domingo, enero 18

QUÉ FRAGILIDAD

SALMO 39 (38)

El hombre es un soplo que desaparece
39:1 Del maestro de coro. De Iedutún. Salmo de David.

La rebelión frente al mal
39:2 Yo pensé: "Voy a vigilar mi proceder
para no excederme con la lengua;
le pondré una mordaza a mi boca,
mientras tenga delante al malvado".
39:3 Entonces me encerré en el silencio,
callé, pero no me fue bien:
el dolor se me hacía insoportable;
39:4 el corazón me ardía en el pecho,
y a fuerza de pensar, el fuego se inflamaba,
¡hasta que al fin tuve que hablar!

Reflexión sobre la caducidad de la vida
39:5 Señor, dame a conocer mi fin
y cuál es la medida de mis días,
para que comprenda lo frágil que soy:
39:6 no me diste más que un palmo de vida,
y mi existencia es como nada ante ti.
Ahí está el hombre: es tan sólo un soplo, Pausa
39:7 pasa lo mismo que una sombra;
se inquieta por cosas fugaces
y atesora sin saber para quién.
39:8 Y ahora, Señor, ¿qué esperanza me queda?
Mi esperanza está puesta sólo en ti:
39:9 líbrame de todas mis maldades,
y no me expongas a la burla de los necios.

Súplica confiada
39:10 Yo me callo, no me atrevo a abrir la boca,
porque eres tú quien hizo todo esto.
39:11 Aparta de mí tus golpes:
¡me consumo bajo el peso de tu mano!
39:12 Tú corriges a los hombres,
castigando sus culpas;
carcomes como la polilla sus tesoros:
un soplo, nada más, es todo hombre. Pausa
39:13 Escucha, Señor, mi oración;
presta oído a mi clamor;
no seas insensible a mi llanto,
porque soy un huésped en tu casa,
un peregrino, lo mismo que mis padres.
39:14 No me mires con enojo,
para que pueda alegrarme,
antes que me vaya y ya no exista más.


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Nada humano me es ajeno.

Una boca pálida, por Farah Hallal

Una mano sangrante se me funde en el pecho. La perfección del pétalo tiene este charco de sangre. Una  boca muere gozosa y poseída, ...