hermana de otra excelsa educadora, Antera, fue a los catorce años profesora de la Escuela Superior de Señoritas, al tiempo que estudiaba con los profesores Demetria Betances, hermana del prócer Ramón Emeterio Betances, defensor de la Independencia de Puerto Rico; José Dubeau, Alejandro Llenas, Rogelio Oller, Carlos Simón, Ulpiano Delundé y a la vez que se preparaba  y enseñaba, completaba la “mezquina paga” de la escuela bordando pañuelos.     
       
“Imposible sería olvidar el afán para obtener con honradez y decencia las perentorias necesidades de la existencia diaria. Mucho más allá de la medianoche, a la luz de una lámpara de kerosene, dos jóvenes huérfanas caían rendidas de sueño en modestísimo lecho, fatigadas después de haber terminado una faena bastante delicada: el calado de pañuelos a mano. Ellos debían ser entregados sin tardanza a la clientela: empleados belgas de la empresa ferroviaria de Puerto Plata a Santiago. Antera y Mercedes formaban aquel cuadro...”, refiere.

La desolación se apoderó de la hermana menor, en 1916, cuando falleció Antera, la que había sido madre y tutora de la inquieta joven que a los quince años publicaba profundos artículos acogidos con entusiasmo por la intelectualidad nacional. “Tan tremendo golpe me anonadó... La vida apareció ante mí sin valor ninguno... En mí hablaba la voz de la ancianidad prematura, de la miseria, del infortunio, del dolor...”, narra.

Siguió el ejercicio de su vocación y se hizo cargo de la educación de los hijos de la hermana. Sus publicaciones y reclamos por los derechos de la mujer le granjearon reconocimientos. Representó a la República en Buffalo y en época tan remota como mediados del siglo antepasado disertó en la Sociedad Internacional de Mujeres Feministas leyendo un valiente trabajo dando a conocer la condición cultural de las dominicanas, en el que lamentaba el deplorable estado en que se encontraba, desde la colonia: “confinada en el estrecho círculo del hogar, exenta de ambiciones, escasa de cultura intelectual, entregada a las devociones religiosas y a las tareas caseras, sin participación en los asuntos públicos. Humilde, sencilla, indiferente a todo lo que no fuese la educación cristiana y los cuidados del hogar: en ese estado deplorable permaneció durante siglos la mujer dominicana”.

El Olvido

Lo que para Mercedes Mota fue la cristalización de un ideal, fue tal vez la causa que la condenó al olvido de sus compatriotas: su ausencia de la Patria, en 1919, en busca de salud moral y física, de más amplios espacios, manifiesta. “Tres sobrinos, huérfanos del amor de madre, me acompañaban en el viaje audaz, trascendental, que debía cambiar por completo el curso de sus tiernas vidas, tanto como el de la mía... Escenario geográfico distinto, ambiente moral y cultural más en armonía con mi idiosincrasia, más propicio a un futuro mejor de gente en edad de formación, eso encontré aquí”, expresa aludiendo a Estados Unidos.

Entonces contaba treinta y ocho años de edad. Una vez más, añade, “tenía que afrontarme a las embestidas de una existencia de pruebas, sola, sin ayuda alguna. Pero el valor, las fuerzas espirituales, no faltaban”.

Desde allí recorrió Italia, España, Inglaterra, Alemania, Bélgica, Suiza, pero quedó deslumbrada por el encanto del alma de París donde compartió con el ex presidente Carlos Morales Languasco, entonces embajador dominicano ante varias naciones europeas, Rubén Darío –“en extrema decadencia mental, una verdadera ruina humana”-, Vargas Vila, Rufino Blanco Fombona, los hermanos García Calderón, Alejandro Sux, y “de los nuestros”, los doctores Betances, Julio Piñeyro, José Dolores Alfonseca, Américo Lugo, Tulio Cestero... “La colonia hispanoamericana residente o transeúnte allí por ese tiempo, era en verdad, de gente selecta, brillante. Gente de alta alcurnia intelectual y social. Poetas, novelistas, periodistas, diplomáticos, algunos exilados, víctimas de nuestras corrientes dictaduras”.  Pero también se codeó con gobernantes e intelectuales parisinos.

