miércoles, mayo 27

¡GUARDIOLA! ¡VIVA LA VIDA!

¡ESPAÑA, CAMPEÓN DEL MUNDO!
Celebro con la canción que hoy canta Barcelona y toda España: Viva la vida, de COLDPLAY, himno con el que Pet Guardiola entrena a su equipo, el que hoy ha dado una lección de futbol al mundo.

http://www.youtube.com/watch?v=2TUDPY5TiJY
Som els millors!!!! Visca el Barça!!!! Gracies Pep...gracies a tot el equip!!! En tenim TRES ...tres titols !!!!
Yo solía gobernar el mundo
Los mares se alzaban cuando yo lo ordenaba
Ahora en la mañana yo barro solo
barro las calles que solía poseer
Yo solía tirar el dado
Sentir el miedo en los ojos de mi enemigo
Escuchaba como la gente cantaba:
"Ahora el viejo rey está muerto,
¡larga vida al rey!"
Un minuto yo tenía la llave
Al siguiente las paredes se cerraban en mí
Y descubrí que mis castillos estaban construidos
Sobre pilares de sal y pilares de arena
Escucho las campanas de Jerusalen sonando
Los coros del Calvario Romano están cantando
Son mi espejo, mi espada y mi escudo
Mis misioneros en un campo extranjero
Por alguna razon que no puedo explicar
Una vez que sabes que nunca hubo una palabra honesta
Así era cuando yo gobernaba el mundo
Fue el viento loco y salvaje
Que tiró las puertas para dejarme entrar
Ventanas rotas y el sonido de tambores
La gente no podía creer en lo que me convertí
Los revolucionarios esperan
Mi cabeza en bandeja de plata
Solo una marioneta en una cuerda solitaria
Oh ¿Quien podría querer ser rey?
Escucho las campanas de Jerusalen sonando
Los coros del Calvario Romano están cantando
Son mi espejo, mi espada y mi escudo
Mis misioneros en un campo extranjero
Por alguna razon que no puedo explicar
Yo se que San Pedro dirá mi nombre
Nunca hubo una palabra honesta
Pero así era cuando yo gobernaba el mundo
Escucho las campanas de Jerusalen sonando
Los coros del Calvario Romano están cantando
Son mi espejo, mi espada y mi escudo
Mis misioneros en un campo extranjero
Por alguna razon que no puedo explicar
Yo se que San Pedro dirá mi nombre
Nunca hubo una palabra honesta
Pero así era cuando yo gobernaba el mundo

SOROLLA: el sol, el mar, la emoción...

Creo que tenía 12 años. Fue en una librería de la calle Abréu. Allí, empleado entonces, estaba un muchacho delgadito, mulato, vendedor... que luego sería propietario de una librería especializada en leyes que hay en la calle Mercedes (¿La Filantrópica?). Por primera vez toparon mis ojos con una ilustración de un cuadro de Sorolla, este en particular.
Ayer lo he vuelto a ver, en la tele, sólo en la tele, y al igual que estallé en llanto irracional frente a la Plaza de San Marcos en Venecia, me deshice en agua de sal. Y se me llenó el corazón de incógnitas pues nunca sabré por qué reacciono así frente a unas cosas y a otras no, si parto de mi curiosidad sin fondo y la certeza de encontrarle a todo los pros y los contras. Entonces me reconozco tan normal, tan digna del gregarismo, tan pez en el cardumen...
Seré imbécil si salgo de Madrid sin deleitarme con esta exposición, a pesar del gentío y de los euros, de la crisis y de las prisas... seré imbécil si no lo hago.




Por primera vez en España, se exhibe la colección de pinturas Visión de España, del valenciano Joaquín Sorolla (1863-1923), realizada por encargo de la Hispanic Society de Nueva York y que ha permanecido en esta ciudad desde 1927. Las obras son homenajes a diferentes regiones de España. Se expondrán en el Centro Cultural Bancaja de Valencia desde el 7 de noviembre de 2007 hasta abril de 2008. Luego, se trasladará a Madrid, Sevilla, Málaga, Bilbao y Barcelona.

