viernes, octubre 29

José Martí en el agujero de gusano de...


Por Efraim Castillo

LOS CUBANOS DEL exilio —en una aplastante mayoría— se vinculan, se reconfortan y lloran porque llevan a Cuba en un agujero enorme y sangrante del corazón. Este agujero, como un fenómeno extra-antropológico, no se llama Fidel (que es un subterfugio, un asombro, un miedo al que consideraron pasajero), sino que responde a un héroe ya mítico que lleva por nombre José Martí y que representa para ellos la Patria misma, al igual que una poderosa razón que les pesa y les bulle en el alma como un ritmo guarachoso.
Así, Martí personifica para los cubanos del exilio una ilusoria estadía en la gran isla antillana y, al mismo tiempo, una trampa dorada que los abruma de recuerdos inalcanzables, porque Martí, como apóstol y redentor del grito de esperanza que llevó a Cuba a una independencia del brazo de Máximo Gómez, ha sido el personaje idóneo para que los protagonistas de las irrupciones y villanías  lo exalten, bendiciéndole como el inspirador supremo de sus actos. De igual modo, Martí ha sido derechista e izquierdista, ateo y santo, un exitoso pitcher abridor y dueño de equipo, y también el poeta de las contradicciones e ideólogo supremo… Pero siempre —¡siempre!—, el cubano número uno del mundo.

Pedro Ramón López-Oliver
Y a Pedro Ramón López-Oliver[1], un cubano del exilio, esta casi arbitraria definición podría venirle como anillo al dedo —pero que no le viene— porque para él José Martí es algo más que la Patria y que una razón de peso para soportar su destierro. Para Pedro Ramón López-Oliver el recuerdo de Martí es la vivificación plena de una Cuba en recidiva; de una Cuba cuya enfermedad colonial no se curó del todo en 1898, sino que ha continuado redefiniéndose como un moriviví  a través de Machado y Batista, en el 33, de Grau San Martín, en el 44, de Carlos Prío Socarrás, en el 48 y, desde luego, de Fidel Castro en el 56 y 59,  encaminándose éste hacia el medio siglo de haberse alzado con el poder.
O sea, que el Martí que López-Oliver presenta en la muestra Cuba y Martí: En el ojo del huracán no murió en 1898, sino que resucitó como una referencia solicitada en 1933, tras el asalto al poder de Batista, y ha atravesado los últimos setenta y cinco años aposentándose, no como el ensueño fantasmagórico que los dominicanos atesoramos con una débil imagen de Duarte, sino como un ente que funge de preservativo social para justificar los discursos de todos aquellos que han protagonizado los eventos políticos de Cuba en los últimos tres cuartos de siglo.
El recuerdo de Martí para Pedro Ramón López-Oliver tampoco es una obsesión, sino una sospecha irreconciliable que ha traspasado el tiempo y lo ha unido en todos los correlatos que conforman el imaginario de la Cuba actual.
Y para probarlo (y sin jamás haber pretendido convertirse en un ente mimético, pero sí en un enlazador, en un analogon sintetizador de realidades obstruidas por, tal vez, una historia acomodada a las circunstancias), López-Oliver se ha armado de un pincel para unir en un agujero de gusano traspasador y unificador de los tiempos —con Martí como eje central—, a todos los personajes que han incidido en el recuento cubano auténtico de los últimos setenta y cinco años y que, para muchos, sabe considerablemente más que a historia, a pura patraña.
 Este agujero de gusano de López-Oliver, no es desde luego, ese túnel de diámetro infinitesimal que podría —según la física teórica— conectar alguna región del universo con otra, descontando los tiempos, esas sacudidas einsteinianas que marcan los compases sigilosos de los segundos, los minutos y las horas, sino un agujero-observatorio para narrar a través de una estética innovadora y transformadora —por su eclecticismo conceptual— una historia que, como la de Cuba, ha sido registrada en una cronología de sorpresas y contradicciones, pero siempre con el fantasma primoroso, flexible y oportuno de José Martí a cuestas… ¡como una sombra, como un espejo multiplicador de los objetos!
Y esto es lo que López-Oliver ha iconografiado en Cuba y Martí: En el ojo del huracán, para que sirva de observación y conocimiento históricos.


Imagen de Jose Marti superpuesta a las imagenes de los tres dictadores cubanos.

Fidel Castro, Eduardo Machad y Fulgencuiio Batista.

Sanguina sobre papel, fotografiado digitalmente e impreso de nuevo en papel,

la imagen de Marti dibujada en pastel negro.

López, desmontando y aprovechándose de las estéticas pictóricas de los maestros cubanos que brillaron en los años treinta y cuarenta (Amelia Peláez, René Portocarrero, Cundo Bermúdez, Mario Carreño, Mariano Rodríguez, Wifredo Lam y otros), ensambla a Martí entre los personajes que, de una forma u otra, han incidido en la historia cubana, como un fantasma avizorador de las tempestades y su figura, en donde su rostro se presiente, a veces, a través de su mostacho o sus huesudos pómulos, lo presenta como un testigo mudo pero severo de los aciertos y desaciertos de un discurso en donde él —Martí— está libre de sospechas. Por eso, en este agujero de gusano José Martí va mucho más allá de la metáfora para convertirse en un paralelo que descorre el tiempo, ya que —y esa es una de las lecturas de la muestra de López-Oliver— el apóstol cubano ha sido usado, constantemente, como una armadura, como una coraza protectora por los héroes —falsos o no— para así irrumpir en la historia y cotejarse con la leyenda.


