Septiembre 1963

La publicación de tan extensa entrada ayer obedece a que me encontré en la Sala de Investigación del Archivo General de la Nación, buscando otra cosa de mi trabajo, con estas notas que me picaron la curiosidad y lamentablemente, no hice unas fotos muy buenas como para leer los textos por lo que me quedará pendiente para cuando haya tiempo y disponibilidad. Lo cierto es que Doris Dana estuvo aquí y sus disertaciones fueron sobre la vida y obra de Gabriela Mistral. La firma de la crónica es de Susana Morillo.

Me vale decir que yo admiro y respeto el amor limpio, venga de donde venga. Entre dos hombres, entre mujeres, entre hombres y mujeres... Hay mucha controversia en el ambiente y la verdadera regla de oro es la del respeto. Las pasiones alteradas conducen a pequeñas o grandes venganzas, desafueros y exabruptos, amenazas y discordias; en todo caso: falta de respeto por uno mismo. ¿Por qué estoy poniendo esto? Porque tengo amigos gays y lesbianas y se merecen toda mi admiración. Yo los considero más inteligentes que la media, y ciertamente los quiero porque ni son indiscretos, ni hacen escándalos, ni provocan con sus conductas a una sociedad con sus reglas de juego establecidas, y mucho menos alardean de sus diferencias.

Aceptar el amor entre personas del mismo sexo depende de su calidad como seres humanos. Jamás la evolución y el desarrollo deben basarse en la promiscuidad, en el escándalo ni en el retroceso de nuestras costumbres.

La labor de educar a los menos entendidos en la aceptación de estas diferencias es muy ardua. Más vale que se utilicen todos los argumentos inteligentemente. Si se dejan entrar las pasiones, es una causa perdida.
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