Los últimos años de su vida discurrieron, después de veintitrés en Nueva York “en cuatro acres de tierra en el estado de New Jersey. Teniendo por fieles compañeros mis libros, mis souvenirs de otros tiempos, circundada de árboles y arbustos que mis manos han plantado, un rústico jardín, lindas flores y perfumes exquisitos.  Y así, ni envidiosa ni envidiada, los versos de Fray Luis de León repercuten a mi oído: “Qué descansada vida, / la del que huye del mundanal ruido...”, concluía la maestra en las notas que preparó a petición de su alumna Maria Coiscou.  Vivió cuarenta y tres años en el extranjero.

Nacida el dos de agosto de 1880, su precocidad, según Max Henríquez Ureña, era asombrosa. “Tenía verdadero don magisterial y sabía ganarse el cariño de sus discípulos... Rehuía el bullicio y se enfrascaba en la lectura”. En 1904 dirigió la Escuela de Varones Número Uno y tres años después volvió a ser profesora de la Escuela Superior de Señoritas que dirigió al desaparecer su hermana. Contribuyó a la fundación del Liceo de Puerto Plata, creó y presidió la Sociedad Patriótica Rosa Duarte y fue presidenta y secretaria del Club de Damas de Puerto Plata y del Comité de Damas de Nueva York.

Una cruel lesión cardiaca que le afectaba desde hacía años le impidió volver a la República. Murió el 12 de marzo de 1964, “al lado de sus queridas sobrinas, las hijas de Antera Mota”, anota uno de sus más devotos biógrafos, el historiador Julio Jaime Julia.     En la crónica de su muerte figuran como deudos: Max Cohén, Lesbia Reyes de Cohén, Sam Sylverman, Dulce María Reyes de Sylverman, Mike Evans, Leil Cohén de Evans, Bert Sylverman Reyes, entonces residentes en Estados Unidos y Manuel Emilio Reyes Mota y Rafael Reyes Mota, domiciliados en Santo Domingo.

Recientemente fue designada Mercedes Mota una calle del sector La Castellana.

Bibliografía:

Julio Jaime Julia: Antera Mota, El Caribe, 23 de marzo 1964. Haz de luces, Santo Domingo, 1990. Vida y Pensamiento de Mercedes Mota (recopilación de sus artículos). Santo Domingo , 1965.


Miren que cosa más linda me ha enviado Efraim ¡GRACIAS COMANDER!

http://www.jacquielawson.com/viewcard.asp?code=2007134554829&source=jl999

miércoles, diciembre 22

Ne te retourne pas ¡Chapeau, chapeau, chapó!


Monica Bellucci y Sophie Marceau


Marina de Van es la directora de esta película que me ha dejado clavada durante dos horas.  No pienso hacerle la competencia a Pepe Derteano que lo hace maravillosamente, pero me ha gustado la peli y lo pregono ¡qué buen rato pasé! Me ha encantado el manejo moderno del suspense y la elegancia de estas damas, la tenacidad del personaje en desentrañar su misterio y el final, mezcla de imaginación y realidad porque se trata de percepciones, de lo que es verdad para unos y suposiciones para otros. Y lo que me parece más interesante, porque ya lo he pregonado antes: nadie puede dar lo que no tiene dentro. Un buen artista, (un escritor lo es) no puede desatar la creación que conmueve si él mismo no es sincero y auténtico, si no se conoce a sí mismo.


EVOCACIÓN DEL RUIDO (de Pedro Mir 1913-2000)


Cada cabeza llevaba con soltura su pedazo de cielo
completamente propio, por la quebrada esquina.
Pasaban cielos claros y mocetones de cielo,
ligeramente solos, con un aire contiguo a la adolescencia.

Cada cabeza arrastraba su ámbito de cielo.
A veces, en la quebrada esquina,
perseguido de breves remolinos azules,
se detenía un cielo juvenil que apenas reposaba
como un beso sobre una piel secreta
oculta en una red de bucles dolorosos.
Probaba su equilibrio hecho de venas blandas
y músculos de rosa,
y seguía la ruta necesaria,
el breve sur que levemente mancha el este,
en la presente rosa de los vientos de verano.
O quizás desembocaba el último cielo
en la esquina quebrada,
con su nube final, su azul definitivo,
y seguía un rumbo ignorado por su dintel de sombras
permanecidas de intimidad encadenada.

Porque, eran muchas cabezas
y todas de sangre viva, de movimiento vivo,
y cada una entonces arrastraba su cielo...

Fue por aquel momento por donde vino el gran ruido.
Surgió de las sombras, del fondo de sus caminos
negros, del terrón escondido,
y emigró a los ladrillos bermellones,
llenó todo el día, repercutió
en el último rincón donde descansa el último
pensamiento, silenció toda boca,
designó un gran olvido que borré todo olvido;
y el odio y la esperanza,
y quedó palpitando, completamente solo
cayendo como un hongo ilimitado,
el último pensamiento cautivo de la nada,
cogido en su propia malla de cordones severos.