Quien observa la muestra en su conjunto, sin detenerse a leer cada obra descontextualizada e individualizada como un solitario icono, se sentirá golpeado, casi abrumado por esos martíes transfigurados y cotejados dentro de las imágenes de la exposición, que abarcan siete décadas. Encontrará y juzgará, del mismo modo, que al prócer cubano se le ha jugado una pesada broma. Pero cuando el observador separe cada objeto de la muestra y lo lea con detenimiento, escrutando los personajes donde López-Oliver ha insertado el Martí percibido, todas sus sospechas se diluirán y sobrevendrá en su apreciación un sólido goce estético que lo impulsará a aplaudir el atrevimiento de López-Oliver de, por una parte, denunciar y desacralizar (no a Martí, desde luego) sino a los que lo han usado para treparse sobre él y, por la otra, enfatizar al héroe como un hombre cuyo talento para denunciar, violentar, domesticar y forzar la historia, fue superior a sus lacras.


Apoyándose en una estética abierta, desinhibida, Pedro Ramón López-Oliver bordea el arte conceptual y, por momentos, se lo apropia para utilizarlo como herramienta, pero abriéndose a una observación de la historia cubana desde una focalización ontológica que pretende obviar los problemas de forma y contenido a través de una absoluta libertad.



López-Oliver, partiendo de un lenguaje desprovisto de las cargas —modernas y posmodernas— que han sintetizado el arte desde la segunda mitad del Siglo XIX hasta nuestros días (impresionismo, expresionismo, cubismo, fauvismo, dadaísmo, abstraccionismo, surrealismo, abstraccionismo geométrico, constructivismo, expresionismo abstracto y neorrealismo), lateraliza su estética de manos del conceptualismo teorizado por Sol LeWitt en los 60's, donde el fundamento de la idea, o el concepto, es lo que motoriza la esencia vital de la obra. Sin embargo, para López-Oliver lo primario en su lenguaje no ha sido provocar un parentesco entre su obra y el concepto, sino el sintetizar de la manera más expedita —y tal como se estructura en el arte utilitario, pero permitido en la estética conceptual— un mensaje, una noción de que las contradicciones implícitas en la realidad cubana han sido construidas a partir de la intolerancia.
Es decir, López-Oliver no ha apostado a su reconocimiento como artista, sino que, superando ese ego terrible que sacude a los productores miméticos, podría desafiar la ira de la crítica a través de esta muestra donde la coherencia narrativa sobrevuela esplendorosamente la propia estética.


[1] Nació en Santa Clara, Cuba en 1945. Emigro a EEUU en 1961. Desde entonces ha vivido en Miami, San Juan de Puerto Rico, Madrid y Paris. Esta graduado en historia (M.A., University of Miami, 1970) y en derecho ( J.D., Interamerican University, 1975 ) en EEUU. Le han sido publicados dos libros, uno de cuentos: "Te acuerdas de aquello Ofi?", Ed. Playor, Madrid, 1971; y otro sobre política: "Cuba: Crisis y Transición", University of Miami Press, Miami, 1991. Actualmente reside en Santo Domingo donde ejerce como empresario, es comentarista de asuntos políticos en TV, escribe y pinta con fruición la figura de José Martí.

miércoles, octubre 27

HUMOR ¡BENDITO HUMOR!

Entre la soberbia y la humildad, entre el deber y el orgullo mal entendido

"Mira aquella luz cómo disfruta
en la oscuridad
sólo le preocupa
que la vean los demás
móntate en su grupa"...


