martes, diciembre 15

EL BOSCH DE TODOS

Magnífico, estupendo, grandioso, excelente... Superlativos para este hecho. No el libro (que es técnicamente buenísimo, puntos para Editora Alfa & Omega y Editora Nacional) sino el que Ramón Colombo haya logrado convertir en medio de comunicación imperecedero (Dios mediante, pues sólo son mil ejemplares) sus entrevistas, artículos y visión periodística y literaria (ojo: pocos escriben con tal sentido y sensibilidad), del hombre más gigante moralmente que ha parido esta tierra. Yo no tengo ningún problema en parcializarme, porque soy libre como un ruiseñor. Y anoche saqué tiempo para estar presente en un acto sencillo y entrañable en que un comunicador en toda la extensión de la palabra, maestro de maestros y dueño de una voz de trueno que no usa engolada, maquillada ni fantasmeada, luego de una larga vida entregado a la información de todos, corona junto a la Secretaría de Cultura, el Año de Juan Bosch Centenario con documento infaltable en toda biblioteca. Porque contiene esencias del alma sincera de las instantáneas impresiones humanas. Porque convierte en palabra gestos, emociones y miradas. Porque capta sensaciones que merecían eternizarse. Yo escribo esto no para halagar a Colombo (que sabe que lo quiero y admiro), ni para darle las gracias a Rafael Lantigua por alcanzarnos las estrellas hechas de los fulgores culturales riquísimos de este pueblo nuestro; yo escribo para que los muchachos de las edades de mis hijas valoren lo que tienen y no sean tan mezquinos de conocer la marca de Harry Potter sin saber que aquí, cotidianamente, sin reflectores, ni marketing, ni bultos tenemos personas que muy bien emulan a Clark Kent (humilde, tímido y callado pero capaz de convertirse en superhombre) porque a pruebas me remito, tienen una vida entera entregados a darle al país una opinión propia cargada de identidad que no tiene precio. A ver si aprendemos a mirar y buscar primero en casa y luego en los ídolos foráneos que nunca prenden y a dejar de juzgar por las apariencias.
Posted by Picasa

Una boca pálida, por Farah Hallal

Una mano sangrante se me funde en el pecho. La perfección del pétalo tiene este charco de sangre. Una  boca muere gozosa y poseída, ...