Después circuló la vida de repente
con nueva sangre y corazones nuevos.
Hizo un extraño día de grandes ojos celestes
y un cielo inmenso de tacto cristalino
se derramó en silencio por todas las cabezas...

Azul de un solo cielo.
Razón de un miedo antiguo.
Recuerdo haber querido un amor sin tropiezos.
El aire estaba limpio como llovidas hojas.
Nos dimos la misma mano,
medimos la distancia,
pasaron nuestras venas precipitadamente
en pos de un lejano poro.
Un tosco jirón de cielo tembló sobre tus rizos,
y en el fondo del alma nos sobrecogimos de miedo.
Un miedo interminable que rompía los cielos en fragmentos azules...

martes, diciembre 21

“El poder controla a cada ciudadano, pero cada ciudadano, o al menos el hacker, puede conocer todos los secretos del poder”.


Umberto Eco habla sobre Wikileaks


El escritor dice que la profecía orwelliana del Gran Hermano se dio vuelta: el ojo del ciudadano vigila al poder
El célebre semiólogo italiano afirma en una columna publicada en el diario francés Libération que WikiLeaks es un escándalo “aparente”, porque “sólo resulta tal frente a la hipocresía que rige las relaciones entre los Estados, los ciudadanos y la prensa”. Sin embargo cree que el caso anuncia “profundos cambios a nivel internacional”, informó Infobae.WikiLeaks, dice Umberto Eco, confirma que “cada dossier elaborado por un servicio secreto (del país que sea) está compuesto exclusivamente por recortes de prensa”. Ejemplo de ello son las revelaciones estadounidenses sobre los hábitos sexuales de Berlusconni que hace tiempo son objeto de portadas y artículos en los medios italianos.
“El informante es perezoso, escribe Eco, y perezoso es también el jefe de los servicios secretos”. “Entonces, ¿por qué las revelaciones sobre esos informes hacen tanto ruido?”, se pregunta. Según él, este escándalo confirma algo ya sabido: que “al menos desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, y desde que los jefes de Estado pueden comunicarse por teléfono o tomar un avión para encontrarse a cenar, (las embajadas) han perdido su función diplomática y, excepción hecha de algunos pequeños ejercicios de representación, se han transformado en centros de espionaje”.
Pero, dice Eco, “el hecho de repetirlo públicamente viola el deber de hipocresía y sirve para colocar bajo una mala luz a la diplomacia estadounidense”.
“En segundo lugar, agrega, la idea de que un hacker cualquiera pueda captar los secretos más secretos del país más poderoso del mundo es un golpe no desdeñable al prestigio del Departamento de Estado; por ello el escándalo es menos una crisis para las víctimas que para los «verdugos»”.
En cuanto a lo que llama “la naturaleza profunda de lo sucedido”, Eco dice que a diferencia del Big Brother (Gran Hermano) concebido por George Orwell en una profecía que considera cumplida -la del el ciudadano convertido en víctima total del ojo del poder-, “cuando se demuestra, como ahora, que ni las criptas de los secretos del poder pueden escapar al ojo de un hacker, la relación de control deja de ser unidireccional y se vuelve circular”. Y explica: “El poder controla a cada ciudadano, pero cada ciudadano, o al menos el hacker, puede conocer todos los secretos del poder”.
Formula entonces la pregunta ineludible: “¿Cómo puede sostenerse un poder que ya no tiene la posibilidad de conservar sus propios secretos?”. Aun cuando considera que en verdad los secretos develados son “vacíos” por tratarse de datos de dominio público como el carácter de ciertos jefes de Estado, “revelar, dice, como lo hace WikiLeaks, que los secretos de Hillary Clinton eran secretos vacíos significa quitarle todo poder”. Su conclusión es que “WikiLeaks no hizo ningún daño a Sarkozy o a Merkel, pero hizo uno muy grande a Clinton y a Obama”.
A futuro, cree el escritor, “los Estados no podrán ya poner en línea ninguna información reservada porque ello implicaría publicarla en un afiche callejero”. “¿Cómo podrán mantenerse en el futuro relaciones privadas y reservadas?”, se pregunta. Su profecía es que habrá una regresión a los métodos de antaño e imagina “a los agentes del gobierno desplazándose discretamente en diligencias por itinerarios imposibles de controlar, llevando sólo mensajes aprendidos de memoria, o a lo sumo, escondiendo unas pocas informaciones escritas en el taco del zapato”. Guardar informaciones en copia única en cajones cerrados con llave será más seguro que confiarlas a la red ya que, finalmente, “el intento de espionaje del Watergate tuvo menos éxito que WikiLeaks”.
Eco concluye su artículo con una última observación: “En otros tiempos, la prensa intentaba comprender lo que se tramaba en el secreto de las embajadas. Hoy, son las embajadas las que piden informaciones confidenciales a la prensa”.