Los poetas con su poder de síntesis, dan guiños a la vida cotidiana que la hacen más llevadera. Podría escribir una biografía con letras de canciones y poemas. Se puede decir tanto... Pero el mundo es ancho, diverso y ajeno. ¡Ah, pero yo tengo un "mundo" mío. En mi mundo hay espacio para echarme más reprimendas que alabanzas: porque no importa que tan bien quede lo que hago: siempre puede quedar mejor. Y para que esto suceda, para que me quede mejor, he de vencer los prejuicios y condicionamientos. Implicarse (mojarse para algunos, que el que quiere comer pez, ya sabe), es estar dispuesto a barrer, si hay que barrer o por el contrario, estar en la línea de recibo, cuando empiecen a llegar los invitados. Toda una gama, ¿no? Según mi lógica, la mayoría de los cocineros elaboran deliciosos platos para que otros los disfruten. Eso es un arte. Eso tiene una ética. Aunque los comensales estén dispuestos a pagar, el triunfo del cocinero es que todo quede perfecto, que quienes prueben su manjar la emprendan en alabanzas y el orgullo de la satisfacción le extienda un halo de gloria por ser un gran chef. ¡Nooo!, desvarío. El pinche que echó la sal es el primero en servirse y el mal cocinero pide un precio extraordinario por su plato. ¿Qué nos pasa?
Siempre refiero que somos 8 hermanos y que entre los tres primeros y el resto hubo un cambio radical. Los hermanos menores empezaron a cuestionar qué ganaban con sus acciones, mientras que los mayores nos desvivíamos por agradar a nuestros padres, que eran la autoridad. Evidentemente, soy producto de mis vivencias y estoy vieja. Al contrario de mucha gente, para mí ser viejo es un logro, pues se supone que a mayor vida, mayor sabiduría y no hay mayor riqueza que la sabiduría. Pero el sabio tiene que encontrar la forma de lidiar con la ignorancia y hasta con la inocencia. Tengo mis propias leyes que se suponen válidas mientras no lastimen a nadie. Y he aquí que eso se vuelve utopía pues tan sólo de pensarlo y expresarlo, ya habrá alguien revolviéndose en su silla. Hasta para educar a los hijos se da una lucha de contrarios. Es bien sabido que uno de los dos padres tiene que asumir la línea dura, porque si es por argumentos...  Lo que es inconcebible es que para alcanzar un resultado haya que pasar por unos procedimientos que a veces dependen de la voluntad de alguien que a lo mejor no está en vena y eso me obligue a esperar para respetar. ¿Y no estamos precisamente para encontrar soluciones? La pasividad de algunos es un atraso, por más adelanto filosófico que signifique. Armonizar diferentes niveles de madurez y desencuentros de intereses en la época en que la complejidad invita a la confusión es una verdadera lucha física e intelectual. Lo que va a seguir siendo un enigma para mí es que todos tengamos acceso a las mismas normas y lo que realmente aprendemos es a utilizarlas a conveniencia. Menos mal que el respeto se gana con el trabajo.









Respeto


Cada cual vaya diciendo lo que quiera
se lo lleva la corriente
por la carretera
ves pasar la gente
y tu sangre permanece indiferente

Tú le pides a tu Dios por las mañanas
que lo malo no te coja
después le pides al viento
que te arrastre las hojas
rezas por la lluvia y no te mojas

ESTRIBILLO:
Está muy bien eso del cariño
yo me comprometo
pero no me des un dulce como a un niño
te estoy hablando de respeto

Ya ha llegado el sol a lo más alto
¿qué puedo yo hacer?
no puedo mirarlo
ni vivir sin él
todavía tengo mucho que aprender

Dices que la noche se hace larga
más largo es el día
regaré tus flores
si tú riegas las mías
cada bicho va buscando su armonía

Está muy bien eso del cariño
yo me comprometo
pero no me des un dulce como a un niño
te estoy hablando de respeto

Mira aquella luz cómo disfruta
en la oscuridad
sólo le preocupa
que la vean los demás
móntate en su grupa

Está muy bien eso del cariño
yo me comprometo
pero no me des un dulce como a un niño
te estoy hablando de respeto.

sábado, octubre 23

"¡Libertad! Libertad! El grito de Octubre" y "Los masacrados del octubre de 1961"

20 de octubre de 1961:  
           
Por: Ángela Peña
  

“Para los dominicanos, octubre de 1961 fue una fecha trágica pero también gloriosa por el inigualable gesto de una decidida y valiente generación de estudiantes que desafió la represión de las fuerzas militares, a los remanentes de la dictadura, al gobierno presidido por Joaquín Balaguer que lo heredó tras el tiranicidio.


Las protestas se iniciaron el 16 bajo la consigna de “¡Libertad, Libertad!” y la destrucción de letreros, retratos, estatuas, bustos del sátrapa y su familia y culminaron el 20 con la masacre de Ciudad Nueva, “la primera matanza de estudiantes que recuerda nuestra historia” como expresó la Asociación Dominicana de Profesores y Estudiantes en un comunicado.

Miembros de la Policía Nacional, el Ejército, la Agencia Central de Información (sustituta del  SIM de entonces) ametrallaron las casas de esa popular barriada que se declaró “Territorio Libre” aprestándose sus moradores al defenderse de las agresiones que durante la tarde del 20 perpetraron las “fuerzas del orden” con disparos de pistolas, revólveres y ametralladoras.

Los estudiantes fueron de los primeros en enfrentarse
a los remanentes de la dictadura de Trujillo

El centro de sus operaciones fue la calle Arzobispo Nouel esquina Palo Hincado. “Desde ahí fueron disparadas ráfagas de ametralladoras contra  azoteas y  techos de las casas aledañas sin ninguna consideración”. Luego avanzaron y fueron capaces de irrumpir en el hospital “Padre Billini”, molestos porque médicos y practicantes llamaban a la moderación. Otro tanto hicieron en la calle Espaillat esquina Conde y en la Santomé frente al citado centro de salud.

