viernes, abril 30

COMUNIDAD ORGANIZADA








Posted by Picasa Arq. Leopoldo Franco presidente del Instituto Dominicano de Planificacion Territorial, quien expuso ideas renovadoras para rescatar a la Ciudad Colonial y modernizar sus sistemas de estacionamientos preservando sus origenes como una ciudad de esta época.

Este Jueves 29 a partir de las 4:30 PM celebramos el Forum "Sociedad, Desarrollo y Organizacion Urbana" auspiciado por la Fundación Flor para Todos, el Instituto Dominicano de Planificación Territorial, IDPT y el Patronato de la Zona Colonial en el Palacio de Borgella. Un evento de reflexion ciudadana con la participacion de representantes de 50 Juntas de Vecinos y Asociaciones.

Con la presencia de su Eminencia Reverendísima Cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez, el Arq. Eugenio Perez Montas, diversas personalidades y la representacion de más de 50 Juntas de Vecinos y de Asociaciones comerciales y entidades académicas fue celebrado este 1er Forum ciudadano en la búsqueda de crear consensos para analizar los problemas de la ciudad y plantear soluciones a los mismos por la Fundacion Flor para Todos, el Instituto Dominicano de Planificacion Territorial y el Patronato de la Ciudad Colonial en la tarde de ayer.



Parte de los asistentes al Forum
en la tarde de ayer que con gran entusiasmo trataron los temas de la Educacion Ciudadana,
el Caso Barrio Chino,
el Caso Santa Bárbara,
el Crecimiento Vertical de la Ciudad con el caso de los Cacicazgos,
el Tema del Transito Vehicular,
la Energia y el Agua en la Ciudad
entre otros.


Creo que todos como ciudadanos tenemos una responsablidad social que cumplir y podemos poner nuestro granito de arena. No podemos dejar que nuestra ciudad continúe con la desplanificacion al margen de los ciudadanos que la habitamos. Somos las familias a través de las Juntas de vecinos las que estamos llamadas a exigir una mejor ciudad para lograr un mejor vivir en el futuro. ROSA NG BÁEZ

Y así, por generaciones

jueves, abril 29

Así funciona

Recién conocí a Edwind Disla, a través de la página del historiador Alejandro Paulino. Él hablaba de lealtades y de amistad hacia Holguín-Veras R. Hoy, coincidiendo en la Feria del Libro, supe de su admiración hacia Senel Paz y yo sé de este escritor cubano lo mínimo, pero al escucharle en la conferencia (a la cual fui porque me llevó Isaél Pérez), al ver su humildad, al notar la admiración que siente Edwind por él, me da curiosidad y busco, y leo y encuentro.



http://es.wikipedia.org/wiki/Senel_Paz
http://www.hamalweb.com.ar/ellobo.pdf

miércoles, abril 28

IMPRESCINDIBLE: El Ángel Plácido de Manuel Mora Serrano

Busquen quinientos pesos y cojan para la Feria del Libro, aunque más no sea. Yo la tengo (aunque debo los cuartos, pero hoy voy a pagarla). No la he leído todavía, pero es de orden que hay que poseerla. Se trata de la nueva novela de MANUEL MORA SERRANO, editada por Santuario. A continuación la contraportada escrita por Roberto Fernández Valledor, quien fue Profesor de Literatura de la Universidad de Puerto Rico:


“MANUEL MORA SERRANO, es un poeta y escritor dominicano que ha consagrado gran parte de su vida a rescatar y estudiar las leyendas y los mitos de su país.
A pesar de todo el andamiaje clásico, esta novela es esencialmente dominicana. El lenguaje es el de la República, incluso en algunos casos es regionalista. Aparecen sus refranes y dichos, sus ensalmos y resguardos, sus creencias y costumbres, los platos típicos de la cocina dominicana, sus bailes... Esa parcela griega es esencialmente dominicana y si alguno tuviese duda de ellos, se mencionan figuras y hechos históricos del país. Todo esto lo podemos apreciar a través de la acción novelesca.
Mora Serrano al rescatar estas relaciones, ha contribuido o fomentado una valorización de la dominicanidad, porque ha ido al pueblo llano donde se conservan vivas estas leyendas.
El novelista ha logrado desentrañar mitos y leyendas ancestrales de su país, con lo cual pretende revitalizar las esencias patrias. La oralidad de costumbres y la mitología taína, así como las creencias de los negros africanos, se conjuga con la cultura hispánica, decantando de esa forma la identidad nacional. Esta obra es un canto a la dominicanidad y una exaltación del ser nacional”.

Roberto Fernández Valledor 

Profesor de Literatura (retirado)
Universidad de Puerto Rico

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lunes, abril 26

Frank Moya Pons: Novela histórica e historia novelada

LECTURAS historia y memoria por Frank Moya Pons

Según dicen los expertos, una novela es una "obra literaria en prosa en que se narra una acción fingida en todo o en parte, y cuyo fin es causar placer estético a los lectores con la descripción o pintura de sucesos o lances interesantes, de caracteres, de pasiones y de costumbres."

 De la novela histórica dicen los que escribieron la definición anterior en el Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia Española que "se constituyó como género en el siglo XIX, desarrollando su acción en épocas pretéritas, con personajes reales o ficticios, y tratando de evocar ambientes, costumbres e ideales de aquellas épocas.".

 Aun cuando ese mismo diccionario de autoridades de la lengua castellana no dice qué es la historia novelada, sí define la acción de novelar como "referir un suceso con forma o apariencia de novela", lo que nos permite inferir que una historia novelada es una narración histórica referida con forma o apariencia de novela. ¿No es así?

 Bueno, la cosa no es tan simple si examinamos los esfuerzos que los mismos novelistas e historiadores han hecho por definir estos subgéneros de la novela, y ello ha llevado a muchos a agruparse en una institución llamada "Historical Novel Society" que tiene hoy más de seiscientos miembros y cuyo mayor consenso entre ellos es que no existe acuerdo de lo que constituye una novela histórica o una historia novelada.

 Entre los lectores nacionales hay una clara conciencia de lo que es una novela histórica porque una de las principales novelas de este subgénero en América fue "Enriquillo" (1879), escrita por Manuel de Jesús Galván, precisamente en la época en que comenzaban a ponerse de moda las novelas históricas en Europa.



 En sentido estricto, y durante más de setenta años, hubo pocas novelas históricas después de la obra de Galván, y pocas de entre esas alcanzaron alguna significación entre los críticos, con excepción de las notables obras "Baní o Engracia y Antoñita: novela original" (1892), de Francisco Gregorio Billini; " La Sangre : una vida bajo la tiranía" (1913) de Tulio María Cestero; y las populares narraciones de Federico García Godoy, "Rufinito: sucedido histórico" (1908), "Alma dominicana: novela histórica" (1911), y "Guanuma" (1914), recogidas muy posteriormente por la Sociedad Dominicana de Bibliófilos en una edición conjunta titulada "Trilogía Patriótica" (1974).

 Aparte de la novela de Carlos Federico Pérez, "Juan, mientras la ciudad crecía" (1960), podemos decir que la novela histórica de tema dominicano tuvo que esperar hasta después de la muerte de Trujillo para encontrar nuevos cultivadores.

De entre ellos se destacan Carlos Esteban Deive, entre cuyas obras merecen ser citadas "Las devastaciones: novela" (1979), a la cual han siguieron "Viento negro, bosque del caimán: novela" (2002), y "El festín de los generales" (2008). Deive es además autor de obras de antropología, historia y crítica literaria.

 Hubo, por otra parte, un autor dominicano que vivió mucho tiempo en el extranjero y que intentó producir una serie de obras a la manera del escritor Benito Peréz Galdós, quien cubrió gran parte del siglo XIX español con sus famosos "Episodios Nacionales".