¡FELIZ NAVIDAD!

lunes, diciembre 20

El viaje, de Pedro Conde Sturla

http://lememepom.blogspot.com/

La idea del viaje, largamente acariciada, fue lo mejor de todo, y más feliz que todo fue el retorno del viaje. Sí, definitivamente lo más feliz del viaje fue la idea del viaje, el proyecto del viaje que fue tomando cuerpo lentamente, su propio cuerpo, el cuerpo madurando como una fruta, fermentando en nuestras mentes como un caldo, embriagando todos nuestros sentidos.
Inventamos destinos sobre el mapa de Europa, destinos planificados, calculados al milímetro sin pensar en los imprevistos del destino. Cada avión, cada hotel, cada tren estaba en su lugar y en su hora. Debían estarlo. Como si pudiera uno ponerle horarios y trazarle rutas al azar. En todo proyecto de viaje hay siempre un factor oculto que no podemos planificar y mucho menos anticipar.
Se nos viene encima con el horror de lo imprevisto a veces: Las raquíticas rumanas en el aeropuerto de Madrid, que volveríamos a ver en París.
La escena del cordero que degollaron en presencia de todos los viajeros. El griterío y la sangre. La gitana que se quedó mirando fijamente a los siameses. 
Nos dijeron que en lo adelante tuviéramos cuidado con las bandas de rumanos y gitanos. Que no perdiéramos de vista en ningún momento el equipaje.
Más feliz que todo -como dije- fue el retorno del viaje, debió serlo. Todos sanos y salvos, aunque yo no he regresado aún del todo y no me siento sano y no me siento a salvo. Presiento todavía las consecuencias.
En cuanto a los demás, no sé qué cambio, qué efecto habrá surtido el viaje, pero el secreto se adivina en las miradas cómplices. Ninguno ha vuelto a ser él mismo, pero nadie habla del asunto. Prefieren ignorarlo.
Fue como aquella vez que el filósofo bajó de su habitación de hotel en Barcelona, mojado como un pollo, y desapareció durante dos días. Nadie le prestó atención al asunto, aunque a mí me parecía alarmante. Está comprando libros, decía la esposa.
Y regresó, en efecto, al cabo de dos días con un cargamento de libros que se encerró a leer en su cuarto. Sólo a mí me pareció que el hecho tenía algo de metafísico y curioso. Pero no volví a recordar el episodio hasta que precipitaron otros acontecimientos.
Los organizadores del viaje -el Gran Timonel timoneado por su Timonela-, en esa misma ciudad mágica de Barcelona nos invitaron a una tasca cerca de La Rambla (éramos nueve en total) llamada Passadizo de pasillo, larga y estrecha como su nombre, y allí fuimos agasajados como reyes, con manjares que parecían proceder del cuerno de la abundancia de la mitología.
El largo trayecto de regreso al hotel lo hicimos a pie, como era de rigor, para ayudar a la digestión y disipar las nieblas del alcohol, pero fue algo imprudente. Nadie nos advirtió que en esa época y a esas horas de la madrugada, bandas de malhechores gitanos y rumanos azotaban la ciudad y se hacían temer por las mismas fuerzas del orden. Un mal encuentro, hubiera significado para nosotros regresar al hotel en pelotas, como les había sucedido recientemente a otros turistas.
De hecho, eran casos muy habituales que la prensa no reportaba. Igual que no reportaba que la iglesia de La Sagrada Familia se convertía de noche en madriguera  de personajes de la corte de los milagros como los que describía Víctor Hugo en sus novelas.
Un clima parecido percibí en Milán. La percepción de algo indefinidamente maligno que te acechaba en un ambiente de relumbrón con un trasfondo de profundo malestar e inseguridad, incluso en los mismos alrededores del fastuoso duomo.
En Venecia, como era previsible en esa época, nos recibió el diluvio, no el diluvio habitual sobre el que sobrevive la ciudad desde hace cientos de años, más bien una ventisca aleve, una marejada triunfal, las aguas que subían de nivel a vista de ojo, la lluvia helada que nos empapó antes de abordar el vaporetto.
Luego el trayecto inestable, el vaivén del vaporetto que avanzaba en zigzag, por el Gran Canal, ajeno al vómito de los pasajeros, haciendo escala en los embarcaderos de una y otra orilla, recogiendo y bajando pasajeros hasta llegar una hora después al de la Plaza San Marcos.
Allí desembarcamos con un total de diecinueve maletas celosamente custodiadas para dirigirnos al hotel que nadie sabía dónde estaba, ni siquiera el Gran timonel. ¿Allí qué hacer?