Las grupas (1916), obra de Joaquín Sorolla dedicada a su tierra, Valencia. Óleo sobre liezno; 351x301 cm. Cuadros descomunales, nunca me lo imaginé!

¡Viva España!

lunes, mayo 25

EL PRADO, EL PRADO


Ingenua, ignorante, ajena a la tierra, pasé por un hotel donde yacía un Presidente (lo que nunca se sabría si no rondasen miles a su alrededor), me fui ayer domingo luminoso al Prado, museo de proporciones gigantescas para mi enanez literal y mental. De cinco salas y dos pisos ya estaba extenuada, aunque de todos modos, quien fuera importante para contemplar lo que nos atrae sin extorbos ni turistas ni visitantes. Es mucho arte para tan poco tiempo, para tan poca humanidad. Es demasiado para una visita aún de cuatro o cinco horas. Es una de las penas de no vivir en Madrid y que te mantengan para visitarlo día tras día en horario gratuito, peleando el espacio frente a ciertos pintores que no voy a nombrar. Consuelo es tenerlo a mano en libros, revistas e Internet, aunque más no sea.

Yo misma me atropello, ¿cómo evitar entonces la extrema contradicción de amar lo bello encerrado en la prisa? Yo regresaré.

viernes, mayo 22

¿QUÉ PASA EN LOS HAITISES?

HAITISES
¿Dónde siembro la voz,
si se agota el camino y el asombro
y el verde y la magia y la vida?
¿Dónde el verso cargado
de esperanzas, de historia, de consignas,
cascadas, caracoles y espinas?
¿Cómo cargar el fardo de recuerdos, vivencias?
¿Cómo mirar al cielo conociendo el destino?
¿Cómo lavar el alma con los sueños quebrados?
¿Cómo acallar la rabia sin saltar al abismo?



Tus mogotes, tus aves, tu verdor, tus caminos;
el asombro del niño que no cabe en su patria
y las aguas que corren por tu ser agredido;
el dolor del arado en las manos sin tierras;
el durmiente sendero que no tiene destino
y la madre que espera, sin tener esperanzas
y los puños crispados
y el ahogado suspiro.
Todo tú, con tus vientos, tu frescor, tus latidos
Al entregar tu sangre nos señala el camino.
En cada gota tuya
naufragan los perversos.
Y canta el universo
Que habita en tu garganta.



Tú reclamas la vida.
Tú te niegas al polvo.
Tú rechazas la muerte, el dolor, la mentira
A salvar Los Haitises con el canto de todos,
nos convoca tu canto, nos convoca tu ira.
A salvar los Haitises con la lucha del pueblo.
Con la lucha del pueblo Salvaremos tu vida.
Con el canto de todos cantarán Los Haitises.
Con el canto de todos renacerá la vida.
A salvar los Haitises con la lucha del pueblo.
Con la lucha del pueblo renacerá la vida.
Luis Carvajal (Cuchito)