Hablo aquí de Max Henríquez Ureña, quien se propuso cubrir los "episodios dominicanos" más notables del siglo XIX, y a quien le escuché decir en varias ocasiones que lo que Pérez Galdós había escrito, y él quería escribir también, no era novelas históricas, sino "historias noveladas".

Don Max comenzó su proyecto narrando la terminación del dominio colonial español y la proclamación del Estado Independiente del Haití Español por José Núñez de Cáceres en 1821. Su primera historia novelada fue "La independencia efímera" (1938), publicada en París.

A esta obra le siguieron otros dos episodios, "La conspiración de Los Alcarrizos" (1941), publicada en Lisboa, y "El Arzobispo Valera" (1944), publicada en Río de Janeiro.

Según contaba Don Max en 1967, él había avanzado bastante su cuarto y último episodio sobre el gobierno y figura de Ulises Heureaux, pero la muerte le sorprendió sin terminarlo, y hoy no sabemos que pasó con este manuscrito ni con otros en los que trabajaba este sabio escritor al final de sus días.

En años recientes, los lectores dominicanos fueron conmovidos por la publicación de una obra que tiene divididos a los críticos literarios que no logran ponerse de acuerdo en si es novela histórica o historia novelada, o ambas cosas a la vez.



Me refiero a "La fiesta del chivo", de Mario Vargas Llosa (2000), cuya doble línea narrativa es un buen ejemplo de las diferencias entre ambos subgéneros, en el caso de que realmente puedan diferenciarse.

No es posible negar que la historia de Urania, colocada en el contexto social y político de los finales de la Era de Trujillo, sirve a este autor para escribir una obra de ficción (una novela) en la que es posible percibir la reconstrucción de un particular período histórico. En este sentido, se puede hablar de esta parte de "La fiesta del chivo" como novela histórica. Pero esta es sólo una de las partes.

La otra narración, la otra parte, la que contiene la historia de la conspiración para ajusticiar al dictador, la que sigue de cerca las fuentes documentales disponibles acerca de aquel hecho, la que mantiene sin cambiar los nombres y las circunstancias y personalidades de muchos actores reales, esa parte de "La fiesta del chivo" es una historia novelada.

Es una historia en que el autor hace un esfuerzo de reconstruir los hechos de manera aproximada a su ocurrencia, pero en el proceso advierte vacíos testimoniales y documentales, y suple esos vacíos con su propia interpretación de cómo pudieron haberse desenvuelto los acontecimientos, de cómo pudieron pensar y emocionarse los personajes, de cómo pudieron hablar y actuar en momentos de los cuales no se conservan evidencias. Por estas razones, puede decirse que esta parte de "La fiesta del chivo" es una historia novelada.



Regresando entonces al tema general, podemos decir que en la novela histórica la época y los personajes escogidos por el autor son tratados con evidente intención de construir una narración ficticia, aunque verosímil, de los acontecimientos.

En la novela histórica el lector sabe que la narración que lee es inventada, aunque la época sea más o menos fielmente representada, y sabe que los hechos no ocurrieron de la manera en que dice el autor, quien también lo sabe y quien, además, no espera que el lector crea en que su narración es verdadera.

Con la historia novelada no ocurre necesariamente esto. En ella el autor pretende reconstruir imaginariamente la época, los personajes y los acontecimientos utilizando su imaginación para completar informaciones que la documentación disponible no proporciona o que la técnica historiográfica no permite reconstruir de manera más o menos objetiva. En la historia novelada el autor pretende que el lector crea que está escribiendo Historia, aunque su objetividad no pueda ser garantizada.

En ambos casos, novela histórica e historia novelada, el resultado no es Historia (dicho así, con mayúsculas), aun cuando muchos escritores "postmodernos" y "desconstruccionistas" argumentan que así como los historiadores se ven obligados a utilizar razonamientos lógicos y analógicos para completar los vínculos faltantes entre conjuntos documentales incompletos, de la misma manera el novelista puede, y le es legítimo, utilizar la imaginación para reconstruir la historia "como pudo haber sido".

Es más, hay escritores y literatos que partiendo de esas premisas insisten en que en muchas veces la Novela puede ser más verídica que la Historia , y explican que hay grandes novelas históricas que logran transmitir a los lectores imágenes más vívidas y duraderas que los textos de historia que se han escrito sobre esos mismos hechos.

Contra ese argumento, los historiadores podrían responder que las impresiones literarias de la narración, y su efecto de duración en la imaginación y memoria del lector no hacen necesariamente más verdadera la narración de una historia novelada.

En medio de ese debate que cada día atrae más autores y más lectores, se mueve otro subgénero que todavía no hemos mencionado, pero que también tiene algunos cultivadores en la República Dominicana.

Me refiero al "periodismo histórico" que tiene como intención la narración o reconstrucción de episodios históricos de significación partiendo de crónicas periodísticas o del uso casi exclusivo de material de periódicos, radio o televisión.

Aunque el espacio para este artículo se nos termina, es importante dejar abierto el tema, con la promesa de continuar más adelante, mencionando a cuatro practicantes de este tipo de historia escrita en el país:

Miguel Guerrero, "Enero de 1962: ¡el despertar dominicano!" (1988), "La lucha inevitable" (1990), "Los últimos días de la era de Trujillo" (1991), "El golpe de Estado" (1993), "La ira del tirano: historia del atentado de los próceres" (1994), "Trujillo y los héroes de junio" (1996), "Al borde del caos: historia oculta de la crisis electoral de 1978" (1999).

Víctor Grimaldi, "El diario secreto de la intervencion norteamericana de 1965" (1985), "El misterio del golpe de 1963" (1985), "Los Estados Unidos en el derrocamiento de Trujillo" (1985), "Juan Bosch: el comienzo de la historia" (1990), "Tumbaron al jefe" (1999), "Golpe y revolución: el derrocamiento de Juan Bosch y la intervención norteamericana" (2000), "Sangre en el barrio del Jefe" (2007).

Freddy Aguasvivas, "El olor del olvido" (2001) y "Todas las posibilidades" (2009); y José Báez Guerrero, "Guzmán: su vida, gobierno y suicidio" (2009), recién publicado hace dos días.

Hay otros modos de narrar la historia, como lo hace René Fortunato y lo ha hecho Cornelia Margarita, pero de ellos y del periodismo histórico tendremos que ocuparnos en otra ocasión porque ya se nos terminó el espacio.

De Frank Moya Pons
http://www.diariolibre.com/noticias_print.php?id=206150&s=








 




ALGO MÁS SOBRE LA NOVELA HISTÓRICA Y
LA HISTORIA NOVELADA


Por Frank Moya Pons


Entre la historia y la novela existe una frontera casi siempre visible y para muchos es fácil distinguir entre la ficción literaria y la narración histórica propiamente dicha.

Tan fácil resulta distinguir ambos géneros que en las librerías y bibliotecas sus obras aparecen separadas en secciones perfectamente diferenciadas, y el público sabe distinguir claramente entre una novela y un libro de historia.

También sabemos distinguir entre novelistas e historiadores, aun cuando estos intelectuales incursionen ocasionalmente en otros campos, como ocurre, por ejemplo, con Marcio Veloz Maggiolo quien escribe novelas pero también publica sus investigaciones arqueológicas y antropológicas.
Autor Marcio Veloz Maggiolo
Entre las obras de Veloz Maggiolo es fácil diferenciar unas como arqueología, otras como antropología y otras como historia, como productos completamente distintos de sus novelas históricas, aun cuando estas últimas sean narraciones enmarcadas en los escenarios sociales de la Era de Trujillo o de la antigüedad bíblica.