“Sangre, plomo y muerte rondan las calles. Santo Domingo es pasto del crimen oficial. Policía ametralla  en trágico despliegue de fuerza”, titulaba el semanario “Unión Cívica” su edición del 25, cuando pudo circular. “La Nación” y “El Caribe”, en cambio, condenaban lo que llamaban “desórdenes estudiantiles” dirigidos por la oposición, principalmente por Viriato Fiallo, decían, que según sus articulistas y editorialistas “envenenó a los jóvenes que asistieron al mitin celebrado el domingo 13 en el parque Colón”. Se referían a la “vesánica prédica” de Viriato.

Después acusaron también al PRD, 14 de Junio, a Juan Bosch. “Son los viejos zorros de nuestra política que en diabólica táctica han resuelto lanzar a las calles, en busca de la víctima propiciatoria, a niños, no importa la edad que tengan, para provocar la intervención de la fuerza pública”, escribió  La Nación, aún al servicio del Gobierno.

A este rotativo, a El Caribe, La Voz Dominicana, Radio Caribe, responsabilizaba la ADPE del bestial atropello “por haber falseado groseramente la verdad tanto en los hechos como en los motivos que tuvieron los estudiantes para organizar sus justas protestas”.

Los de la Universidad de Santo Domingo no querían al rector José Manuel Machado, impuesto por Balaguer; reclamaban la autonomía, fuero y libertad académica de la casa de estudios. Los universitarios iniciaron la lucha en las calles y secundarios, intermedios, primarios, peritos contadores los apoyaron desde los liceos y escuelas de la República. Todos fueron reprimidos, golpeados, heridos, encarcelados, en principio dispersados con agua de las mangueras del Cuerpo de Bomberos. La Asociación Nacional de Estudiantes Secundarios, ANES, se destacó en estos sufridos pero patrióticos momentos.
Estudiantes son obligados a bajar de una
azotea de la calle Arzobispo Nouel, desde
donde demostraron su inconformidad.

El infortunio. Llegó el 20 de octubre luego de cuatro días de movilizaciones, anuncios de huelga, el cierre de la Universidad por un decreto balaguerista, y con ellos la agonía, la muerte y el desalmado discurso de Balaguer que pasó a la historia como la más cruel e insensible oratoria que registran los anales: “Sean mis primeras palabras para felicitar calurosamente a la Policía Nacional por la ejemplar conducta que observó durante las explosiones de violencia que han ocurrido en los últimos días…”.

El 20, según fotos y crónicas, la Policía enloqueció. Estudiantes, transeúntes, curiosos, pacientes internos del “Padre Billini” fueron víctimas de sus armas bélicas. Jorge Antonio Herrera Sánchez, estudiante de 12 años, fue atropellado por un patrullero que “a velocidad imprudente” trató de abrirse paso por entre la multitud congregada frente al Instituto de Señoritas Salomé Ureña. El niño “se anonadó”, según “Unión Cívica”, y “uno de los ocupantes del auto”, abriendo una puerta, golpeó al pequeño “lanzándolo bajo las ruedas”.

Citan al coronel Luis Arzeno Colón, pistola en mano, “tratando violentamente de dispersar” a los estudiantes. En el hospital, los disparos policiales causaron heridas a Pedro Nolasco Green y Aníbal Santiler (sic), practicantes; Iris de la Cruz, José Castellanos Marte y la doctora Altagracia Concepción (Tatica), se publicó. Desde la azotea del centro asistencial ametrallaron techos vecinos atestados de jóvenes.

En las calles fueron heridos Blanca Margarita Rodríguez Conde, Teresita Campagna de Guzmán, Ramón Sanino, Carlos Romero Domínguez, Milagros Ares, Euclides Solano,  un estudiante apellido Vargas, Andrés Piña y Ercilio Veloz que fue alcanzado por los tiros mientras leía un libro de poesías en el parque Independencia. Recibió herida de bala en la espalda y rasguños en el brazo izquierdo.

Entre los muertos estuvo Rafael Curiel, de 18 años, baleado estando en una azotea. De otros, se dijo, no aparecían los cadáveres. 

José Ignacio Cerda, héroe de esa juvenil gesta, falleció al poco tiempo de recibir un impacto. Pero momentos antes, “con todas las fuerzas que podrían quedarle a su ya exánime cuerpo, pudo hablar: “Me dieron un balazo, después me tiraron del tercer piso en que estaba”. Y agregó, agonizando: “Moriré por la Patria. Libertad, libertad, libertad… Quiero hacer la señal de la cruz, quiero confesarme porque sé que voy a morir por la libertad, libertad, libertad”. Con los pulmones destrozados por las balas, minutos más tarde exhalaba el último aliento.