jueves, mayo 21

MIGUEL SALVADOR


Dios sabrá por qué se lleva a quienes amo durante mi ausencia. Aprovecha que salgo y me hace daño. Me impide pasar por un ceremonial que van a cumplir otros.
Un rito que es mejor dejar en el imaginario.
Igual que a un ser dormido, lo contemplo sólo por un segundo.
Ni entubado ni tumbado. Ni yaciente, ni acostado.
La imagen predomina con su risa y sus bromas, su mirada vivaz y un ingenio sobrado.
Un señor que sustenta altos y dignos cargos, responsable y veras, estratega y guerrero, con tiempo para todos y el deseo sincero de solucionarle al mundo el encierro tan torpe de delegar en otros la responsabilidad de actuar.
Claro que ya no pudo cumplir con tanta carga.
Por suerte, estaba ella, Minerva inagotable, que leona y amable, le protegía de sí mismo y su altruismo desmesurado.
Miguel Salvador no se va a morir nunca. Este miércoles imbécil de mayo y primavera es sólo un punto en el Currículum vitae. Que lo dijo Cabral en unos versos ciertos: “Hay hombres que van subiendo mientras más su ataúd baja”. Por lo menos en vida muchos reconocieron su gracia. Él no ganaba nada sirviendo de mecenas (no sólo para artistas, también a periodistas y otros profesionales). Sólo la voluntad. Sólo la gratitud de quienes fueron tocados por su increíble capacidad para llegar al alma. Porque hablabas con él y salías mejor ser humano que cuando entrabas a su despacho. Con su enorme optimismo te infundía valor, impulsos, ganas… y lograbas tal vez, lo que no imaginabas. Ese es el Miguel Cocco que yo conozco y amo. Con voz sincera y tierna, con risa inolvidable, con un par de riñones que se cansaron de filtrar mentiras, angustias, naturaleza humana con dobleces y máscaras…
Él es un sanador, un chamán, un gurú… y me importa muy poco que me juzguen.
Él es un visionario que encaminó al partido que ciego tropezaba.
Él es un general que organizó batallas con soldados inconscientes y torpes, incapaces…
Me niego y negaré a vincularlo a muerte, a quietud, a desierto, a terreno infecundo, a sombra, a olvido...
Su devoción por el Profesor Juan Bosch es una herencia. Muchas veces me pregunté por qué lo amaba tanto. Después comprendí que era el único más grande a quién podía emular.
Miguel nació en verano para conducir, para ser lider. Bien que pudo quedarse siendo un señor burgués, ejerciendo su oficio sin arriesgar la vida… pero eligió ser protagonista de una batalla caótica por nuestra democracia, y pagó su precio.
No nos debe nada. Le debemos muchísimo.
Una deuda que sólo se paga con el mejoramiento individual de cada una y uno. Por una sed inmensa de ser honestos en medio de una sociedad deshonesta. Por la lucha continua por resolver la contradicción de ser buenos en medio de tanta basura. Por la increíble lucha individual e íntima de dejar aflorar lo grande y luminoso dentro de cada alma venciendo la mezquindad, la pobreza de espíritu y las justificaciones de lo perverso.
Miguel Cocco no ha muerto. Ahora es cuando va a vivir con inmenso coraje, con gallardía y acierto.
Miguel Cocco es ejemplo.

miércoles, mayo 20

Sólo quien sabe de tristezas, de injusticias, de horrores y de errores


Defender la alegría como una trinchera
defenderla del escándalo y la rutina
de la miseria y los miserables
de las ausencias transitorias
y las definitivas

defender la alegría como un principio
defenderla del pasmo y las pesadillas
de los neutrales y de los neutrones
de las dulces infamias
y los graves diagnósticos

defender la alegría como una bandera
defenderla del rayo y la melancolía
de los ingenuos y de los canallas
de la retórica y los paros cardiacos
de las endemias y las academias (…)

de la obligación de estar alegres

defender la alegría como una certeza
defenderla del óxido y la roña
de la famosa pátina del tiempo
del relente y del oportunismo
de los proxenetas de la risa

defender la alegría como un derecho
defenderla de dios y del invierno
de las mayúsculas y de la muerte
de los apellidos y las lástimas
del azar
y también de la alegría.

Mario Benedetti.

domingo, mayo 17

Una vieja tonada, asalta mi memoria

Fue una época difícil. Me sentía sola y desprotegida. Hoy regresa, no sé por qué, como un aroma de otra dimensión a enfantasmarme el ánimo. En su aparente mansedumbre, la promesa de la fortaleza se pronuncia.