En general, la mayoría de las novelas (exceptuando las surrealistas y las de ciencia-ficción) ubican sus narraciones en escenarios socio-temporales más o menos "reales" pues esta es una de las formas en que sus autores logran hacer más verosímiles sus narraciones.

El caso de la novela "Enriquillo", de Manuel de Jesús Galván, ilustra este fenómeno pues allí el lector sabe que está leyendo una narración ficticia enmarcada en el escenario histórico de la explotación de los indios por los conquistadores y encomenderos españoles en el siglo XVI.

Julia Alvarez, por ejemplo, también ha escrito una novela histórica basada en la gran aventura que significó traer la vacuna de la viruela a América a principios del siglo XIX, utilizando veintidós niños huérfanos inoculados con el virus causante de esa enfermedad. En esta obra queda claro desde el principio que la autora toma un hecho histórico como escenario para desde allí construir su narración ficticia.


Un ejemplo más reciente es la novela histórica "La Isla bajo el Mar", de Isabel Allende, quien utiliza el levantamiento de los esclavos en Saint-Domingue y la Revolución Haitiana para construir una versión ficticia, pero verosímil, de cómo pudo ser la vida familiar, íntima y sentimental de los esclavos africanos y sus amos en la isla de Santo Domingo en medio de las guerras revolucionarias de finales del siglo XVIII.

Igualmente reciente es la novela histórica "El Festín de los Generales", de Carlos Esteban Deive, en la cual este autor toma el famoso Combate de El Cabao, en Hato Mayor, en el cual resultó herido el general Ulises Heureaux, para construir una rica narración de cómo debió ser, según Deive, la huida del poeta Eduardo Scanlan después de haber tenido un trágico lance con un adversario en San Pedro de Macorís en 1881.
La producción de Deive es muy útil para ilustrar la diferencia entre historia y literatura pues este autor ha sido un constante cultivador de ambos géneros y sus obras están perfectamente diferenciadas entre sí. Sus novelas históricas "Magdalena", "Las Devastaciones", y "Viento Negro, Bosque del Caiman" son claramente distintas, en estructura narrativa y método reconstructivo, de sus libros sobre la inmigración canaria, los refugiados franceses, la esclavitud en Santo Domingo en tiempos coloniales.

Tenemos varias novelas históricas muy conocidas en la República Dominicana, como "Baní, o Engracia y Antoñita", de Francisco Gregorio Billini, y "La Sangre", de Tulio M. Cestero, ambas sobre la vida política nacional a finales del siglo XIX. En cada una de ellas el lector sabe que lo que está leyendo es ficticio, pero sabe también que el contexto en el cual actúan los personajes tiene una cierta correspondencia con la ocurrencia histórica.

En la novela histórica los personajes pueden ser creados o re-creados, sus circunstancias pueden ser totalmente inventadas o acomodadas a ocurrencias reales, la trama puede ser completamente ficticia o reelaborada a partir de datos concretos, el desenlace puede nunca haber ocurrido, y el autor puede tomarse todas las licencias que pueda ofrecerle su imaginación. En pocas palabras, la libertad del escritor es total.

Ejemplos de grandes novelas históricas de otros países son "Los Miserables", de Victor Hugo; "Guerra y Paz", de León Tolstoi; "Nuestra Señora de París", también de Victor Hugo; "Sinuhé, el Egipcio", de Mika Waltari; "Quo Vadis", de Henryk Shienkiewicz; "Shogun, Señor de Samurais", de James Vlavell; "La Guerra del Fin del Mundo", de Mario Vargas Llosa; "Memorias de Adriano", de Marguerite Yourcenar; "El Siglo de las Luces", de Alejo Carpentier; "Yo, el Supremo", de Augusto Roa Bastos; y "Los de Abajo", de Mariano Azuela, para mencionar nada más que una docena de las más populares y conocidas.

En todas estas obras la Historia sirve de telón de fondo a muchas historias personales y sociales que, en realidad, no tuvieron lugar o, por lo menos, no ocurrieron de la manera en que han sido narradas, pero el escenario y la ambientación histórica de la trama o de las tramas es tal que el lector queda con una percepción aproximada de la época en que han sido enmarcados los personajes con sus psicologías y sus vidas.

Con la historia novelada ocurre algo, paradójicamente, parecido y distinto al mismo tiempo pues este es un género que pretende fabricar narraciones históricas al tiempo que utiliza la ficción literaria para completar las informaciones faltantes debido a la carencia o limitación de las fuentes.
Muchas historias noveladas parten del reconocimiento de sus autores de que las fuentes disponibles son insuficientes para contar una historia, y por ello asumen la licencia de inventar lo que falta construyendo una narración complementaria que permita suplir aquello que las fuentes no proveen.

Puede haber, desde luego, otras motivaciones para que un autor prefiera escribir una historia novelada antes que una "historia historiográfica". Una de ellas puede ser el empeño pedagógico de llegar al público con una narración no especializada, "complotada" de tal manera que haga más atractiva la lectura de episodios que de otra manera interesarían poco.
Don Max Henríquez Ureña

Esa fue la motivación de Max Henríquez Ureña cuando escribió sus cuatro "Episodios Dominicanos", a imitación de los "Episodios Nacionales" de Benito Pérez Galdós.

Debemos decir que muchas personas consideran que los cuarenta y seis "Episodios Nacionales" de Pérez Galdós corresponden más al género de la novela histórica que a la historia novelada, pero la dilucidación de este tema queda fuera de los fines de este artículo.

En cualquier caso, cuando se examina la historia novelada se observa que los autores están tratando de reconstruir ciertos períodos o eventos históricos, pero que al encontrarse con fuentes insuficientes o informaciones incompletas rellenan la narración con construcciones ficticias y pasajes que ellos consideran que pueden sustituir de manera verosímil los datos faltantes.

Algunos críticos consideran que las historias noveladas son, sencillamente, historias mediocres e incompletas escritas por personas que no se toman el trabajo de buscar las fuentes adecuadas. Este juicio radical no hace justicia a la calidad intelectual y maestría literaria de muchos practicantes de la historia novelada y pierde de vista que este es un género completamente distinto de la historia propiamente dicha.

La historia novelada es una historia "intencionada", con-formada y deformada conscientemente por sus autores que normalmente saben que están inventando eventos, motivaciones y personajes para hacer más entretenida o atractiva su narración o para lograr algún fin pedagógico.

La historia novelada ha adquirido mucha popularidad en los últimos tiempos porque pone en contacto a muchos lectores con eventos históricos narrados, no como realmente ocurrieron, sino como el autor imagina que pudieron haber ocurrido o como quisiera que hubieran ocurrido.

La historia novelada inventa tramas, documentos, intenciones, diálogos, episodios, personajes, personalidades, relaciones sociales, intereses económicos, etc., y los coloca en la narración como si hubieran ocurrido realmente.

En ese sentido muchos críticos acusan a sus practicantes de introducir narrativas falsas en medio de hechos de ocurrencia comprobable con el fin de darle veracidad a la invención novelada, y dicen que la historia novelada es una falsificación de la historia "real".

Muchos se quejan de que al terminar de leer algunas historias noveladas no saben distinguir entre lo que ocurrió realmente y lo que inventó el autor, entre la historia "real" y la falsa historia construida por el escritor.

Sin embargo, en los últimos años algunos críticos literarios han estado llamando la atención de los historiadores "académicos" hacia sus propias narraciones y les están preguntando acerca de la "realidad" de sus reconstrucciones, emplazándolos a considerar si sus narraciones reflejan realmente lo que ocurrió en el pasado.