Mientras, las cárceles y los hospitales permanecían llenos de estudiantes."- (Fuentes: Periódicos La Nación, El Caribe, Unión Cívica)-


"Los masacrados de Octubre del 1961:   

"Los acusaron de emplear tácticas de guerrillas, convertirse en turbas de agitadores, alterar el orden, incitar a la huelga, atentar contra la paz, escandalizar la vía pública, ultrajar a miembros de la Policía Nacional, dañar la propiedad privada. Al calificarlos como “francotirapiedras”, agitadores, provocadores callejeros, revoltosos, indeseables, parece que lo que más dolía a quienes condenaban la decidida manifestación juvenil que encontró apoyo en el pueblo de la capital y casi todas las provincias del país fue la destrucción de estatuas, bustos, retratos y nombres del Generalísimo recién ajusticiado.

Varios de los estudiantes murieron y decenas fueron heridos y apresados

Pero alegró a los medios oficiales que los grupos enardecidos, en principio  no pudieran destruir “la estatua sedente del fenecido Padre de la Patria Nueva” colocada en la entrada  del Palacio de Justicia de Ciudad Nueva. Porque desde el 17 de octubre de 1961, la despectivamente llamada “muchachada” tomó las calles con el grito contagioso de ¡Libertad! que no acalló la represión pese a la cruel matanza y los arbitrarios apresamientos del trágico día 20. Fueron cinco días de asombro que a pesar del dolor y el luto por los muertos y heridos representaron el más intrépido gesto de la juventud de entonces, sobre todo estudiantil, que culminó con la histórica masacre registrada “como la de la calle Espaillat” o “la de octubre”.



Alumnos y pueblo se expusieron a pesar de que todavía en los templos y recintos militares se oficiaban misas por el eterno descanso del alma del “preclaro Jefe” y se conmemoraba la “Redención de la Deuda Externa”, con gratitud al “Libertador”.

No importó a los muchachos la presencia  de Virgilio García Trujillo celebrando “nuestra libertad financiera” y la de Angelita, Ramfis y Radhamés, los “hermanos Trujillo Martínez” anunciando con inusual despliegue que donaban tres millones para casas al Instituto de Auxilios y Viviendas, Fundación Generalísimo Trujillo” ni que  la prensa aún  llenaba sus páginas con este titular: “Muerte Trujillo conmueve todas las localidades del país”, reproduciendo telegramas cargados de tristeza.

Tampoco los detuvo la “circular admonitiva” de Emilio Rodríguez Demorizi, secretario de Educación, llamando a los padres a “encauzar sanamente una juventud que viene siendo incitada por las facciones partidarias a intervenir en los eventos de una politización apasionada”.

“Se ha podido observar, decía el ilustre ministro, que en los últimos días los escolares olvidan su principal ocupación que es la de estudiar y educarse para dedicar su tiempo a actividades ajenas a la escuela, impropias de su edad, llevando a las aulas el fermento político pasional que se respira en la vida pública”.

Primer escenario.  La calle El Conde, entre las “Sánchez” y “Espaillat” fue el primer escenario de los estudiantes que allí lograron detener el tránsito y después fueron a Gascue.
La fuerza pública se acercaba y ellos la retaban a seguirlos. Ese 17 de octubre “el único daño que se produjo fue una puerta de cristal del restaurant El Conde”, según El Caribe, que aseguraba: “Policía mantiene actitud vigilante”.

Al otro día una piedra impactó en el cuerpo de Domingo Antonio Moreno Espinal, hijo del poeta Moreno Jimenes, en la calle Espaillat.

Ya no fueron sólo universitarios. Alumnos secundarios y primarios, niños aún,  rompían vidrieras y efigies del “Benefactor”, salían por otros liceos y todos se unían en la zona colonial y Ciudad Nueva. Arrancaban placas de bronce, relojes de los contadores de estacionamiento, tapas  de las alcantarillas, tubos, según las crónicas.

La Policía golpeó y apresó 13 jóvenes que “portaban piedras y puntiagudos pedazos de metales”, dijeron, publicando sus nombres, fotos, direcciones residenciales, grados que cursaban: Alberto Barinas, Juan Isidro Yanes, Carlos García, Andrés Mora Hernández, Carlos Romeo Domínguez, Rafael Cabrera Calvo, Francisco Antonio Marte, Matías Pimentel, José Juan Rodríguez, Luis Alfonso Rodríguez Méndez, Rafael Armando Bodre, Miguel Enrique Gil Mejía (tercer año de ingeniería y arquitectura, residente en Santomé 77), Dionisio Santana (quien recibió “heridas traumáticas en la región parietal izquierda”).

Después, Carlos Manuel Bello, Marino Sánchez, Rafael Martínez, Ernesto Manuel Rodríguez, Eladio Santana Sosa, Felipe Morel Inoa, Leonaldo (sic) Antonio Torres, Julito Santana Ulloa, Manolo Díaz Tejeda, Elpidio Antonio Cruz, José Leonilde Frías, Juan Isidro Lapaix Hernández, Rafael de Jesús Feliz, Danilo Rodríguez Pérez, Manuel Felipe Pimentel Hernández, Manuel Urbáez Fernández, René José de Jesús Nolasco Llinás, Ramón Arache, Miguel Rafael Suárez Jáquez, Víctor Manuel Báez Mundaray, Rafael Ernesto Lembert  Méndez, Manuel de Jesús Ventura, Oscar Mena Álvarez, Dionisio Sánchez Mena, Pedro Ramón Ramos, Manuel E. Martínez y Darío Jiménez Miranda.