Apareció, entonces, providencialmente un hindú que conocía el lugar, todos los lugares de Venecia, y puso a nuestra disposición un transporte elemental de dos ruedas y sus servicios de bestia de carga a precio de limusina. Aparentemente, en el pequeño y ligero transporte de aluminio no cabía el equipaje. Pero el hindú hizo lo imposible (con cierta habilidad de encantador de serpientes) para colocar y equilibrar los bultos y mantenerlos en equilibrio y también lo imposible para manejar la pesada carga, a pesar de su esmirriada anatomía.
Lo peor es que el hindú avanzaba, sospechosamente, más rápido que nosotros por aquellos callejones de Venecia, espantando a los turistas con gritos desaforados, hasta que, de pronto, lo vimos desaparecer en uno de los tantos recovecos venecianos y lo dimos por perdido con todo y equipaje. Sentí un escalofrío cuando, por un momento, me pareció ver a una de las rumanas del aeropuerto de Madrid y recordé la sangre del cordero degollado y a la gitana que se quedó mirando fijamente a los siameses.
Nos invadió entonces una sensación de legítimo desamparo, una notable flojedad en cierta parte del cuerpo. El susto, sin embargo, la horrible sensación de legítimo desamparo, duró poco.
En el hotel de lujo que habíamos reservado encontramos al hindú pocos minutos después, desmontando su carga y ofreciendo de nuevo sus servicios de bestia de carga para el día de partida, a precio de limusina.
Era un muchacho honrado que vivía de su honradez, y los muchos Euros que en un solo día ganaba en Venecia trabajando como limusina superaba lo que quizás ganaba en su país de origen en varios años.
El hotel de lujo se encontraba en un callejón por donde apenas cabían dos personas caminando en sentido contrario: Un lobby reducido, una miniatura de  ascensor para gente delgada, una pequeña habitación bien amueblada.
El lujo de los hoteles en Venecia, se mide en términos enanos, salvo en los hoteles palaciegos donde los privilegiados pagan una fortuna, a pesar de que se mueven como una hamaca con el subir y bajar de la marea y el paso de lanchas y vaporettos.
La segunda y última noche de diluvio en Venecia, para no desperdiciar la estadía, mientras las olas arreciaban y subía el nivel de las aguas, fuimos a escuchar música y comer en aquel paisaje desangelado de Piazza San Marco donde los pocos turistas y nosotros caminábamos sobre las improvisadas pasarelas para no mojarnos hasta las pantorrillas. Había un solo lugar abierto en la plaza con un conjunto de música ruso que tocaba melodías clásicas italianas y nos sumamos a los pocos clientes. En lo que se descomponía el tiempo comimos y cantamos felizmente.
Más que ninguno, la Timonela del Gran Timonel le ponía buena cara al mal tiempo y estaba eufórica, inspirada. La esposa del Gran Timonel quería bailar sobre las olas del mar, pedía un paseo tormentoso en góndola con gondoleros cantando canciones venecianas, un imposible paseo en góndola, y no había quien la hiciera cambiar de opinión.
-¿Con este tiempo señora?
En principio, la escuchábamos por deferencia. Ella se erguía como la heroína de una novela romántica y pedía un paseo en góndola con tanto apremio, tanta vehemencia, como si en ello le fuera la vida, lo cual era más que posible.
Pero lo peor fue que al final, motivados por la intensidad de su deseo, nos contagiamos con la magia de su entusiasmo y accedimos a dar el paseo en góndola, aunque el Gran Timonel fruncía las cejas en señal de desaprobación. ¡Todos en góndola!, dijimos, aunque desde luego no apareció ningún gondolero suficientemente temerario, pero en el establecimiento, por si acaso, nos pidieron discretamente que pagáramos la cuenta antes de emprender cualquier aventura.
El único que se había atrevido a salir esa tarde en su góndola con dos turistas rubias, un tal Giuseppe Aliscano, no había regresado todavía. La góndola regresaría intempestivamente al poco tiempo de costado y maltrecha, haciendo un chirrido fúnebre que nos erizó de pavor.
La góndola de Aliscano, arrastrada por la corriente, se detuvo en medio de la Plaza de San Marcos con las turistas rubias desnudas y moribundas y el Aliscano muerto, enredado sus pies entre unas cuerdas, e igualmente desnudo.
De alguna manera, en el breve lapso de la desgracia las bandas de gitanas y rumanas habían tenido tiempo para despojarlos de sus ropas y prendas. La gente del local donde festejábamos nos aconsejaron de inmediato regresar al hotel.
Esa noche arreció la tormenta y las olas golpeaban las ventanas del segundo nivel de nuestro hotel de lujo. El filósofo amaneció mojado como un pollo.
Además, según las noticias del día siguiente, una gitana sin documentos, pequeñita y empapada como una muñeca de trapo, se había ahogado en el Gran Canal.