Estos críticos preguntan a los historiadores profesionales cuál es la diferencia epistemológica entre su historia "historiográfica" y la historia novelada.

Más adelante veremos cómo se desenvuelve hoy este diálogo.

Por Frank Moya Pons

domingo, abril 25

EFRAIM CASTILLO: Las marcas de la guerra en la creación literaria

Las marcas de la guerra en la creación literaria

Por Efraim Castillo

1. Introducción

MUCHO DESPUÉS DE los sucesos que se iniciaron aquel 24 de abril del año 1965 —de los que tanto se ha hablado y se hablará—, y ya rotos y disipados los paradigmas que los precedieron (la muerte de Trujillo y el golpe de estado a Bosch), los cuales acarrearon una división dentro de las Fuerzas Armadas y una revuelta popular que se convirtió en Guerra Patria tras la intervención norteamericana, las miradas hacia atrás bosquejan esa fecha como un recuerdo anecdótico, casi como una singularidad donde se entrecruzan los heroísmos y las villanías y se prefiere recordar estos sucesos así, porque nadie —o casi nadie— acaricia la idea de hablar de los eventos tal como acaecieron o significaron: como un triunfo esporádico que se convirtió en derrota, y es por eso que la trucan, la aderezan y la venden para que lo que se inició ese sábado soleado de hace cuarenta y cinco años, sea olfateado de igual manera a como se aprecia una tentativa de salvación, o un esfuerzo ciclópeo para alcanzar la gloria y, quizás, ¡la utopía!

Y esto se recuerda y se narra así, posiblemente con la intención de ocultar lo que Juan Bosch escribió y gritó —para alertar a los historiadores de que lo que comenzó como un movimiento para devolverlo al poder, se convirtió cuatro días después, el 28 de abril, en una guerra patria.
Pero lo más importante del trazado que ha venido marcando la cartografía de la revuelta de abril y su conversión forzosa en guerra patria —una ruta en donde cada día se incorporan más protagonistas— fue que trazó múltiples vertientes para modificar la historia, no sólo de la República Dominicana, sino de Latinoamérica y el mundo.
Para nuestro país, verbigracia, los días 24 y 28 de abril de 1965 posibilitaron el regreso de Joaquín Balaguer, quien se alzó con las basuras de aquellos acontecimientos y las recicló para utilizarlas en la manipulación del país a su antojo durante doce violentos años, permitiendo que una escuela de corrupción y barbarie creciera hasta las dimensiones que observamos y padecemos hoy. Aquel 24 de abril de 1965, también nos marcó con una frustración que, para muchos, aparenta ser absurda, pero que no lo es, porque su evocación, a veces dolorosa, sorda y ácida, se convierte en un apasionante equipaje de sorpresas, ya que las sospechas, como conjuros, aguijonean las angustias y es, entonces, cuando afloran las fantasías y Abril se convierte en la presencia que tratamos de comprender este día.


2. Los escritores dominicanos antes del 24 de abril de 1965.
Meses antes de aquel hito, de aquella fecha de conmoción, escarnio y esplendor, los escritores dominicanos, sobre todo los que nacimos entre los años 1935 y 1942 y que contábamos desde los treinta, los mayores, a los veintitrés años los más jóvenes, nos encontrábamos rodeados de una relación de fenómenos completamente diversos: nos aguijoneaba un trujillismo achacoso, pero que repercutía en la educación recibida, en donde el dictador era dueño absoluto de los resortes; nos deslumbraba el existencialismo sartreano en todo su esplendor, porque habíamos descubierto, estudiándolo, que el nacer estaba atado irremediablemente a la muerte; y nos atraía el naciente y contagioso fulgor de la revolución cubana, donde Fidel y el Che irradiaban un extraordinario encanto en el Olimpo mágico de la aventura, reflejando sueños y fantasías gloriosas.
Los jóvenes escritores de entonces, como Franklin Domínguez, que hoy es el rey de nuestro teatro, era entonces el príncipe de la escena y sus Espigas maduras espolvoreaban el gluten de las candilejas; como Marcio Veloz Maggiolo, el poeta, dramaturgo y narrador que levantaba la admiración de nuestra crítica y que ahora es el indiscutido maestro de nuestra narratología; como Grey Coiscou, que con su poemario Raíces catapultó la claridad de un sendero señalado años antes por Carmen Natalia Martínez y Aida Cartagena Portalatín; como Ramón Emilio Reyes, que se adentró en el relato bíblico junto a Marcio y Carlos Esteban Deive, para devolvernos la expectativa de retornar a los credos; como Iván García, que extrajo la sustancia de una puesta en escena absurda para vincularla a este trópico del dolor; como Miguel Alfonseca, cuya voz convirtió en presencia viva la metáfora silente de la angustia; como Antonio Lockward Artiles, cuya evocación de los cultos lo impulsaron a escribir poemas y relatos asombrosos; como Juan José Ayuso, que esgrimió y esgrime la brevedad sobre la rampa de lo participativo, convirtiéndonos en cómplices de los tropos; como Jacques Viaux, el silencioso profesor de francés domínico-haitiano que sorprendió la tribuna de la crítica nacional con una poesía que trascendía las fronteras y los siglos; como Jeannette Miller, la niña de la calle Doctor Delgado, que a sus veinte años desbordó la paciencia de la urbe con sus atrevidos versos; como Héctor Dotel, que desvistió los fantasmas del sur para introducirlos en los cenáculos de la aurora; como Rafael Añez Bergés, que operó un teatro cuyos personajes, como marionetas del destino, señalaban los nuevos tiempos; como Armando Almánzar Rodríguez, siempre dispuesto a narrar el sarcasmo del oprobio para resucitarlo en la utopía del cinematógrafo; y como René del Risco, un tambor sonoro en la alborada, que transportó desde San Pedro de Macorís la alegría de las simbiosis para encurtirlas en esta ciudad, ya condenada a los enfrentamientos entre los halcones y las palomas.
Sí, aquellos jóvenes del ayer pretendido, del ayer conturbado, pero llenos de la pasión que bulle en la búsqueda del horizonte, fueron los protagonistas culturales de ese movimiento de heroicidad y esplendor que, uniéndose al grafismo capitaneado por Silvano Lora, inyectaron a la revolución y la guerra patria de abril una luminosidad cultural que completó el círculo de la resistencia.
Sin embargo, es bueno apuntar que desde la otra cara de la cultura, de ese perfil que pertenece a la redacción de las alocuciones y proclamas de los estruendos históricos, es preciso introducir a otros jóvenes que, como José Israel Cuello, Asdrúbal Domínguez, Narciso Isa Conde y Bonaparte Gautreaux Piñeyro (Cabito), apoyaron con sus escritos —junto a Hugo Tolentino Dipp y Jottin Cury— la sostenibilidad de la revolución y guerra patria.


3. La resistencia cultural como fortaleza de los pueblos.
Y es que todo movimiento que resiste al asedio de las armas —sea este asedio de fuerzas extranjeras o nativas—, o a la penetración de unidades de transmisión cultural (como los memes ), si no cuenta con la participación de un frente integrado por escritores y artistas comprometidos con una ideología, está condenado a la derrota y se hunde en el olvido. ¿Acaso no registra la vencida República Española un mayor despliegue heroico que el triunfante ejército franquista? Esta gran repercusión a favor de la República se debió a la participación de una extraordinaria ofensiva propagandística de la Generación del 27, que durante la proclamación de la República y luego, durante la Guerra Civil, llenaron los espacios culturales de España y el mundo con poemas y relatos que prodigaban las bondades de una nueva España. Así, los testimonios de Pedro Salinas, Jorge Guillén, Rafael Alberti, Federico García Lorca, Luis Cernuda, Dámaso Alonso, Vicente Aleixandre, Gerardo Diego, León Felipe, Miguel Hernández, Rosa Chacel, María Zambrano, Manuel Altoaguirre y Emilio Prados, integrantes de aquella prodigiosa Generación del 27, resuenan gloriosos para perturbar los vítores de los triunfadores franquistas, en un mundo que no puede olvidar la barbarie. Inclusive, el mural Guernica de Picasso, realizado en 1937 —en plena Guerra Civil— fue parte de esa resistencia cultural que denunció las brutalidades que los ejércitos fascistas y nazis cometían en España.


