domingo, enero 24

Yo fui Annanova

Cuando empecé a usar Internet, usé un pseudónimo: Annanova. Un día, algo que yo escribí apareció firmado por otro y hoy lo rescato. Lo titulé Cronos.

Avanzo todo el día persiguiendo al sol; de noche a la luna. Agotada, no sé si mi cuerpo es mío o yo soy suya. No ando detrás de la Ilusión. Que nadie se equivoque. Ni un solo instante dejé que la Utopía se instalara en mí misma. La hiperconsciencia cansa. Esta unión celular que me acompaña, rítmica y pausada como latido eterno impide mi descanso. Sólo yo soy responsable de mi destino. Por eso, mientras avanzo bendigo el paisaje que abandono y convierto las desgracias en poesía.
En más de una ocasión mi espejismo se llenó de Oasis, mas distinguí la luz entre los charcos de azogue y continué mi camino hacia el Este.
Mis deslumbrados ojos ansían más que nadie la iluminación. Pero no con fórmulas que otros me impongan. Desconfío de cualquier mandato. Camino libre despreciando el oro pues su contacto evapora mi alma. Me castigo por vivir en donde no nací ni fui engendrada.
Si crees que busco la verdad, estás en lo cierto. La auténtica oposición a la mentira. La dolorosa, audaz, franca y desinhibida lengua de franqueza que golpea insistente cada lienzo en blanco.
¿Sientes la música? Está en cada contorno de mis cosas. En cada pincelada, coloreo, difumino, resalto... en cualquier punto está la melodía brillante que incesante bulle por mi sistema.
¡Ah! ¿Cómo ceñirse al angosto entorno de mis limitaciones? Imposible encerrarme en la apariencia torpe. Lo mío es avanzar. Avanzar siempre sin lastres como nave en mar en calma.
Hace tiempo que dejé de preocuparme por denominaciones. Aunque me digan "mágica". "Ilusión" o "quimera", yo sé quién soy.
Ahora llueve. Ocupo mi mente mientras avanzo. Pienso en el frío que condensa el vapor de las nubes para que estallen en millones de gotas incapaces de resistir la gravitación. Pienso en la velocidad, primero progresiva y después constante del agua que cae. Pienso en la resistencia que ofrece el aire enfrentado a la fuerza de la gravedad... Pienso que mientras más grande es la gota, más rápidamente cae precipitada.
Prosigo. No busco lo magnífico ni lo insignificante. Amo la luz. Soy peregrina de vida en vida. Me busco a mí. En el trayecto he transformado el trazo desanimado de mi generación a fuerza de palabra y llanto.
De nuevo calienta el sol y yo sigo sus huellas. No me toca descanso. Cada paso progresivo es un plan para llegar al centro: método, iniciativa, compasión, fraternidad, cercanía, vencer con humildad, reconocer las barreras internas... Yo no puedo fallar. Mi nombre es Hora. Yo soy hija del Tiempo.

(Ahora puedo romper el papel en que escribí. Te ruego, si lo usas, cites la fuente. Sabes que es mío porque sólo yo tengo estas huellas dactilares, sólo yo mezclo mi angustia con el goce de crear y sólo yo uso este blog como un cuaderno porque el fin está cerca, mi padre ha de devorarme y cuando llegue, sabrás que mi alma agradecida pasó por esta vida más fiel a la belleza que a ninguna otra cosa). Leibi Ng

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