Palomita Blanca, vidalita
de pico rosado

Antes te cantaba, vidalita
como enamorada

Palomita linda, vidalita
palomita triste

Que poco te queda, vidalita
de lo que antes fuiste

Palomita flaca, vidalita
de piquito hambriento

Todas las plumitas, vidalita
te las llevó el viento

Es un viento malo, vidalita
es un viento frío

Te dejó sin plumas, vidalita
y el buche vacío

Palomita sonsa, vidalita
de piquito bobo

Cuida de tu nido, vidalita
que anda suelto el lobo

Pobre palomita, vidalita
de vuelo perdido

Si no le haces frente, vidalita
te deshace el nido

Palomita linda, vidalita
palomita fea

Apronta el piquito, vidalita
para la pelea

Palomita enferma, vidalita
de alita quebrada

Si no sacas fuerzas, vidalita
te quedas sin nada

Palomita negra, vidalita
de piquito rojo

Crece palomita, vidalita
sácale los ojos

Crece tus alitas, vidalita
crece el corazón

Crece palomita, vidalita
y volvete halcón

jueves, mayo 14

MIREN POR DONDE ANDO

Transmito desde la región del miedo. Todos los ordenadores o computadoras están inhibidos por cortafuegos y antivirus tan eficaces que no te dejan navegar. ¿Qué sentido hay en estar vivo si tienes miedo de contagiarte con la gripe porcina reprimiendo tus deseos de estamparle dos besos a tus amigos?
Traté de postear la última película que vi, pero es imposible. Frustrada, voy a sumergirme en la ilusión. Si alguien me recuerda que "esto es lo que hay" y que llame "al pan, pan y al vino, vino", le volveré la espalda.

martes, mayo 12

García Márquez, la Real Academia y los Diccionarios


Dibujo de Paula Calva http://lacalva.blogspot.com/

Rubén López Rodrigué

Fue a los cinco años el primer contacto de Gabriel García Márquez con la letra escrita, con el que había de ser el libro fundamental en su destino de escritor. Una tarde el abuelo lo llevó a conocer los animales de un circo que estaba de paso en Aracataca, su pueblo natal. Bajo la carpa grande como una iglesia, lo que más le atrajo fue «un rumiante maltrecho y desolado con una expresión de madre espantosa.

—Es un camello —me dijo el abuelo.

Alguien que estaba cerca le salió al paso:

—Perdón, coronel, es un dromedario. [...].

Sin pensarlo siquiera, lo superó con una pregunta digna:

—¿Cuál es la diferencia?

—No la sé —le dijo el otro—, pero éste es un dromedario. [...].

Aquella tarde del circo volvió abatido a la oficina y consultó el diccionario con una atención infantil. Entonces supo él y supe yo para siempre la diferencia entre un dromedario y un camello. Al final me puso el glorioso tumbaburros en el regazo y me dijo:

—Este libro no sólo lo sabe todo, sino que es el único que nunca se equivoca.

Era un mamotreto ilustrado con un atlante colosal en el lomo, y en cuyos hombros se asentaba la bóveda del universo. Yo no sabía leer ni escribir, pero podía imaginarme cuanta razón tenía el coronel si eran casi dos mil páginas grandes, abigarradas y con dibujos preciosos. En la iglesia me había asombrado el tamaño del misal, pero el diccionario era más grueso. Fue como asomarme al mundo entero por primera vez.

—¿Cuántas palabras tendrá? —pregunté.

—Todas —dijo el abuelo».[1]

Cuando el abuelo ~quien fue soldado en las guerras civiles colombianas~ le regaló el diccionario lo leyó como una novela, en orden alfabético y sin entenderlo. Se le despertó tal curiosidad por las palabras que aprendió a leer más pronto de lo esperado. Un gran maestro de música dijo que un piano debe tenerse en la casa para que los niños jueguen con él, y no es humano imponer el castigo diario de los ejercicios. Esto fue lo que le sucedió al creador de Cien años de soledad con el diccionario de la lengua castellana: siempre lo vio como un juguete para toda la vida. No como un libro de estudio.