Y lo mismo aconteció, por otra parte, con la victoria soviética en Stalingrado, donde la derrota del VI Ejército Nazi, comandado por el mariscal Von Paulus, no sólo se debió al fuego de los cañones rusos, sino también a la gran legión de los escritores de guerra soviéticos, como Ilya Ehrenburg Konstantin Simonov y Vasili Grossman, entre otros, que, como subraya el novelista Viktor Nekrasov en su novela de En las trincheras de Stalingrado (1946), con sus escritos volcaban en el espíritu ruso los valores esenciales para resistir la agresión. Nekrasov afirma que los relatos, poemas y artículos periodísticos de los escritores de guerra eran “leídos y releídos hasta dejar los periódicos hechos trizas” . Y es que tanto en la derrota como en la victoria, las guerras crean en los escritores y artistas un sedimento imborrable, un espíritu de lucha que filtra en las evocaciones el sabor sorprendente de una nostalgia, que aun impacientando el aliento, provoca el sobresalto por la pérdida, por el quebranto de un placer sin retorno, en donde lo humano se vierte en el dolor, el amor y la muerte.
Marta Traba bosqueja lo que es una falta de interés en la lucha contra la agresión cultural y, por lo tanto, en la creación de un frente cultural, en un ensayo publicado en 1974 con el título La cultura de la resistencia :
Aunque la cultura de la resistencia haya florecido en el desierto, el desierto no es, normalmente, un ámbito estimulante. Lo normal es que a la anomia social corresponda una anomia creativa, una debilidad constante ante las invasiones culturales y la docilidad mimética. Esto es lo que ha inducido a estudiosos de muy diversa extracción a ver a América Latina como un campo cultural devastado, exangüe, donde la dependencia ha marcado de modo irrevocable toda la producción creativa.
Es decir, sólo la firmeza de los pueblos, o de alguna fracción de ellos, ante la penetración cultural —violenta o no— es lo que determina la defensa fundamental de su pluralidad y creatividad. Y deseo que se lea la palabra cultura como el entorno artificial, como el conjunto de patrones que conforman una sociedad: lengua, arte, vestimenta, rituales, etc.


4. La resistencia cultural en la ciudad sitiada.
Pero, ¿qué fue lo que impulsó a la Generación del 60, a Iván García, Miguel Alfonseca, Antonio Lockward Artiles, Juan José Ayuso, Jacques Viaux, Rafael Añez Bergés, Armando Almánzar Rodríguez, René del Risco, así como a algunos de los que integraron la Entregeneración del 50, entre los que hay que destacar la figura de Franklin Domínguez y, para mí, a la figura señera del grupo que conformó La poesía sorprendida, Franklin Mieses Burgos, (que se mantuvo firme en su hogar de la calle Espaillat y se enroló en el movimiento de artistas creado por Silvano Lora), a formar parte de la resistencia cultural contra el asedio del CEFA y la intervención yanqui?


El escritor Armando Almánzar Botello moderó el Coloquio  “La cultura en la revolución de Abril”, a cargo de Efraím Castillo, Franklin Domínguez, Elsa Núñez, Pedro Pablo Fernández, el escritor y periodista Bonaparte Gautreaux Piñeyro, y el dramaturgo Iván García.



Para conocer a fondo lo que impulsó al grueso de los escritores dominicanos y del resto de Latinoamérica a abrazar para sí los motivos esenciales de una revolución totalizadora y capaz de renovar las bases de los lenguajes estéticos, habría que realizar un estudio detallado sobre los escenarios geopolíticos de aquel estadio histórico, en donde la guerra fría estrenaba nuevos frentes:
a) se inauguraba la revolución cubana, en 1959 y su posterior conversión en socialista, hacia 1961;
b) se daba inicio al final de las más sangrientas dictaduras en América Latina, comenzado a mediados de los 50’s con el derrumbamiento de Perón en 1955, y continuado hacia la mitad final de esa misma década con las caídas de Rojas Pinilla, en 1957 en Colombia; Pérez Jiménez en Venezuela, hacia 1958; en 1959 con Fulgencio Batista, en Cuba; y aquí con Trujillo, en 1961;
c) las descolonizaciones de África, con el Congo y Argelia a la cabeza; de Asia, donde el espíritu de la batalla de Dien Bien Phu, en 1954, cuando los vietnamitas derrotaron al ejército colonial francés, llenaba aún el corazón de un Vietnam dividido;
d) Juan XXIII deslumbró al catolicismo latinoamericano y mundial, anunciando en 1959 el Concilio Vaticano II, y con la promulgación en 1961 de la Encíclica Mater e Magistra;
e) Theodore Levitt lanzaba desde Harvard sus teorías sobre el naciente marketing, tras el inicio de la sociedad de consumo;
f) Yuri Gagarin ya había surcado el cosmos en la Vostok I, en 1961;
g) Ese mismo año comenzó a construirse el muro de Berlín y la guerra fría se intensificó al rojo vivo;
h) el rock’n roll se internacionalizó con los Rolling Stone y los Beatles;
i) y el poema Howl, el gran Alarido de Allen Ginsberg —escrito en 1956, cuando la beat generation era la voz que anunciaba los nuevos tiempos— resonó como un trueno en los cenáculos subterráneos de los hippies: He visto las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura, histéricos famélicos muertos de hambre arrastrándose por las calles, negros al amanecer buscando una dosis furiosa, cabezas de ángel abrasadas por la antigua conexión celestial a la dínamo estrellada de la maquinaria de la noche …


Y esos acontecimientos no sólo repercutieron en la intelectualidad de un mundo que buscaba afanosamente nuevos horizontes de expresión, sino que la impulsaron a militar activamente en dicha búsqueda, tal como hizo la Generación del 60, formando filas en 1962 en el movimiento cultural Arte y Liberación, creado por Silvano Lora, José Ramírez (Condecito), Antonio Toribio e Iván Tovar, que fue la base para el aglutinamiento de los escritores y artistas en la revolución y guerra patria de abril, dirigiendo sus trabajos hacia la integración del pueblo con el arte y haciéndole partícipe de una estética comprometida con sus reivindicaciones.
En esos noventa y pico de días (desde el 28 de abril al 3 de septiembre), las veinte y pico de cuadras que conformaban el Gobierno Constitucionalista vio y escuchó recitales poéticos, exposiciones de pintura, obras de teatro, conferencias sobre arte, edición de libros y, lo más importante, todo escenificado desde el ronco grito de la emancipación total, de esa soberanía que brota esplendorosa desde el alma y el corazón de los hombres y mujeres que, empuñando las armas de la razón y la justicia, pueden gritar a todo pulmón:
¡Somos libres… somos libres!
Abril 24, 2010.


NOTA DE AGRADECIMIENTO:
Eduardo Tejeda
Periodista
Dirección General de Comunicación y Audiovisuales
Ministerio de Cultura
Tel. 809-221-4141 Ext.272, 275 y 236.


Gracias, Eduardo!

miércoles, abril 21

La fiesta del idioma ¡Júbilo!


