sábado, abril 3

Una oportunidad de resucitar

Estaba bajo tierra, sellada en la caverna
de pronto sentí ansias de respirar y lo hice,
me levanté y anduve
hasta lo alto del collado
entonces te miré
y vi tu pequeñez
Esa capacidad de disfrazar la conciencia
mirando la paja en el ojo ajeno como un crítico profesional
esa necedad por argumentar justificaciones errantes
esa firmeza en aferrarte a cosas materiales
la certeza de que si no actúas así te perderás
sabiendo que es todo lo contrario.
Orgullo, vanidad, lujuria, mentira, egoísmo...
monstruo, mil veces deformado y pertinaz
como ácida llovizna de inmundicia
He visto cómo ocultas a tu mano izquierda
lo que hace tu mano derecha para no enterarte de tu maldad
comprendí tu sagacidad para alterar las verdades eternas:
tergiversador consolidado, predicador mendaz
apegado a tus pasiones sigues doblegando
la Humildad que mantienes prisionera entre tus costillas
simulando creerte tus propias mentiras. Pero no.
Tú, que olvidaste que todo te está permitido
mas no todo te conviene
Que sembraste guerra donde no había
que extendiste tu patio robándole al vecino
que sonreíste al ganarle intereses
al talento del desposeído
que guardaste silencio ante la dádiva
y vestiste tu cuerpo con las joyas de la culpa disfrazada de éxito
Tú, miserable oportunista trepador
¿por qué olvidaste que eres un labriego?

Te ha de cobrar la tierra tus desmanes
a menos que hoy, al alba, resucites de nuevo.

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