«LÁZARO, LEVÁNTATE Y ANDA»

Decíamos que este diccionario fue, es el libro básico de García Márquez en su oficio de escritor. Las palabras son las herramientas del escritor, el artista de la pluma escribe a la luz de las palabras. Se requiere de un buen diccionario de la lengua, además de un diccionario etimológico y otro de sinónimos y antónimos para conocer y manejar los utensilios de trabajo.

Ser escritor supone que el tejido de lenguaje no se parezca mucho al hilvanado por los demás, implica tener un estilo más o menos innovador forjado en la fragua del trabajo. Una norma básica del estilo es la palabra exacta, pues al escritor que no defiende con fiereza la precisión de cada una de ellas se le considera un impostor. Es obvio que un mayor dominio del vocabulario no lo hará mejor en su arte. No se escribe sólo con vocablos.

En sentido estricto la palabra no tiene significado sino que está en potencia de significación. No dice nada. En la frase posee un determinado sentido según el contexto en que se encuentra, puede recibir las acepciones que el diccionario le asigna, pero también otras que no le atribuye, es decir, a ese esqueleto se le pone el tejido muscular y nervioso de las nuevas significaciones. Los vocablos sólo son palabras cuando son dichas por alguien, dice Ortega y Gasset, así como un libro sólo existe si tiene un lector. Un problema es que siendo rigurosos no existen los sinónimos, un término no es igual a otro; pliego, memorial, documento y carta, que aparecen como sinónimos, tienen un significado distinto.

El diccionario es un cementerio donde yacen las palabras muertas. Y en tanto ellas implican siempre una metáfora, una transposición de sentido, el escritor es un mago que puede convertir la momia de la palabra en un ser rebosante de vida. En el Museo del Cairo al cuerpo del faraón Ramsés II lo destruían los rayos ultravioleta y una floración parasitaria. Fue llevado al Museo del Hombre en París donde los especialistas examinaron la momia, la rejuvenecieron con las técnicas más sofisticadas de la energía atómica, la fotografiaron en alto relieve para que después se hicieran copias parecidas, la envolvieron en sus bandas de lino oriundas del antiguo Egipto, la aromatizaron con sándalos de los oasis del Sahara, la volvieron a vestir con sus indumentarias faraónicas, la atesoraron en una cabina de plástico indestructible y antiséptico con el fin de preservarla de la contaminación y la depositaron en un sarcófago para devolverla a su lugar de origen. De manera similar procede el escritor que resucita los vocablos inertes del museo de los diccionarios y los transforma en seres donde hierve la vida plena de sentido.

García Márquez mantuvo la curiosidad por los vocablos hasta la adultez, cuando pelea a trompadas con las palabras y por lo general son ellas las que salen ganando. Esta guerra cotidiana no respeta límites: «Un pobre hombre solitario sentado seis horas diarias frente a una máquina de escribir con el compromiso de contar una historia que sea a la vez convincente y bella agarra sus palabras de donde puede. La guerra es más desigual aún si el idioma en que se escribe es el castellano, cuyas palabras cambian de sentido cada cien leguas, y tienen que pasar cien años en el purgatorio del uso común antes de que la Real Academia les dé permiso para ser enterradas en el mausoleo de su diccionario».[2]

Las palabras las crea la gente en la calle. No los académicos. Los autores de los diccionarios las embalsaman por orden alfabético, luego de capturarlas casi siempre con mucha tardía y en numerosas ocasiones cuando ya no tienen el significado que les asignaron sus inventores. Desde antes de ser editado todo diccionario de la lengua comienza a desactualizarse y por mucho que se esmeran los autores no logran echarle mano a las palabras en su carrera hacia el cajón desteñido del olvido. Al mausoleo del diccionario le servirían de separadores nervaduras de hojas disecadas, plumas de pájaros exóticos y alas de mariposas.