Las Palabras.
Todo lo que usted quiera, si señor,
pero son las palabras las que cantan,
las que suben y bajan...
Me prosterno ante ellas...
Las amo, las adhiero, las persigo, las muerdo, las derrito...
Amo tanto las palabras...
Las inesperadas...
Las que glotonamente se esperan, se escuchan, hasta que de pronto caen...
Vocablos amados...
Brillan como piedras de colores,
saltan como platinados peces,
son espuma, hilo, metal, rocío...
Persigo algunas palabras...
Son tan hermosas que las quiero poner todas en mi poema...
Las agarro al vuelo, cuando van zumbando,
y las atrapo, las limpio, las pelo,
me preparo frente al plato,
las siento cristalinas, vibrantes, ebúrneas, vegetales,
aceitosas, como frutas, como algas, como ágatas,
como aceitunas... Y entonces las revuelvo, las agito,
me las bebo, me las zampo, las trituro, las emperejilo, las liberto...
Las dejo como estalactitas en mi poema,
como pedacitos de madera bruñida,
como carbón, como restos de naufragio,
regalos de la ola... Todo está en la palabra...
Una idea entera se cambia porque una palabra se trasladó de sitio,
o porque otra se sentó como una reinita adentro de una frase que no la esperaba y que le obedeció...
Tienen sombra, transparencia, peso, plumas,
pelos, tienen de todo lo que se les fue agregando de tanto rodar por el río,
de tanto transmigrar de patria,
de tanto ser raíces...
Son antiquísimas y recientísimas...
Viven en el féretro escondido
y en la flor apenas comenzada...
Qué buen idioma el mío,
qué buena lengua heredamos de los conquistadores torvos...
Estos andaban a zancadas por las tremendas cordilleras,
por las Américas encrespadas, buscando patatas, butifarras, frijolitos, tabaco negro, oro, maíz, huevos fritos, con aquel apetito voraz que nunca más se ha visto en el mundo...
Todo se lo tragaban, con religiones, pirámides, tribus, idolatrías iguales a las que ellos traían en sus grandes bolsas...
Por donde pasaban quedaba arrasada la tierra...
Pero a los bárbaros se les caían de las botas, de las barbas, de los yelmos, de las herraduras, como piedrecitas, las palabras luminosas que se quedaron aquí resplandecientes...
el idioma. Salimos perdiendo... Salimos ganando...
Se llevaron el oro y nos dejaron el oro...
Se lo llevaron todo y nos dejaron todo...
Nos dejaron las palabras.

Pablo Neruda, Confieso que he vivido

lunes, abril 19

LA NOVELA HISTÓRICA

Hace un tiempo, dije que Mario Vargas Llosa e Isabel Allende habían tomado trozos de nuestra historia para crear literatura. VicSabelle me hizo una buena contribución al señalar nombres que enriquecen esta búsqueda. Los historiadores que dirigen el Archivo General de la Nación, que no son sólo historiografía y ciencia, nos regalan con esta joya verdaderamente espectacular. Ahí, tímidamente guardada como violeta de jardín arrinconada estaba Tierra Adentro de José Mª Pichardo, (padre de uno de los fundadores de la historiografía dominicana: Bernardo Pichardo), esperando por nuestros ávidos ojos de lectores y créanme ¡está buenísima!.

Dice el presentador, historiador Alejandro Paulino, que los estudiosos le han pasado por el lado sin notarla y por lo visto, gracias a la tenacidad del Dr. Roberto Cassá, con su política editorial, que ha decidido que no tiene sentido saber tanto si los demás no se benefician, hoy mismo, usted puede ir al Archivo General de la Nación, al Departamento de Relaciones Públicas y pedir su ejemplar. Así se hace PATRIA!

Gracias al Dr. Roberto Cassá y a todo su Consejo Editorial por continuar contra viento y marea enriqueciendo nuestros conocimientos y salvaguardando el acervo cultural de esta nación. LNG.
Posted by Picasa

NOTA: Ahora, por la Feria del Libro, esta novela está disponiblea un módico precio en el Stand del Archivo General de la Nación.

Concierto por Haití es un éxito



Juan Luis Guerra salió anoche por la puerta grande del estadio olímpico de Santo Domingo, aupado a hombros por su equipo completo de 'all stars' latinos. Miguel Bosé, Alejandro Sanz, Enrique Iglesias y Juanes se sumaron entre otros al coro final a once voces de '¡Ojalá que llueva café!', con las banderas dominicana y haitiana enlazadas como nunca antes.
Un conmovedor vídeo del terremoto agitó de entrada las conciencias de los más de 50.000 fans que este domingo abarrotaron las gradas y contribuyeron a la causa. "Haití, hoy estamos aquí por ti" fue el lema que repitieron unos y otros durante las cuatro horas del concierto benéfico, versión latina del 'We are the world'.
Arrancó Guerra a ritmo de merengue, recordándole a la nación vecina que "Como tú no hay ninguna", y agradeciendo a sus paisanos las muestras de solidaridad en los últimos tres meses... "Creo que los dominicanos se han desbordado en la ayuda y lo que estamos viendo aquí esta noche es bien palpable", confesaba entre bambalinas el ídolo local.
"Para otra cosa no, pero los latinos somos siempre muy solidariosante la tragedia", recordaba Miguel Bosé, segundo espada la de la noche. '¡Por Haití vamos adelante!', proclamó el cantante español, entre 'Bandido' y 'Te amaré', coreado melosamente por la hinchada dominicana.
Alejandro Sanz se refirió muy directamente a la secular división de la isla, metáfora viva de ese 'Corazón partío', que anoche tuvo un alcance social y político. "En Haití está todo por hacer", recalcó el madrileño. "Era ya un país muy castigado antes del terremoto, pero no debemos perder la esperanza. No podemos olvidar Haití: ése sí que sería un auténtico desastre".
"Pueden borrar mi memoria/ pueden robarme tu historia/ pero nunca te olvidaré..." Sin quitarse la gorra de béisbol, así que pasen tres mil año, Enrique Iglesias se sumó a la fiesta como si jugara en casa. "República Dominicana, vuestro corazón es enorme", dijo. "¡Sois cojonudos!".
"Es tiempo de cambiar el odio por el amor", sentenció Juanes en versión bilingüe, antes de arrancarse la camisa negra y provocar uno de los mayores delirios de la húmeda noche tropical. Llovió a raudales antes del concierto, pero las nubes se secaron a tiempo para la fiesta. Todo quedó al final en un sabroso aguacero de café, al que también se sumaron Luis Fonsi, Johnny Ventura, Milly Quezada, Maridalia Hernández y los chicos de la 4,40.
"¡Que llueva bendición, mucha bendición para Haití!", fue la plegaria final, en honor al venerado Juan Luis Guerra y su proyecto para construir un hospital infantil en Haití, en colaboración con la Fundación Sur Futuro. La sensación hermandad y colegueo fue tal que los artistas, sin apenas proponérselo, decidieron emplazarse por las mismas fechas el año que viene bajo la consigna unánime: "¡Ojalá que llueva café en Haití!".

domingo, abril 18

HONOR y AGRADECIMIENTO

Por su solidaridad, por su valor, por su entusiasmo...


A sus viudas, a sus hijos, a sus familiares y amigos, que sus muertes no han sido en vano, que dejan muy en alto el nombre de ESPAÑA, que son los primeros en decir presente en cualquier lugar siniestrado del mundo y que están llenos de vida, conscientes de su papel, firmes en su importancia. A mí también se me han muerto y también les guardo luto y recuerdo y agradecimiento eternos. 