Pedro Conde Sturla es escritor

domingo, diciembre 19

Nosotros que vivimos del turismo...

Hace unos días reiteré mi contraargumento de que para defender nuestro progreso no tenemos que decir que este país es lo peor del mundo. Comprobar que en otras latitudes se viven situaciones semejantes, me convencieron de que el ser humano es el mismo dondequiera y que los problemas que nos invaden son los mismos. Si la sociedad es más desarrollada, te dirán que ya pasaron por lo que estamos pasando y si son más atrasados, seremos nosotros quienes lo diremos. Lo que me parece increíble es que la humanidad no aprende. El documental de Manuel Mora Morales, AmazonasFilms, sobre Lanzarote explica mucho de lo que aquí acontece y seguirá aconteciendo. No tenemos fuerza como dice Saramago, pero también, como dice un letrero en la casa: Podemos ser vencidos si luchamos, pero si no luchamos, ya estaremos vencidos de antemano.

sábado, diciembre 18

Privilegio

Minerva de Cocco felicita a Martina, una empleada de la Editora Alfa&Omega de no sé cuántos años atrás al ganar por sorteo una obra de arte en la comida de navidad de la empresa. Casualmente se encontraron debajo de esa pancarta colocada por los compañeros en la entrada del taller. No niego que me emocioné porque él se siente.

ES QUE ESTÁ
Ayer tuve el privilegio de compartir en la fiesta de navidad de Editora Alfa & Omega con mis ex compañeros que aún siguen siéndolo. Niurka, Ana, Josefina, Chichí, Darío, muchos! Gente fiel, hermosos y alegres disfrutando de una comida compartida en armonía. Minerva de Cocco y sus hijas: Katherine, Yaruska, Maureen y Patricita, el tesoro de Miguel en el mismo lugar en que las ideas impresas, antes conversadas y acordadas, levantaron vuelo y desde el principio al fin, impulsaron cambios.
Como en todas las fiestas, comida abundante, bebidas, rifas y alegría. Y, no me importa si hay quien piensa que a los que parten hay que guardarles duelo y dejarles ir, que al reiterar sus presencias les estamos obligando a permanecer entre nosotros... De alguna forma, creo que esta es la excepción. Creo que las almas grandes se quedan hasta continuar sus obras con otros ojos, otras manos, otras voces... Creo que Minerva de Cocco no es una amante obsesionada y sí una mujer fiel en todo el sentido de la palabra. Fiel a su corazón y a sus sentidos. Fiel a las sensaciones vividas, a las ideas compartidas, a la fortaleza única que crearon entre los dos para criar a sus hijas, levantar su empresa y continuar viviendo. Ella ha enfrentado la vida con la elección de lo que sembraron. No creo que viva en el pasado, simplemente, está tan, pero tan llena de la inmensidad de su hombre que todavía tiene que compartirlo con todos. No veo tristeza en Minerva, siento su compás de espera porque tarde o temprano sus energías se unirán completamente desde este camino de luz que va trazando. No es una viuda más. Abrazó una misión y es recordarnos que compartió la vida de un hombre grande que por grande, nos sigue dando poquitos de su sombra guarecedora de tanto Sol para que no nos quememos de golpe, como el gigante árbol que ramificó desde una vida digna y ejemplar. ¡Te quiero Minerva!

Una boca pálida, por Farah Hallal

Una mano sangrante se me funde en el pecho. La perfección del pétalo tiene este charco de sangre. Una  boca muere gozosa y poseída, ...