De ahí que García Márquez siente una gran admiración por María Moliner, que con su Diccionario de uso del español trabajó para él sin saberlo. Esta mujer española elaboró un diccionario de uso en el tiempo que le quedaba libre de remendar calcetines y de su oficio de bibliotecaria, con el método infinito de agarrar al vuelo las palabras desde que nacían y las escribía en fichas en la comodidad de su casa; en especial las que hallaba en los periódicos «porque allí viene el idioma vivo, el que se está usando, las palabras que tienen que inventarse al momento por necesidad», dijo en una entrevista.

Los diccionarios de uso tienen la ventaja de que intentan atrapar algo esencial para la buena escritura: el significado subjetivo de las palabras. Además de plasmar lo que significa cada palabra, también señala cómo se usa y se incluyen otras que la pueden sustituir. Son diccionarios para escritores y sus palabras llevan pegados olor, sabor y sonido. Así, García Márquez relata que en un ardiente verano de Roma tomó un helado que le supo a Mozart, y un amigo suyo probó en un restaurante unos riñones al jerez y dijo suspirando que sabían a mujer. Una tisana de hierbas viejas le supo a procesión de Viernes Santo, un cordero y sus inclementes balidos de tono metálico se le pareció a un faro, muchas veces ha comido un arroz con sabor a solapa y un pan que sabe a baúl, y ha tomado un café con sabor a ventana y una sopa que sabe a máquina de coser.

En cambio los diccionarios de la lengua no pueden trazar la dimensión subjetiva de las palabras. Cierta vez el filólogo Roberto Cadavid, con el seudónimo de Argos, se preguntó en su columna de El Espectador qué diferencia había entre un barco y un buque. El diccionario de la Real Academia Española decía que un buque es un «Barco con cubierta que, por su tamaño, solidez y fuerza es adecuado para navegaciones o empresas marítimas de importancia». En esa definición se confundía el barco con el buque y esto llevó a pensar a García Márquez, quien tenía otra columna en el mismo diario, que existía una diferencia subjetiva entre las dos palabras. Los buques no servían sino para empresas fluviales, eran los del río Magdalena, con dos chimeneas sustentadas con leña e impulsados con una rueda de madera en la popa; mientras, según se decía en casa de los abuelos con quienes se crió, los barcos se utilizaban para empresas marítimas, eran únicamente los de mar, como los que transportaban el banano desde Santa Marta hasta Nueva Orleans.

En sus Notas de prensa García Márquez destaca que un problema muy serio que nuestra desmedida realidad tropicoamericana le plantea a la literatura es el de la insuficiencia de palabras. Si a un lector europeo no se le describe un río, lo más que puede imaginarse es algo tan grande como el Danubio, que tiene 2.790 kilómetros, a diferencia del Amazonas, que tiene 5.500 kilómetros de longitud, es más ancho que el mar Báltico y frente a Belén del Pará no se alcanza a divisar la otra orilla. «Cuando nosotros escribimos la palabra tempestad, los europeos piensan en relámpagos y truenos, pero no es fácil que estén concibiendo el mismo fenómeno que nosotros queremos representar. Lo mismo ocurre, por ejemplo, con la palabra lluvia. En la cordillera de los Andes, según la descripción que hizo para los franceses otro francés llamado Javier Marimier, hay tempestades que pueden durar hasta cinco meses. "Quienes no hayan visto esas tormentas", dice, "no podrán formarse una idea de la violencia con que se desarrollan. Durante horas enteras los relámpagos se suceden rápidamente a manera de cascadas de sangre y la atmósfera tiembla bajo la sacudida continua de los truenos, cuyos estampidos repercuten en la inmensidad de la montaña". La descripción está muy lejos de ser una obra maestra, pero bastaría para estremecer de horror al europeo menos crédulo».[3]

Son interminables los ejemplos de la necesidad de inventar todo un sistema de palabras nuevas para nuestra realidad atravesada por el realismo mágico. F. W. Up de Graff, un explorador holandés que se aventuró en el Amazonas a comienzos del siglo XX, dijo que había transitado por una región donde no se podía hablar en voz alta porque se desliaban torrenciales aguaceros. Dijo que conoció un arroyo de agua hirviendo donde se cocían huevos duros en cinco minutos. El propio García Márquez dijo que en la costa caribe de Colombia un hombre le rezó una oración secreta a una vaca con gusanos en la oreja, y vio caer los bichos muertos mientras el fulano hacía la oración.