"El lugar donde se ha producido el accidente, al sur de la localidad fronteriza de Jimaní (República Dominicana), es un área muy montañosa, sin prácticamente vegetación, y de difícil acceso. Esa misma zona fue escenario de un terrible accidente el pasado 10 de noviembre que causó la muerte de 11 efectivos de la Minustah, seis uruguayos y cinco jordanos".


http://www.elpais.com/articulo/espana/Defensa/preve/funeral/militares/fallecidos/Haiti/celebre/lunes/elpepuesp/20100418elpepunac_1/Tes

sábado, abril 17

Aquiles Julián sobre Arturo Rodríguez Fernández

Arturo Rodríguez Fernández,
no sabremos nunca todo lo que perdimos al perderte

Por Aquiles Julián

Mi primer trato personal con Arturo Rodríguez Fernández fue en 1983. Antes de eso le veía de lejos, sin mayor contacto. En 1982 gané el primer lugar en el concurso de cuentos de Casa de Teatro y al año siguiente fui jurado del mismo, junto a Armando Almánzar Rodríguez y a Pedro Vergés.

Los tres convenimos, más por decisión de Pedro Vergés y mía que por la de Armando, más compasivo y fraternal, en no declarar ganadores, dejar desiertos los tres primeros premios y otorgar diez menciones. Fue un enmendar la plana a los participantes para que cuidaran los textos que enviaban a concurso. Freddy Ginebra aceptó el fallo, aunque siempre nos recomendó seleccionar los tres mejores y premiarlos. Pero la intransigencia de Pedro Vergés y mía en no premiar cuentos que habían sido enviados sin el cuidado apropiado para competir en un concurso, se impuso.
Arturo Rodríguez Fernández fue uno de los que participó en ese concurso. Y lo recuerdo porque fue tal vez si no el único, uno de los pocos que sin estar de acuerdo con nuestra decisión, la aceptó con humildad y con el cual conversé amablemente sobre la misma.
Hubo escritores que, antes del fallo, sabiendo que era jurado del mismo, se aproximaron a mí buscando camelarme. Y luego echaron chispas y dijeron barbaridades sobre mí y los demás jurados. El problema es que en el concurso se premian los textos, no las personas. Y si los cuentos no valen la pena o merecen ser premiados, aunque las personas sean excelentes, maravillosas, admirables, los textos no serán galardonados. Y créanme que, por su comportamiento, tampoco lo eran.
Así que algunos se enemistaron conmigo, dejaron de dirigirme la palabra. Otros enfriaron su actitud al máximo. Hubo quienes echaron pestes acerca de mí. Y quienes me desconocieron, al grado de que luego de más de diez primeros premios literarios, entre ellos dos de Casa de Teatro y el Premio de Literatura de la Universidad Central del Este, UCE, aquí se editan antologías literarias en las que aparece todo el mundo menos yo, lo que, por otro lado, no me quita el sueño. Total, el día que quiera hacer una antología en la que yo aparezca, la haré yo mismo y punto.
Saco el caso a colación porque algo similar sucede con Arturo Rodríguez Fernández. Brillante narrador, excelente dramaturgo, ¿dónde están las antologías que reconocen su obra y su talento?
A Arturo Rodríguez Fernández se le tenía envidia. Se le envidiaba su origen social: miembro de una familia de emigrantes españoles que prosperó e hizo fortuna en nuestro país, lo cual parece que algunos nativos lo viven como afrenta y no como ejemplo. Se le envidiaba su evidente talento: ganó premios nacionales e internacionales. Nadie se fijo en su infatigable capacidad de trabajo. En su pasión sin límites por el cine, que lo llevó desde la crítica de cine (era capaz de viajar al extranjero sólo a ver una película), a aventurarse financieramente instalando el Cine Lumiere, un cine de arte que muchos pudimos aprovechar, aunque no hubo el suficiente respaldo para hacer rentable la aventura; y que terminó por crear el Festival de Cine de Santo Domingo, que convirtió en base a trabajo arduo, relaciones personales (que las tenía de sobras en el mundo de cine), determinación y sacrificios en una institución respetable, al que concurrían cineastas y actores de renombre internacional a exhibir sus obras. Y fue un promotor entusiasta y dedicado de nuestro país como lugar ideal para rodar películas.

Su entrega a sus pasiones: el cine, la literatura, era total. Siempre embarcado en un proyecto, siempre con planes a realizar, siempre con tareas pendientes de ejecución.

Cada vez que le veía, en esos escasos pero prodigiosos momentos en que una premiación nos acercaba, él como jurado la más de las veces, y yo como el afortunado ganador, le insistía en que quería hacer un libro digital con sus cuentos. Siempre me prometía enviármelos, pero las ocupaciones no le dejaban tiempo. Me regaló uno de sus últimos libros, lleno de cuentos admirables. Hoy la infortunada noticia de que un infarto fulminante nos lo arrancó de la vida, deja mi modesto proyecto de un libro digital que celebrara su talento y promoviera sus cuentos, trunco. Me debes esa, Arturo.

Al leer la noticia en la prensa digital, que reviso varias veces al día, quedé pasmado. Mi estupefacción hizo que mi esposa me preguntara qué me sucedía. Quise decirle que se me había desgarrado el corazón, porque Arturo Rodríguez Fernández era un ser sorprendente: tras la constante chanza, tras el choteo y la salida jocosa, se escondía un ser bueno, agradable, inteligente, talentoso y de una capacidad de trabajo y dedicación excepcionales.

Mañana su deceso no será publicado a ocho columnas en la prensa, ni se bajarán las banderas a media asta, tampoco se declararán tres días de duelo. Así mueren los grandes de verdad. Nadie como él para merecer todos los homenajes. Honró al país con su vida, con su obra, con su dedicación. Nos engrandeció con su trabajo. Nos dedicó lo mejor de sus años. Nos enseñó. Nos guió. Nos aportó de múltiples maneras.

Empantanados en frivolidades y circos: el circo de la política, el circo de la farándula; agobiados por los salarios ridículos que nos hacen desvivir buscando como arañar el peso para poder ganarnos el derecho a sobrevivir un día más; aturdidos por el alcohol, atronados por la bulla de las estruendosas bocinas de los discolights de los candidatos; de las radios escandalosas; enredados en la madeja de chismes en que consumimos el tiempo, la muerte de Arturo Rodríguez Fernández pasará poco menos que desapercibida.

No sabremos lo que perdimos. Pero, créanme, perdimos más de lo que podríamos darnos cuenta. Ese infarto nos arrebató al promotor de cine incansable, al alma del Festival de Cine de Santo Domingo, al artífice de múltiples iniciativas vinculadas al séptimo arte, al narrador dedicado, al dramaturgo talentoso, al dominicano que dio lustre y brillo al gentilicio, que honró con su vida y dignificó con su trabajo a esta tierra que tanto merece y a la que tantos dañamos y degradamos.

No saber lo que se tiene hasta que se pierde es un dicho de añeja sabiduría. Hice alarde, hace algún tiempo, en una presentación que escribí para uno de los libros digitales que edito, de mi amistad con Arturo Rodríguez Fernández. Como lo hice de mi amistad con Efraím Castillo, Alexis Gómez, Enrique Eusebio, Manuel Núñez, José Enrique García, Manuel García Cartagena y otros escritores.

Era una forma de encubrir mi admiración, mi respeto, mi aprecio, mi envidia si se quiere a sus maneras amables, a sus dones,  a su generosidad, a su bonhomía, a su capacidad de trabajo, a su entrega, a sus aportes portentosos a la patria.

Quiero dejar constancia de esa admiración, de ese respeto, de que no tenemos con qué pagar ni cómo reconocer todo lo que él hizo y dio y legó a este país. Con la grandeza con que los mejores dominicanos lo hicieron: sin esperar nada en recompensa, pero con la satisfacción del deber cumplido.