Entonces, a las demandas por el cierre de la Universidad y el nombramiento del rector José Manuel Machado, dispuestos por el Presidente Balaguer, la petición de autonomía y fuero universitarios, la liquidación de imágenes y denominaciones trujillistas, el cambio inmediato del nombre del liceo “Presidente Trujillo”, se unió el reclamo de libertad para los detenidos que unas crónicas calculaban en 39 y otras en 57.

El régimen trujillista utilizó para la represión, además de la policía y los calieses, al grupo paramilitar conocido como “Los Paleros”, dirigidos por el delincuente conocido como Balá.
“Escenas de vandalismo se registraron ayer en la tarde (19 de octubre) en un céntrico sector de esta capital que durante unas dos horas quedó prácticamente en manos de una turba desenfrenada”, decía un periodista de El Caribe asombrado porque ahí “se encontraban hijos de familias pudientes, inclusive muchachas”, entre ellas “las niñas chic de Gascue”.

Se “agruparon” en la esquina de las calles Espaillat y Arzobispo Nouel “palmoteando y gritando eslóganes oposicionistas”, sobre todo después que en la “Francisco J. Peynado” esquina “Padre Billini” la Federación de Estudiantes Dominicanos distribuyera hojas sueltas  “responsabilizando a Balaguer y a las autoridades civiles del atropello perpetrado en las personas de los estudiantes y profesores”.

La revuelta alcanzó “proporciones nacionales”. Se temía “la implantación de la Ley Marcial para aplastar el resentimiento civil…”.

viernes, octubre 22

LOS NIÑOS EN LA FERIA REGIONAL DEL LIBRO

Una niña de Higüey observa el contenido del stand del Archivo General de la Nación en la
VI Feria Regional del Libro "La Altagracia 2010"

La verdadera razón de que existan las Ferias (del libro, del juguete, de artesanía, de lo que sea) es para que los niños aprendan de unos cuantos vistazos que el mundo no se reduce a su casa, su barrio, su escuela o su pueblo.  Para que encajen que tiene un camino llamado futuro. Para que se identifiquen con unas cosas y rechacen otras... En la VI Feria Regional del Libro "La Altagracia 2010", celebrada en Higüey y resaltando a las provincias del Este, el asombro de los niños siempre es una recompensa que alivia y recarga de entusiasmo a los que en esto trabajamos. Por ellos y para ellos, todo vale la pena.

LOS NIÑOS EN LA FERIA REGIONAL DEL LIBRO

Una niña de Higüey VI observa el contenido del stand del Archivo General de la Nación en la
VI Feria Regional del Libro "La Altagracia 2010"

La verdadera razón de que existan las Ferias (del libro, del juguete, de artesanía, de lo que sea) es para que los niños aprendan de unos cuantos vistazos que el mundo no se reduce a su casa, su barrio, su escuela o su pueblo.  Para que encajen que tiene un camino llamado futuro. Para que se identifiquen con unas cosas y rechacen otras... En la VI Feria Regional del Libro "La Altagracia 2010", celebrada en Higüey y resaltando a las provincias del Este, el asombro de los niños siempre es una recompensa que alivia y recarga de entusiasmo a los que en esto trabajamos. Por ellos y para ellos, todo vale la pena.

jueves, octubre 21

Orígenes y trayectoria del merengue típico dominicano


El jueves que viene, que estaremos a 28 de octubre, desde las 6:30
no se pierda la Conferencia del AGN,
porque el investigador y escritor
Rafael Chaljub Mejía compartirá sus conocimientos sobre
el Merengue Típico Dominicano.


domingo, octubre 17

¿Y SI TRUJILLO ME CONDECORA?

Jacques Roumain, intelectual haitiano, poeta
y novelista. Autor, entre otras obras de : Los gobernantes del rocío



En 1942 (septiembre) estaba yo en Haití. Había ido a entregar al presidente Lescot, entonces en una posición progresista que no presagiaba la que anunció después, una bandera nuestra enviada por el Frente Antifacista de Cuba al gobernante haitiano, en prenda de simpatía y amistad. Dos años antes, tal vez un poco más, pasó por La Habana Jacques Roumain. El gran poeta y hombre de ciencia, muerto casi repentinamente muy joven todavía, en 1944, dejó aquí una viva estela de buena voluntad y cariño hacia su patria, Haití, de la que muchos no conocíamos más que dos o tres figuras, las de mayor bulto en la historia de la isla: el precursos Toussaint, claro, pero más Cristóbal, el rey; Rigaud tal vez, pero sin duda Dessalines, el emperador. Roumain nos enseñó de viva voz, en reuniones con intelectuales y en charlas entre amigos, la entraña sangrante de su tierra natal, su heroísmo y fatalidad, desde la noche sagrada de Bois de Caiman, a lo largo de más de un siglo de convulsa y problemática independencia. El paso de Roumain por Cuba mucho tuvo que ver con mi viaje.