No insistiremos nunca lo bastante en que el trabajo del escritor es con las palabras y su función se mantiene por las palabras, con vocablos arrancados de lo más hondo de su ser llena un manojo de papeles blancos. En el diccionario de la Academia se aceptan las palabras ya a punto de fenecer, cuando están muy gastadas por el uso, y sus definiciones son tan rígidas como el cadáver momificado de Ramsés II. Fue contra esa pauta que María Moliner se dedicó a escribir su diccionario en 1951 y lo dio por terminado en 1967; no obstante esos dieciséis años de mística labor, continuó haciendo fichas a la espera de que las nuevas palabras fueran incluidas en futuras ediciones.

García Márquez se refiere al diccionario de la RAE en los términos despectivos de «terrible esperpento represivo». Alguna vez quiso saber sobre las diferencias entre fantasía e imaginación, pero las definiciones del diccionario no sólo le resultaron muy poco comprensibles sino que, además, se daban al contrario. En una imaginación estrecha y confusa, una primera acepción definía a la fantasía como «una facultad que tiene el ánimo de reproducir por medio de imágenes». Y su segunda acepción fijaba que es «una ficción, cuento o novela, o pensamiento elevado e ingenioso», lo cual le creó un mayor desconcierto. Según lo que nuestro admirado escritor entendía es que la fantasía no tiene nada que ver con el mundo en que habitamos, es una pura creación fantástica de un gusto poco recomendable en las producciones artísticas. Y pensaba que la imaginación era la única creación en bellas artes que le parecía válida, una virtud especial que portan los artistas para inventar una nueva realidad a partir de la existencia que viven.

Es una afición suya encontrar imbecilidades de los diccionarios y percatarse que a veces se dan cuenta de que han hecho el ridículo y lo corrigen en una edición posterior. Esto le pasó al de la Real Academia Española con la definición de perro: «Mamífero doméstico de la familia de los cánidos, de tamaño, forma y pelajes muy diversos, según las razas, pero siempre con la cola de menor longitud que las patas posteriores, una de las cuales levanta el macho para orinar». Una precisión excesiva que se prestó para muchas burlas.

La herramienta predilecta de García Márquez es un diccionario de la vida real, como el descubrimiento que hizo por casualidad de un diccionario de orígenes, a la vez curioso y divertido. Se llama ¿Desde cuándo? y su autor, Pierre Germa, cataloga el origen de ochocientos objetos y costumbres de la vida cotidiana. En otra ocasión García Márquez escuchó que Aldous Huxley se había leído los casi treinta tomos de la Enciclopedia Británica y durante años quiso emular la proeza. El consuelo fue leer en una noche ese diccionario de la vida diaria con la misma tensión y el mismo deleite con que se lee una novela de misterio.

El diccionario de orígenes narra con precisión y donaire en qué lugar se construyó el primer faro, quién fue el primero que se lanzó en paracaídas, quién inventó la máquina de lavar, desde cuándo se utiliza el aceite de ricino, en qué mar navegó el primer petrolero y muchas otras curiosidades. «A los escritores les gustará saber, por ejemplo, que una de las máquinas de escribir construidas en el siglo pasado [XIX] se llamaba "el piano de escribir" y que su cliente más entusiasta fue el escritor Mark Twain. Se preguntarán sin duda ~porque el diccionario no lo dice~ qué se hizo de la máquina de escribir en chino, que según se dijo hace muchos años había sido inventada por el escritor americanizado Lin Yutang».[4]

Con el tiempo García Márquez terminó por adherirse más a las leyes infalibles del sentido común, al instinto del idioma según se escucha en la calle. En su entender el mejor idioma es el más impuro, el más vivo, no el más puro. La lengua que le parece más imaginativa, más flexible, más expresiva es la de México, quizá porque es la lengua de emergencia de un pueblo que sepultó los idiomas nacionales antiguos y a la par aprendió de forma inadecuada el que les llevó Hernán Cortés. Un buen ejemplo de esta apreciación garcíamarquiana es que los mexicanos distinguen entre mendigo (sin tilde) para el que pide limosna, y se usa más como sustantivo, y méndigo (con tilde) para el que no la da, y se emplea más como adjetivo.