Como dije, no sabremos lo  que perdimos. Pero desde ya sentimos la inmensa falta que nos hace su partida. Que Dios premie en Su Reino a un hombre que como Arturo hizo mejor al mundo con su sola presencia y nos dio ejemplo de que la determinación de una sola persona puede lograr grandes propósitos si se dispone.

viernes, abril 16

¡Hasta siempre, Arturo!

Mu-Yien Sang de Suarez, Sandra Mercedes Sang Joa, Esther Wong, Rosario Sang : Buen pensar, buen decir, buen hacer ¡gracias!


Una interpretación de Kuan-Yin la que derrama misericordia sobre el mundo y sus muchos brazos, no es que ella sola los tenga: son los de grupos de mujeres que se convierten en una sola. Esto pasó con Rosa Ng y el Barrio Chino. A pesar de que Rosa llevó una lucha titánica y casi solitaria desde el comienzo de su Barrio Chino, en los últimos tiempos, muchas paisanas se sumaron no con la firma y la presencia de siempre, sino con una militancia de compromisos, que llevan siempre a sacrificios personales de alguna forma. A ellas y por ellas, la comunidad china, cuya prosperidad es parte del desarrollo dominicano, les debe un reconocimiento para el cual yo cumplo con difundirlo. Mis respetos mujeres chinas y domínico chinas. Mis respeto hombres que las acompañan. LNG.

Alguien me dijo que no es casual…que desde siempre las elegimos Que las encontramos en el camino de la vida, nos reconocemos y sabemos que en algún lugar de la historia de los mundos fuimos del mismo clan. Pasan las décadas y al volver a recorrer los ríos esos cauces, tengo muy presentes las cualidades que las trajeron a mi tierra personal.

Valientes, reidoras y con labia. Capaces de pasar horas enteras escuchando, muriéndose de risa, consolando. Arquitectas de sueños, hacedoras de planes, ingenieras de la cocina, cantautoras de canciones de cuna.

Cuando las cabezas de las mujeres se juntan alrededor de “un fuego”, nacen fuerzas, crecen magias, arden brasas, que gozan, festejan, curan, recomponen, inventan, crean, unen, desunen, entierran, dan vida, rezongan, se conduelen.

Ese fuego puede ser la mesa de un bar, las idas para afuera en vacaciones, el patio de un colegio, el galpón donde jugábamos en la infancia, el living de una casa, el corredor de una facultad, un mate en el parque, la señal de alarma de que alguna nos necesita o ese tesoro incalculable que son las quedadas a dormir en la casa de las otras.

Las de adolescentes después de un baile, o para preparar un examen, o para cerrar una noche de cine. Las de “ven el sábado” porque no hay nada mejor que hacer en el mundo que escuchar música, y hablar, hablar y hablar hasta cansarse. Las de adultas, a veces para asilar en nuestras almas a una con desesperanza en los ojos, y entonces nos desdoblamos en abrazos, en mimos, en palabras, para recordarle que siempre hay un mañana. A veces para compartir, departir, construir, sin excusas, solo por las meras ganas.

El futuro en un tiempo no existía. Cualquiera mayor de 25 era de una vejez no imaginada…y sin embargo…detrás de cada una de nosotras, nuestros ojos.
Cambiamos. Crecimos. Nos dolimos. Parimos hijos. Enterramos muertos. Amamos. Fuimos y somos amadas. Dejamos y nos dejaron. Nos enojamos para toda la vida, para descubrir que toda la vida es mucho y no valía la pena. Cuidamos y en el mejor de los casos nos dejamos cuidar.

Nos casamos, nos juntamos, nos divorciamos. O no.

Creímos morirnos muchas veces, y encontramos en algún lugar la fuerza de seguir. Bailamos con un hombre, pero la danza más lograda la hicimos para nuestros hijos al enseñarles a caminar.

Pasamos noches en blanco, noches en negro, noches en rojo, noches de luz y de sombras. Noches de miles de estrellas y noches desangeladas. Hicimos el amor, y cuando correspondió, también la guerra. Nos entregamos. Nos protegimos. Fuimos heridas e inevitablemente, herimos.

Entonces…los cuerpos dieron cuenta de esas lides, pero todas mantuvimos intacta la mirada. La que nos define, la que nos hace saber que ahí estamos, que seguimos estando y nunca dejamos de estar.

Porque juntas construimos nuestros propios cimientos, en tiempos donde nuestro edificio recién se empezaba a erigir.

Somos más sabias, más hermosas, más completas, más plenas, más dulces, más risueñas y por suerte, de alguna manera, más salvajes.

Y en aquel tiempo también lo éramos, sólo que no lo sabíamos. Hoy somos todas espejos de las unas, y al vernos reflejadas en esta danza cotidiana, me emociono.

Porque cuando las cabezas de las mujeres se juntan alrededor “del fuego” que deciden avivar con su presencia, hay fiesta, hay aquelarre, misterio, tormenta, centellas y armonía. Como siempre. Como nunca. Como toda la vida.

Para todas las brasas de mi vida, las que arden desde hace tanto, y las que recién se suman al fogón.

Cuando las cabezas de las mujeres se juntan alrededor “del fuego”
Simone Seija Paseyro
Uruguaya – 45 años


jueves, abril 15

PASEANDO con XIOMARA FORTUNA ¡Enhorabuena para ella y para nosotros!

Yo todavía no lo escuché, pero estoy segura de que es BUENÍSIMO! LNG


Tomado, cogido o copiado de: http://josersosa.blogspot.com/


Es esta una mujer felíz. Xiomara Fortuna, una artista vital, auténtica y cargada de talentos bien manejados por años.




Foto Cortesía de su equipo de producción

Hoy escribo sobre una mujer artista que abrió, para su época, el compromiso con la canción de raíces autóctonas.

Escribo sobre una mujer auténtica, poseedora de una de las más bellas voces de contralto con que cuenta la República Dominicana, que se orientó hacia la puesta en valor de la cultura musical de los campos.

Y una mujer que incrementó y enriqueció la ruta trazada por el Grupo Convite.

A Xiomara Fortuna la conocí mediante una producción de temas que grabó en casette para Mujeres en Desarrollo, hace ha 21 años, cuando musicalizó las coplas y décimas de mujeres campesinas.

Cuando escuché su voz y sus arreglos (apoyada en un selecto grupo de dos o tres músicos jóvenes de altísima calidad) me pregunté ¿Quién es esta cantante?

Xiomara, siguió ese camino y se instaló con una presencia propia, se negó a ser una figura comercial, trazó caminos propios, desde sus interpretaciones, el círculo internacional alternativo de presentaciones, que tiene a Francia como eje de acción, hasta su exigencia de profesionalidad en todo cuanto hace.

Xiomara se ha involucrado en el lanzamiento en grande de su producción Paseando, en el Palacio de Bellas Artes. Se ha apoyado en sus amigos y amigas de siempre. Ella no cuenta con las estructuras del gran empresariado artístico.

Estaremos con ella el 24 de Abril en Bellas Artes, disfrutando de Paseando. Y sería bueno que esa noche

En “Paseando”, La Fortuna hace un despliegue de sus conocimientos sobre las fusiones de los ritmos del Caribe y las corrientes musicales establecidas: bachata, son, jazz, rock y ritmos tradicionales como son el gaga, la zarandunga, la plena, la samba y entre otros ritmos que identifican al gran Caribe.

Una boca pálida, por Farah Hallal

Una mano sangrante se me funde en el pecho. La perfección del pétalo tiene este charco de sangre. Una  boca muere gozosa y poseída, ...