Lescot me recibió muy bien, en un acto en palacio, con la guardia nacional en formación y la fanfarria del ejército y buen golpe de personalidades oficiales, todas muy "comunistas" entonces, y todas, o casi todas, represivas y reaccionarias a más no poder cuando la Embajada yanqui mudó el decorado -lo hizo mudar- con un par de gritos a Lescot y sus adláteres. Por su parte Roumain me puso en contacto con algo que era mucho más interesante que el mundo oficial; la juventud progresista haitiana, el pueblo negro de aldeas y ciudades, las familias burquesas, mulatas, en las que el autor de Gouverneurs de la Rosée tenía gran influjo y ascendencia.

Naturalmente tal recibimiento hizo que el visitante cubano gozara pronto de más de una franquicia popular y que se le viera con simpatía y curiosidad. Lo grave fue que la resonancia de mi mansión en Haití (la cual abarcó cerca de dos meses) llegó hasta la vecina República de Santo Domingo, entonces bajo el férreo dominio de Trujillo. Una mañana, pues, madame Rouzier, la propietaria de la muy simpática casa de huéspedes en que fui alojado por Roumain -una casa fresca, familiar, frente al Champ de Mars- me transmitió, ni sin inquietud, la noticia de que tenía visita: nada menos que la del embajador dominicano en Port-au-Prince. Éste me acogió con vivas demostraciones de júbilo cuando me vio aparecer en la sala de la pensión. ¡Pero si yo estaba igual que en México, en el 37! ¡Pero qué suerte, estando tan cerca! Me dijo su nombre, Ramón Rodríguez, me parece, que no me trajo ningún recuerdo de México ni de ninguna parte. Aquel entusiasmo y alegría eran parte sin duda del show diplomático del embajador trujillista para plantearme, como me planteó la "necesidad de que yo me diera un salto a la vecina república. Los estudiantes me llamaban; las fuerzas más avanzadas del país, ocultas y todo, recibirían una inyección de esperanza en cuanto me oyeran recitar el "Negro bembón"; el pueblo, en fin, iba a encontrar en cada verso de mis poemas una razón clara y definida para iniciar la rebeldía masiva contra el déspota... ¡Qué misión tan hermosa para un poeta" Sobre todo, ¡qué responsabilidad ante la historia si yo no aceptaba!

Como el emisario no viera en mí ningún entusiasmo por aquel viaje, al que me negué en redondo, me habló de esta manera:

-Mire, yo sé lo que a usted le pasa. Usted teme sin duda que el gobierno dominicano lo haga víctima de alguna represalia. Se sabe, por supuesto, que usted ha atacado al Benefactor. Pero éste lo perdonó a usted hace rato. Viera usted el clima de paz, de democracia, de justicia que reina en el país. Mire, yo traigo instrucciones muy concretas para ofrecerle toda clase de garantías. Termina usted su estancia acá, y al regreso, como el avión pasa por la capital, se queda usted en ella. ¡Verá usted qué recibimiento! Esto de Haití será un bautizo de aldea en comparación con lo que a usted le espera allá.

Yo lo miraba sonriente, aguardando que aquella catarata cesara.

Al fin le pregunté:

-¿Está usted seguro de que nada desagradable debo temer en su patria?

-Segurísimo. Ya le he dicho que hay órdenes expresas de respetarlo.

-Muy bien, querido amigo. ¿Y qué hago si Trujillo me condecora? Porque no sé dónde iba yo a meter la cara después que su presidente me pusiera en el pecho la cruz de Juan Pablo Duarte, por ejemplo, y me diera un abrazo y me soltara como perro con lata a corretear por el mundo...

El diplomático comprendió. Lejos de ofenderse lanzó una carcajada. Era un cínico. Yo me puse en pie, con lo que le di a entender que la visita había terminado. Ramón Rodríguez... ¿Qué se habrá hecho? Debe estar con Balaguer.

Nicolás Guillén / Prosa de prisa. Granma, 8-VIII-1966.