Hubo que descolgar muchos almanaques antes de que supiera por sí mismo, contrario a lo que le decía el abuelo, que los diccionarios no lo saben todo y cometen equivocaciones casi siempre muy divertidas. Pero se le quedó para siempre la costumbre del ex coronel de consultar para todo el diccionario, ya que después de escribir lo consulta para comprobar si están de acuerdo.
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[1] Vivir para contarla, Bogotá, Norma, 2002, pp. 111-112.

[2] "La conduerma de las palabras", en: Notas de prensa 1980~1984, Santafé de Bogotá, Norma, 1995, p. 134.

[3] "Algo más sobre literatura y realidad", ibíd., p. 154.

[4] "Un diccionario de la vida real", ibíd., p. 230.


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Revista Oxigen

En paz con los espíritus


Comenté con un ermitaño del Tibet Oriental algunos casos de sugestión colectiva que había presenciado.
Aquel lama no me parecía nada supersticioso, por eso le dije:
-Un demonio nunca podrá dañar a una persona que no cree en él.
Sin embargo, con gran sorpresa mía, el anacoreta respondió:
-Según eso basta con no creer en los tigres para no ser devorado por ellos. La manifestación física de nuestras proyecciones mentales es un misterio. En comparación, imagine un río y, un poco alejada de la orilla, una zona de tierra seca donde usted vive. Los peces no se aproximan nunca a su habitación.
Pero abra un canal entre la orilla y el sitio que habitan, y en el extremo del canal coloque un estanque.
Entonces, con el agua que fluye y llena éste último, los peces acudirán desde el río y usted los podrá ver nadar ante sus ojos...
Hay que guardarse de abrir canales a la ligera.
Pocas personas sospechan lo que contiene el gran fondo del mundo, que taladran sin consideración.
Es preciso saber defenderse de los tigres que creamos,
y también de los que otros engendran.

Alexandra David-Néet, la primera mujer occidental que visitó Lhasa, hazaña que hizo viajando de noche, a pie y en lo más crudo del invierno para no ser descubierta, dejó una crónica de su periplo en las obras Viaje a Lhasa y Magos y místicos del Tibet de la que procede este fragmento (editadas por Índigo y publicada en la revista Integral).

viernes, mayo 8

La apertura del corazón


¿Cómo trabajar con alguien cuando mi corazón está cerrado?
Lo que mantiene el corazón abierto es el hecho de que funciona independientemente de la cabeza.
Lo que cierra el corazón es la mente.
El intelecto es una herramienta que separa.
El corazón es un instrumento que une.
Mi corazón se vuelve hacia nosotros.
Ese corazón quiere darlo todo: "toma esto, toma aquello, toma mi camisa".
Y la mente dice: "¡Ya basta!"
Una forma de tener abierto el corazón es apreciar a la gente en vez de juzgarla.
Cuando miramos los árboles nos gustan por lo que son.
Ante un pino pequeño y torcido no decirmos: "especie de miserable pinillo achaparrado", sino que más bien afirmamos: "!qué ejemplar tan interesante!"
Hagamos lo mismo cuando se trata de alguien;
no evaluemos la persona,
al contrario,
sintonicemos con su esencia.
Desde el momento en que veo el alma de un ser humano, le amo.
RAM DASS
(Richard Alpert)

Una boca pálida, por Farah Hallal

Una mano sangrante se me funde en el pecho. La perfección del pétalo tiene este charco de sangre. Una  boca muere gozosa y poseída, ...