sábado, octubre 16

Como ella dice

Aurelio G. Ovies



No paran de quejarse. Ciertamente es un suplicio salir con ellos. Porque no dejan ni un solo instante de lamentarse. Trabajan los tres, pero es que acaban de percatarse de que no les alcanza para vivir como quieren, que algo no funciona en este país que les está desestabilizando la vida. Y encima ahora los recortes, y el IVA y el Erasmus de la pequeña, la única que queda por criar, como ella dice. ¡Qué va, qué va! Que no pueden seguir así, que esto es la ruina, que les obligan a bajar del carro, quieran o no quieran.
Escucho y callo, por educación, porque son ellos, por supuesto. Callo y asiento mecánicamente por no pensar en lo que hago, porque si no, echaría por la boca sapos y culebras. Exclama ella que lo que más le duele es desprenderse de uno de los cuatro coches, que a ver de cuál, que si sobrevivirán sin él. Que tendrá que ser del Audi A3, pese al valor sentimental que posee, como ella dice. Porque no van a prescindir del todoterreno ni del Mercedes, que el Porche ya ni se menciona. No van, a estas alturas de la existencia, a rebajarse a vender la parcela del Mediterráneo ni el apartamento del Sur. Qué grosería, como ella dice.
Yo les suelto que viajo en tren y en bus más cómodo que qué sé yo, y que me muevo bastante, la verdad. Cuatro coches, cuatro seguros, cuatro plazas de garaje, cuatro mantenimientos, menuda pijotería. Pero ni caso. Porque lo que más le duele es despedir a las chicas de la limpieza, de la plancha y a las dos del fin de semana, las del jardincito. Eso sí que le molesta de puertas para dentro y de puertas para fuera. ¡Ayy de cómo se las apañarán y ayy de lo que se rumoree por la urbanización! Aunque, dios menguante, como ella dice, hoy por hoy están en la ‘cúpula’, como ella dice. Como ella dice, que es que desde que somos todos iguales, como ella dice, desde que todos accedemos a lo mismo y estamos más o menos a la altura, el mundo dio un vuelco para mal, para desbancar a los que, como ellos, vivían muy, pero que muy dignamente. Que es que como hay frío y calor, y claro y oscuro, y altos y bajos, siempre hubo ricos y pobres, como ella dice. Que es que por lo que no pasa es por verse en el ‘membrete’ de volver a comprar ropa dos veces al año en cualquier barriobutique , como ella dice, con escaparate de almacén; ni por dejar de ser socia del Club de golfistas ni del Bingo Tertulias. Vamos, ni por asombro.
Sólo faltaría tener que renunciar a cenar fuera los jueves, los viernes y los sábados el rape y las tapitas de caviar con sus amistades y los superiores de Roberto, su hombre.
*ESCRITOR

Aquí no paga nadie, farsa política y social


ÚLTIMAS FUNCIONES: HOY SABADO A LAS 8 Y MEDIA
Y MAÑANA DOMINGO A LAS SEIS Y MEDIA

ACTORES DE CULTO Y TEXTO SUBVERSIVO!!!
EN LA SALA DE TEATRO LAURA BERTRÁN
 del Colegio Babeque en Santo Domingo

Escrito por: CARMEN HEREDIA DE GUERRERO
El argumento de  la obra de teatro  del dramaturgo italiano Darío Fo, “Aquí no paga nadie”,    narra la situación de caos creada por las mujeres de  un barrio obrero, tras el alza de los precios. La pieza de Fo no podía ser más oportuna a ´la situación del  país. En clave de comedia  elabora una verdadera denuncia social, que por su actualidad,  pareciera estar escrita   en un presente continúo y no tres décadas atrás,  circunstancia  que  dimensiona la obra en el tiempo  haciéndola permanente y universal.
Darío Fo apuesta al teatro y su poder de comunicación, y lo hace con  humor,  ácido pero ingenioso, presente en esta farsa política, en la que se revela sobre lo establecido, y critica el “laisser faire y laisser passer” de aquellos que sólo esperan que otros tomen la iniciativa.  La hilaridad  de los personajes va creciendo en el transcurso del discurso escénico, por demás ágil, dinámico,  verdadero espacio lúdico creado por el director Claudio Rivera en esta  excelente puesta en escena. 
Cada personaje es un estereotipo, capaz de transmitir el trasfondo social en cada frase, en cada parlamento, sin perder la frescura de la comedia, provocando la risa contagiosa, que no se aparta del espectador, hasta el final. Antonia y Juan son los protagonistas, un matrimonio víctima de la situación  económica, ejes de una  trama chispeante que acerca la obra a la comedia de enredos.
Elvira Taveras

Elvira Taveras, exquisita en su rol de la manipuladora Antonia, hace galas de un histrionismo desbordante, que no decae. Juan, antagonista, idealista e ingenuo, alcanza con la actuación notable de Angel Haché verdadera relevancia; el actor, orgánico, maneja y proyecta las emociones  de un discurso textual pleno de agudeza,  con propiedad y gracia. Esta sin duda es una de las mejores actuaciones de Angel Haché en su dilatada carrera de actor. Otros personajes de soporte, lo son Margarita, encarnada por una Julia Bucarelli, siempre eficiente y graciosa. Miguel Bucarelli, es Luis, apropiado a su discreto rol.
Augusto Feria
Augusto Feria se desdobla, es el Agente de la Secreta, el Empleado de la Funeraria, el Guardia y el Viejo; Darío Fo, da oportunidad a un actor a representar varios personajes, y esto se hace evidente en el texto, cuando, se señala que cada uno físicamente se parece al otro. Feria aprovecha esta oportunidad y da rienda suelta a sus recursos de actuación, delimitando  cada personaje.  La escenografía colorida, de Lenin Paulino crea el espacio apropiado a la humilde vivienda, y la música es un elemento relevante. Una buena obra, excelentes actores y una dirección acertada, da como resultante, buen teatro. Felicitaciones a la Fundación Pedagógica Dominicana, y al Colegio Babeque, por su labor en pro del teatro.

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